martes, 2 de octubre de 2007

SOBRE EL INICIO


Hace un tiempo ya me referí en este blog a la cuestión del inicio, aunque recurriendo a un texto de Geoff Bennington sobre Derrida. Hoy quisiera centrarme más en Heidegger, sobre todo en ciertos contenidos de su Beiträge zur Philosophie (Aportes a la filosofía, ed. Biblos).

Heidegger se refiere en estas páginas a lo que sería el “primer inicio”, es decir, aquello que filosóficamente se puso en marcha en la Grecia Clásica. En concreto, una particular interpretación de la cuestión del ser y del ente, que ha sido la que ha determinado el fundamento y la evolución de la filosofía occidental.

Pero también se refiere a lo que llama “el otro inicio”, teniendo claro que en este inicio no se jugaría un principio concreto de algo que ya lleva en sí mismo el marco de su finalización. Es decir, que este otro inicio no puede considerarse como un comienzo de corte exclusivamente histórico o programático, un proceso que empieza en un momento concreto y que pretendiera finalizar en otro. Tampoco un segundo inicio, que siguier la línea indicada en el primero griego. Es otro tipo de puesta en marcha a la que se refiere Heidegger.

En el texto citado, Heidegger distingue entre inicio (anfang) y comienzo (beginen), aunque algunos traductores asimilen un término con el otro como si vinieran a significar lo mismo. Por una parte, beginen significa aquello que ya he dicho de poner en marcha una cosa concreta, lo que implicaría que esta cosa tiene un final, que podría prolongarse más o menos. Este término llevaría incorporado, de cierta manera, un elemento de voluntariedad, ya que este poner en marcha tiene mucho de proyecto dirigido, de resultado de la determinada acción de un sujeto, ya sea colectivo o particular. Pero por otra parte, el anfang tiene un matiz claramente distinto, ya que se desligaría de cualquier tipo de voluntad o proyecto de dominio. En el anfang no podría hablarse de proyecto, sino si acaso de desvelamiento, pues consistiría en desvelar aquello que siempre ya es, aunque este ya-ser no sea presencia alguna. Se trataría de un intento de recuperar aquella previedad ontológica que no puede presentarse en dimensiones ónticas. Un inicio que no podría presentarse positivamente como comienzo, sino como aquello que sólo se nos revela en su desaparición u ocultamiento.

En suma, el inicio estaría vinculado al Ser, y al Ser es esencial el perderse a sí mismo, el escapar a cualquier pretensión de fijación.

5 comentarios:

Sr. Verle dijo...

Horrach: Buen recordatorio. Y su comentario óptimo. Desde ahí se discutiría el concepto de historia, pero sobre todo el concepto de mito. Ese mito (o antimito) heideggeriano, que confluye con lo nazi, me parece. Sólo un rápido saludo a un buen hermeneuta en este tiempo de turbación y trabajo.

Horrach dijo...

Hola mister Verle. Pienso ahondar en esta cuestión (y en similares) este otoño, aprovechando las sesiones que sobre los Beitrage estamos llevando a cabo con Juan Luis Vermal. Espero que le guste.

saludos

Horrach dijo...

Ya sé que es un poco feo, pero como uno no está acostumbrado a verse citado, cuelgo el artículo de hoy de Daniel Capó en el Diario de Mallorca:

http://www.diariodemallorca.es/secciones/noticia.jsp?pRef=1674_5_297956__Opinion-most-juste

Veo que algún pérfido anglófilo de la redacción le ha endosado una 's' de más al título del artículo. Aaay...

El Pez Martillo dijo...

El filósofo Juan Antonio Horrach. Qué bien queda, aunque aproveche sus palabras para soltar cuatro cosas más que discutibles y que empañan todo el artículo (que estaba muy bien hasta que empezó a "hablar" de Ibarretxe y cía). En cualquier caso, presumiré orgulloso de amigo al cual citan por ahí.

Por cierto, ¿conoce usted a este Daniel Capó?.

Horrach dijo...

A Daniel Capó no lo conozco personalmente, aunque sé quien es. En este blog se ha hablado en ocasiones de él, colgando el link de alguno de sus artículos.

No creo que se empañe el artículo, pues Capó opone al proyecto de todo nacionalismo, que consiste en alcanzar la unanimidad en su comunidad, la sabiduría judía del Talmud, que pone sistemáticamente bajo sospecha precisamente la unanimidad.

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