sábado, 1 de junio de 2024

DISECCIONES

 


Ya a la venta en Amazon (versión tapa blanda y kindle) esta
segunda edición bastante ampliada y profundamente revisada de la que publicó Sloper en 2013.

Libro de inspiración filosófica pero temática variada que reúne 23 ensayos enfocados con espíritu crítico y vocación polemista.
Las disecciones escenifican una idea del pensar como aquella facultad extemporánea que permite ahondar en la superficie epocal para llegar al tuétano real de los problemas. En ellas aparecen el cine y la violencia, la teoría mimética de René Girard, la Viena de la belle époque, el abandono a las víctimas de ETA, el tabú del suicidio, la originalidad de lo judeocristiano y el Estado de Israel como chivo expiatorio, el caso de los chuetas mallorquines, el concepto de ciudadanía, el nacionalismo lingüístico, los nihilismos, la esencia del fútbol o la relación entre ciencia y humanidades, entre otros.

lunes, 6 de mayo de 2024

INVENTARIO DEL ESTRAGO

 
 Libro recién publicado en Amazon, en versión kindle y tapa blanda. LINK
 
         En este ensayo de naturaleza filosófica y con un espíritu polemista que se confronta con la llamada cultura woke, se analizan temas muy diversos como la pintura holandesa y flamenca, la siempre enrevesada política internacional, países tan diferentes como Israel y Corea del Norte, el hombre del subsuelo de Dostoievski, el singular cine de Lars von Trier, la sustancia de la tauromaquia, esa pareja siamesa del nazismo/comunismo, el ambivalente rol de la violencia en la vida humana o la misma metafísica griega y moderna.
 
16 capítulos, 179 páginas en kindle y 124 en papel. 

viernes, 5 de febrero de 2021

MI VÍA CRUCIS JUDICIAL

Todo comenzó el ya lejano 12 de septiembre de 2016, lunes. Mi disección semanal en El Mundo de Baleares, ese día llamada Salvadores de almas, intentaba criticar la gestión del ayuntamiento de Palma de Mallorca. Con un tono claramente irónico (como atestigua el mismo título) que no entendió el concejal psocialista de Movilidad, uno de los aludidos, que decidió demandarme por la vía civil. Me exigía 12.000 euros por entrometerme en su intimidad y vulnerar su honor.

Meses después, el gobierno balear de Francina Armengol (del mismo partido que mi demandante) me abre un expediente administrativo, por el mismo artículo, en el que se propone sancionarme con 3.000 euros de multa. Permanece abierto varios meses, pero se acaba cerrando tal vez por las críticas de medios de comunicación de diversas ideologías o porque queda feo que unos políticos sancionen a un columnista.

Una antigua entrevista concedida por el concejal en la prensa local, hablando abiertamente de esa intimidad que en su demanda aseguraba que era desconocida, parecía darme la razón judicialmente hablando. También que la ley acostumbra a proteger a un columnista cuando se refiere a una figura pública, o que el mismo 12 de septiembre ya me había disculpado con el concejal en un mensaje de Facebook (él nunca respondió a mi mano tendida). Pero el juez de primera instancia, para mi sorpresa, desestimó la prueba decisiva, así que me condenó a 5.000 euros de multa más las costas procesales en septiembre de 2018.

Recurro al tribunal de segunda instancia, recalcando la prueba citada. Tampoco sirve para nada: con diferentes criterios (aquí más la vulneración del honor que la intimidad. De nuevo, la ironía subestimada), se me condena a lo mismo, los 5.000 de marras más costas de primera y segunda instancia. Era junio de 2019.

Segundo recurso, esta vez al Tribunal Supremo. Mucha gente del ramo me comenta que la tarea es muy complicada, porque ese tribunal sólo acepta a trámite el 10% de los recursos. Para nuestra alegría, se admite justo antes de la pandemia, en febrero de 2020. Parecía al fin cambiar la suerte, porque al admitirse todo indica que se van a considerar al menos gran parte de tus argumentos, pero de nuevo la decepción: sólo me quitan costas de segunda y tercera instancia, aunque mantienen las de primera, más la dichosa e inalterable multa de 5.000 euros. Diciembre de 2020, días antes de Navidad.

Se acaban los recursos, dado que no parece que el Constitucional vaya a cambiar nada, y fin del trayecto judicial. Toca pagar primero la multa, de ahí que me haya visto obligado a recurrir a un crowfunding para sufragarla.

El proceso ha sido para mí muy costoso en lo personal, y sobre todo disuasorio, porque además de perder dos trabajos entendí que el precio de ejercer la libertad de expresión en España está sometido a criterios progresivamente más restringidos y a veces desconcertantes. Digamos que no sale a cuenta, así que decidí dejar de escribir en los medios, tras cuatro años como articulista de opinión.

sábado, 12 de septiembre de 2020

DEL ‘VIVA CARTAGENA’ AL CHECKPOINT CHARLIE

Era ya previsible que en este 2020, salvo el ascenso del Atlético Baleares, estábamos destinados a vivir todas las experiencias insólitas posibles. Algunas de ellas, sin embargo, nos retrotraen a épocas medivales, como la larga cuarentena que nos tocó padecer esta primavera, seguramente la más estricta y larga del mundo occidental. También la más inútil. Y ahora nos cae del cielo, o mejor dicho del saber hacer de nuestro egregios gobernantes, una reedición de los guetos que en Palma habíamos elevado a modelo de ingeniería social con los judíos y chuetas de hace siglos. En este último caso, unos 23.000 elegidos, entre los cuales no tengo más remedio que incluirme, vamos a poder paladear las delicias de otra performance que pondrá a prueba nuestro baqueteado equilibro mental. Bienvenidos a los Guetos Armengol & Hila S.A., el gueto de la gent. 
 
Es cierto que el perímetro de esta nueva judería coincide con la zona sanitaria de Son Gotleu, bien enclaustrado por cuatro calles o vías importantes, pero salta a la vista para cualquiera que viva por aquí cerca que el foco de los contagios comunitarios se da mayoritariamente en el barrio de Son Gotleu, y mucho menos en los otros tres del encierro. Pero me parece evidente, y también a bastantes vecinos consultados, que un gobierno que dice ser de progreso, y más con la mosca morada en la coalición, no considera conveniente estigmatizar al barrio más entretenido de Palma. De hecho, fue muy delatador escuchar el miércoles a la presidenta y al alcalde referirse a toda la zona con términos que sólo son ajustados si hablamos de Son Gotleu: altísima densidad humana y pisos miniatura. Elementos que propician la transmisión comunitaria del virus. De esta manera las contradicciones entre psocialistas y podemitas tendremos que pagarlas los escudos humanos que vivimos en zonas donde el virus ha sido mucho menos letal. Pero el perímetro es el perímetro. El resto de palmesanos parece bastante aliviado, e incluso divertido, lo que no extraña si pensamos en los globos sonda que circulaban desde la semana pasada y que planteaban un cierre de la ciudad al completo. No hace falta leer a Maquiavelo para darse cuenta de que rebajar un poco la expectativa generada facilita el consentimiento de los amenazados. Si nos secuestra Jack el Destripador y amenaza con amputarnos todas las extremidades, que finalmente nos corte sólo una parece incluso un detalle generoso por su parte. 
 
 Una apreciable ventaja de este sainete es que al fin podremos saber que existe la mítica Policía Local de Palma, aquella que misteriosamente desapareció de la zona tras el Estado de Alarma y de la que nunca más se supo. Porque no ha sido sólo en verano donde la ausencia o inacción de los uniformados municipales (también de los nacionales, por cierto) resultó palmaria. La igualmente inefable Emaya ha jugado el mismo rol espectral, con dos largos meses sin desinfectar los barrios, y eso en la época del año con más ciudadanos en la calle entregados a una frenética socialización. Esa falta evidente de control, como también ha sucedido en el ya famoso a nivel nacional Parque Wifi, convirtió las calles de Palma, y en especial las de Son Gotleu, en un homenaje al ‘Viva Cartagena’, ese lema que ejemplifica que la única regla es que no hay reglas. 
 
Las nuevas normas ya están más o menos claras, definidas en ese Boib que de tan leído estos últimos meses podría ser un superventas, pero falta saber lo más importante: qué protocolo de actuación llevará a cabo la policía. Si recordamos lo que sucedió en marzo y abril, con unos uniformados (muchos de paisano, a la embozada caza de infractores) que en una apreciable mayoría parecían consagrados a emular a Los hombres de Harrelson, me temo lo peor. Con qué facilidad han pasado del cero al infinito, pues habiendo extremos ¿por qué quedarse en el medio, verdad? Pero tampoco parece lógico que al Pacte le convenga un exceso de celo policial, con un Checkpoint Charlie, al estilo muro de Berlín, en cada calle de salida del cerco, pues la imagen de gueto que han puesto en marcha podría marcar la legislatura de forma indeleble y liquidar políticamente a sus artífices. Puestos a vivir al límite, que no se corte el ayuntamiento en facilitar a los encarcelados en el rectángulo covidiano las tan útiles estrellas amarillas, que harían las delicias de judaizantes como un servidor.

miércoles, 29 de abril de 2020

BENDITAS REGLAS



"Benditas las reglas métricas, que impiden las respuestas automáticas y nos obligan a pensarlo todo una vez más, libres de las ataduras del Yo".


W.H. Auden

lunes, 27 de abril de 2020

LA MUERTE UNA VEZ MÁS



"Pero que estaba escrito
desde el origen y marcado a fuego
en la hélice profunda de mi código
que era mi hora y lo sentí en el tuétano.
Muerte, en el despertar
con el milagro roto
de la Resurrección entre los párpados.
Y al arrecife vuelves
del tiempo sumergido,
al galeón de estratos y extravío
para decirme: hermano, vas tú solo,
vas tú solo a la mar".


Miguel Ángel Velasco, La muerte una vez más

domingo, 26 de abril de 2020

RETORNO AL ORIGEN


"Remontar aquel río era como volver a los más tempranos orígenes del mundo. Una corriente vacía, un gran silencio, una selva impenetrable. Allí había una verdad despojada de su manto del tiempo. Tengo la sensación de estaros contando un sueño, pero inútilmente, porque ningún relato de un sueño puede transmitir la sensación del sueño, esa mezcla de absurdo, sorpresa y aturdimiento en un temblor de rebelión agónica, esa sensación de ser capturado por lo increíble, que constituye la esencia de los sueños. Vivimos igual que soñamos: solos".

 Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas

POLÍTICA VS LITERATURA

"Nathan, la política es la gran generalizadora, y la literatura la gran particularizadora, y no sólo están en relación inversa entre ellas, sino en relación antagónica. ¿Cómo puedes ser un artista y renunciar al matiz? Pero ¿cómo puedes ser un político y permitir el matiz? En tanto que artista, el matiz es tu tarea. Tu tarea no consiste en simplificar. Aun cuando decidieras escribir de la manera más sencilla, a lo Hemingway, la tarea sigue siendo la de aportar el matiz, elucidar la complicación, denotar la contradicción. No se trata de eliminar la contradicción, de negarla, sino de ver dónde, dentro de la contradicción, se encuentra el ser humano atormentado. Permitir el caos, dejarlo entrar. Tienes que dejarlo entrar o, de lo contrario, produces propaganda. Durante los primeros años de la Revolución rusa, los revolucionarios gritaban: '¡El amor libre, existirá el amor libre!'. Pero, una vez estuvieron en el poder, no pudieron permitirlo, porque ¿qué es el amor libre? Es caos, y ellos no querían el caos. Querían algo disciplinado, organizado, contenido, científicamente predecible. El amor libre inquieta a la organización. La literatura inquieta a la organización, porque no es general. La naturaleza intrínseca de lo particular consiste en no amoldarse. La generalización del sufrimiento: eso es el comunismo. La particularización del sufrimiento: he aquí la literatura. Uno participa en la batalla al mantener vivo lo particular en un mundo simplificador y generalizador".


Me casé con un comunista
, Philip Roth

sábado, 25 de abril de 2020

INDUSTRIA NACIONAL DE LA PATRIA JUDÍA


"Venían los relatos, todo lo que había que contar y que escuchar, su infinito interés en su propia existencia, la fascinación de sus alarmantes episodios, la extracción y refinamiento de toneladas de tales historias: industria nacional de la patria judía, quizá su único medio de producción (por no decir su única fuente de satisfacción), la elaboración de relatos a partir de los esfuerzos de supervivencia (...). Lo que se huele son los siglos y lo que se oye son voces y lo que se ve son judíos, asilvestrados en el lamento, tumultuosos en sus diversiones, con las voces trémulas de rencor y vibrantes de dolor, una sociedad coral que vehementemente proclama '¿Puedes creértelo? ¿Te entra en la cabeza?', afirmando a la vez, con ayuda de todos los trucos de magia recogidos en el manual, sin renunciar a mil fluctuaciones acústicas de tiempo, intervalo, inflexión y tono, 'Sí, eso es exactamente lo que ocurrió'. Que tales cosas puedan ocurrir es precisamente la moraleja de los relatos: que tales cosas me ocurran a mí, a él, a ella, a ti, a nosotros. Ése es el himno nacional de la patria judía".


La orgía de Praga, Philip Roth

sábado, 22 de diciembre de 2018

50 AÑOS DE UNA REGATA DE LOCOS


 (artículo publicado en la Gaceta Náutica)

Las cifras redondas tienen una importancia relativa, pero al menos son una excelente excusa para rememorar proezas como la acaecida a finales de los años sesenta: se cumple en estas fechas el 50 aniversario del inicio de la Golden Globe Race, regata que organizara el periódico británico Sunday Times y que consistió en dar la vuelta al mundo en solitario sin ninguna escala. Y sin motor, claro, sólo a vela. Se trata del evento que originó las modernas regatas individuales, aunque con un matiz importante: en esa época los veleros no contaban con alta tecnología ni estaban patrocinados por grandes multinacionales, navegando casi como en la época de Elcano y Magallanes. El empeño del Sunday Times, espoleado por la vuelta al mundo con una escala de Sir Francis Chichester el año anterior, permitió alcanzar un nuevo hito en el desarrollo de las capacidades humanas, pero su funcionamiento resultó tremendamente modesto, casi artesanal.
La efeméride viene reforzada por el estreno de una película, The Mercy, dedicada al más trágico de los protagonistas de la regata, Donald Crowhurst, interpretado por Colin Firth, y que se estrenó a inicios de este verano en el Real Club Náutico de Palma. También indispensable para conocer los detalles de tan fascinante certamen es el libro Una regata de locos de Peter Nichols, que analiza con detalle toda la travesía y a sus nueve participantes: dos franceses (Bernard Moitessier y Loïck Fougeron), un italiano (Alex Carozzo) y seis británicos (John Ridgway, Chay Blyth, Robin Knox-Johnston, Bill King, Nigel Tetley y Crowhurst).
En 1968, cuando el hombre estaba lanzado en su proyecto de llegada a la Luna, el Sunday Times puso en marcha una iniciativa que, si bien no implicaba los avances científicos de la NASA, sí permitió realizar con pequeños barcos de vela una gesta de hombres solitarios herederos de la insigne estirpe de Amundsen, Lindbergh y Burton. ¿Qué nos empuja a abandonar la seguridad de nuestros hogares para jugarnos la vida ascendiendo el Himalaya o encerrándose en un velero para recorrer los mares? Decía Heráclito que sólo el pólemos (el conflicto, la pugna) nos revela quiénes somos realmente, y estos nueve hombres querían saber de una puñetera vez de qué material estaban hechos: “En la vida no hay elección. O pudrirse o quemarse” (Conrad).
Precisemos que se trató de una regata en la que sus participantes no salían al mismo tiempo, sino en un plazo que iba del 1 de junio al 31 de octubre de 1968, y que daría la vuelta al mundo partiendo de Inglaterra, atravesando el Atlántico Sur para superar el cabo de Buena Esperanza y seguir por el Índico hacia Australia y Nueva Zelanda, luego recorrer todo el Pacífico y finalmente regresar a Europa tras rebasar el temible Cabo de Hornos. Para subsanar el ritmo desordenado de las salidas, el Sunday Times instauró un segundo premio de 5000 libras para aquel que realizara la travesía en menos tiempo. No olvidemos, desde la acogedora calma de nuestros sofás, el pasmo que supone una aventura tan loca: soledad angustiosamente abisal durante muchos meses, dormir sólo a ráfagas desasosegantes, pánico de caerse al mar en medio de las bestiales tempestades del océano Austral, miedo a colisiones nocturnas con barcos de gran tonelaje o hielos a la deriva (incluso de día, la línea de horizonte es sólo de ¡3 millas!), o mantener la dirección sólo con la ayuda de un sextante, el sol y las estrellas.
Aunque el brillante y sorpresivo vencedor de la regata, y de hecho único participante que regresó al punto de salida, fue el joven Knox-Johnston, capitán de la marina mercante que volvió a tocar tierra el 22 de abril de 1969, los dos protagonistas podríamos decir que espirituales del campeonato fueron Crowhurst y Moitessier. Por motivos opuestos. Knox-Johnston tiene un mérito tremendo, pero mostraba una personalidad menos compleja que sus dos compañeros de campeonato. A juicio del psicólogo de la carrera, era “penosamente normal”, y de hecho fue el único que no tenía dudas sobre sus posibilidades. En cambio, la interioridad de los otros dos era profunda y dolorosa.
Podríamos decir, siguiendo la dualidad planteada por Nietzsche en El nacimiento de la tragedia, que Crowhurst sería la imagen de lo apolíneo (el ímpetu de la razón planificadora), mientras que en Moitessier tendríamos la representación de lo dionisíaco (la pura pasión vital). Crowhurst sólo pensaba en un triunfo que lo redimiera de una vida siempre por debajo de sus ambiciosas expectativas. Poseía un talento innegable, pero no era capaz de sacarle partido. Hombre ajeno al mar, en la Golden Globe encontró el trampolín que podría llevarlo al estrellato, demostrar al mundo que era un genio. Pero las cosas no salieron bien: su tecnológico barco se desintegraba imparablemente, y no había manera de remontar en la clasificación de la regata. Por eso cayó en la vileza de las trampas: Crowhurst falseó su verdadera posición y transmitía por radio a Inglaterra esperanzadores datos trucados. No quiso renunciar a su deseo mesiánico, así que se saltó los pasos necesarios para la gloria. Mientras Knox-Johnston, Tetley y Moitessier avanzaban velozmente por el Pacífico, él deambulaba errático sin salir nunca del Atlántico, como un vagabundo de los mares. Derrumbado por los remordimientos y por su fracaso, Crowhurst padeció un brote psicótico y en plena deriva oceánica se dedicó a escribir como un poseído miles de palabras en pocas horas: visiones históricas, reflexiones cósmicas, un crispado diálogo con el mismísimo Einstein, etc. Reventando su ambición apolínea, Crowhurst se desintegró: vació su tortuosa alma en el cuaderno de bitácora y finalmente se arrojó por la borda para sepultarse en ese sarcófago marino que lo había frustrado.
Moitessier también padeció una epifanía, pero en su caso luminosa: su amor a la vida, al latido líquido de los océanos, era mayor que las ambiciones mundanas de una regata. Entendió lo que suponía participar en un campeonato: una prueba para dirimir honores triviales. Y él no tenía nada que demostrar, no necesitaba redimirse de miseria alguna, y en los largos meses de trayecto en los que místicamente se fusionó con su embarcación y con el mismo mar obtuvo la confirmación definitiva de que su reino no era de este mundo. El ciudadano francés llamado Bernard Moitessier también se desintegró, pero para dejar de ser un tipo en pos de una medalla: no se hundió bajo el elemento marino sino que se proyectó extáticamente sobre él. Eclosionó su exuberancia dionisíaca. Por eso, estando en cabeza de carrera para obtener los dos trofeos de la Golden Globe, decidió seguir a su aire con una libérrima segunda vuelta al globo terráqueo, poniendo pie a tierra en las edénicas islas de Tahití. No quiso finalizar la travesía estipulada, su vida era una travesía más amplia: el mar como gozoso fin en sí mismo, no como un medio. Pessoa decía que un barco no navega, sino que sólo va de un puerto a otro. Moitessier decidió navegar de verdad, por puro placer, sin horizonte ni objetivos espurios o afán de honores. A diferencia de Crowhurst, entendió que el juego no merecía detenerse. Porque la vida sigue, al margen de nuestros planes demasiado humanos.

domingo, 16 de diciembre de 2018

LAS GRIETAS DE LOS CRUCEROS


 (artículo publicado en el anuario de la Gaceta Náutica)

Tal vez no exista ninguna cuestión, sobre todo en un mundo tan complejo como el nuestro, que descarte tener al mismo tiempo un lado bueno y otra parte más discutible. Aunque nuestra mente esté programada para reducir la complejidad de lo real a estereotipos, estos nos alejan de la verdad, a pesar de proporcionarnos una irresistible molicie psicológica. Si las medicinas tienen efectos secundarios, ¿cómo no va a ser ambivalente un fenómeno como el de los cruceros? Sin embargo, y como señala el artículo de José Luis Miró, el cisma está a la orden del día: en el debate público, o estamos muy a favor o nos manifestamos del todo en contra. Cuando, como ya avisaba Aristóteles hace nada menos que dos mil años y pico, lo más certero suele estar en algún paraje intermedio del dilema. La tentación de la radicalidad, siempre bien vista pero no digamos ya en épocas de bonanza (cuando uno está aburrido de estabilidades y ansía la pueril pero destructiva turbulencia ‘regeneradora’), guía nuestros pasos en disyuntivas que precisan más bisturí que bazooka.
En este sentido, es relevante lo que sucede en el puerto de Palma con los residuos oleosos, por su elevada cuantía y también por el beneficio que aporta a unos particulares cuyos objetivos crematísticos no coinciden con el interés general. El hecho de la inexistencia de balanzas estos años es una de esas trampas que obviamente abonan el fraude (es cuestión de tiempo que se cometa cuando existe la posibilidad de hacerlo), porque, cuando las cosas se hacen con dudosas artes a ojo del interés de algunos con capacidad de influencia, el enredo acude raudo a ocupar el espacio que deja la integridad.
Cualquier fenómeno acostumbra a percibirse incluso en las sociedades modernas bajo la forma típica de la antigua mitología: a través de percepciones psicológicas con bipolar tendencia a la histeria o a la euforia. Tenemos a mano muchos ejemplos, pero para los momentos histéricos elegiré el marítimo caso del naufragio del Costa Concordia, tras el cual cayeron a plomo las reservas, aunque paradójicamente aumentó la seguridad y bajó el precio. O el trágico accidente de Spanair en Madrid, que generó el mismo perfil de consecuencias chocantes: cuando los billetes eran más baratos y el vuelo menos vulnerable (tras una catástrofe se eleva el celo técnico de los responsables), el pasaje se redujo al mínimo. Nuestras viejas antenas psicológicas son lo primero que se pone en funcionamiento a la hora de calibrar un suceso, pero suele jugarnos malas pasadas.
Como sucede también, las críticas habituales al fenómeno crucerista son más ideológicas que técnicas, más exaltadas que reposadas. En lugar de señalar que las obras faraónicas de la APB perjudican injustamente a la náutica de recreo y que pueden existir oscuros intereses en las empresas que viven del asunto, cuatro gatos liderados por algún que otro tipo siniestro acaparan las portadas de los medios vendiendo containers de homeopatía política aliñada con algunas pocas evidencias. Y es que los problemas reales acostumbran a permanecer velados tras la hojarasca resultona del griterío interesado de unos pocos que pretendiendo solventar un problema lo que ambicionan es una resolución mucho peor: acabar con algo que si acaso debería ser modificado en algunos aspectos, aunque no en su totalidad. Pero tiene más salida destruir que modificar. Igual sucede con la turismofobia y los atascos, asunto que siempre aparece en los medios con las cartas marcadas, olvidando aspectos más de raíz (haber superado probablemente el techo poblacional de residentes) pero menos vistosos en la tantas veces sonrojante pasarela nacional del lucimiento buenista.

lunes, 8 de octubre de 2018

DOCE BÁSICOS DE LA LITERATURA DEL MAR


 (artículo publicado en la Gaceta Náutica)


     Muchas veces olvidamos que la vida es agua y fue originada en el mar. Pero con siglos de arraigo en tierra firme, el mar se convierte en el ámbito de lo desarraigado, de la otredad, aventura incontrolable. La literatura marina es tan antigua como la escritura, y el mar, en ese sentido, podría ser el escenario idóneo de la confrontación total con la existencia: nos revelaría de qué material estamos hechos. En el mar, uno se pone a prueba. No puedes establecerte sobre él, es pura intensidad, un tránsito poderoso que te eleva o te destruye.

     Hay que perderse en el mar para, al regresar, poder ser uno mismo, con el riesgo de sumergirse “en el gran sudario” (Moby Dick) líquido. Como decía Hölderlin, hay que salir de nosotros mismos para poseernos más vivamente. Naufragios, tesoros ocultos, tormentas devastadoras, barcos fantasma como el Holandés Errante. De esa potencia ambivalente, esa calidez líquida que nos acaricia y el abrazo brutal que nos lleva hasta las profundidades, dan buena cuenta estos clásicos de lo marino.

     La Odisea, Homero (siglo VIII aC):
   El poema épico de Homero, que relata las peripecias de Ulises durante 10 años a su regreso de Troya, es básicamente una cartografía originaria de todo el Mediterráneo. Lo mítico del viaje de Ulises, con sus elementos sobrenaturales, no supone un rebajamiento de la verdad experiencial de la historia, de lo que supone de símbolo de lo humano en el momento justo en que nuestra civilización europea comenzaba a andar. O, mejor dicho, a navegar. Sirviéndose de la deriva como método de conocimiento, asumiendo la interrogación que supone la navegación.

     Diario de a bordo, Cristóbal Colón (1492):
    Transcritos por fray Bartolomé de las Casas, los diarios que el conquistador Colón elaboraró a bordo de la carabela Santa María son un testimonio único sobre la hazaña, prácticamente única en su momento, de atravesar un océano inexplorado. Y, como muchas de las aventuras más deslumbrantes del ser humano, se descubrió algo que se ignoraba, acuñándose en este caso la célebre frase “descubrir América buscando las Indias”.
    El texto trata de los cuatro viajes al Nuevo Mundo de Colón, aunque el primero de todos ocupa mayor especio y, lógicamente, una relevancia superior.

     Robinson Crusoe, Daniel Defoe (1719):
   Considerada como la primera novela inglesa, narra las aventuras de un Crusoe que en una expedición marina por África es capturado por unos piratas y convertido en esclavo. Escapa ayudado por un capitán portugués, pero sufre un naufragio del que es el único superviviente en una isla que parece desierta pero que está habitada por caníbales. Teñida del idealismo colonialista de la época, retrata el choque material y cultural que supone para un europeo salir con vida en un claustrofóbico contexto salvaje.

     Narración de Arthur Gordon Pym, Edgar Allan Poe (1838):
     Poe relaciona en esta narración el repetorio habitual de las historias marineras con elementos rocambolescos e incluso sobrenaturales, con epicentro en los ignotos mares antárticos. Por esto último fue idolatrada este obra por Lovecraft.
     El protagonista, Pym, enrolado clandestinamente en el ballenero Grampus, vive desde primera línea toda una serie de sucesos escabrosos (canibalismo, cadáveres descompuestos, violencia sanguinaria), una especie de periplo infernal por los itinerarios marinos. Poe nunca llegó tan lejos en cuanto a imaginación truculenta como aquí, y para las intrahistorias se inspiró en las expediciones polares, muy famosas por entonces, o en leyendas de naufragios.

    20.000 leguas de viaje submarino, Jules Verne (1870):
    A diferencia de otros relatos marinos, en este caso las profundidades cobran especial relevancia, pues en lugar de un barco se navega con un submarino, el mítico Nautilus del capitán Nemo, que les permite atravesar el mundo conocido… y también del desconocido (la Atlántida). Nemo lleva como prisionero al biólogo Pierre Aronnax, que es el narrador de la historia.
     Como en un relato de Poe, Verne se refiere aquí del famoso Maelstrom, el gran remolino ubicado (realmente, aunque a menor escala que en la ficción) en zona noruega: las fauces del mar en su dimensión más fascinante y destructiva, un vórtice que llegaría hasta el fondo del océano.

     La isla del tesoro, Robert Louis Stevenson (1883):
    Las peripecias del niño Jim Hawkins, que tras el asesinato de su padre, dueño de la posada Almirante Benbow, se enfrenta a los piratas por un tesoro escondido en una isla abandonada del Caribe. Dejó para la posteridad al personaje del pirata Long John Silver, contramaestre del Walrus del legendario Captain Flint.
    Stevenson creó una imperecedera iconografía sobre los piratas, que desde entonces fueron representados con loros sobre sus hombros, patas de palo, mapas del tesoro (señalando con una X su ubicación exacta), islas tropicales.

     Moby Dick, Herman Melville (1851):
    Obra maestra del género y de la literatura en general, con un inicio fascinante y poderoso, Moby Dick retrata la persecución de una ballena blanca a la que se da este nombre, obsesión enloquecida del satánico Ahab, capitán del Pequod y protagonista de la novela junto al narrador Ismael. “Sólo en estar lejos de tierra reside la más alta verdad, sin orilla y sin fin. Más vale perecer en ese aullar infinito que ser lanzado sin gloria a sotavento”.
    Tanto la obsesión de Acab, cuya pierna izquierda fue arrancada en el pasado por la ballena, como la propia Moby Dick, son metáforas, pero tan ambiguas que han generado centenares de opiniones para desentrañar su sentido. Navegar por estas páginas depara todo tipo de hallazgos, y tal vez uno de ellos sea que la racionalidad se pone muchas veces al servicio de la demencia, como reconoce en algún momento Ahab.

     El lobo de mar, Jack London (1904):
  Otro hombre de mar reciclado en novelista de sus experiencias al límite, London retrata aquí las peripecias de Humphrey van Weyden, un crítico literario enrolado en la goleta Fantasma, del despiadado capitán Lobo Larsen. La realidad de a bordo, teñida de brutalidad y riesgo pero subrayada por acotaciones de sabiduría cínica, supone el escenario nietzscheano (ideas sobre el Superhombre) del duelo entre ambos hombres, una metáfora de la vida como lucha salvaje donde “la victoria tiene muy poco que ver con la justicia” (Orwell). Van Weyden se ve obligado a endurecer su fina sensibilidad para sobrevivir a esa prueba sobre las aguas.

     Lord Jim, Joseph Conrad (1900):
    Como en el resto de su obra, Conrad contruye esta novela sobre una idea de moralidad en carne viva, que pone sobre la mesa la trágica existencia humana. Lord Jim trata de expiar su pasado de responsabilidad, a pesar de ser absuelto, de un suceso vergonzoso como fue el abandono del Patna, barco que llevaba peregrinos a La Meca, cuando parecía que se iba a hundir en las aguas. Perseguido por el oprobio, incluso cuando trata de mantener oculta su identidad, Jim se ve obligado a huir hacia el este; primero, de puerto en puerto, y después, “marino exiliado del mar”, tierra adentro, donde acaba encontrando su trágica redención. La historia está narrada por un marinero, el capitán Marlow, protagonista del fascinante El corazón de las tinieblas.

     El viejo y el mar, Ernest Hemingway (1952):
    Narra la historia de un viejo pescador, Santiago, que se hace a la mar vez en busca de una pieza importante. La encuentra, pero la lucha para capturarla se prolonga durante tres largos días. Tras el éxito, la decepción: el enorme pez espada, atado a un lado de la embarcación, irá siendo devorado por los tiburones en el regreso hacia tierra firme, quedando de su triunfo sólo un esqueleto de espinas. Hemingway reconocía en esta obra una metáfora de la carroñera crítica literaria.

    Relato de un náufrago, Gabriel García Márquez (1970):
    La agónica historia, basada en hechos reales, de un hombre que permaneció 10 días infinitos a la deriva, en una escalofriante experiencia de soledad humana. La narración de García Márquez acabó desvelando que el naufragio no se había producido por una tormenta, sino por un accidente derivado del contrabando. Así, su protagonista, Luis Alejandro Velasco, pasó al olvido tras haber sido considerado un héroe de Colombia, y su autor tuvo que exiliarse en París.

    Hacia los confines del mundo, Harry Thompson (2007):
     La historia del capitán del mítico Beagle, Robert FitzRoy, que llevó a Darwin en su fascinante viaje por el mundo (1831-1836) que cambió la historia de la ciencia. Junto a la recreación de tan épico itinerario, el autor contrapone dos figuras idealistas, aunque una se escore hacia lo religioso y la otra se aferre al método científico.


     *Bonus tracks: 

    La Biblia (750 aC- 110 dC):
   Ya en el texto religioso se manifiesta esa fuerza bipolar del mar, aquella tensión que por una parte salva pero por la otra aniquila. La separación de las aguas del Mar Rojo son un ejemplo imborrable de ello, sobre todo desde su codificación visual en la película Los diez mandamientos. También en la historia de Jonás, primero engullido por una ballena, donde estuvo tres días, y después liberado en tierra firme.

    El viaje de los argonautas, Apolonio de Rodas (s. III aC):
    Poema épico que narra el mítico viaje de la nave Argo, al mando de la cual estaba Jasón, y cuya expedición tenía como finalidad dar con el vellocino de oro en la Cólquida. Allí Medea, hija del rey Eetes, se enamoró de Jasón, y le ayudó en su misión, a cambio de regresar con él a Yolco. Gigantes, monstruos, harpías y sirenas fueron algunos de los obstáculos que debieron sortearse para consumar la hazaña.

domingo, 28 de enero de 2018

LA 'DISTORSIÓN' EN BALEARES



 (mi prólogo sobre el catalanismo en Baleares del libro de Mikel Arteta Construcción Nacional en Valencia)


Sin ninguna duda, en las islas Baleares se han seguido estos últimos 40 años los pasos del conflictivo modelo lingüístico y político implantado en Cataluña por el pujolismo. A pesar de contar con un menor apoyo social y electoral que el capitalizado en tierras del Principado, el catalanismo en Baleares se ha dedicado igualmente a dividir la sociedad sirviéndose de las lenguas como criterios ideológicos de demarcación, imponiendo su marco conceptual incluso a los rivales políticos. En este sentido, el PP, siendo el equivalente balear a CiU en cuanto a partido de poder, ha jugado un papel decisivo en el avance de las tesis catalanistas en las islas, aunque haya sido por entreguismo. Fruto de un complejo de inferioridad hábilmente inoculado por el nacionalismo, salvo en la legislatura de José Ramón Bauzá (2011-2015) nunca opusieron resistencia a la expansión del discurso pancatalanista. El mismo Estatuto de Autonomía (1983) ya dejó una buena muestra de la actitud claudicante de la derecha balear: su líder histórico, Gabriel Cañellas, no quería de ninguna manera que la lengua generara un conflicto civil, y por eso regaló un consenso socialmente ficticio que sus rivales aprovecharon para ir ganando posiciones y quebrar el bilingüismo. De inicio, en este Estatuto ya se cedió indicando que el nombre de la lengua ‘propia’ sería catalán, cuando no existía una conformidad al respecto en una sociedad isleña que no pretendía que fueran idiomas distintos sino que se respetaran las modalidades propias. Poco después llegó la Ley de Normalización Lingüística (1986), donde se marcó el camino para que el castellano quedara relegado en favor de un catalán muy estandarizado que se convertía así en la lengua preferente y de las propias instituciones. Esa asimetría legal no ha ido más que ampliándose con el paso del tiempo, aunque socialmente el castellano y el dialecto balear siguen resistiendo.
El PP gobernó de forma continuada las Baleares entre 1983 y 1999, momento en que una coalición de partidos de todo pelaje (socialistas, nacionalistas, comunistas, derecha regionalista, ecologistas) se alió para articular el primer Pacto de Progreso (de tres totales), caso pionero a nivel nacional de alianza de “todos contra el PP”. Ahí sí que Baleares fue algo por delante de su espejo catalán. Dicha coalición, presidida por el socialista Francesc Antich (también en el segundo Pacto, entre 2007 y 2011, que añadió a ERC), se dedicó a aplicar de forma obsesiva y maximalista las herramientas lingüísticas que el PP había activado, siendo el Decreto de Mínimos, aprobado por el gobierno de Jaime Matas y que establecía un mínimo del 50 % de horas lectivas para el catalán pero no un tope de máximos, la ley estrella que por la puerta de atrás fue consagrando de facto una inmersión lingüística muy similar a la de Jordi Pujol en Cataluña.
Cabe decir que el catalanismo en Baleares nunca ha pretendido seducir, sino imponer. Y posiblemente por ese ardor antipático no ha sabido sumar al uso de la ‘lengua propia’ un mayor número de hablantes. De hecho, diversos estudios indican que esa práctica hoy se ha estancado, cuando no reducido tras la llegada masiva de inmigración internacional. En este esquema autoritario de pura ingeniera social han jugado un rol esencial el Departamento de Filología Catalana de la UIB (Universidad de las Islas Baleares), posiblemente el departamento de esta materia más radicalizado y menos científico de todo el territorio de habla catalana, y también la OCB (Obra Cultural Balear), una organización privada volcada en la imposición del monolingüismo catalán que ha recibido desde hace muchos años millones de euros públicos no sólo de la administración balear ¡sino también de la mismísima Generalitat! Creada durante el franquismo, fue evolucionando desde posiciones más abiertas y culturales hasta convertirse en la beligerante infantería del catalanismo de las Baleares.
Y si el PP ha pecado en este asunto por omisión, el PSOE lo ha hecho por acción pura y dura. Los socialistas pasaron de ser en los años 80 un partido claramente socialdemócrata y estatal, con líderes tan solventes como Félix Pons, que fue Presidente del Congreso de los Diputados, o el alcalde de Palma Ramón Aguiló, a transformarse en la década de los 90 es un apéndice ideológico del PSM (Partido Socialista de Mallorca, nacionalistas). Convertidos ya en la federación PSIB (Partido Socialista de las Islas Baleares), han seguido la estela del PSC en Cataluña: a medida que iban catalanizando más su discurso, los votos se evaporaban de las urnas. Y eso sin querer entender por qué boquete ideológico se escurría progresivamente su apoyo electoral. Es cierto que ahora gobiernan, pero lo hacen con la precariedad que conlleva necesitar apoyos muy intransigentes (Podemos y el PSM, ahora llamado Més), a la par que la fiabilidad política y doctrinal de su lideresa, Francina Armengol, es muy dudosa, siendo más tolerante con el independentismo que el mismo PSC.
El horizonte que se plantea en la política balear es muy preocupante. Tras el desastre del PP en las autonómicas de 2015, donde perdió casi la mitad de escaños fruto de graves torpezas de Bauzá, y con la tímida entrada de Ciudadanos en el Parlamento, es notoria la radicalización del gobierno actual, formado por PSIB y Més, y apoyado exteriormente por un Podemos que a nivel balear ya ha dado el sorpasso a los socialistas en las dos últimas Generales. Los nacionalistas de Més cuentan con un apoyo electoral inflado respecto a sus cifras habituales, pues hace dos años convencieron a unos 20.000 nuevos votantes de haber dejado lo identitario en segundo plano en favor de un discurso más social. Pero al menos ahora, enardecidos miméticamente por la dinámica del prusés y, en consecuencia, entregados a un discurso batasunizado de demonización del Estado y de las decisiones judiciales que les han sido adversas, ya no podrán engañar a nadie sobre sus verdaderas intenciones, que no son otras que romper unilateralmente España e imponer una sociedad monolingüe y homogénea bajo la forma de los Països Catalans.

lunes, 4 de diciembre de 2017

EPÍSTOLA III A LOS BALEARENSES


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Queridos hermanos, os habla vuestra inspirada lideresa Francina. Acoged mi palabra en estos tiempos de tribulación, ahora que se acerca la Natividad del Señor. Es la tercera misiva que os envío, pero tenéis que reconocer que no sois un pueblo especialmente considerado con las leyes divinas: así, es preciso reiterar la prédica para convertiros en santos por Cristo Dios. Quiero que sepáis qué clase de batalla estoy librando para salvar vuestras almas siempre en peligro de descarriamiento. Ya me traicionasteis hace un tiempo idolatrando a Trismegisto Bauzanis, pero si hacéis “acto de constricción” (Paulo Ecclesias 6, 21) seré generosa y así podréis ir en paz con mi boleto plebiscitario en la mano.
Caminemos juntos por el camino del amor, asidos a la fe retroprogresista, anatemizando a los que se decanten por la impureza. Revestíos de virtudes sacras: aceptad el uso del biciclo, huid de los festejos con bóvidos de lidia, abonad el eco-óbolo. Y, como exige nuestro hermano el viejo taumaturgo Pujolis, la lengua catalina debe ser el camino, la verdad y la vida. Y si no lo entienden así los filisteos con bata de nuestros sanatorios balearenses, el látigo de Jehová caerá sobre sus cabezas. Guardaos de la falsa circuncisión de aquellos sepulcros blanqueados que hacen ver que están con el Pactus pero que en verdad conspiran contra él con sus discursos especiosos. Como el felón Pedro, que ha caído en desgracia a mis ojos, siendo reemplazado por el prócer Junquerus, pródigo en lágrimas y ahora cautivo de los romanos.
La palabra del Processus no nos ha bendecido como sus profetas anunciaban, pero eso es responsabilidad de Hispania, ese Leviatán que nos zarandea inicuamente y que desea saquear nuestros tesoros. La causa del evangelio consiste en la abolición del autoodio, y como dice nuestro añorado arúspice, “la DUI os dejo, la DUI os doy” (Puidemontis 15, 9). No es una falsedad que no haya abierto la boca contra el Cupus vascongado, como me recrimina algún fariseo en el ágora. Bien es cierto que nos perjudica, pues divide nuestra recaudación, pero sin duda la envidia es más esplendorosa que la justicia, de ahí mi caritativa mirada hacia el acuerdo del Conciertus Economicus, que un día cambiará de manos y santificará nuestras arcas. Recordad que cuando voy a Hispania obtengo réditos, y ahora serán menos onerosos vuestros peregrinajes allende los mares, con un ahorro que podríais destinar justamente a mi botica inquense.
Que vuestro espíritu sea custodiado por la parusía de mi futura victoria contra los sediciosos peperenses y los facciosos ciudadinos que os confunden. Que la gracia de nuestro Señor Junquerus esté con todos vosotros. Por el Pactus, el Cupus y la sardana, amén. Podéis ir en paz.

sábado, 2 de diciembre de 2017

PÚLSARES, CENIZAS Y EL ESPÍA


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

       Lunes. Australia le gana el primer test a Inglaterra en uno de los torneos más antiguos y refinados del deporte: el Ashes (las cenizas). Diría que cambiando fútbol por cricket seríamos más civilizados si no fuera porque mi aversión a los sermones ha llegado hasta el punto de que incluso se me indigestan los míos. Pero el cricket es el deporte justo por antonomasia: tras 5 días de partido a razón de 7 horas de juego por jornada, gana siempre el más regular, o sea, el mejor. En cambio, en encuentros de 2 horas puede vencer cualquiera fruto de una caprichosa carambola. ¿Por qué hay play offs, sobre todo en los deportes norteamericanos, pudiendo decidirse el campeonato por la pura regularidad? El play off es fruto del showtime, un sentido del espectáculo que es lo opuesto a la justicia, necesariamente austera, elaborada, merecida.
Martes. Los púlsares cumplen 50 años en la conciencia humana. Lo que de inicio parecía un mensaje alienígena se reveló como una de las joyas del cosmos: minúsculas estrellas de neutrones muy magnetizadas que rotan a velocidad supersónica y emiten un haz de radiación capaz de atravesar miles de galaxias. Mucho más agradecida esta fauna de púlsares, cuásares y voraces agujeros negros que la sentina hodierna de la sección política de los medios.
Temporal en Camp de Mar. Me fascinan las localidades turísticas en invierno. Son como un escenario futurista en el que la vida humana ha sido arrasada. Entre la Platja de ses Dones y el Mirador Thomas Harris (ese espía británico experto en Goya que falleció misteriosamente en un accidente de coche cerca de Llucmajor en 1964), me asaltan las crepitaciones de las rocas, mecidas por las olas marinas en su retirada. El artífice de la mítica Operación Garbo se pasó 16 años en este rincón, imagino que tan embobado como yo ante la trémula vida de los elementos.
Miércoles. Se suicida el criminal de guerra Praljak delante del tribunal. A pesar del sesgo de los medios europeos, no sólo hubo dementes entre los serbios durante las guerras yugoslavas, sino también en las filas croatas que tanto añoraban sus años ustachas como filial de Hitler en los Balcanes. Qué portento haber conseguido que el mundo se olvidara de ellos: Praljak, Gotovina, el propio Tudjman. Como nos olvidamos de los kurdos en favor de los palestinos.
Jueves. Apuro noviembre, el preciado mes de la muerte, leyendo la revista Adiós rodeado por las cabezas de cera empaladas del bar Transilvania. Decía Simone Weil que la presencia más completa es la más secreta. ¿Por eso los personajes más decisivos de nuestra cultura, si dejamos la ciencia al margen, fueron dos ágrafos: Sócrates y Jesús? ¿Ser es morir? ¿Triunfar es fracasar?

lunes, 27 de noviembre de 2017

¿QUÉ ES TENER SALUD?


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

      Será por haber rebasado la cuarentena o quizás por la tensión de aquella cacería contra un servidor de la que les he hablado, pero llevo una temporada con variados achaques, así que otras cuestiones han quedado en segundo plano para beneficiar una reflexión sobre qué es eso de tener salud o estar bien. En una época en la que, de nuevo la tendencia esquizoide, contando con la mayor esperanza de vida de nuestra historia y una de las más altas del mundo estamos patológicamente obsesionados con la salud, siempre lloriqueando con que tenemos poca y nos queda un arduo trabajo para alcanzar la epifanía. Prefiero escuchar antes a Bill Hicks y a Leo Harlem, sagaces maestros de la embriaguez. ¿Que en ocasiones hay más casos de cáncer? Obvio, vivimos más años. ¿Que fumamos demasiado? Como dice Miguel Costas, ex-Siniestro Total, eso que los fumadores ahorramos en pensiones, palmando antes.
Aunque la OMS estableció en 1946 que la salud consiste en el completo bienestar físico, no sólo en la ausencia de afecciones o enfermedades, el origen del término lo ubicamos en el latín salus, que significa en sentido literal “estar a salvo” (sano y salvo), aquel estado en que se permanece alejado de las dolencias que puedan atacarnos. Por tanto, la salud implicaría un espacio mental en que se está de forma autodeterminada, un topos que se construye aséptica y neuróticamente al margen de las mezclas y ambigüedades que conlleva la dinámica propia del existir, esa enfermedad mortal de transmisión sexual. Así, en el estado saludable no habría tránsito, pues se edifica como un dique de supuesta pureza y perfección interna (¡esos delirios de autoctonía, incluso orgánica!) frente a la enfermedad procedente siempre del exterior, como si los cánceres no tuvieran nada de endógeno.
Si interpretamos la cuestión desde una óptica heideggeriana, aprovechando que me estoy empapando de los textos nihilistas del suabo, la salud se construiría como un refugio frente al claro de la apertura, la desconcertante dimensión del desocultamiento que es el germen dinámico de lo creativo, pero que por su inestabilidad esencial no puede ser habitada más que de forma esporádica. En lo abierto no pueden echarse raíces, pues su suelo carece de arraigo o fundamento genético, y es de su potencial creador-destructor de lo que trata de defenderse la dimensión del salus, resguardada en la consoladora pero estéril espesura del bosque. También su amigo Ernst Jünger consideraba el potencial enfermizo (creador pero desestabilizante) de la apertura, otorgando a las dolencias, concretamente a la fiebre que provoca un resfriado, intensas posibilidades creativas. En las noches febriles, vibrantes espacios de fecundidad, todo cobra un mayor grado de exuberancia: “Uno sube como agua que se desborda de los diques”.
Related Posts with Thumbnails