lunes, 30 de diciembre de 2013

EL TIMO DE LAS CAJAS


  (artículo publicado hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Hace un tiempo ya me referí en este periódico a la responsabilidad de las cajas de ahorros en los problemas del sistema financiero español, que necesitó ser rescatado por la UE. España es un país de extremos: por un lado tenemos algunas de las mejores empresas del planeta en su sector, como es el caso de Inditex, y por el otro ese indescifrable funcionamiento del mercado eléctrico, que no entiende ni el más experto en estos menesteres, pero que deja para todos el inequívoco rastro de la partitocracia. En la esfera financiera también la situación se bambolea en los extremos: si algunos de los mejores bancos de Europa son españoles, como los privados BBVA, Santander y Popular, también tenemos los peores de todos, con las antiguas cajas copando las posiciones de cola. Con la transformación de estas cajas en bancos privados parecía que podía resolverse el problema, pero de nuevo nos encontramos con los problemas habituales cuando la política española entra en un dominio privado.
Seguimos esperando reformas, en lugar de recortes destinados a salvar el barco sin tocar el poder de la partitocracia, que en gran parte nos ha conducido a la situación actual. El caso de las antiguas cajas es gravísimo y evidencia la estrategia de los partidos de poder: que la clase media pague al completo lo que ellos han destrozado. No sólo me refiero sólo a los impuestos, sino a las cantidades industriales de dinero público que se invirtieron en las antiguas cajas para su reflotación. Según Casimiro García-Abadillo (23 diciembre), estamos hablando de 71.064 millones de euros, que suponen más del 7 % de nuestro PIB. Dinero público, recordemos, de usted y de un servidor, que luego resulta, en pirueta tremenda, que el Estado no va a recuperar. Porque se están vendiendo cajas rescatadas a precio de saldo, o directamente son regaladas (el Banco de Valencia a Caixabank; también la CAM y el Banco Gallego), después de haberlas salvado a costa del contribuyente. En otros lugares, como EEUU, resulta que los bancos sí que han devuelto ya gran parte de las ayudas. Pero aquí no, y nadie parece exigirlo. Para colmo, no sólo se pierde dinero en estas extrañas operaciones, sino que el Estado ¡se ha comprometido en la cobertura de futuras pérdidas!
Somos el país de la ausencia absoluta de responsabilidad pública, por eso nadie dimite. En este caso, a la hora de reformar las cajas no se han tocado, salvo el caso de Bankia, a la mayoría de los gestores que llevaron a estos bancos a la ruina. Todo sigue igual, esperando a que escampe, pero con una clase media pisoteada.

lunes, 23 de diciembre de 2013

FÚTBOL: BURBUJA Y OPIO

  (artículo publicado hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Tras el inicio de la Crisis, las distintas burbujas superpuestas a la principal, la de la construcción, han ido explotando y perdiendo el aire artificial que guardaban en su interior. Sin embargo, una de ellas sigue resistiéndose (junto a la de la partitocracia): el fútbol. En todo el mundo, y en España en especial, el fútbol es más que un deporte, pues ha alcanzado ese terreno sacrosanto e inatacable de lo religioso. No sólo entretiene, sino que dirige las ambiciones y deseos de una gran parte de la nuestra población, más preocupada por la clasificación de La Liga que por los datos macro o microeconómicos de nuestra enferma sociedad. El fútbol ha vivido en una evidente burbuja fiscal, pero también ha sido nuestro opio adormecedor, sobre todo desde que las selecciones ganan títulos, premio de consolación para las alienaciones habituales de nuestro día a día. Para colmo, la Crisis no sólo no ha hecho retroceder este fenómeno, sino que lo ha ampliado, pues ha servido como válvula de escape a los problemas más cercanos a la ciudadanía.
Hace una semana, la Unión Europea avisó a nuestro país de serias deficiencias en nuestro fútbol, con respecto a la infracción de normativas comunitarias. Se centran en cuatro clubs que no se convirtieron en su día en Sociedades Anónimas (Madrid, Barça, Bilbao y Osasuna), y otros dos (Elche y Hércules) a los que ha ayudado descaradamente el gobierno de la Comunidad valenciana. El Madrid se enfrenta a un expediente relacionado con operaciones urbanísticas facilitadas por el ayuntamiento de la capital (1998), que permitió enriquecerse al club blanco (gracias a unos terrenos cedidos por 421 mil euros, y luego vendidos por 22'7). El Bilbao se encuentra en una situación parecida, a cuenta del nuevo San Mamés.
Pero es que el problema va más lejos, alcanzando a toda la primera división, que en bloque adeuda cantidades muy elevadas a Hacienda, además de retrasos importantes en las cotizaciones de la Seguridad Social. No hace falta recordar que en otros ámbitos, las empresas que incurren en estas anomalías son rápidamente sancionadas o incluso intervenidas. El fútbol, en cambio, se mueve en base a otras reglas. Lo que encontraríamos si de verdad se hiciera una inspección a fondo en este mundillo... Los políticos miman este deporte (ven en el hincha fanatizado el modelo de su votante ideal), y además aquello que es capaz de hacer la masa por el fútbol no lo realiza por la democracia o la libertad. El fútbol es la coartada de nuestros días, el velo que encubre toda la mugre posible bajo la promesa de un golito que nos anime el miserable día.

lunes, 16 de diciembre de 2013

LA DERIVA DEL PSOE

         
  (artículo publicado hoy en El Mundo-El Día de El Mundo)

Podría extrañarle a alguien que lo aprecie desde fuera de nuestra órbita, pero tiene su sentido que el PSC se desvincule de los actos de conmemoración de la Constitución, y no así de la Diada. La evolución del PSOE y sus distintas federaciones ha seguido un camino extraño que le ha conducido a un no man's land en el que su discurso ha quedado seriamente trastocado. Si bien todos los partidos, cuando gobiernan, no suelen aplicar exactamente lo que es primordial en su doctrina política, el caso del PSOE es algo más especial, pues se ha visto afectado por una circunstancia decisiva, sobre todo en la época de ZP, cuando pasó de ser un partido que esperaba gobernar por sí solo, a un primus inter pares que necesitaba coaligarse con una gran diversidad de partidos (de ideologías contradictorias) para poder superar al PP. En Baleares, un año antes de la llegada de ZP, fuimos pioneros en esta nueva forma de gobernar, que es la responsable, a mi juicio, de la evolución errática de su discurso.
La época de González, ahora convertido en El Hombre Fundación, se cerró en falso, porque en ningún momento se aceptó la responsabilidad en los graves delitos por los que fueron condenados, como el terrorismo de Estado. ZP entró con aires renovadores, pero más allá de la retórica superficial que se manejaba, el discurso propio del partido (socialdemocracia y patriotismo constitucional) se resintió seriamente. El PSOE se dejó llevar por la dinámica que definía ser de izquierdas como algo que se demuestra únicamente con enfrentarse al PP. Bastaba esa simple oposición para situarse en el lado respetable del tablero político. Por eso nos creímos que los nacionalistas catalanes y vascos eran progresistas; o que lo es también bajar los impuestos, como hizo ZP. El PSOE ha visto cómo su proyecto se ha troceado y disuelto debido a su obsesión antagónica con el PP. Ha extraviado su identidad gracias a las coaliciones de poder, perdiendo el control de sus ideas e iniciativas, siempre a remolque de otros, fagocitado por su ansia de gobernar. Se mimetizó tanto con sus socios que llegó a creerse que su discurso era el de estos. El coste de esta falta de personalidad está siendo dramático, sobre todo en Cataluña, pues desde que Maragall fue acercándose al nacionalismo han perdido más de 600 mil votos en las autonómicas. De 52 escaños escaños que consiguieron (con más votos que CiU) en 1999, a 42 en 2003, 37 en 2006, 28 en 2010 y los 20 de ahora. Y con claras expectativas de que la caída seguirá agravándose imparablemente hasta la inmolación.

lunes, 9 de diciembre de 2013

LOMCE vs FILOSOFÍA

                            (artículo publicado hoy en El Mundo-El Día de Baleares)


 Somos seres empeñados en desperdiciar un gran potencial. Pensamos mal, articulamos determinaciones que pretenden menos acercarse a la verdad que afianzar nuestros prejuicios. Con Fernández Mallo hablé el jueves de las inducciones erróneas, de cómo construimos tesis generales a partir de pequeños elementos aislados, en absoluto representativos. Mallo odia los bares, no los pisa nunca, salvo en alguna mínima ocasión en la que se ve en uno con un amigo; cualquiera al verlo en esa circunstancia podría pensar “Mallo vive en los bares”, pero se equivocaría. No saldríamos en esos casos del cómodo pero falseador distrito de la doxa, término griego que significa opinión, y que caracterizaba a los sofistas, enfrentados a los filósofos de la Grecia clásica que manejaban un rigor (episteme) mucho más sustancial a la hora de analizar los problemas.

Llevo un tiempo con ganas de escribir sobre la relegación de la filosofía en la nueva ley educativa, pero hasta ahora me frenaba el miedo a caer en vicios corporativistas, al ser doctor en la materia y profesor (en paro). Pero, una vez consumada la aprobación de la ley, creo que es el momento de reivindicar el estudio de la filosofía en lo que tiene de saber que pone en duda todos los dogmas (no destruyéndolos, sino relativizándolos) y que, por tanto, se opone a los discursos ideológicos o religiosos que pretenden dar una respuesta terminante a toda pregunta. La filosofía, en su sentido ideal, sería aquel proceder que se preciaría de mantener, gracias al espíritu crítico, la pregunta siempre abierta, los interrogantes en tensión. Y no por un rechazo de llegar a conclusiones, sino porque se entiende que la verdad es algo tan profundo que no puede reducirse a obsesiones reduccionistas travestidas de dogmas absolutos.
Enseñar ese modo de pensar va a quedar en suspenso en nuestro país, gracias a la LOMCE, que relega la filosofía a una posición residual, antesala de su desaparición definitiva en una época que sólo diviniza los saberes prácticos, no aquello que crea un poso y estructura desde la raíz. Esta iniciativa va de la mano de otros ataques contra la cultura que está realizando este gobierno, y no sé si tiene un sentido planificado, pero a veces el PP se esfuerza en parecerse al estereotipo que promueven sus principales adversarios. Se podrá decir que la filosofía que se enseña en las aulas no alcanza su ideal, porque muchas veces es puesta al servicio de su Némesis, el adoctrinamiento y el blindaje de certezas, pero eliminarla por eso implicaría que tendríamos que acabar con la humanidad entera, porque no es capaz de elevarse al sentido puro de su esencia.

lunes, 2 de diciembre de 2013

HOMBRE DE PAJA


 (publicado hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Hace unos días, Eduardo Jordá señalaba toda una serie de fantasías delirantes que se cree muchísima gente, sin fisura alguna: que Hitler sobrevivió a la guerra, la CIA inventó el sida y creó Facebook, el Vaticano mató a John Lennon y Scotland Yard a Lady Di, etc. La creencia en disparates no es algo exclusivo de épocas oscuras, teñidas de fervor religioso, sino que invade de pleno nuestra moderna realidad cibernética. Basta pasearse por las redes sociales para ver cómo se aceptan informaciones chocantes de forma automática, sin tomarse la mínima molestia de comprobarlas. La inmediatez acucia de tal manera que no tenemos tiempo más que para engordar nuestras cóleras y obsesiones. Los llamados fakes son la excusa para dar rienda suelta a nuestro populismo más irredento, aquel que nos convierte en turba que no razona ni contrasta.
Estos fenómenos nos conducen al terreno de la falacia más recurrente en momentos de confrontación, como es la del hombre de paja, que consiste en el intento de desfigurar los argumentos o intenciones del adversario para así facilitar un ataque a su posición. Si la falacia ya de por sí es un terreno en el que se vive acogedoramente, porque permite asentar las torceduras de nuestra mala fe, en este caso se alcanza su grado máximo, pues nos regala el lujo de inventarnos el rostro de nuestro oponente, dejándolo a merced de una condena fulminante. La premisa es tribal, porque deformando al otro permitimos que nuestros principios se reafirmen con la violencia que excluye toda reflexividad o debate.
Ejemplos hay muchos, a todos los niveles, pero el más chocante y reciente, en Mallorca, es el que se refiere a la nueva fundación Jaume III, que se presentó hace dos semanas. Para alguien, como es mi caso, que sabe exactamente qué pretende dicha entidad, porque conoce a sus dos principales impulsores (Joan Font y Xavier Pericay), asombra leer las acusaciones que se le están dirigiendo en ciertos ámbitos. Estamos ante una falacia del hombre de paja de manual, porque se grita histéricamente “¡gonellisme!”, cuando la fundación admite claramente que el mallorquín es un dialecto del catalán, o que se trata de unos “defensors del monolongüisme castellanista”, siendo Font y Pericay bilingües que tienen al catalán como lengua materna. En fin, un cúmulo de despropósitos que no tiene otro objetivo que intentar, con malas artes, obstaculizar un debate interesante y necesario sobre la cuestión lingüística (concretamente sobre una riqueza léxica arrinconada por la aplicación excesiva del estandard catalán), demonizando a sus antagonistas con los ropajes de la mentira y la difamación. “Ave hombre de paja, morituri te salutant”.

lunes, 25 de noviembre de 2013

LA CASTA CONTRAATACA


  (artículo publicado hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

La estrategia sigue vigente, pero sus entrañas se muestran cada vez con mayor nitidez. Visto desde fuera, parece como si los partidos de poder (PP, PSOE, CiU y PNV) fueran irreconciliables, enemigos siempre enfrentados, pero en los temas que afectan a su modus vivendi, aquellos que los sustentan como casta, siempre se ponen de acuerdo. Esta semana hemos vivido un caso paradigmático: el acuerdo para repartirse entre todos las sillas del CGPJ. A la hora de mantener en pie la politización de la justicia (iniciada en 1985 por el primer gobierno González) alcanzan casi la unanimidad, con la inestimable ayuda de IU, al que algunos despistados consideran una alternativa contra el sistema, olvidando hechos como éste o su participación encomiable en los consejos de administración de las nefastas Cajas de Ahorros. Sólo UPyD se ha salido del redil para defender en solitario la división de poderes. La casta busca asegurarse el control del poder judicial, en un momento de corrupción nunca vista, lo que arroja a la ciudadanía una imagen deplorable de sus representantes.
Otros temas recientes demuestran los privilegios con que cuenta la partitocracia en España. Me refiero al informe realizado por el Tribunal de Cuentas (EL MUNDO, 8 de noviembre) sobre la insólita financiación de los partidos, que viven mayoritariamente del dinero público (85 % del total de sus ingresos), mientras mantienen deudas astronómicas: el PP debe 77 millones, el PSOE 70, CiU 10'18, IU 8'52, etc. Lo curioso es que sigan recibiendo ayudas públicas y libre financiación bancaria, mientras que familias y empresas no obtienen tanta facilidad de crédito. El caso de Unió en más chocante si cabe, porque a pesar de su situación financiera, consiguió que la banca le prestase 2'5 millones ¡sin intereses!, además de una condonación de deuda por razón de 650 mil euros. Por no hablar del PP, que a pesar de su deuda mayúscula, y en pleno apogeo de la Crisis, ha sido capaz de gastar en asesores y colaboradores cantidades industriales, más de 7 millones al año desde 2008.
Para acabar de redondear el círculo, incluso participan del festín sindicatos y patronal, también actores del teatro de las Cajas de Ahorros, a cuenta de los cursos de formación, ejemplo de cómo funcionan algunas cosas en este país: un dinero que debería servir para formar a empleados, es usurpado por las organizaciones que lo gestionan, mientras que el paro alcanza un record terrible del 27 %. Se dice a veces que estas prebendas tienen como verdadero fin mantener la 'paz social' pero, viendo cómo se articula su sentido, este concepto podría integrar perfectamente las páginas del orwelliano mundo de 1984.

lunes, 18 de noviembre de 2013

NOVIEMBRE



   Octubre es mejor que septiembre porque se aleja más del verano, y noviembre ahonda en esa superación, a la vez que es el último reducto antes del frenesí navideño. El mes de noviembre es el paraíso de los melancólicos, por eso Tom Waits, “el príncipe de la melancolía” (F.F. Coppola), le dedicó una joya en su ópera The Black Rider. Noviembre permite el resarcimiento del hombre del subsuelo que ha padecido el júbilo estruendoso de la mayoría en la época veraniega, pero que ahora, en los días de luz menguante, consigue vivir más relajado junto a la depresión y el silencio de la masa. El exceso de luz y calor encanalla a los hombres, entregándolos a la exteriorización de sus miserias, a la transmisión de su virus tribal. La obra de justicia que realiza el otoño, y por la cual debería ser reconocida como la mejor época del año, es callar toda esa cogorza banal y dispersa, propiciando una interiorización creativa. Aquel que desee dedicarse al estudio y la meditación no puede dejar de amar este precioso periodo de tiempo.
Pisar noviembre es asegurarse un espacio en la civilización. La masa llega agotada del verano, este año más largo que nunca, y se hunde en el desánimo como la marmota se enclaustra en su guarida invernal. Noviembre es sinónimo de urbanidad, porque favorece, aunque sea a la fuerza, la convivencia y reduce los espasmos violentos de la chusma. La cara de pasmo depresivo que luce el hombre simple por las calles solitarias es el alivio del melancólico, la apertura de posibilidades a su respiración propia. No es una revancha, sino un consuelo, un simple alivio, un “ahora ya no les queda energía para putearme”. Es una pena que no dure más de 30 días, y que la frustrante Navidad esté tan cerca, porque con un noviembre de 60 u 80 jornadas la maduración ética e intelectual del ser humano alcanzaría cotas inimaginables.
Noviembre era, por otra parte, el mes ideal para que el PSOE realizara su conferencia política. No parece la mejor idea del mundo montar este sanedrín en una época del año tan crepuscular, tratándose de un partido que está loco por aparentar vigor primaveral. Siendo esta época, lo normal es que siguiera Rubalcaba al frente, tan decandente (o más aún) que la dinámica de su partido. Al PSOE se le ha puesto cara de noviembre, y hay que aceptarlo con fair play, sacándole partido a la circunstancia. Con la misma alegría con que sus miembros (y miembras) presumen de ser el partido que “más se parece a España”... aunque tal vez esto último sea el problema.

lunes, 11 de noviembre de 2013

PASADO MÍTICO

                                (artículo de hoy aparecido en El Mundo-El Día de Baleares)

Uno de los tópicos más recurrentes de nuestro tiempo acostumbra a sentenciar que “todo pasado siempre fue mejor”. No suele nacer de un cierto espíritu crítico sobre la situación presente, sino que tiene más de aquel sentir que se entrega a una nostalgia exagerada, llegando al caso incluso de divinizar aquello que no se ha vivido. ¿En qué sentido el pasado siempre fue mejor? Probablemente en ninguno, ni siquiera en estupidez. Cuando decimos cosas de este estilo lo que hacemos es seleccionar de otras épocas aquellos concretos elementos que nos interesan, los aislamos de su contexto y nos inventamos a su alrededor un mundo a la medida de nuestros deseos y limitaciones. Pero esa visión del pasado no es más que el reflejo del ideal: todo está en potencia, nada se ha desarrollado. Realmente es una experiencia adolescente, porque no se consideran los costes que implica toda decisión, el desencanto ineludible de cada momento vital y que algo siempre queda por el camino.
Sin embargo, pocas cosas son mejores que las de hoy: la tecnología, el alcance de la cultura, las posibilidades de viajar a cualquier rincón del planeta, la eficiencia sanitaria, la riqueza de la gastronomía, etc. Hace un tiempo se lo pregunté al enólogo Mauricio Wiesenthal, en un curso sobre el vino: nunca en el pasado pudieron disfrutarse caldos tan fascinantes y complejos como los que se pueden hacer hoy en día. Lo mismo podríamos decir de whiskies, coñacs, oportos o habanos. Por no hablar de las posibilidades que nos aporta internet. Nunca tanta gente vivió mejor que ahora, incluso si tenemos en cuenta la Crisis. Y no hay complacencia en ello sino constatación comparativa, porque eso no implica que se pierda el sentido crítico con el presente, pero sin caer en la simplona angelización de lo pretérito, fruto de una especie de pensamiento mágico que idealiza resentidamente aquello que escapa al ahora.
La mirada reverencial hacia el pasado también está en la base de toda forma de nacionalismo, que por algo nunca ha sido un movimiento modernizador. El nacionalismo sacraliza el origen, el suyo propio que puso en marcha (en la realidad o en la ficción) el proyecto en el que se halla inmerso. Su versión de lo originario es un momento de pureza absoluta que trata de abrirse paso entre la despreciable competencia de los otros; una forma de resolver la complejidad del mundo reduciéndolo a unos pocos principios inatacables. Así, se vive en el pasado para adecuar el futuro a su influjo jibarizador. Porque la idealización del pasado, cuando no es fruto de la tontería, lleva dentro de sí el huevo de la serpiente.

lunes, 4 de noviembre de 2013

EXHIBICIONISMO PÁNICO


                        (artículo publicado hoy en El Mundo-El Día de Baleares)


Vivir es representar, actuar, fingir. Es seguir ese principio etimológico del término 'persona', que en latín significa máscara. Somos una máscara que va alternando sus registros, aunque siempre con el sentido de la apariencia como estandarte.
Si ya nuestro mundo occidental está caracterizado por el desarraigo, la puesta en cuestión de las formas principales de identidad, en este período interminable de Crisis dicha experiencia se exaspera. Curiosamente en una sociedad que dice ser ultraindividualista, las fuerzas que nos arrojan bajo la tutela de un grupo proselitista, el que sea, son muy vigorosas. A diferencia de los griegos antiguos, para los cuales la individualidad era algo a conquistar, en nuestro caso el elemento individual es el de partida, y por eso mismo “tendemos a la indiferenciación” (Martínez Marzoa). Decimos que queremos ser originales justo en el momento en que nos aborregamos, entregando nuestra alma desconcertada a la masa que nos aporta identidad genérica, aniquilando nuestra posibilidad exclusiva de ser. La tendencia moderna parte de lo individual hacia lo colectivo, en sentido a la unidad que nos permitiría (aunque no lo consiga) olvidar esa soledad tan detestada por angustiosa. Sigue siendo cierto que “toda la desgracia de los hombres viene de una sola cosa: el no saber quedarse tranquilos en una habitación” (Pascal).
Precisamos que los demás sepan quiénes somos: colgando banderas en el balcón, cubrirse con camisetas reivindicativas, llevando música atronadora en un coche atiborrado de pegatinas, subiendo fotos de poses ostentosas al Facebook. Se trata de una voluntad no tanto de ser transparente como de exhibir una marca, un aquí-estoy-yo. No lo que uno es, sino aquello que quiere ser y, en consecuencia, de lo que desea convencer a los demás.
Es llamativo lo que sucede en este sentido con el deporte, o más bien con el omnipresente deporte-religión: el fútbol. Todas nuestras ciudades están colonizadas por sus camisetas. Sobre todo por dos: las del Barcelona y el Madrid (la de la selección sólo en momentos de torneo). No las del Mallorca, que uno luce sólo cuando hay partido en son Moix, o en un bar donde resida una peña del club. Porque con la del Mallorca no puede conseguirse (y menos ahora) esa transmutación de lo sublime, porque no se obtiene más que vergüenza. En cambio, luciendo las camisetas blanca y azulgrana uno experimenta ser alguien mejor, un triunfador, aunque sea vampirizando éxitos ajenos. Pero en estos casos la tensión de la individualidad temerosa junto al deseo de ser alguien, de pisar el suelo con fuerza, se conjugan admirablemente. El reconocimiento implícito de la propia miseria en el momento en que uno siente ser el rey del mundo.

lunes, 28 de octubre de 2013

ESTADO PAROT



 (artículo publicado hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

     La evidencia principal que se puede extraer de la desautorización de la llamada 'doctrina Parot' por el Tribunal de Estrasburgo es que la inoperancia de los políticos españoles se arrastra desde el inicio de la democracia. Si pudo ser un error jurídico que el Estado tratara de prolongar en 2006 la estancia de etarras sanguinarios en la cárcel, el problema sustancial es muy anterior. Porque deberían haber sido los gobiernos de Adolfo Suárez y sobre todo de Felipe González aquellos que, conociendo el destino placentero de los presos etarras (cumpliendo sólo 20 años por 24 asesinatos), cambiaran la legislación penal para adaptarse a la realidad del momento. Pero se hizo presente la máxima que define a nuestra clase política: una penosa incapacidad de liderazgo ante la opinión pública, el seguidismo automático de las tendencias mayoritarias en la sociedad. Como en los años 80 no existía una adecuada sensibilidad social-mediática para prolongar las penas de los criminales de ETA, los políticos no hicieron absolutamente nada. Aún sabiendo lo que sucedería tiempo después. ¿Para qué pensar en las consecuencias si lo que cuenta es entregarse al día a día y beneficiarse de la inmediatez más cortoplacista?
De esta manera, funcionó hasta 1995 (y más allá) el artículo 70 de un Código Penal franquista, aprobado en 1973, que en su buenismo para con los etarras tal vez se abandonó al inconsciente violento de la dictadura: una cierta simpatía por los asesinos en serie, de la ideología que sean. En los pueblos vascos que controla Bildu deberían erigirle una estatua a Franco, inusitado benefactor de los gudaris.
Nuestra legislación arrastra unos problemas absurdos en asuntos importantes. Muchos tienen algo en común: tratar de arreglar a posteriori y de mala manera lo que se hizo mal (o no se hizo) en el pasado. De ahí la doctrina Parot, pero también las políticas de 'discriminación positiva', como aquellas que condenan a los hombres divorciados a una existencia tortuosa. El caso de Antonio Domenech (retratado en estas páginas el sábado 19 octubre) es el último de una larga lista: un hombre condenado a ser expulsado de su casa, seguir pagando la hipoteca (de la que se beneficia su ex) además de la manutención de su hijo, quedarse sin trabajo y dormir durante meses en el coche. Su pecado: ser un hombre. Lean su terrorífico blog. Divorciarse supone en estos casos masculinos un paso acelerado hacia la autodestrucción, pues la venganza diferida contra el antiguo Pater familias está instalada de lleno en nuestra legislación.
Progresamos a bandazos, asimilando emotivamente lo que antes debió ser objeto de análisis racional. Pateando el rigor en aras de una indignación pírrica.

lunes, 21 de octubre de 2013

FAISANES Y FILOSOFEROS


  (artículo publicado hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

La noticia de la semana a nivel nacional ha sido la sentencia del llamado 'caso Faisán'. Es la segunda condena que sanciona una forma de conducir la lucha antiterrorista que opta por saltarse la vía legal del Estado de derecho. En ambos casos ha estado implicado el mismo partido (PSOE), primero en los GAL, el asunto más grave acaecido en nuestra democracia y del que ya apenas se habla, como si no hubiera sucedido jamás. El caso Faisán ha sido menos mortífero pero, aparte de la bondad extrema de las penas, ha demostrado que debido a finalidades políticas se frustró una operación policial dirigida por el juez Grande-Marlaska. Una intromisión que ponía por encima del funcionamiento de la democracia los intereses de un partido político. Y eso que Zapatero había prometido luchar contra el terrorismo “dentro de la legalidad”. Se trata del mismo ZP que en 2009, en plena crisis, sentenció que teníamos “el sistema financiero más sólido del mundo”. El que también prometió el “pleno empleo”. O la solución definitiva del independentismo en Cataluña. En fin, ese ZP al que en las elecciones de 2008 votaron más de 11 millones de ciudadanos, record absoluto en la historia de nuestra democracia.
Un candidato a personaje local de la semana probablemente sea Arnau Matas, el administrador de la web contrainfo.cat que primero dio eco en ese medio al boicot fascistoide de un grupúsculo que trataba de recaudar dinero entre empresarios para la huelga de docentes, y que después puso en el punto de mira a Mayte Amorós, la periodista de EL MUNDO que había cubierto el asunto. Se da la circunstancia de que este chico pertenece al mismo departamento de la UIB que un servidor, el de Filosofía, que últimamente está nutriendo a la actualidad de personajes estelares. Si ya está asentada Silvia Cano, lideresa del PSIB en Mallorca, en abril nos encontramos con Emili Gallardo protagonizando el 'caso senderismo' con unos días pascuales en el calabozo. Ahora le toca el turno a Matas, al que tengo el gusto de no conocer personalmente pero del que recuerdo hace unos años una desternillante entrevista en un medio local. Su web acusa a este periódico de sensacionalista, pero olvida que el rigor no es una de sus señas, porque en la entrevista a la que me refiero Matas afirmó que “España es el país más militarista del mundo”. El alegato ya de por sí violenta el sentido común, pero si después uno acude a los datos se encuentra con que España en gasto neto no está entre los 15 primeros, y como porcentaje de PIB ocupa la posición 130. ¿Contrarigor.cat?

lunes, 14 de octubre de 2013

LA CRISIS COMO PRUEBA


  (artículo publicado hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Mucho antes de escribir La paz, Ernst Jünger fue un gran belicista. Estuvo en la Legión Extranjera y fue una de las primeras personas en alistarse para la Gran Guerra. Tras la salvaje experiencia de las trincheras, continuó siendo un defensor del combate como “incomparable escuela del valor”. Sin embargo, después de los campos de exterminio y la destrucción increíble de la Segunda Guerra Mundial, su perspectiva sobre el tema cambió. Jünger consideraba hasta ese instante que la experiencia bélica permitía forjar el espíritu del hombre y poner a cada cual en su lugar; como decía Heráclito, “la guerra es el padre de todas las cosas; a unos los muestra como dioses y a los otros como hombres”.
Hoy no tenemos guerra, pero sí crisis. La Crisis. Un fuego de menor intensidad pero de largo aliento que nos pone a prueba todos los días. En épocas prósperas cunde el enmascaramiento, el sentido de la representación y el engaño. Uno puede hacer comedia porque las piruetas suelen acabar sobre la red salvadora; hay reservas que soportan la apuesta. Pero hoy la exigencia es máxima y la aventura mucho más frágil. Desde la barrera predominan las variaciones de colores y la multiplicidad de tonos, pero en el remolino de nuestros días las fuerzas despertadas nos descoyuntan, enfrentándonos con nuestra propia imagen. Como en la guerra de Jünger y Heráclito, se templa nuestra verdadera naturaleza, y la esencia sólo aflora cuando uno se pone a prueba. En el Talmud se dice que el hombre, como las aceitunas, únicamente da lo mejor de sí cuando se lo tritura. Esta máxima entusiasmaba a Kafka.
En las crisis las caretas caen, todos nos mostramos como somos. Y las sorpresas son dignas de mención. Porque si unos sólo radicalizan lo que ya apuntaban antes, otros dan un giro sorprendente, pasando de una bonhomía relajada a una furia dogmática que ya sólo distingue blancos y negros. En este segundo caso, se acaba arremetiendo contra todo lo que no sigue la estela de su obsesión, arruinando incluso relaciones y vínculos arraigados. Pero radicalizarse es la norma en estas épocas donde el sentido del antagonismo se exaspera; a mayor incertidumbre, más necesidad de certezas. Es decir, más agresividad. Lo extraño es lo contrario: esos tipos que vivían en una orgía desquiciada de tensiones que, en los momentos revueltos, adquieren una serenidad increíble. Como le sucedió al escritor Philip K. Dick, paranoico absoluto que, justo cuando su país iba entregándose a la neurosis producida por el caso Watergate, se transformó en un ser ecuánime y templado. Eso sí, sólo mientras duró la paranoia nacional.
The game, Mrs Hudson, is on!”.

lunes, 7 de octubre de 2013

MANIFESTARSE O MORIR


  (artículo publicado hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Manifestarse es el hábito de nuestros días, trending topic, una forma de estar en el mundo. Si uno no lo ha probado, no puede decir que su existencia esté justificada. Protest or perish! Todo el mundo se mueve, cada semana, cada mes. En la época de ZP, se ponían en marcha incluso los obispos y las señoras del barrio de Salamanca, signo irrefutable de que el oleaje iba en aumento. El merchandising no ha perdido el tiempo y ya ha sacado tajada, vendiendo de inicio camisetas. Tal vez algún emprendedor avispado debería seguir ese camino, construyendo circuitos, manifestódromos, como antes proliferaron pabellones o palacios de congresos. Incluso futuras elecciones podrían dejar de celebrarse vía voto en la urna: cada partido organizaría una manifestación y se repartirán los escaños en base a los metros cuadrados que se cubran.
No hay nada ya comparable a este espectáculo; las mareas moviéndose como los estorninos trazando formas en los cielos otoñales. Los cánticos, la alegría incontenible: al fin no estamos solos, somos un pueblo, un mismo cuerpo que estalla de dignidad. Cuando ves a los manifestantes regresar a sus casas todos están sonriendo, felices, extáticos, como si acabaran de merendarse a Kate Moss. ¿Y yo por qué puñetas no fui al 29S, decidiendo pasear solo por Es Carnatge a ritmo de Coltrane en el iPod?
Estamos ante el nuevo deporte nacional, aquel que tiene como exigencia máxima batir los récords al margen del sentido de la convocatoria. No se lucha tanto contra el gobierno como contra los anteriores manifestantes; aunque uno estuviera entre ellos, ya son un pasado a superar. Y el que más interesado parecía en conseguir el éxito del 29S ha sido el mismo Bauzá, al que deberían vestir de verde hasta el fin de sus días, en honor a su innegable función catalizadora. Como señal de la creciente profesionalización del invento, se reclutó a la Sociedad balear de Matemáticas para realizar el recuento. El ansia deportiva alcanzaba su culmen con el obligado registro científico de la gesta.
Serà un dia que durarà anys” decían en el Ara, evidenciando que el objetivo del ser manifestante es quedarse a vivir en la manifestación, que el mundo se transforme en una calle por donde pasear eternamente la comunión grupal, sublimando en clave épica las miserias cotidianas. Euforia, catarsis, baile de endorfinas. Al final, muchos demostraban su euforia, su recién estrenado orgullo de ser mallorquines. Olvidando que una demostración de fuerza no convierte el deseo de la manifestación, una educación pública 'de calidad', en realidad. Porque, al despertar, el dinosaurio (la educación pública de Baleares) todavía estaba allí (al fondo del informe PISA).

lunes, 30 de septiembre de 2013

LOS OTROS


                           (artículo publicado hoy en El Mundo-El Día de Baleares)



 Hace unos días estuve en 1987. Soñé que me despertaba en la Palma de mi infancia, en pleno barrio de La Soledad. El panorama era fascinante: el s'Hort Nou donde nació mi padre (hoy es una grotesca finca de Drac), pantalones acampanados, coches pleistocénicos y ni una sola camiseta verde. Paseando por las calles de la barriada sembradas de jeringuillas (era el boom de la heroína), apenas me tropecé con inmigrantes, aunque sí con muchos peninsulares. La geografía humana ha cambiado mucho en poco más de dos décadas.

Empapado de las imágenes y sensaciones de esa época, últimamente he hablado con varios amigos (no mallorquines) sobre el tema de los chuetas. No acaban de entender que la fobia contra este colectivo, firme y constante durante unos 5 siglos, se haya diluido de forma tan rápida, sobre todo en Palma. Mi explicación la encontré justo en mi sueño: los 'forasters'. A mediados del siglo XX, la llegada de peninsulares castellanohablantes provocó que los chuetas, habituales representantes de la alteridad frente a la cual la sociedad mallorquina se afirmaba, ya no fueran vistos como algo tan extraño. Al menos los chuetas eran mallorquines, debían pensar los nativos limpios de los 15 apellidos. Ramón Aguiló (padre) asegura que no se superó el problema, sólo se olvidó; pero sin duda su elección como alcalde de Palma fue el hito que demostraba un importante desplazamiento previo.
Con el cambio de siglo llegaron los inmigrantes africanos y sudamericanos, que a su vez desplazaron en el altar de otredades a los peninsulares, que al menos eran españoles. La sustitución del despreciado ha venido acompañada por una mejor aceptación. O por una aversión menos exaltada, porque forasters e inmigrantes no fueron arrinconados en guetos, ni tampoco discriminados legalmente. Se ha producido una atenuación progresiva, de la misma manera que a los chuetas ya no se les quemaba vivos, como sí sucedió con los últimos judíos.
En mi infancia de los 80 apenas percibí rastros de chuetofobia, pero sí un indisimulable odio dirigido contra los forasters. Esa aversión generalizada, con el repugnante 'barco de rejilla' como estandarte, afectaba también a gente de la cultura. Guillem Simó, hombre educado y sensible, registró en sus diarios póstumos (En aquesta part del món, 2005) reiterados ataques contra los peninsulares: “És possible escriure o viure envoltat de forasters? Als energúmens forasters, ni els salut” o “els miserables fills d'immigrants andalusos que omplen Palma de merda”. La arraigada pulsión mallorquina por la homogeneidad reaparece de vez en cuando con dentelladas similares, aunque afortunadamente la resignación (no aceptación plena) ante la diferencia ha conseguido hacerse un hueco.

lunes, 23 de septiembre de 2013

LA TRINCHERA EDUCATIVA



 (artículo publicado hoy en El Mundo de Baleares)

Yo también quería decir la mía sobre el TIL (como diría el Bender de Futurama: “también quiero ser popular”), pero Nadal Suau se me adelantó el pasado sábado en estas páginas. Comparto gran parte de lo que escribió, pero creo que quedan algunas cosas por añadir.
Seguimos viviendo de espaldas al mundo más civilizado. Si existen temas fundamentales, como el educativo, donde el consenso acostumbra a (y debe) ser la premisa, aquí lo llevamos siempre al barro de la trinchera, como si la educación no fuera otra cosa que la política ejercida con otros medios, de modo que las leyes educativas, estatales o regionales, no suelen aprobarse de forma pactada, sino a base de martillazos. En este caso del TIL es evidente que el Govern se ha entregado a la trifulca, pero también los huelguistas. Tenemos de nuevo al hooliganismo convertido en norma. Antoni Camps ha jugado aquí un papel estelar, con un ataque ciego a todo el profesorado, demostrando una vez más que los políticos creen certificar su 'nivel' mediante la satanización del enemigo. Con su artículo, Camps trató de promover la unidad blindada de los suyos, pero en realidad ha conseguido aglutinar contra el TIL muchas sensibilidades diferentes.
Sin embargo, contestar al TIL con una huelga indefinida, a la que se añade el subterfugio de los relevos para no perder tanto sueldo, es ponerse a la misma altura de Camps, responder en similares términos de exasperación. Realmente, en un caso y en el otro, la educación de los alumnos parece ser lo último que preocupa.
Entiendo algunas de las críticas al TIL, que básicamente es un proyecto mal diseñado y prematuro. No entiendo a aquellos que dicen que se trata de un “ataque al catalán” o que “va contra una educación pública de calidad”. Los primeros siempre verán ofensivas contra La Lengua si la inmersión ve reducidos sus fueros. En cuanto a los segundos, reconozco que me maravilla que a estas alturas siga habiendo tanta gente en el sector educativo que defienda la LOGSE y derivados, el sistema bajo el cual España se ha convertido en el pozo educativo del mundo desarrollado. No lo digo yo, sino la OCDE (informe PISA) y la Unión Europea. Los alumnos españoles son cualitativamente de los peores de Occidente, y los de Baleares están a la cola del Estado... Sin embargo, gran parte de la esfera educativa vive al margen de esta evidencia, adormecidos en una burbuja de orgullosa autocomplacencia. ¿Cómo pueden estar tan satisfechos de esta hecatombe educativa? Lo peor es que los más contentos suelen ser aquellos que confunden la educación en valores con el más puro adoctrinamiento.

lunes, 16 de septiembre de 2013

PERDER EL 'SENY'


                                    (artículo publicado hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Ya en el pasado se detectaba una manifiesta autocomplacencia en las continuas apelaciones del catalanismo al 'seny'. Era un síntoma de la pretensión de superioridad moral que convertía al resto de españoles en una especie algo menos evolucionada. El mantra del seny siempre salía a colación para caracterizar la supuesta diferencia del 'oasis catalán'. Al margen de lo que se piense sobre el catalanismo, lo que parece claro es que no es el seny precisamente lo que está guiando el camino del independentismo, pues la vía catalana se está haciendo desde el sentimentalismo, a partir de una fiebre identitaria que pugna por la homogeneización de la sociedad. El criterio económico, el famoso 'España nos roba', no es más que una excusa (además, discutible); lo decisivo es el instinto tribal que late por debajo.
Después de varias Diadas entregadas al callejero exhibicionismo emocional, el independentismo se encamina hacia la catarsis colectiva del entusiasmo que anhela unanimidades. ¿Realmente bastan manifestaciones de estas características para ganarse la legitimidad? ¿No sería más lógico mantenerla alejada de exhibiciones de masas y hacerla residir en la objetividad y coherencia de la argumentación? En este caso, como flaquea lo segundo, se prioriza lo primero. Pero el número no siempre es fuente de justicia; si una mayoría aplastante de españoles defendiera la pena de muerte, su enorme cantidad no les daría automáticamente la razón. No se trata de ignorar o condenar el independentismo, pero una cosa es desoírlo y otra muy diferente concederle el monopolio de la razón política y aceptar sus maximalismos como la opción más justa.
El sujeto de decisión es el que fija la legalidad: la ciudadanía española al completo. Por eso un referendum no podría escenificarse como una decisión unilateral de sólo una parte de esa ciudadanía. No digo que la posibilidad de una escisión sea de por sí inaceptable, pero hay que justificarla con más argumentos que los que se han puesto sobre la mesa. Y con mayor ecuanimidad, porque ¿una Cataluña independiente dejaría que Tarragona, por x motivos, exigiera un referendum propio para separarse del nuevo Estado? Si se aprueba que una región puede decidir sola, al margen del total de la ciudadanía estatal, también debería decirse que sí en este caso. Pero seguramente la respuesta sería un no, víctima de una doble vara de medir: España es separable, Cataluña intocable. Más allá de ideologías o identidades, se trata de un asunto de principios: si algo (abrir las puertas cuando una parte lo decida) existe de iure, es cuestión de tiempo que de facto vaya a utilizarse sin medida. Es lo que tiene el libre ejercicio de la voluntad unilateral.

jueves, 29 de agosto de 2013

SIN REFORMAS

 (artículo publicado hoy en El Mundo Baleares)



Por definición, los privilegios son aquello de lo que sus beneficiarios no desean prescindir voluntariamente. Salvo que se les obligue. Pasa el tiempo, llevamos ya 6 años de crisis y la partitocracia sigue siendo el único refugio (junto al fútbol) del mundo de las burbujas, el último ámbito que se resiste a la aplicación seria de recortes y reformas. A estas alturas ya podemos imaginar que no desea corregirse dicha situación; la clase política quiere seguir viviendo 'por encima de sus posibilidades'. Basta echar un vistazo a los enormes gastos de los partidos de poder y a la opacidad de sus cuentas, cuando la mayor parte del dinero (blanco) que reciben es público. La partitocracia como fin en sí mismo, al margen de los intereses de la ciudadanía, sigue siendo una realidad incuestionable.
¿Se están aplicando las reformas estructurales solicitadas por Bruselas? Parece que nada, o casi nada. Y lo poco que se aprueba, sólo dura un año, como el recorte del 7 % de los sueldos del Parlament de Baleares. Los gobiernos central y autonómico parecen estar esperando a que amaine el huracán para seguir engordando perpetuamente a cuenta de la clase media. No se tocan las diputaciones provinciales (rémoras del pasado que perdieron su sentido con la creación del Estado autonómico), organismos que sirven menos a los ciudadanos que a aquellos que se benefician de sus cargos; no se fusionan municipios, cuando tenemos el doble que Alemania con la mitad de población; por no hablar del principal tinglado partitocrático, las innumerables empresas públicas, que en gran parte siguen en pie a pesar de vanas promesas. Otro puntal de la partitocracia son los aforamientos, privilegio endogámico que en España protege (y seguirá protegiendo) de la justicia a decenas de miles de políticos, cuando en otros países europeos estamos hablando de unos pocos cargos.
Otro caso en el que podemos comprobar que la partitocracia se maneja para seguir prosperando como casta es el de los tribunales de cuentas, cuya misión principal consiste en controlar la gestión de los gobiernos. Recordemos que estos organismos analizan las cuentas públicas con unos 5 años de retraso, y gracias a nuestros políticos una ley exime de responsabilidades a los 4 años de producirse los hechos. Como ven, se trata de un blindaje perfecto, necesario por si alguno de estos tribunales consigue sobrevivir a la colonización de políticos en su engranaje. Y para seguir entorpeciendo la labor de estos organismos de control, el gobierno de Bauzá acaba de recortar su presupuesto un 20 %. Todo atado y bien atado.

jueves, 22 de agosto de 2013

DESORIENTACIONES


                                  (artículo publicado hoy en El Mundo Baleares)


Del Vía Crucis veraniego ha emergido como anécdota muy comentada (trending topic en lenguaje twittero) la desubicación de Rajoy, que no sabía si estaba en “la isla de Palma” o en la ciudad de Mallorca. Algunos hablaron de desprecio, pero lo dudo (ha veraneado aquí muchos años), creo que es pura desorientación. Aunque no sólo geográfica... Este presidente atontado me resulta más cercano que en otros aspectos, porque mi estado habitual, a todos los niveles, es el de profunda desorientación. Desde el mismo momento del despertar, que para mí siempre es fundante y supone una odisea de ubicación, porque durante esos iniciales instantes del día no sé en qué cama he dormido, de qué ciudad, qué hora es, si necesito levantarme rápido o no. Incluso en ocasiones tampoco tengo muy claro quién soy. Vivimos tiempos deslocalizados, desterritorializados, con los ejes fuera de sitio, y en ese sentido no hay duda de que Rajoy es un hombre de su tiempo.
La desorientación se agrava todavía más en verano, cuando el calor omnipresente nos reduce a un cúmulo de sudores y flaquezas. Envuelto en estos vapores mortificantes, me resulta más fácil sumergirme en esferas extrañas. Cuando sintonizo cricket en internet consigo mimetizarme tanto con el delicioso ambiente de la Perfecta Albión que siento estar en el Trent Bridge de Nottingham o en el Lord's de Londres, junto a Sir Ian Botham y Geoffrey Boycott. De la lectura también pueden extraerse atractivas posibilidades desorientadoras. Este agosto he permanecido más tiempo en Hungría que en Mallorca, concretamente en el Budapest de finales de 1944, cuando Ángel Sanz Briz consiguió proteger a más de 2.000 judíos del exterminio nazi. En una Lisboa onírica y cinematográfica, donde cada instante se retuerce en la nada, también he estado bastante rato; y en la Barcelona de 1930, cenando en el Ritz junto a cantidades industriales de intelectuales. Por no hablar de la península de Yucatán, a principios del siglo XVI, rodeado de aztecas y mayas, junto a soldados barbudos que, subidos a sus caballos, parecían dioses terribles. Pero siempre acabo refugiándome en un fumadero de opio del Nueva York de 1933, esperando a que vengan a liquidarme tras haber conducido a la muerte a mis tres únicos amigos.
Incluso cuando la brisa mitiga el calor, sigo viendo desorientaciones. En el plano político, acompañando a Rajoy: el PP de Bauzá vive en Madrid (con Cabrera de segunda residencia), Més se arrodilla en Montserrat y EU no consigue salir de La Habana. El PSIB es más esotérico: subsiste en el limbo.

jueves, 15 de agosto de 2013

FREEDOM FOR SON VIDA


  [artículo publicado hoy en El Mundo Baleares]

Quedo con un amigo en una terraza del Molinar para tomar un whisky. Nuestra conversación desemboca en la política, después de atravesar diferentes meandros. Mi amigo es una persona razonable e inteligente, de izquierdas y nada simpatizante de los nacionalismos. Lo curioso es que, como muchos otros no-catalanistas, considera legítima la reivindicación de un referendum en Cataluña.
Creo que ésta es la clave de que en España prosperen iniciativas discutibles: no tanto la fuerza de sus defensores como la complacencia de un gran porcentaje de ciudadanos que no apoyan explícitamente esta causa. ¿Cómo puede ser que alguien no-nacionalista acabe defendiendo ciertos clichés del independentismo?
Por ejemplo, ya tenemos instalado entre nosotros el mantra del 'derecho a decidir', como si no existiera ya esa potestad, desde 1977, año de las primeras elecciones democráticas. Decidimos a todas horas, no sólo en los distintos tipos de elecciones (municipales, autonómicas, generales, europeas), sino mediante iniciativas de la sociedad civil que afectan a las decisiones políticas. La cuestión no es esa, sino exactamente la contraria: en este caso se pretende que sólo decidan unos cuantos, dejando a los demás fuera de toda posible participación. Y esto ya es algo menos defendible, pues se están intentando promover, bajo la máscara de la libertad, decisiones unilaterales, la exclusiva voluntad de unos cuantos movidos por su interés particular.
A mi amigo le planteo un ejemplo, lo que yo llamo un 'contrafáctico simétrico' (es decir, un caso de la misma naturaleza pero con sujetos diferentes). Imaginemos que el barrio de Son Vida quiere separarse del municipio de Palma. Utilizando para ello la misma retórica que los catalanistas: 'no nos sale a cuenta seguir formando parte de Palma, que nos expolia fiscalmente regalando nuestro dinero a los parásitos de La Soledad y Son Gotleu. Queremos un referendum en Son Vida para decidir nuestro futuro'. A mi amigo, por supuesto (como socialdemócrata, está a favor de la redistribución de la riqueza), esto le parece impresentable. ¿Por qué?, si el discurso es idéntico. Cambia sólo el sujeto de la acción, y a los millonarios de Son Vida los considera más negativamente que a los nacionalistas catalanes.
Este es el problema, muy arraigado en nuestro país: no se juzgan los hechos por sí mismos, sino a partir de la identidad de los sujetos que participan en ellos. Así, se legitima a alguien considerado favorablemente, defienda lo que defienda, no la lógica de su argumentación. Juzgamos parcialmente según quien esté implicado. Si vamos por el lado soleado de la vida, la razón siempre estará de nuestra parte.

jueves, 8 de agosto de 2013

BLINDAJES



 [artículo publicado hoy en El Mundo Baleares]



El ser humano busca antes el sentido que la verdad. Tiene prisa por hacerse con un significado que lo explique todo sin dudas ni ambigüedades. Nuestra mente nos determina hasta el punto de convertirnos en seres más cercanos al arraigo en las certezas que al camino incierto de lo riguroso. En la neurología moderna (Gazzaniga) se ha evidenciado que determinan nuestras ideas y actos unos presupuestos que están detrás de cada paso, fundamentando nuestra forma de proceder. Aunque los datos no se adapten a la idea que de ellos nos hacemos a priori, los encajamos a martillazos, con vehemencia. Es la estructura evolutiva de nuestra mente, que prefiere la comodidad de lo que le conviene.

Luego, los contextos intervienen para radicalizar estos patrones. En épocas de crisis como la que vivimos, el blindaje de las certezas se forma como tensión antagónica, es decir, como enfrentamiento con el otro. Porque la verdad en estos casos tiende a implicar principalmente la culpabilidad de otros. Y esa tensión se mantiene viva a cada instante, incluso aumenta sus dimensiones. Propicia maniqueísmos, polarizaciones, y más tensiones que no resuelven nada sino que agravan los problemas. Es una pena, pero en momentos de incertidumbre una mayoría ahonda en sus convicciones, radicaliza sus dogmas; no aprovecha la riqueza cognitiva de la inquietud reinante para hacer autocrítica. Asimismo se pierde con más facilidad el sentido común, la reflexividad y la voluntad de acercamiento al otro.
Últimamente hemos podido comprobar, en varios casos sucedidos en Baleares y Galicia, la realidad de esta pauta: el accidente de tren en Angrois, el incendio de Andratx, y también estoy pensando en el caso Alpha Pam. En dichas situaciones, una amplia mayoría, en la prensa o en las redes sociales, quería saberlo todo al instante, sin esperar no sólo a que se iniciaran las respectivas investigaciones, sino todavía en medio de la catástrofe. Es más, no querían saber, sino que ¡ya lo sabían todo! El culpable cambiaba en cada caso, pero la certeza era igualmente absoluta. La culpa es de este o aquel, pero hay una culpa inalterable, fija, que convierte a los otros en seres satánicos, responsables exclusivos de todo mal: Rajoy o José Blanco, el maquinista, los recortes de Bauzá, el descuidado pirómano, el hospital de Inca, etc. Una sola causa, como si no pudieran darse varias a la vez, concatenadas; y rápido, sin esperar al dictamen de los análisis. Y si al final resulta que nadie tenía razón, no se preocupen, sucederá como con los resultados electorales: todos ganan, nadie se equivoca.

jueves, 1 de agosto de 2013

VERANO MORTAL


[Dan comienzo hoy mis colaboraciones para El Mundo este agosto, a razón de un artículo por semana, cada jueves]


Detesto el verano mediterráneo. Opresivo y envilecedor, “el calor favorece el desarreglo, la suciedad y los populismos” (Arcadi Espada). Por eso, en estas fechas necesito evadirme, aunque la vía de escape adopte formas sombrías. En verano, el protector velo de lo cotidiano desaparece para dejarte a la intemperie. Todo lo que ya de por sí era dificultoso, en esta época se agrava: la soledad es más punzante, el hastío imposible de soportar, la agresividad más crispada. Todo pesa más.
Acabo el mes de julio leyendo en una cafetería de Pòrtol los nuevos números de la revista Adiós, un caso extraordinario de atención a la muerte, en tiempos tan huidizos y frágilmente hedonistas. Cada cierto tiempo, por obligación o no, me paso por el tanatorio del Bon Sosec para hacerme con los últimos ejemplares en papel, y recordar que somos mortales.
Sí, acostumbro a pensar en la muerte. En los fallecidos que he conocido, en lo que harían o pensarían en este momento presente. Siete meses después de la muerte de mi tío, el pintor Tomàs Horrach Bibiloni, lo veo huyendo de este calor infernal, refugiándose en su querido Saint-Malo. Tomàs subía cada mes de julio a su Citroen Picasso, y prefería conducir desde Barcelona hasta la Bretaña francesa antes de que estas temperaturas redujeran su humanidad a la de un superviviente de Auschwitz. Lo imagino ahora cerca del castillo de Saint-Malo, pintando la subida de la marea.
También imagino al poeta Jaume Pomar, a quien traté unos meses sirviéndole copas en la barra de una librería-cafetería palmesana. Jaume tenía un encanto especial, a medio camino entre la fina ternura y un sarcasmo demoledor. Tras dejar el whisky (prescripción médica), consagraba su paladar a descubrir las virtudes del buen vino. Tal vez hoy estaría saboreando de nuevo esa colección de tintos dedicados a su admirado Cesare Pavese. No le preocupaba morirse; decía que, al no tener hijos, nadie dependía de él. Era libre de seguir su camino epicúreo.
En medio de este sopor canicular, también imagino otras muertes recientes: la vegetación y la fauna de la Tramuntana aniquiladas por el fuego esta semana. En mi último paseo entre Andratx y Estellencs, no pude evitar deterner el coche en varios recodos del camino, para fotografiar esa magnífica frondosidad tan cercana a la ambientación de Twin Peaks. La ventaja de la muerte vegetal es que resurgirá de sus cenizas, aunque pasen años o décadas; sin embargo, de la muerte humana sólo queda el recuerdo de los vivos, y eso no es precisamente un atributo de la eternidad.
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