lunes, 20 de febrero de 2017

REBAJAS JUDICIALES


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Poco que añadir al espectáculo de Nóos, ya sólo quedan los despojos. Ninguna sentencia judicial tiene como fin contentar a los ciudadanos, pero sin duda estamos ante una resolución bastante amable con los acusados. Sobre todo con uno de ellos, que además de ni pagar costas se ha visto claramente favorecid@ por elásticas decisiones de Hacienda, ya saben, la apisonadora de Montoro que flagela al común de los mortales pero que en ocasiones especiales como ésta se convierte en exquisito balneario que incluye masajes, jacuzzi y otros servicios igual de estimulantes.
Parece que vivimos un momento de especial flexibilidad judicial en Baleares (no en Valencia). Ahí está el caso, menos mediático, de El Prestamista, al que le acaba de salir gratis (de 19 años que se pedían, a una multita) extorsionar, secuestrar y demás entrañables ocurrencias. Mejor que siga libre, ¿no?, todo sea para que no decaiga la fiesta.
Visto así, si están pensando en delinquir mejor háganlo ahora mismo, no lo aplacen. Sus señorías están especialmente empáticas, y sería de torpes no aprovechar. Sobre todo con la fabulosa oferta del 2x1 que supone tener como fiscal a Pedro Horrach, porque se contará entonces con ¡dos abogados defensores por el precio de uno! La pega es que en breve deja el cargo mi insustituible tocayo, con el que, lo reitero, no me une el más mínimo parentesco.
Luego está lo de su señoría Balti. De todo lo comentado, que ha sido mucho, me quedo con el voluble modus operandi de los de Jarabo: el mismo hecho (defender el convenio de Bachiller) que acabó en la defenestración, con satanización añadida, de Seijas y Huertas, ha aupado al escuálido Picornell hasta convertirse en la segunda autoridad de las Baleares. ¿No habría sido mejor escoger a Morrás? Así al menos no se perdería peso político.
También está lo del atuendo, esos hábitos podemitas elegidos con tanto cuidado (tiene razón mi compañero y amigo Miró: sólo a ellos les importan estos detalles triviales), se supone que para humanizar las instituciones. Pero luego se descuelga Iglesias con un impecable esmoquin en la gala de los Goya. Dirán que los del cine son gente más respetable que los políticos, pero no lo tengo tan claro. Se habla poco del habitual fraude en las subvenciones que se manejan (ahí está lo denunciado, entre otros, por Tinieblas González. ¡Quién pillara ese nombre!). Y desde luego no saben contar, o nos toman por cretinos, cuando en lo que aportan a las arcas del Estado suman no sólo lo del cine patrio sino todo el internacional, pero como si fuera exclusivamente autóctono. Cuando en 2016 no se han abonado 23 millones, sino dilapidado 54.

lunes, 13 de febrero de 2017

SIENTO, LUEGO EXISTO


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Este mes el profesor Manuel Arias Maldonado presentó en Palma su minucioso y reflexivo ensayo La democracia sentimental. Una obra especialmente recomendable en épocas vampirizadas por la emotividad estéril. En el turno de preguntas, me animé a lanzar una de las cuestiones que más perplejo me dejan: ¿Cómo puede ser que en un contexto cada día más complejo, con conocimientos sobre la mesa que nos obligan a ser más sofisticados y sutiles que nunca, lo que proliferan son las simplificaciones tajantes, cuanto más burdas más efectivas? Las trivializaciones dogmáticas se han adueñado no ya de las motivaciones de la ciudadanía sino de los grandes centros de poder.
Soy consciente que no se trata de algo exclusivamente moderno, pues nos acompaña no sabría decir muy bien desde qué momento pero en cualquier caso es muy lejano. Es una desgracia que estando en el momento de la historia en que el conocimiento es menos costoso, manifestemos disparates tan orgullosos y atropellados. Que siendo la época con más información a mano, estemos tan sobradamente desinformados. Aunque obligados a la complejidad, gana terreno el asilvestramiento, hasta el punto de desear y promover decisiones irreversibles. Como el golpe de mano del Brexit, un caso crucial que se estudiará en los libros de texto.
A veces lo que nos mata es el éxito, o ciertas consecuencias del mismo. El caso es que los individuos no están al nivel de los grandes hallazgos que han sedimentado históricamente. Tal vez por la idea de que todo nos vendrá dado desde fuera, síntoma de que el principio de autonomía individual cotiza más a la baja que el pellejo de Errejón.
Una de las cosas más simplificadoras de nuestro debate social consiste en liquidar la política. O jibarizarla al máximo. Unos se consagran a la tarea, como es el caso del PP, anestesiándola, vaciándola de contenido, convertida en decisiones supuestamente mecánicas. Este enfriamiento del proceso es ideal para que luego uno pueda dedicarse tranquilamente a tareas más satisfactorias, como la rapiña. Ya sea a la manera legal de Montoro, o a la de su compadre Rato y los chicos de la Gürtel.
Otros son más divertidos, como Podemos. Estos salivan por una relación directa con las cosas que desde Kant, incluso desde Platón, sabemos que no es posible. De ahí su empeño pueril por manejar los asuntos sin mediaciones, distanciamientos o instituciones, inspirados en una suerte de dudosa idea de autenticidad. Por eso necesitan dictarnos cada paso de nuestras vidas. Como el Consell y su fatwa contra el día de San Valentín. El tripartito ha sancionado las “relaciones tóxicas”, y sin duda saben mucho del tema: su ponzoñoso ménage à troi es el mejor exponente de ello.

lunes, 6 de febrero de 2017

¡SE VAN A ENTERAR EN WASHINGTON!


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Por todos conocida es la reflexión de Marx “la historia se repite primero como tragedia y después como farsa”. Así, si en los años 70 se debía subir hasta Perpiñán para poder disfrutar del acogedor cine edificante, o simplemente interesante, hoy es preciso acercarse a Madrid para obtener el salvoconducto de catalán. Como publicaba hace unos días este periódico, el Institut Ramón Llull de nuestra Capital City da más facilidades (menos dureza y sólo un día de pruebas) a las sufridas víctimas de nuestra excelentísima, más en tortura china que en otra cosa, Direcció General de Política Lingüística. Se repite el panorama de nuestro también egregio departamento de catalán, el más berroqueño de todas las tierras de esta lengua. Qué suerte tenemos…
Eso sí, los exámenes en Madrid salen algo más caros, a lo que se debe sumar el billete de avión. Lo más interesante, que no sorprendente, es que en la capital sean más tolerantes con las modalidades insulares. Aquí seguimos desterrando, basta escuchar IB3, el léxico balear en beneficio de la monolítica uniformidad.
Claro, estos títulos son muy preciados para desenvolverse en ciertos ámbitos de nuestra valleinclanesca realidad. Catalan first! Por ejemplo, para asuntos esenciales como la cartelería de las playas de Palma, y para que los socorristas se comuniquen, megafonía incluida, con alemanes e ingleses en tanga, entonando las delicadezas del Blanquerna de Ramon Llull. O con materiales más expeditivos y despiadados, como las glosas de Mateu Xurí, puro fist-fucking mental. Ahora ya sí sabemos en qué consisten las intimidantes medidas del tripartito para vaciar nuestras playas lo antes posible. Turismo sostenible.
Pero ante tanto caviar informativo esta semana se lleva la guinda una delicatessen excelsa: Més quiere que Cort declare a un tal Trump, no sé si les suena, persona non grata. El caso es que, como recordaba mi compañero Aguiló Obrador el pasado viernes, Més agasajó hace poco en el Consell a un ultraderechista alemán contrario a la llegada de refugiados. Debía ser que Herr Schachtschneider habla catalán (estándard, por supuesto) o que es “máxima autoridad” (pónganse en pie) europea en divorcios kosovares. Yo no les exigiría demasiada coherencia a los Carrió, Ensenyat o Abril, basta ver lo que se esconde (conciertos económicos, independencias unilaterales) bajo su tan manida invocación a la igualdad.
Regresemos a Trump. Este pesemero brindis al sol, cuyo único fin práctico es reunir a una tribu que se ha ido desvertebrando últimamente, no significa otra cosa que un tierno homenaje al falangista Juan Aparicio, que fue director del franquista Arriba. De él se cuenta que, al escribir sus encendidos artículos contra el Kremlin, declaraba exaltadamente a los presentes: “¡Se van a enterar en Moscú!”.

lunes, 30 de enero de 2017

RESILIENCIA DE AUSCHWITZ


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Cada 27 de enero, fecha de la liberación de Auschwitz en 1945, se conmemora mundialmente a las víctimas del Holocausto. A principios de siglo, cuando comencé a pensar en el contenido de mi tesis doctoral, la Shoah era el tema más acuciante y atractivo. Pero en seguida me di cuenta de que estaba demasiado verde para abordarlo, por eso lo aplacé. Las teorías de René Girard, que fue finalmente el elegido, me sirvieron para entender mejor el proceder del nazismo. Así, llamé ‘pathos identitario’ a la pulsión que nos arrastra a ser yo excluyendo toda otredad, asumiendo una idea antagónica de la identidad, ya sea individual o colectiva. La identidad es inevitable, necesitamos darle sentido al mundo para sobrevivir. Pero este proceso de configuración de lo propio suele salirse de madre con bastante facilidad, y el nazismo impuso una manera de ser alemán bestialmente unívoca. Cultivó la cohesión colectiva hasta extremos poco conocidos, depurando todo lo que se diferenciaba de ese Volk ario. Y, en su resentimiento descomunal, sobre todo quiso aniquilar todo lo judío. Estuvo a punto de hacerlo.
El pasado miércoles se proyectó en Palma un recomendable documental sobre el superviviente judeoalemán Siegfried Meir: Después de la niebla, de Luis Ortas. Meir publicó hace unos meses su autobiografía, Mi resiliencia, que también aconsejo. Si mucha gente que ha sobrevivido a puntuales atentados terroristas nunca acabará de recuperarse de esa traumática experiencia, imaginemos lo que supone superar Auschwitz: estar meses, años, en el Infierno, sometidos hasta lo más bajo. No, no somos capaces de imaginarlo.
Meir lleva 50 años viviendo en Ibiza, “único lugar en el que nunca me he sentido extranjero”, y donde ha renacido. Varias veces. Lo que fue Auschwitz, y los otros cinco campos de exterminio, apenas puede expresarse. “¿Cómo decir que la diarrea del que agoniza se derrama sobre el que duerme debajo?”, escribe el psiquiatra Boris Cyrulnik en el prólogo al libro. Como otros supervivientes, Meir ha contado su experiencia en escuelas. Hasta un niño entiende a la primera que la apología explícita de la crueldad puede generar millones de muertes, pero cuesta más explicar, y no sólo a los chavales, que también se pueden apilar tantas montañas de cadáveres, o incluso más, desde la defensa de la bondad e igualdad universal, como ejemplifica el otro totalitarismo del siglo XXI.
Quién sabe si la única manera de sobreponerse a Auschwitz, ese proyecto ultra-identitario, la clausura despiadamente excluyente sobre lo propio, consiste en trocear el yo, multiplicar las personas que nos habitan, ser una plétora de heterónimos pessoanos. Por eso Siegfried Meir tuvo que ser también Luis Navazo, Jean Siegfried o Bacharach para no matarse. Jaume Sisa, otro adicto a la heterogeneidad, resolvió: “Yo no sé quién soy… ¡Ni me importa!”.

lunes, 23 de enero de 2017

PATAFÍSICA LEGAL Y MORAL


(disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

 Luego dirán que en Mallorca no se mima la cultura, cuando acabamos de celebrar un sostenido y enfático homenaje a la liquidez del difunto Zygmunt Bauman, el Gran Diluvio que convertirá lo que nos quede de vida en una actividad exclusivamente acuosa.
Estamos instalados en la bipolaridad. En cuanto al tiempo meteorológico, en el cual pasamos en semanas de la sequía al desbordamiento de los embalses. Pero también hay esquizofrenia política. De todos los colores, pero el que rompe baremos últimamente es Podem. A la par que se cierran carreteras en Mallorca, se clausuran comunicaciones intrapodemitas. Los cuarteles morados, inundados. Y el votante, enclaustrado lejos de la intemperie.
Precisamente nos acaba de visitar Echenique. El que pagaba en negro a su auxiliar personal ha emulado a Philip K. Dick, impartiéndonos un fascinante simposio sobre precrimen, amparando depuraciones preventivas “antes de que se cometiesen los ilícitos” para el caso de Seijas y Huertas.
Luego está el parlanchín Ribot y sus compinches “tontos y vagos” que ponen pegas a la contratación de una mujer si quería quedarse embarazada. ¿Cómo valorará este asunto su señoría Echenique? ¿Qué código manejará para su dictamen? ¿El Penal, el Civil, el ético-podemita o directamente el patafísico-dadaísta?
Esta pasada semana se produjo otra encarnación de nuestra neurosis que ve la paja en el ojo ajeno y descuida la viga del propio. Me refiero al ataque brutal de Marisol Ramírez contra un catedrático de la UIB. Todavía estoy esperando a que PSIB, Més, Podem o el presidente de Ben Amics digan algo al respecto, más que nada porque me lapidaron a mí hace unos meses por una minucia que escribí bastante menos punible que la barbaridad que publicó Ramírez.
La diputada Margalida Capellà, entre otros, exigió jactanciosamente que se estrenara en mis carnes la nueva Ley LGTBI, pero con su amiga Ramírez parece que es menos exigente. ¿Acaso estamos ante una ley que sólo es susceptible de aplicarse a los otros pero nunca a ‘los hunos’? De nuevo, la doble vara de medir que acaba con cualquier credibilidad si sólo se apela a una causa cuando ésta nos permite linchar a un rival, aunque luego los acusadores sean los primeros que se la pasen por el forro.
¿De verdad alguien todavía se cree que estos clérigos laicos defiendan a víctimas reales? Si leyeran a René Girard entenderían que en la sinuosa realidad del siglo XXI el mayor de los talibanes no tiene necesariamente que ser un ultraconservador, sino que puede dedicarse full-time a la cacería de adversarios enarbolando lemas progresistas y supuestamente inclusivos. Igual que el populismo, los inquisidores lucen tanto a la izquierda como a la derecha.
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