jueves, 29 de junio de 2017

EL GRAN HOTEL DEL BREXIT


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Hace tiempo que no pisaba el Gran Hotel. En otras épocas era un asiduo, me sumaba a cualquier iniciativa que se montara ahí. También es cierto que tras mi periplo político selecciono mis escapadas públicas, sobre todo desde que algunos afectuosos primates, entre ellos un reciente Premi Ciutat de Palma, muy atentamente me han hecho llegar sus deseos de que mi existencia no se prolongue demasiado o, en su defecto, que no quede exenta de hematomas.
Noooo, es broma que me dé asunto salir. Lo otro no. En fin, ya saben cómo es esta isla. Le escuché recientemente a José Carlos Llop una atinada definición de nuestro modus operandi: cuando alguien habla mal de ti, enseguida te enteras, hay tortas para extender la buena nueva; pero, cuando se trata de halagos, todo se oculta como si fuera un devastador material radiactivo.
Siempre es un placer visitar este noble edificio que alberga la Fundación CaixaForum, cuya vecina es, nada menos, esa placita dedicada al palmesano Valeriano Weyler Nicolau, que tiene el copyright mundial, y ese mérito se recuerda poco entre nosotros, de los modernos campos de concentración, casi nada. En segundo lugar concentracionario quedó el británico Horatio Kitchener, y precisamente de vicisitudes british (el Brexit, cómo no) iba a hablarse el pasado lunes, por obra de un Ignacio Peyró que, para quien todavía no lo conozca, es el responsable de un logro mayúsculo: publicar Pompa y circunstancia, una brillante enciclopedia sobre la cultura inglesa rebosante de datos (más de 1000 páginas) y también de reflexiones teñidas de madurez y sensibilidad, ¡a la edad de 34 años! Si mi anglofilia está en crisis desde hace un año, confieso que esta exquisita conferencia de momento ha enfriado cualquier apremio cismático.
Sin duda, el Brexit es primohermano del Trumpazo. En ambos casos vemos como, en un mundo cada día más complejo que exige sutileza y rigor, las decisiones individuales y colectivas tienden hacia una ultrasimplificación maniquea. ¿Cómo ha podido suceder que, en el país que ha cuidado los procedimientos, las formas, el fair play, se haya desencadenado un proceso tan sometido al catenaccio donde han dominado las fake news y una emotividad cruda? Pues ha sucedido, y lo único positivo que de momento podemos extraer es que ha servido de aviso para el resto: desde entonces, el populismo está siendo reducido elección tras elección (Austria, Holanda, Francia).
Dado que ya ni en la mítica Albión podemos encontrar refugio, al menos permanece esa posibilidad en las infinitas páginas, cual libro de arena borgiano, de este monumento de Peyró a la decencia y la elegancia. Aunque hable de algo ya acabado, esta obra siempre tendrá presente y futuro.

3 comentarios:

Eduardo Moga dijo...

Querido Herr Horrach:

Sé de su anglofilia, pero la anglofilia se modera mucho cuando vive uno en Inglaterra.

Sobre "el monumento de Peyró", como Ud. le llama, me permito remitirle, si me disculpa Ud. la autocita, a mi reseña del libro publicada en "Letras Libres" ("Elogio de Inglaterra", nº 162, marzo 2015, pp. 59-60).

Sobre el comportamiento de la "mítica Albión" y su "decencia y elegancia", me atrevo asimismo a sugerirle que lea "Imperiofobia y leyenda negra", de María Elvira Roca Barea (Siruela, 2016).

With my very best regards and looking forward hearing from you soon.

Eduardo Moga.

Johannes A. von Horrach dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Johannes A. von Horrach dijo...

Gracias por su comentario, Mr Moga

Aunque, sinceramente, creo que exagera un poco. Quiero decir que las objeciones que le puso usted en Letras Libres a la obra de Peyró tendrían más sentido si estuviéramos ante un frío tratado académico sobre la historia de Inglaterra, pero no es el caso. Ya en el mismo título (por no hablar de la introducción) destaca Peyró que leeremos un elogio "sentimental" de lo inglés, algo que a veces no es factualidad pura, y eso imagino que lo ha tenido en cuenta cualquier lector del libro. Por el hecho de que no se le dé un protagonismo muy marcado a determinadas lacras de la historia inglesa, no significa que éstas no se consideren (usted mismo reconoce en su crítica que sí aparecen, aunque discrepe en la extensión o dureza).

En cuanto a mi anglofilia, es evidente que algo tiende a idealizarse en la medida en que permanecemos alejados de ello. De ahí lo que sucede demasiadas veces con el pasado, del que extraemos con fórceps lo que nos gusta pero eludiendo otras condiciones menos amables, y yo siempre he tenido eso presente cuando hablaba de Inglaterra (ya sabe que seguía sus corónicas sobre Ingalaterra), aunque sin dejar de señalar aspectos en los que, al margen de estar sometido o no a las condiciones del terreno, nos sacaban evidentemente ventaja como país.

un saludo y hasta pronto

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