jueves, 20 de diciembre de 2007

VENDRÁ LA MUERTE Y TENDRÁ TUS OJOS


Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
esta muerte que nos acompaña
desde el alba a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un absurdo defecto. Tus ojos
serán una palabra inútil,
un grito callado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola te inclinas
ante el espejo. Oh, amada esperanza,
aquel día sabremos, también,
que eres la vida y eres la nada.

Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como ver en el espejo
asomar un rostro muerto,
como escuchar un labio ya cerrado.
Mudos, descenderemos al abismo.

Cesare Pavese

domingo, 16 de diciembre de 2007

COREA DEL NORTE


Hasta hace poco tiempo lo único que conocía de Corea del Norte era esto.

De esta delirante manera informaba la televisión coreana de la muerte del ‘eterno’ Kim Il Sung en 1994. Ni el cine de Almodóvar ha alcanzado cotas tan depuradas en lo grotesco. Las imágenes me recuerdan la muerte de otro líder comunista, el chino Den Xiao Ping, que también se caracterizó por estos histerismos reverenciales. Imagino que el día que se muera Fidel Castro nos toparemos con escenas parecidas (o no, que a lo mejor sucederá en Cuba como en España, que pasó masivamente del franquismo al antifranquismo en cuestión de horas, tras fallecer el dictador). ¿Por qué unos sistemas que teóricamente pretenden una cierta emancipación de los individuos se acaban limitando a un obsceno paternalismo?

Pero estos últimos tiempos he dado con dos interesantes fuentes de información sobre Corea, una de las dictaduras más implacables y poco conocidas del mundo: se trata de un comic y de un documental televisivo. El comic se titula Pyongyang y ha sido creado por el dibujante canadiense Guy Delisle, que se inspiró en una visita que hizo a la capital coreana por motivos de trabajo. Se lo recomiendo a quien no conozca esta brillante obra (y eso que no soy comiquero. En casa sólo tengo tres: éste, Agujero Negro y Maus); lo ha editado en castellano la editorial Astiberri (2006). Por otra parte, hace escasos meses el canal Cuatro estrenó un interesantísimo documental sobre la realidad de la dictadura coreana. Su título es Amarás al líder sobre todas las cosas y está protagonizado por el reportero Jon Sistiaga, que trata de escudriñar las mentiras del régimen comunista. El viaje fue organizado por la Asociación de Amistad con Corea (KFA), presidida por el catalán Alejandro Cao de Benós, un siniestro y curioso personaje obsesionado, parece que desde niño, en su defensa incondicional del régimen actualmente dirigido por Kim Jong Il. 

Corea del Norte no es un caso único. Han existido y siguen existiendo otros muchos países comunistas, siempre caracterizados por una férrea limitación de las libertades y una creativa transfiguración de la realidad. La URSS y China son los más conocidos, pero hay otros muchos casos de un perfil similar al coreano, como son Albania, Rumanía o la Alemania del Este, que bien valen un análisis de sus mecanismos de poder y de control de la población. Poca gente podrá juzgar que me equivoco cuando digo que el comunismo ha sido en el siglo XX sinónimo de totalitarismo (otra cosa es el socialismo democrático), pues ejemplos no nos faltan para sostener esta tesis. Pero Corea ha ido más allá que el resto, sobreviviendo a la caída del ‘Telón de Acero’ y profundizando en una alienación de dimensiones poco conocidas. Su régimen ha sido (sigue siendo) más fuerte en el sentido de más impermeable a los cambios y sus estrategias de dominio más contundentes. Si toda dictadura comunista vive en un blindaje severo con respecto a lo que es ajeno a ella, el caso de Corea del Norte lleva esta máxima hasta extremos increíbles de alienación.

Día 1. Comienza el viaje para Delisle, Sistiaga y los que los acompañamos. Bienvenidos a Pyongyang, caballeros. Primer mandamiento: prohibirás todas las cosas (excepto si eres miembro del Partido). Las prohibiciones (redundancia en un país en el que todo está vetado o vedado) a los escasos extranjeros que visitan el país se dan ya desde un principio: no se pueden llevar revistas porno; los teléfonos móviles son confiscados en el aeropuerto y sólo se devuelven a la vuelta. Segundo mandamiento: ‘No se puede hacer nada solo’ (de nuevo: salvo si tienes el carnet del Partido), por lo que siempre debe ir uno acompañado por un guía (en realidad, espía del régimen) y un chofer. Libertad, ¿para qué?, como diría Lenin.

En las calles de Pyongyang apenas hay tráfico. El gobierno sólo permite a unos pocos acceder a la adquisición de un vehículo. Como puede verse en los videos, miles son los kilómetros de carreteras desiertas de este alucinante país, que parece más ficticio que real. La mayoría, a pie o en bicicleta, que no contamina y además el ejercicio es muy sanote (en este sentido, Pyongyang seguro que haría las delicias de Al Gore).

El museo (dedicado a Kim senior) del Palacio de las Amistades (dedicado a Kim junior), que se encuentra alejado de Pyongyang, está excavado en la roca de una montaña, y es a la vez un refugio antiatómico. La finalidad del invento consiste en hacer ver que la mayoría de países del mundo admiran el ejemplo de Corea y han colmado a su pueblo y a su líder con infinitos regalos. La realidad, claro, es muy distinta (casi todos los regalos pertenecen a dirigentes comunistas), aunque algún regalito tiene su gracia (por la cuenta que nos trae), como el que tiene que ver con Santiago Carrillo.



¡Ojo al calendario! Recuerden que en Corea no estamos en el año 2007, sino en el 96, pues hace 96 años que fue concebido (más detalles de nota: el reloj se puso en hora cuando fue concebido, no cuando nació) el líder de la nación. Y es que donde esté Kim Il Sung que se quite al judío Jesús, que no escribía nada, mientras que el fenómeno coreano, a ritmo de uno por día, escribió nada menos que ¡18.000 libros! ¡Y encima “muy intensos y muy profundos”!, como recuerda el encargado de la biblioteca que los alberga (ojo: sostiene el doctor Ri, que así se llama el personaje, que se los ha leído todos). 


Para un simple traslado de un pueblo a otro cercano se requiere de un visado.


Parece que Corea del Norte es el país del mundo que más ayuda humanitaria recibe.

La obsesión con una invasión militar ‘imperialista’ es omnipresente. El motivo que subyace a este delirio, al menos entre sus clases dirigentes (el resto parece se lo cree de verdad), es de manual: no hay nada mejor que una amenaza exterior constante para homogeneizar a la ciudadanía (en este caso, súbditos). La guerra de Corea con los USA fue hace más de 50 años pero, si nos dejamos llevar por el ambiente de psicosis reinante en esta dictadura comunista, parece que se produjo la semana pasada. Cuentan Delisle y Sistiaga su paso obligado por un museo en el que se muestran barbaridades alucinantes de los americanos, como que dan de beber petróleo a los niños, o que los torturan con un sadismo digno del doctor Mengele. Eso sí, como no pueden ilustrar esas invenciones con imágenes reales, pues recurren a unos esforzados óleos que recrean las falsas situaciones y a órdenes militares claramente falsificadas.

Delisle: “Corea del Norte es el país más cerrado del mundo. Los extranjeros entran con cuentagotas. No hay internet, ni cafeterías. En resumen, ninguna diversión. Resulta difícil salir del hotel, y conocer coreanos se revela prácticamente imposible”. 

El metro de Pyongyang es realmente curioso. Construido a mucha profundidad para hacer las veces de refugio antiatómico, está decorado con unos exagerados murales de realismo socialista y columnas dignas de un palacete francés, mientras que los vagones del metro acusan bastante más pasado que futuro.

Las consignas lo invaden todo: las calles, las casas, los edificios oficiales, etc. Incluso paisajes de la naturaleza. En una ladera, por ejemplo, se puede ver esculpida una consigna en honor de Kim junior. ¿Se tratará de una sutil operación para captar militantes entre la sufrida fauna coreana?

En el Museo de Bellas Artes el 80 % de sus cuadros representan a los dos Kim.

Las dictaduras comunistas se autocalifican de ‘paraíso’, pero de ellas una gran parte de la población desea huir (muchos son asesinados o encerrados en el intento), mientras que muy poca gente (sólo los que tienen un perfil parecido al de Cao de Benos) quiere entrar en él.


Del director de cine coreano Shin Sang-Ok habla Delisle en el comic y su biografía resulta apasionante. Resulta que era el director de cine más laureado de Corea del Sur cuando Kim junior ordenó secuestrarlo en 1978 y llevárselo para el norte, donde le obligaron a convertirse en el cineasta del régimen. Para convencerlo lo llevaron a los campos de concentración, situados en el norte del país. A mediados de los 80 Shin pudo escapar gracias a que fue enviado a un festival internacional.

En Corea no hay minusválidos (tal vez tampoco homosexuales, como en Irán). La versión oficial dice que todos los coreanos “nacen fuertes, inteligentes y saludables”. Probablemente Kim junior lleve a cabo los mismos métodos de Hitler para erradicar a todos los discapacitados.
Un detalle sobre los dos Kim, padre e hijo. Resulta que todo el mundo debe llevar pins con el careto de los dos, que aunque son padre e hijo se parecían poco, de modo que se ha recurrido a una especie de Photoshop para igualar las formas de las dos efigies.

En demasiadas ocasiones se adjudica a las imperfectas sociedades capitalistas la realidad del Gran Hermano que George Orwell describe en su 1984, cuando de hecho era en una dictadura comunista en la que se estaba inspirando el escritor británico, concretamente en la de la URSS. Y Corea del Norte no es más que una prolongación del modelo que Stalin puso en marcha tras la revolución bolchevique. Desde luego, el Gran Hermano practica la neolengua, su corazón late muy a la izquierda y su visión del ‘otro mundo es posible’ no se presta a ningún tipo de consenso.

Delisle se pregunta lo que todos los visitantes de Corea, lo que todo aquel que reflexione sobre Corea se pregunta: ¿creen ellos en todo lo que se les hace tragar? Yo creo que sí, sobre todo porque no tienen otra opción, no sólo por el tema coercitivo, sino porque no poseen alternativas distintas. No saben quién es Kant, ni Shakespeare o Cervantes, ni la Biblia, ni nada. No conocen nada de otras realidades culturales y sociales. Todo lo que saben es la verdad del comunismo, la destilada por el Kim de turno. El entontecimiento y la homogeneidad es total y absoluta; toda individualidad es arrancada de raíz, todo criterio personal desmadejado y aniquilado. Todo ello en defensa de elevados ideales de justicia y dignidad. Y para el que, aún así, consiga salirse del molde restrictivo, hay mil maneras de destrozarlo, empezando por lo que le pueda pasar a su familia (sólo se deja salir del país a algún coreano siempre que tenga familia, ya se sabe), o por enviarlo a los campos de concentración, que, como en todos los países comunistas, se llaman ‘campos de reeducación’. Efectivamente, Chomsky, Manu Chao & co. tienen razón: otro mundo es posible, y Corea del Norte es uno de sus varios ejemplos.

PD: Uno de los miembros de la comitiva de Sistiaga, el periodista de ABC, Pablo M. Díez, ha informado sobre su delirante experiencia en las páginas de su periódico.
La BBC también ha producido un documental sobre Corea del Norte, Acceso al terror: 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7.

(Texto publicado en el Nickjournal)

martes, 11 de diciembre de 2007

NOTAS SOBRE EL CINEMATÓGRAFO


Notas sobre el cinematógrafo es el título de un libro que escribió el cineasta Robert Bresson y que fue editado por Gallimard en 1975 (hay edición española en Árdora, 1997). En esta obra construida a partir de sutiles aforismos intentó Bresson expresar su concepción del arte del cinematógrafo en particular (como algo opuesto a las otras artes de las que históricamente ha bebido), aunque hay mucho más de fondo. Los breves textos del cineasta tienen mucho de filosófico, en el mejor sentido de búsqueda de algo que escapa a cualquier tipo de planteamiento absoluto. El arte implica mucho más que lo que se suele entender por esta palabra, y este libro lo ejemplifica. Sus reflexiones son, en palabras del escritor J.M. Le Clézio, "cicatrices, marcas de sufrimiento". He aquí algunas muestras:

"No hay arte sin transformación.

Crear no es deformar o inventar personas o cosas. Es establecer entre personas y cosas que existen, y tal como existen, relaciones nuevas.

No corras tras la poesía. Ella penetra por sí sola a través de las junturas (elipsis).

Que sean los sentimientos quienes conduzcan los acontecimientos. No a la inversa.

Cinematógrafo: forma nueva de escribir, y por lo tanto de sentir.

El cine sonoro ha inventado el silencio.

Cosas que se vuelven más visibles, no por más luz, sino por el nuevo ángulo bajo el que las miro.

Una cosa equivocada, si la cambias de sitio, puede ser una cosa acertada.

Estilo: todo lo que no es técnica.

Lo que está destinado al ojo no debe repetir lo que está destinado al oído.

Cuando un sonido puede reemplazar una imagen, suprimir esa imagen o neutralizarla. El oído va más hacia el interior, el ojo hacia el exterior.

A las tácticas de velocidad, de ruido, imponer tácticas de lentitud, de silencio.

Practicar el precepto de encontrar sin buscar.

Evitar los paroxismos (cólera, espanto, etc.) que es obligado simular y en los que todo el mundo se parece.

Sólo es duradero lo que está atrapado en ritmos (...). Ello se da porque una mecánica hace surgir lo desconocido.

Que las imágenes excluyan la idea de imagen.

Traducir el viento invisible por el agua que esculpe a su paso.

El ojo (en general) es superficial, el oído, profundo e inventivo. El silbido de una locomotora imprime en nosotros la visión de toda una estación.

Nada de psicología (de esa que sólo descubre lo que puede explicar).

Ve tu película como una combinación de líneas y de volúmenes en movimiento al margen de lo que representa y significa.

Mi película nace por primera vez en mi cabeza, muere en el papel; la resucitan las personas vivas y los objetos reales que utilizo, que son inmolados en el celuloide pero que, dispuestos en un cierto orden y proyectados sobre una pantalla, se reaniman como flores en agua.

Nada de fotografía bonita, nada de imágenes bonitas, sino imágenes y fotografía necesarias.

Ver los seres y las cosas en sus partes separables. Aislar estas partes. Hacerlas independientes para darles una nueva dependencia.

No se crea agregando, sino suprimiendo.

Que la causa siga al efecto y no lo acompañe ni lo preceda.

No sólo relaciones nuevas, sino una manera nueva de re-articular y de ajustar.

Rodar no consiste en hacer algo definitivo, es hacer los preparativos.

La fuerza eyaculatoria del ojo.

La belleza de tu película no residirá en las imágenes (tarjetapostalismo) sino en lo inefable que éstas liberarán.

El público no sabe lo que quiere. Imponle tus voluntades, tus voluptuosidades.

Temblor de las imágenes que se despiertan.

Producción de la emoción lograda mediante una resistencia a la emoción.

Es del sometimiento a una regularidad mecánica, es de una mecánica de donde nacerá la emoción. Para comprenderlo, pensar en ciertos grandes pianistas.

Sé preciso en la forma, no siempre en el fondo (si puedes).

Ten el ojo del pintor. El pintor crea mirando.

Sacar las cosas de la costumbre, descloroformizarlas.

Construye tu película sobre lo blanco, sobre el silencio y la inmovilidad.

Sin cambiar nada, que todo sea diferente".

sábado, 8 de diciembre de 2007

LA FORMA


“Todo el mundo busca mensajes y contenidos, mientras lo importante son las formas de un arte y el misterio que éstas encierran”.


Robert Bresson.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

INGMAR BERGMAN (Kiliedro)


Este pasado verano nos ha deparado no pocas malas noticias. Como todos los veranos, como todas las épocas del año y todos los años, sin excepciones. La mala noticia que me importa señalar en este caso es la del fallecimiento, a finales del mes de julio, del cineasta sueco Ingmar Bergman, tan conocido como ignorado suele ser su cine. Ochenta y nueve años y dieciséis días ha durado la partida de ajedrez entre la Muerte (con negras) y Bergman (con blancas, como el caballero Blok, como todos), y eso que éste ya estuvo a punto de sucumbir en el primer movimiento, el 14 de julio de 1918, pues el médico lo daba por muerto nada más nacer. Varios días duró su lucha por escapar del primer hachazo de la existencia: “era como si no acabara de decidirme a vivir”, escribe Bergman en sus memorias, Linterna mágica. Parece como si toda su vida hubiera llevado encima las huellas de esa refriega post-uterina. De hecho siempre fue una persona con muchos problemas físicos, aunque no sólo, ya que los de origen psicológico no le fueron precisamente a la zaga. Pero todo lo acabó superando, cada contratiempo, cada desastre, cada movimiento amenazador de la Muerte (como cuando fue ingresado en un hospital por una crisis tras ser falsamente acusado, en los años 70, por el fisco sueco), retratada en El séptimo sello como una figura de negro con un humor muy socarrón. La Muerte habrá encontrado pocos adversarios tan escurridizos, tan adiestrados en su fatal lógica. Pero las negras siempre ganan.

Curiosamente el mismo día de su muerte falleció también otro director que fue igualmente considerado como un paradigma de la dirección cinematográfica, Michelangelo Antonioni. Bergman y Antonioni (a pesar de las grandes diferencias entre el cine de uno y otro) han ido durante muchos años de la mano en el discurso de los críticos de cine...

(artículo completo publicado en KILIEDRO)

sábado, 24 de noviembre de 2007

VIDEOS DE RENÉ GIRARD


Compruebo que van aumentando los videos que hay en el YouTube sobre René Girard. Hasta hace poco sólo podía encontrarse este largo debate entre el propio Girard y Gianni Vattimo sobre el tema del relativismo:

René Girard e Gianni Vattimo

Pero ahora se ha incluido esta entrevista en tres partes que le hicieron a Girard en la televisión francesa:

Primera parte

Segunda parte

Tercera parte

También he encontrado esta conferencia de Girard en Oxford (1997), recogida por el COV&R (Colloquium on Violence & Religion):

Girard en Oxford


martes, 20 de noviembre de 2007

LA MUJER CTÓNICA (5)


UNA HISTORIA CTÓNICA

Hoy martes regresa la saga ctónica tras un prolongado receso. Empecemos con cine. Hace unos años, el cineasta Neil LaBute estrenó su película Shape of things, traducida aquí como Por amor al arte. En ella mostraba un caso fascinante y brutal: un chico ingenuo y remilgado se enamora de una ctónica (interpretada por la bellísima Rachel Weisz, arriba en la foto) que le cambia la vida por completo. Por influencia de la chica, con mucha más iniciativa que él, el protagonista cambia de forma de ser, de intereses, de amigos, e incluso de aspecto físico, llegando a operarse la nariz por consejo de la bella ctónica. Al final resulta que toda la relación no era más que el proyecto de fin de curso del personaje de Weisz, estudiante de arte, que pretendía demostrar lo que éste puede llegar a influir en la vida de las personas. Todo el retorcido proceso pigmaliónico le es revelado traumáticamente al enamorado (y al espectador) al final de la película, cuando ella defiende en público su trabajo, que no era otra cosa que su mismo novio.
Dejando de lado no pocas diferencias, una historia parecida, en este caso real, me contó Ella cuando todavía nos tratábamos. Resulta que Ella, cuando tenía unos 20 añitos, conoció una noche a un grupo de amigotes en un bar de su ciudad y empezó a salir con uno de ellos. En realidad no tenían apenas afinidades, pero a ella le debió gustar la actitud animalesca del sujeto, parece que bastante macarra. Pero con quien de verdad se compenetraba era con Él, uno de los amigos del novio, con el que éste apenas guardaba parentesco alguno. Él era muy serio, aplicado, culto, vestía “como los de las Juventudes del PP” (Ella dixit) y, a sus 25/26 años, todavía no había besado a una mujer. Era muy apocado y tímido, al contrario que Ella, que “era muy echada p’alante”, pero pronto congeniaron, sobre todo a través de la vertiente cultural. A los dos les gustaba estar juntos y hablar de cualquier tema, y sus conversaciones podían durar horas y horas. Una de sus actividades favoritas consistía en coger el tren hacia la capital y pasarse el día allí viendo películas, hablando de ellas y paseando por las calles. La relación parecía perfecta, pero Ella seguía saliendo con su novio, el macarra, y Él comiéndose los mocos en su casa. Él estaba destrozado y Ella lo sabía perfectamente. Se sentía halagada por la compañía de Él y por su interés, pero, como buena ctónica, apreciaba más la testosterona de su novio. Esa relación de verse y tratarse constantemente, pero sin sexo, duró nada menos que año y medio, tiempo en el que Él cada vez acusaba más su amor no correspondido por Ella. Las despedidas en la puerta de la casa de Ella eran traumáticas para el chico; Ella veía su dolor, sus lágrimas, pero no dio un paso ni tampoco cortó la relación. Evidentemente no se le puede reprochar que no se enamorara de Él, eso sería absurdo; lo más discutible se dio más adelante.
Pasó, como he dicho, un año y medio. Él cada vez más enamorado y también dolido, resentido. Ella con el novio, pero pasando muchas más horas con Él, aunque sin permitirle ni un beso. Poco a poco Él empezó a cambiar. De forma de vestir, de comportarse, de hablar. También cambió de gustos musicales y otras cosas. Y su metamorfosis, lógicamente, se producía en la línea marcada por Ella. Los gustos que recién iba adoptando Él eran los que Ella profesaba y que, además, en ocasiones, prescribía. Como el protagonista de Por amor al arte, Él se convirtió en una creación de la pigmaliónica Ella, aunque ésta no fuera estudiante del arte ni pretendiera hacer con él el trabajo de final de carrera. Él pretendía agradarla más, hacérsele más interesante. Pero no entendía la lógica de las mujeres; no sospechaba que a una ctónica no se la satisface aceptando su criterio, al contrario. Una verdadera ctónica privilegia mucho más que su víctima mantenga precisamente un elevado nivel de autonomía, porque, entre otras cosas (subrayo: entre otras cosas), es eso, autonomía y determinación, lo que más aprecian en sus parejas.
Ya digo que Él fue cambiando, pero no Ella, que siguió siendo la misma, al tiempo que su noviazgo con el macarra continuaba y Él, a pesar de todo, no tenía acceso a Ella, ni siquiera a una caricia. “Lejos de ti hace mucho frío”, le confesaba.
Pero todo cambió un día. Él ya no podía más, después de año y medio de transformación inútil en el que Ella se había convertido en el centro idolatrado de toda su existencia (Ella me reconocía que pocas veces se ha sentido más amada que entonces. Sin embargo...). Una noche, harto de todo, se armó de decisión y la besó. Nunca antes había besado a una mujer. Estaban en un bar, con el grupo de amigos, y eso implica que el novio estaba presente. Éste y Él se enzarzaron en una pelea que acabó con la salida del último del círculo de amigos. Rompió con todos, pero sobre todo con Ella, que se había enfadado mucho con el beso. Ahora Él la odiaba, no quería verla más. Como decía Fellini, refiriéndose a las mujeres, sólo se suele criticar aquello por lo que se manifiesta un cierto interés, y en este caso el odio era análogo al amor con que la había idolatrado hasta este momento. Por primera vez, después de dieciocho meses, Él montó su vida al margen de Ella. Dejó de verla y, también, dejó de desearla. Se buscó la vida en otra parte. Los resultados llegaron rápido: conoció a una chica y empezó a salir con ella. Eso lo cambió todo, al menos en lo que respecta a Ella.
Una soleada tarde, creo que de junio, Ella paseaba en solitario por un parque de su ciudad cuando vio a la nueva pareja besándose, sentados en un banco. No sabía que Él tuviera novia. La ctónica entró en erupción. “Tiene que ser mío”, debió pensar, si tenemos en cuenta lo que sucedió después. Años después, al contarme la historia, trataba de justificarse diciéndome que su súbito interés sexual por Él se debía a que éste había cambiado, de forma de vestir, de comportarse, etc. Yo no quise decir nada, pero estaba claro que el argumento no se sostenía, porque estos cambios fueron muy anteriores y, por sí mismos, en su momento, no provocaron cambio alguno en la actitud de Ella. Ahora sí se produjo un cambio, pero eso claramente tiene que ver con la capacidad sexual que empezaba a ver en Él. Ya se sabe lo competitivas que suelen ser las ctónicas con/contra ellas mismas; cuando Él se consagraba para Ella, nada de nada, pero todo cambia cuando ve que lo pierde en brazos de otra mujer. Es en ese momento cuando, casi inconscientemente, se dispara en las ctónicas un mecanismo ancestral, anclado en una dimensión prerracional y telúrica, que no obedece a criterios individuales. El caso es que en ese punto todo lo que Ella sentía por Él cambió de sentido. Creo que fue al día siguiente cuando lo abordó (o esa misma tarde, una vez que la novia había desaparecido). Él ya no estaba enfadado, y le contó a Ella, orgulloso de sí mismo, que tenía novia y las cosas marchaban muy bien. Si no recuerdo mal, esa misma tarde Ella ya lo sedujo. Me contaba, orgullosa también de su gesta: “y durante todo ese verano conseguí que él le pusiera los cuernos a su novia”.
Al final del verano los dos se convirtieron en novios, rompiendo con sus respectivas parejas. Fueron felices durante muchos meses. Una felicidad envidiable, por lo que Ella me contaba. Mucho sexo, complicidad, cariño, respeto. Pero el alien gigeriano que lo iba a destruir todo ya se había introducido en las tripas de la relación. Él la amaba con locura, pero el año y medio de humillaciones y desprecios que había sufrido sometido a la ctónica no podía borrarse. El odio acumulado era demasiado grande, y al final pudo más que el amor. Cuando la relación parecía ya asentada, comenzaron los problemas. Él le fue devolviendo, aunque de forma inconsciente, todos y cada uno de los golpes que había recibido de Ella durante meses. Llevados por un impulso mimético que era más grande y poderoso que ellos y sus voluntades, ambos cayeron en una espiral destructiva que acabó arrasando toda la relación. No entraré en detalles, pero la parte final de la historia es sórdida y escabrosa. Todo lo que Él había aprendido en manejos ctónicos lo utilizó y aplicó contra Ella, con resultados letales. Se amaban, pero se acabaron destruyendo casi sin darse cuenta de ello. Una historia trágica.
Llegó la ruptura inevitable y el trauma para Ella, que tuvo que ser tratada por psicólogos y psiquiatras durante unos tres años. Ahora era Ella la que padecía el vértigo del frío lejos de Él. Un derrumbe casi total, una derrota que bordeó lo definitivo. Tras mucho sufrimiento, superó el trauma y desde que le dieron el alta hace vida normal. Pero seguramente nunca llegó a recuperarse del todo. Esa idea me quedó tras mi experiencia con Ella. Me gustó conocerla, aunque reconozco que más me gustó perderla de vista.

viernes, 16 de noviembre de 2007

LA ALIENACIÓN DE LO PROPIO


"Lo propio tiene, tanto como lo extraño, que ser aprendido. Por eso mismo nos son imprescindibles los griegos. Sólo que no los alcanzaremos precisamente en lo que para nosotros es propio, nacional, porque, como queda dicho, el libre uso de lo propio es lo más difícil".

Friedrich Hölderlin, carta a Böhlendorf (4 diciembre 1801).


"La esencia de la existencia consiste en estar dentro estando fuera".

Martin Heidegger, El origen de la obra de arte.

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Nota a posteriori: siguiendo a Hegel en La ciencia de la lógica, lo propio, es decir, lo inmediato, precisamente por su inmediatez, se nos ofrece en una opacidad casi blindada, que sólo puede llegar a comprenderse tras un proceso reflexivo que eleve aquello inmediato (lo propio) a concepto. Para ello hay que desplegar la reflexión en figuras que siguen el mecanismo de interiorizar lo exterior, de la misma manera que la Naturaleza es la Idea en cuanto exterioridad que debe ser desentrañada en su esencia. Lo propio es, por tanto, aquello opaco que no se nos revela de forma directa, sino a través de un complejo proceso de mediación reflexiva. Sólo distanciándonos de lo propio podemos llegar a saber qué es, en qué consiste. Sólo desde el Otro puede articularse un Sí Mismo que tenga conciencia de serlo. Un Sí Mismo que escape a este proceso de salida y separación no será más que la prolongación de aquello que nos ha sido trasmitido en su inmediatez opaca.

(denle a la imagen y verán de cerca la bonita alienación gigeriana)

sábado, 10 de noviembre de 2007

VALENCIA


Los viajes tienen, al menos para mí, dos funciones básicas: una de contenido y otra formal. La de contenido tiene que ver con el destino del viaje, sus motivaciones, objetivos, etc. La función formal, en cambio, se relaciona con el hecho mismo del viajar, con el ir-y-volver, y con todo lo que remueve ese movimiento del salir/regresar. En cada viaje la identidad del viajante se pone en juego. Muchas veces sucede que lo más importante de un viaje es esta vertiente formal, pero en el caso que ahora me ocupa lo que tiene que ver con su destino ha sido más gratificante y satisfactorio.

El destino era la ciudad de Valencia, y la excusa un congreso internacional sobre Nietzsche (titulado Nietzsche y la hermenéutica) que se iba a celebrar (y se celebró) en la Universitat de Valencia. Pero el motivo principal del viaje residía en conocer una tierra cercana pero desconocida para un servidor. No quiero entrar en aburridos detalles personales, pero me va a costar olvidarme de Valencia. De hecho, no pienso hacerlo: volveré. No sé cuándo todavía, pero no me cabe ninguna duda. Pensamos lo mismo los tres expedicionarios isleños: el Pez Martillo, Donatien y un servidor.

No sé si porque soy mallorquín o a pesar de serlo, considero que Mallorca es un buen lugar para vivir. Pero si por alguna razón tuviera que largarme de la isla, Valencia sería uno de los destinos que consideraría con más posibilidades. Valencia ha resultado ser una ciudad muy atractiva, que reúne ventajas propias de una ciudad grande y también de otras más pequeñas. Pero lo que me ha sorprendidomás es la gente de Valencia, por su calma, su tranquilidad, su alegría. ¡Y qué mujeres! Guapísimas y tremendamente simpáticas las valencianas. En Mallorca el nivel de belleza femenina no es precisamente bajo, pero en general las mallorquinas (ahora toca un apunte tal vez excesivamente general, pero tampoco creo que sea muy equivocado) son demasiado estiradas y bordes. Nada que ver con las encantadoras mujeres valencianas (y eso por no hablar de las espectaculares noruegas del Rosenborg, que nos dejaron alucinados en un bar del barrio del Carmen, celebrando la victoria de su equipo sobre el Valencia CF en Mestalla). A pesar de ser igualmente latinos y mediterráneos, entre valencianos y mallorquines se aprecian no pocas diferencias en el carácter y en las maneras. Imagino que la endogamia isleña tendrá mucho que ver con ello. No pienso hacer causa a favor de mis paisanos, así que voto por la alegría y la simpatía valenciana.

Mención especial quiero dedicar al viejo Casale, conocido nick del antiguo Nickjournal, que con una amabilidad difícil de superar nos enseñó los rincones de la ciudad antigua, en una inolvidable tarde que me hizo recordar (y rememorar en carne propia) las gestas de Paavo Nurmi y Abebe Bikila. Creo que difícilmente podrá encontrarse un guía más adecuado para conocer los rincones de la ciudad y su historia que el gran Casale. También la cena a la que asistieron el Pez Martillo, Donatien y un servidor por parte mallorquina, y el propio Casale, montano, Bartleby y Tempo e dolore en representación valenciana, tendrá sin duda un hueco en mi recuerdo. Un saludo para todos y gracias por la compañía.

¿Y el congreso, qué tal? No estuvo mal, pero ya hablaré de él en otro momento. También de la exposición sobre HR Giger en la UPV.

(foto: cortesía del Pez Martillo)

domingo, 4 de noviembre de 2007

EL FRACASO NECESARIO


Dice Heidegger en El origen de la obra de arte (Caminos de bosque, Alianza) que la esencia de la verdad es la no-verdad. No en el sentido de que lo esencial de la verdad consista en algo que no lo es, que se opone a lo verdadero, sino que a la verdad le es esencial el no poder definirse totalmente, el escaparse a cualquier pretensión de dominio. Su esencia es, pues, el ocultamiento, un negarse a la manifestación, al menos de forma total y absoluta. La verdad es algo que siempre se resiste a aparecer como algo, como presencia; no puede ser objeto de fijación. Por tanto, en toda pretensión de poseer la verdad ésta desaparece bajo la forma que supone afirmarla. Afirmarla es negarla. La verdad no es de nadie.

Es por ello que toda operación para tratar de apropiarse la verdad está condenada al fracaso. La esencia de la metafísica consiste en un intento de dominar lo real, reduciendo su inmensa complejidad a una serie reducida de categorías o principios. Pero la labor metafísica siempre está condenada a toparse con un camino sin salida; cuando se pretende definir/clausurar lo real, lo óntico, éste escapa a la totalización de dicha operación. La verdad del ente escapa siempre, manifestando así lo que podríamos llamar su fuerza más inatacable. El ente se resiste a la operación de dominio del pensar metafísico, revelándose así una cierta inconsistencia, no ya de las cosas ónticas mismas, sino del propio pensar en su esencia. La metafísica nos ha permitido llegar a ese punto de arrinconamiento de lo ente, pero una vez allí no podemos ir más allá, saltando por encima del vacío de su sentido más profundo. El camino está cerrado; la metafísica revela así su inherente inconsistencia para englobar en sí lo real. La derrota se nos hace explícita.

Pero es en ese fracaso del pensar metafísico cuando y donde se abre aquello que Heidegger llama ‘el claro’, ese abrirse absoluto de las cosas, de lo óntico y de lo que no lo es. La dimensión de lo abierto, aquella en la que confluye todo aquello que es previo (ontológicamente) a toda operación metafísica, sólo se manifiesta (no como presencia, sino como ruptura o escisión de lo que es presencia) cuando la metafísica fracasa en su lucha con/contra la óntico. Pero, y he aquí la paradoja (aparente), nos es preciso ese fracasar para que la posibilidad del claro de la apertura se nos presente como tal posibilidad. Necesitamos de la metafísica para poder llegar a ese punto decisivo del fracaso posibilitante, cuando el ente escapa a la esfera de dominio apropiador del pensar metafísico. Se nos abriría así la dimensión del claro/ocultamiento, la del acontecer, diferente de la del ser entendido desde lo óntico. Nos es preciso el fracaso de la metafísica, y el siguiente paso, una pretendida superación del propio pensar metafísico, tal vez no consistiría en otra cosa que en un repetir sus procedimientos teniendo en cuenta la colisión con el fracaso y todo lo que ello representa. Sólo gracias al fracaso hay camino; sólo por medio de la derrota podemos caminar con propiedad.

miércoles, 24 de octubre de 2007

EL HOMBRE DEL SUBSUELO


“Más rápido que tú, hijo de puta. Te he visto venir, pedazo de mierda. Cagón. Aquí estoy, empieza tú. Empieza tú. Venga... (desenfunda una pistola y amenaza con ella). Ni lo intentes, cabrón. ¿Me estás hablando a mí? ¿Estás hablando conmigo? ¿Me hablas a mí? ¿Si no a quién diablos hablas? ¿Es a mí? No hay nadie más que yo aquí. ¿Con quién coño crees que hablas? ¿Ah, sí? Muy bien... (desenfunda de nuevo)”.

Este famoso y extraño discurso es pronunciado por Travis Bickle, protagonista de la película Taxi driver (Scorsese, 1976). Cara a cara frente a un espejo, en el cuchitril donde sobrevive, sumido en una dolorosa y prolongada soledad. Se está adiestrando para un enfrentamiento, una auténtica misión suicida, articulada por sus delirantes sueños. Interpela y amenaza, no se sabe a quien; luego se verá que su víctima es intercambiable, que lo que le mueve es el enfrentamiento por sí mismo, no una víctima concreta. Travis es un auténtico hombre del subsuelo, un caso que ya hemos visto en otras ocasiones, tanto en la literatura como en el cine. Fue el gran novelista Fiodor Dostoyevski quien creó esta figura literaria en su obra Memorias del subsuelo (1864), aunque el perfil del personaje se prolonga en otras novelas como Crimen y castigo (1866) y su protagonista Raskolnikov. Se basaba para confeccionarlo, en parte, en su propia experiencia personal, aunque dirigida por una lucidez que era ya extraña al personaje literario, al que en gran parte había superado. Posteriormente ha tenido prolongaciones en la misma literatura, como pueden ser los casos de El extranjero (1942) de Albert Camus, El coleccionista (1963) de John Fowles, Un hombre que duerme (1967) de Georges Perec, etc. Aunque también en el cine, como en el Seul contre tous (1998) de Gaspar Noé, el Pickpocket (1959) de Robert Bresson, o la adaptación que hiciera William Wyler (1965) de la citada novela de Fowles; eso sin contar...

(artículo completo en KILIEDRO)

martes, 23 de octubre de 2007

LA ESTRATEGIA NACIONALISTA


La cosa viene de lejos, pero podríamos resumir el proyecto político de los nacionalistas vascos y catalanes durante estas últimas décadas como el intento de convertir una sociedad plural y heterogénea, como es la española de los últimos treinta años, en comunidades vertebradas a partir de fidelidades absolutas y unánimes, y definidas por exclusiones esencialistas (como dijo el senador del PNV, Xavier Makeda, “el que no se sienta nacionalista no tiene derecho a vivir”). En suma, se trataría de recuperar claves atávicas de raigambre etnicista en pleno siglo XXI.

Esta estrategia nacionalista, de la que todavía soportamos sus efectos (el Plan Ibarreche, por ejemplo), se pone en marcha tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco. En 1998, con el Pacto de Estella, el PNV arrebata a ETA el liderazgo del frente nacionalista y es el que va marcando los plazos y las estrategias. Basa su fuerza el partido aranista en los poderes que el mismo Estado ha puesto a su disposición, y que utiliza para enfrentarse al mismo.

El Pacto de Estella (12/09/1998) lo firman cuatro partidos políticos (PNV, HB, EA y EB), siete sindicatos (ELA, LAB, etc.) y nueve organizaciones de distinto tipo (Gestoras pro-Amnistía, Elkarri, etc.). Se crea con ello un frente nacionalista con la clara intención de polarizar la sociedad vasca, en el contexto de un directo enfrentamiento con el Estado. Si, por una parte, el pacto de Ajuria Enea (Acuerdo para la Normalización y la Pacificación de Euskadi) de 1988 pretendía aislar a los etarras oponiéndoles un bloque democrático, en Estella el problema terrorista se define como un conflicto político que no se dirime entre vascos, sino “entre Euskadi y España”, y en el que la legalidad constitucional ya no sirve para solucionarlo. Ya no se trata de aislar a ETA, sino de negociar con ella. La negociación tiene un único sentido: el independentista; y una única solución: asumir las exigencias de ETA para que supuestamente deje de atentar. Para ello ETA sólo se ofrece una contrapartida: la tregua, que no es definitiva, sino una “tregua trampa” (como la bautizó Mayor Oreja), que permite fortalecer el entramado etarra y apaciguar el llamado ‘espíritu de Ermua’, que los nacionalistas (sobre todo el PNV) percibían como una amenaza para el mantenimiento de su hegemonía en el País Vasco.

La base de ese pacto nacionalista, su espíritu intelectual, residía en un documento preparado por el dirigente del PNV Juan María Ollora (la llamada ‘Vía Ollora’): la premisa consiste en forzar la independencia desde el propio gobierno vasco con medidas políticas o simbólicas que incentiven la construcción nacional. Se trata de imponer “actos de soberanía” que produzcan realidad, es decir, que generen sentido en la sociedad; de articular sistemas simbólicos de modo que su sentido penetre en la esfera de lo real; de imponer ficciones para imponer luego su realización. Un ejemplo podemos verlo en la creación en ese momento de la Udalbiltza (Asamblea de ayuntamientos y municipios vascos), que tenía como fin una cierta unificación de los territorios considerados como parte de la mítica Euskal Herria.

Todo esto está claro y demostrado con hechos y palabras. A partir de aquí trazo una hipótesis: la de la unión del nacionalismo vasco y catalán en una única estrategia para asaltar el Estado desde dentro (sirviéndose de las propias instituciones) y desde fuera (sobre todo con ETA). La idea es que tras el llamado Pacto de Barcelona (firmado por PNV, CiU y BNG), ambos nacionalismos (al que se suma el gallego, aunque con un menor peso) parecen seguir cierta línea de confrontación en base a unos objetivos comunes. Se abre, como sostienen, una “segunda Transición”, en la que despliegan cierta unidad de acción y una estructurada dosificación de los momentos en los que se despliegan sus diferentes ataques contra el Estado.

Este proceder permite avanzar en la dirección soberanista, pero no alcanzar los fines deseados. Por ello, la estrategia se modifica en un punto decisivo: la inclusión del PSOE en la misma, aunque sea indirectamente. Todo esto empieza a concretarse de forma explícita en el Pacto del Tinell (2003), gracias al cual desde el nacionalismo se ha conseguido ir apartando al PSOE del PP (que pasa a ser, en este pacto, un auténtico chivo expiatorio) y, en consecuencia, de unos pactos constitucionales que parecían consolidados (1). De esta manera el PSOE cada día parece más nacionalista, y eso, teniendo en cuenta que es el partido que gobierna hoy en España, no deja de tener connotaciones muy preocupantes. En su voluntad de alcanzar y acaparar poder, el PSOE ha ido perdiendo su identidad como partido nacional y socialista, y todo ello para ir aceptando progresivamente los argumentos de los partidos nacionalistas, entregados desde 1998 a una estrategia de declarada confrontación contra el Estado. Dicha estrategia ha conseguido subvertir la dinámica negativa que para ellos suponía la creciente debilidad de ETA, y les ha permitido acercarse cada vez más a sus codiciados objetivos soberanistas.

(1) Durante las negociaciones para formar gobierno en el Parlamento de Cataluña, se especuló mucho sobre un pacto entre nacionalistas, ERC-CiU. Sin embargo, un acuerdo de esta naturaleza no servía a los intereses de la estrategia nacionalista aquí analizada. Imagino que ERC valoró la situación de esta manera: pactar con CiU no modificaba la situación en Cataluña, ya que se formaría una dinámica de bloques, el nacionalista y el constitucionalista, y eso no permitía cambiar al marco constitucional. Sin embargo, un pacto con el PSC-PSOE permitía acercar a los socialistas al nacionalismo, rompiendo los pactos firmados con el PP, como el llamado Pacto Antiterrorista. También sería positiva la desviación de CiU hacia la oposición, porque suponía que el nacionalismo inundaría toda la política catalana (la oposición a un gobierno nacionalista también sería nacionalista), y en extensión, la española.

(texto publicado en el Nickjournal)

sábado, 20 de octubre de 2007

MEMORIAS DEL SUBSUELO


Mientras esperamos la edición del nuevo número de Kiliedro, adelanto la disección El hombre del subsuelo con un significativo discurso del personaje fetén:


"En aquellos tiempos yo estaba ciegamente persuadido de que gracias a algún milagro, a alguna circunstancia externa, todas mis dificultades desaparecerían, caerían las murallas y dejarían al descubierto, al fin, un vasto campo de acción, de acción útil y bella y, sobre todo, dispuesta a que se cumpliese (yo no sabía en qué podía consistir tal acción, pero lo principal para mí era que estuviese enteramente dispuesta para su cumplimiento). Entonces, yo aparecía de pronto a la luz del día y me creía a lomos de un caballo blanco, con una corona de laurel en la frente. Ni me pasaba por la imaginación la posibilidad de desempeñar un papel secundario, y probablemente por eso admitía en la realidad resignadamente el último papel. O héroe o insignificante ser envuelto en lodo: no había término medio para mí. Esto era lo que me perdía; pues, desde el cieno, me consolaba soñando que en otros instantes yo era un héroe, y este héroe alumbraba el barro con su prestigio. El hombre corriente ha de evitar caer en el lodo; pero el héroe está situado a tal altura, que jamás podrá ensuciarse completamente. Por lo tanto, yo puedo revolcarme en el cieno".

Memorias del subsuelo, Fiodor Dostoievski.

domingo, 14 de octubre de 2007

LA MAYOR VICTORIA


"Habéis oído que se dijo: ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo: no toméis represalias contra el malvado; y si alguien te pega en la mejilla derecha, preséntale también la otra".

Mateo 5, 38-39

"En tu lucha contra el mundo, secunda al mundo".

Franz Kafka (Cuadernos en octavo)

"La mayor victoria es vencerse a uno mismo".

Calderón de la Barca

miércoles, 10 de octubre de 2007

PESSOANAS


Vivir es ser otro. No es posible ni siquiera sentir si hoy se siente como ayer se sintió: sentir hoy lo mismo que ayer no es sentir, es recordar hoy lo que ayer se sintió, ser hoy el cadáver viviente de lo que ayer fue vida perdida.

Las creencias y los dioses pasan; el misterio permanece.

Todos tenemos dos vidas: la verdadera, esa que soñamos en la infancia y seguimos soñando, adultos, en un sustrato de niebla, y la falsa, esa que vivimos en convivencia con los otros, la práctica, la útil, esa en la que acaban por meternos en una gran caja.

No sé ponerle gestos a ningún acto real. Nunca aprendí a existir.

Todo lo que es importante se hace en secreto.

Todo es símbolo y analogía... todo lo que vemos es otra cosa... todo lo que tenemos es olvido.

Fernando Pessoa

sábado, 6 de octubre de 2007

LA FOBIA ANTICASTELLANA DEL CATALÁN MODERNO


Ya se ha hablado en este blog que toda identidad (cultural, social o individual) se articula a partir de patrones de oposición, aunque también es cierto que estos patrones no son idénticos en grado, pues en algunos casos se eleva al referente negado a una consideración más exagerada que en otros. Es el caso de la lengua catalana moderna, sobre todo la de los últimos treinta años, que si por algo se define es por su oposición a toda influencia castellana. En este caso, interno al propio idioma, se llevaría hasta las últimas consecuencias lo que es un patrón político de claro corte soberanista y excluyente, sobre todo con todo lo que tiene que ver con la cultura castellana. Y este patrón está cada vez más vigente en la Cataluña actual.

En sus recientes memorias (Filologia catalana. Memòries d’un dissident, Destino 2007), el escritor catalán Xavier Pericay se refiere a la cuestión de lo que en filología se llaman ‘formas preferentes’, es decir, aquellos términos que, habiendo también otros que se refieren a la misma cosa, tienen preeminecia sobre éstos. Resulta que, sobre todo estas últimas décadas, en el catalán se han escogido las formas preferentes en base a su oposición al castellano, lo que no sucede cuando se trata de términos franceses o ingleses (ejemplo de este último caso: ‘handbol’ para referirse al balonmano). Por ejemplo, si nos encontramos con dos palabras como son ‘buscar’ y ‘cercar’ para referirnos a lo mismo, se ha escogido la segunda como preferente por su escaso parentesco con la forma castellana habitual. El caso es más grotesco si consideramos que, en muchas situaciones, la forma relegada era la que históricamente había sido más utilizada (esta situación se ha dado mucho en el dialecto mallorquín, por ejemplo, del que están siendo extirpadas expresiones tradicionales por mostrar un parentesco con la forma castellana). En este caso, ‘buscar’ estaba incluida en el diccionario de Pompeu Fabra, que reconocía la vigencia del término, pero eso no ha bastado para que sea casi eliminada. Está claro que en la definición del catalán moderno, las consideraciones estrictamente lingüísticas han sido relegadas en beneficio de otras, totalmente politizadas y de corte abiertamente anticastellano. Se partiría de una consideración fóbica de todo lo que tiene que ver con el castellano, que es, para un nacionalista catalán, algo que habría que extirpar y eliminar por sistema.

Pericay relata algún otro ejemplo interesante sobre esta cuestión, que tiene que ver con la irrupción en el idioma de los neologismos. Por ejemplo, ‘autocine’, que un buen día comenzó a aparecer en la prensa catalana (en el Avui, concretamente). Si en otras lenguas este tipo de irrupciones no suponen excesivos problemas, para el catalán moderno, totalmente politizado, sucede exactamente lo contrario, sobre todo si la palabra en cuestión es de origen castellano. En la esfera de los mandarines de la lengua catalana, al término en cuestión se lo trata como si fuera un virus o una bacteria. Cuenta Pericay (traduzco del catalán):

“El término entraba en observación (...). Se le cerraba el paso y se lo ponía en cuarentena, de la misma forma que hacen las policías de según qué países con los ciudadanos que quieren atravesar la frontera y no tienen los papeles en regla”.

La palabra se somete a estudio, de forma extraoficial por parte de la Sección Filológica del Instituto de Estudios Catalanes, tratando de buscarse una traducción catalana. En este caso no se encontró una palabra adecuada, y la solución al problema consistió en no volver a utilizar este neologismo. Resultado: los autocines desaparecieron de Cataluña, no así de otras regiones de España. Una prueba más de ingeniería social en la delirante Cataluña de nuestra época.

martes, 2 de octubre de 2007

SOBRE EL INICIO


Hace un tiempo ya me referí en este blog a la cuestión del inicio, aunque recurriendo a un texto de Geoff Bennington sobre Derrida. Hoy quisiera centrarme más en Heidegger, sobre todo en ciertos contenidos de su Beiträge zur Philosophie (Aportes a la filosofía, ed. Biblos).

Heidegger se refiere en estas páginas a lo que sería el “primer inicio”, es decir, aquello que filosóficamente se puso en marcha en la Grecia Clásica. En concreto, una particular interpretación de la cuestión del ser y del ente, que ha sido la que ha determinado el fundamento y la evolución de la filosofía occidental.

Pero también se refiere a lo que llama “el otro inicio”, teniendo claro que en este inicio no se jugaría un principio concreto de algo que ya lleva en sí mismo el marco de su finalización. Es decir, que este otro inicio no puede considerarse como un comienzo de corte exclusivamente histórico o programático, un proceso que empieza en un momento concreto y que pretendiera finalizar en otro. Tampoco un segundo inicio, que siguier la línea indicada en el primero griego. Es otro tipo de puesta en marcha a la que se refiere Heidegger.

En el texto citado, Heidegger distingue entre inicio (anfang) y comienzo (beginen), aunque algunos traductores asimilen un término con el otro como si vinieran a significar lo mismo. Por una parte, beginen significa aquello que ya he dicho de poner en marcha una cosa concreta, lo que implicaría que esta cosa tiene un final, que podría prolongarse más o menos. Este término llevaría incorporado, de cierta manera, un elemento de voluntariedad, ya que este poner en marcha tiene mucho de proyecto dirigido, de resultado de la determinada acción de un sujeto, ya sea colectivo o particular. Pero por otra parte, el anfang tiene un matiz claramente distinto, ya que se desligaría de cualquier tipo de voluntad o proyecto de dominio. En el anfang no podría hablarse de proyecto, sino si acaso de desvelamiento, pues consistiría en desvelar aquello que siempre ya es, aunque este ya-ser no sea presencia alguna. Se trataría de un intento de recuperar aquella previedad ontológica que no puede presentarse en dimensiones ónticas. Un inicio que no podría presentarse positivamente como comienzo, sino como aquello que sólo se nos revela en su desaparición u ocultamiento.

En suma, el inicio estaría vinculado al Ser, y al Ser es esencial el perderse a sí mismo, el escapar a cualquier pretensión de fijación.

viernes, 28 de septiembre de 2007

LATIDOS DEL SUBSUELO


“Te queda todo por aprender, todo lo que no se aprende: la soledad, la indiferencia, la paciencia, el silencio. Debes desacostumbrarte de todo.

Estás solo, y porque estás solo no debes mirar la hora jamás, no debes contar los minutos jamás.

Debes olvidarte de esperar, de emprender, de lograr, de perseverar.

Olvidas que has aprendido a olvidar, que te forzaste, un día, al olvido.

Estás solo. Aprendes a caminar como un hombre solo, a pasear, a deambular, a ver sin mirar, a mirar sin ver. Aprendes la transparencia, la inmovilidad, la inexistencia. Aprendes a ser una sombra y a mirar a los hombres como si fueran piedras”.

Georges Perec, Un hombre que duerme.

(imagen: Jack Nance, en el Eraserhead de David Lynch)

lunes, 24 de septiembre de 2007

LA CONDICIÓN DESARRAIGADA: SER EN EXILIO


El mundo de la cultura judía ha ocupado cierto espacio este mes en la revista Kiliedro sobre todo gracias al artículo que el rabino Jordi Gendra ha dedicado a la pluralidad esencial que caracteriza al Talmud. Servidor (disculpen la autocita) ha intentado recoger el guante y ampliar el foco de análisis al conjunto del fenómeno judeocristiano. Muchas cosas han quedado en el tintero, pero sobre alguna me gustaría profundizar este domingo, el último que viviré como veinteañero.

Quisiera referirme al tema del desarraigo y, por oposición, al tema del arraigo, y en lo que sobre esto se ha dicho en el judaísmo. Lo primero, no olvidar que todo tipo de discurso pretende clausurarse en lo propio, no salir de las certezas que el Yo pretende poseer. Pretende menos el conocimiento que el definir esencias, pues la ambivalencia de lo real, ese abismo psíquico en el que nos encontramos arrojados, es lo que determina todos nuestros proyectos y deseos más fundamentales. Por ello todo individuo busca sobre todo construirse una identidad a través de la cual adecuar el mundo exterior a su idea de Sí Mismo. Buscamos la afirmación, una fijación que nos permita cierto tipo de equilibrio, un control sobre nuestra vida. Pero todo el fenómeno judeocristiano (dejamos aquí lo que han sido formalizaciones históricas discutibles) va en una línea muy distinta. Si hay identidad en el judaísmo es precisamente aquella que todos rechazan, la que se fundamenta en el exilio, en el desarraigo que nunca podrá convertirse en arraigo. En el fondo, el desarraigo es la esencia de la naturaleza humana, pero sólo en el judaísmo se es fiel con este principio.


Franz Rosenzweig: “ser judío es ser en exilio”.

Levinas: “Toda palabra es desarraigo. Toda institución razonable es desarraigo. La constitución de una verdadera sociedad es un desarraigo: el fin de una existencia en la que el ‘según yo’ y el ‘en mi casa’ fuera absoluto y en la que todo procediera del interior. El paganismo es enraizamiento, casi en el sentido etimológico del término. El advenimiento de la Escritura no es la subordinación del espíritu a la letra, sino la substitución del suelo por la letra. El espíritu es libre en la letra y está encadenado en la raíz” (Difícil libertad, Caparrós, p. 177-178).

Diana Sperling, La centralidad del borde (artículo publicado en la revista Raíces, nº 65): “Si sacamos una mano fuera del cosmos, ¿esa mano existe o no? Así se preguntaba Aristóteles, allá por el siglo IV a.C. Esa pregunta parece ser la tardía respuesta a la inquietud socrática, cuando el viejo maestro debe decidir, en el juicio al que es sometido, si tomar la cicuta o ir al destierro. Su elección, sabemos, recae en la primera de las alternativas. Pero lo que nos interesa aquí es la razón que esgrime para ello: el griego rechaza la posibilidad de irse porque, dice, así no solo no salvará su vida -futura-, sino que malogrará la pasada. Detengámonos un instante en esta consideración: Sócrates prefiere morir en su polis a vivir en el exterior ya que, para él, eso no sería vida. Allí, fuera de la ciudad que lo ha criado y educado, ya no sería, dice, Sócrates. Esa inextricable ligazón entre tierra e identidad, entre nombre propio y lugar de residencia, es el punto que intento someter a examen. Los griegos son, aspiran a ser, autóctonos. De autós, para sí, lo que es en sí, y ctonos, tierra, suelo. Ser para sí, ser sí mismo solo es posible en esa ligazón con la tierra, en esa férrea pertenencia. La autoctonía supone que se es hijo de la tierra, como lo es una planta o una roca. El hombre pertenece al suelo y el suelo, al hombre. Vínculo natural, cuya ruptura conlleva la pérdida de la identidad, que es como decir la vida misma. Para el pensamiento judío, esta es una idea pagana. El judío entiende su vínculo con la tierra en un registro que no es de la naturaleza, sino de la legalidad (...). No somos hijos de la tierra, sino de la letra. Es que el judaísmo, lejos de nacer de y en la tierra, se funda en el exilio”.


En este sentido, lo ctónico (para quien a estas alturas no sepa lo que significa esta palabra debería consultar el Sexual Personae de Camille Paglia) sería aquello que se arraiga, lo que se refugia en unas raíces y escapa al desarraigo, a la ambivalencia que caracteriza a lo existente. Por tanto, todo el fenómeno judeocristiano si a algo se opone es a lo ctónico, a la Naturaleza como aquello que vive por y para el arraigo, a aquello que permanece en una situación de identificación con lo que existe sin plantear cuestionabilidad alguna a ese existir. En lo judío se da esa situación esencial que permite un conocimiento fundamental sobre la vida y el mundo.


Blanchot prolonga la idea: “(el judío) existe para que exista la idea de éxodo y la idea de destierro como movimiento justo; existe, a través del destierro y por la iniciativa, que es el éxodo, para que la experiencia de lo extraño se afirme ante nosotros en una relación irreductible; existe para que, por la autoridad de esa experiencia, aprendamos a hablar” (texto Lo indestructible).

Si toda cultura se construye a partir de la exclusión, en su fijación de lo propio y la separación de lo otro, se entiende que el antisemitismo haya alcanzado las dimensiones que todavía acusa. Si todo aquello que pretende sustentarse en cierto arraigo se enfrenta denodadamente a lo desarraigado, está claro que la condición del judío (en éxodo espiritual) tenía que ser combatida de manera tan obsesiva. Por algo el antisemitismo es un fenómeno milenario (con el tiempo ha cambiado de rostro, se ha refugiado en acusaciones diferentes, pero siempre se mantiene) que probablemente nunca llegará a desaparecer.

(texto publicado en el Nickjournal)

martes, 18 de septiembre de 2007

LA ORIGINALIDAD DE LO JUDEOCRISTIANO


El espléndido artículo del rabino Jordi Gendra (El Talmud democrático) que este mes publica Kiliedro, y que analiza la pluralidad de discurso que caracteriza al Talmud, me da la oportunidad de considerar algo decisivo que afecta, no sólo a este texto fundamental del judaísmo rabínico, sino al conjunto de la cultura judeocristiana y que tiene que ver con una particularidad que ha acabado afectando al conjunto de la civilización occidental y a parte del resto del mundo. Me refiero, sobre todo, a lo que tiene que ver con una cierta defensa y protección de los más débiles, de las víctimas de cualquier tipo y condición, y es en el interior del discurso judeocristiano donde este tipo de moral ha encontrado un acomodo más consolidado. Antes de empezar debería puntualizar por qué unifico en una misma palabra, ‘judeocristianismo’, lo que suele considerarse de forma separada como judaísmo y cristianismo: el motivo tiene que ver precisamente con los orígenes del propio fenómeno cristiano, que no se planteaba de origen como algo diferente del judaísmo, sino como una interpretación del mismo. Como recuerda Maurice Sachot, el cristianismo “nace en el centro del judaísmo y no en su periferia”, de lo que deducimos que en realidad no hay oposición sino estricta continuidad, de ahí que me permita unificar ambos fenómenos históricos bajo un mismo término.

En el citado texto del rabino Gendra se hace hincapié en lo que es una pauta estructural de todo el Talmud, no sólo de la historia analizada del horno de Ajnai (incluida en el Talmud de Babilonia), y esa pauta tiene que ver con la pluralidad de interpretaciones que este texto recoge sobre un mismo tema. Pocos tratados religiosos hay en el mundo que permitan, e incluso animen, el cuestionamiento que de sí mismo hace el Talmud,...

(artículo completo en KILIEDRO)

lunes, 17 de septiembre de 2007

EL TALMUD DEMOCRÁTICO


Este mes aparece en Kiliedro un apasionante texto del rabino Jordi Gendra. El artículo, que analiza la esencia pluralista del Talmud, se titula El Talmud democrático: el horno de Ajnai o el valor de argumentar

viernes, 14 de septiembre de 2007

EL CREYENTE


Hace unos años surgió dentro del ramplón cine americano una película que me llamó muchísimo la atención, más por su contenido que por su estilo cinematográfico. La película, The believer (2001, Henry Bean), se basaba en un fascinante caso real, el de un joven americano nazi, Daniel Burros, que se suicidó tras ser detenido por la policía. Después se supo que en realidad era judío y sobre esa paradoja límite, la del ser nazi-judío, se inspiraron los creadores de esta obra para dar su punto de vista sobre la psique del escindido personaje, que en celuloide se llama Daniel Balint y está predestinado fatalmente por la historia bíblica del (no-)sacrificio de Isaac a manos de Abraham. Balint es llevado por lo inconmensurable hasta un punto en el que la razón no puede construir nada con sentido claro; allí donde el yo se disuelve en el absoluto desarraigo de una acción casi trascendental. Es en realidad un elegido para una misión (de la que sólo es consciente a medida que la historia va avanzando): que el pueblo judío vuelva a ser tan odiado como en la Alemania nazi. El motivo: tras la segunda Guerra Mundial los judíos gozan de un prestigio (si bien no en todo el mundo, pero sí en USA) que nunca antes habían tenido, y Balint considera que eso es muy perjudicial para su supervivencia. Por eso se entrega, desde las filas de grupúsculos nazis, a fustigar a los judíos con la intención de que esa furia antisemita acabe extendiéndose por toda la población americana. Espero que lo dicho hasta ahora impulse a los que me hayan leído a ver esta sorprendente película, porque no pienso decir nada más sobre su argumento.

Sólo quiero destacar algunas de las reflexiones de su protagonista (interpretado por un gran Ryan Gosling), un fascinante ejemplar de ‘hombre del subsuelo’. Creo que sus discursos son bastante lúcidos, aunque él los elabore, como también hacía Nietzsche, a la contra. Intentando repudiar al pueblo judío lo que consigue, al menos a mi juicio, es elevarlo:


“Los judíos minan la vida tradicional y crean desarraigo. Un pueblo auténtico saca su fuerza de la tierra, del sol, del mar. Así sabe quién es. Pero los judíos no tienen tierra (los israelíes no son judíos. Es decir, no necesitan el judaísmo porque tienen tierra). El verdadero judío es un vagabundo, un nómada. No tiene raíces, así que lo universaliza todo. No sabe clavar un clavo ni arar un campo. Sólo sabe comprar, vender, invertir, manipular mercados. El judío toma la vida de la gente con raíces y la vuelve cultura cosmopolita, basada en números, libros e ideas. Ésa es su fuerza. En los tres siglos que han tardado en salir de los guetos de Europa, nos han quitado el orden y la razón, arrojándonos a un caos de lucha de clases, necesidades irracionales, relatividad. A un mundo en el que se cuestiona incluso la materia. ¿Por qué? Porque el impulso más profundo del alma judía consiste en reducir el tejido de la vida sólo a un hilo. Sólo quieren la nada, una nada sin fin”.

“Los judíos quieren que les odien, anhelan el desprecio. Se aferran a él como a la esencia de su ser. Si Hitler no hubiera existido, los judíos lo habrían inventado. Porque sin ese odio, el ‘pueblo elegido’ desaparecería de la tierra. Cuanto peor se les trata, más fuertes se hacen. La esclavitud en Egipto los convirtió en una nación; los pogroms los endurecieron; y Auschwitz creó el estado de Israel. El sufrimiento es el crisol de su genio. La única forma de aniquilar a este pueblo es abriéndoles los brazos, invitarles a nuestra casa y abrazarles. Sólo entonces desaparecerán dentro de la normalidad. Para destruirlos debemos amarlos sinceramente. Su destino es ser aniquilados para ser deificados después. Jesús lo comprendió perfectamente. Miren lo que se consiguió con la muerte de un judío. Imagínense si los matáramos a todos”.

Shalom!
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