lunes, 30 de octubre de 2017

SOBRE CALDOS DE CULTIVO


A pesar de que el viernes no se produjo una independencia real, ergo el megaesperpento sigue batiendo records, en estos momentos en que está fructificando el viraje, pues el independentismo ha llegado a un callejón cerrado y sale del armario su némesis constitucionalista, cabe preguntarse cómo hemos llegado a esto. Y no tiene que ver precisamente con afrentas del Estado, todo lo contrario. Si la ingeniería social pujolista ha conducido a un brote psicótico intensivo en el que está instalado gran parte del independentismo, Aznar y sobre todo Zapatero mimaron la planta carnívora sin prever las consecuencias a medio y largo plazo. Sin olvidar embarazosos transformismos ideológicos: Antich (cómo crepita aún su juventud pesemera) haciendo un papelón indigno en el Senado y Armengol delatada por su insalubre subconsciente con ese “cuando yo voy a España” del miércoles en el Parlament.
La causa principal proviene de una peculiar tolerancia con el catalanismo que permite disculpar todo lo que ha ido destrozando, mientras que con el Estado se ha manejado una exigencia implacable. Esa bipolaridad colaboracionista es la que ha permitido envalentonarse al independentismo. Tomemos dos ejemplos cualquiera: una sanidad catalana mayoritariamente privatizada, la única en España con menos camas y hospitales públicos, y nadie dice una palabra. Y qué decir de su ley electoral autonómica, que descaradamente sobrerrepresenta a las provincias más catalanistas; por eso en 1999 Maragall venció a Pujol en votos pero cedió en escaños.
A nivel más personal, recuerdo cuando en 2003 iniciaba mi doctorado de filosofía en la UIB. En un curso coincidí con dos tipos cómicamente siniestros, ambos indepes: uno ha publicado poesía, el otro creo que teatro. Comentando el contenido de la clase, relacionada con cierto pensamiento judío, en el hall del edificio Ramón Llull, la charla fue degenerando hasta toparnos con los totémicos nacionalismo vasco y catalán. Ambos llegaron a disculpar los crímenes de ETA, a la par que proyectaban freudianamente acusándome de nazi, mientras que acabaron manifestando cuál era su modelo, ante mi sorpresa: no se trataba de Escocia, Quebec, Padania o Flandes, ¡sino de Islandia! Al parecer ese país, que cabe entero en Palma (y sobra sitio), contaba con dos ventajas según el criterio de estos cráneos privilegiados: no cuentan con más vecinos que los peces y, mejor aún, su nivel de endogamia y homogeneidad es de una pureza imbatible. Uno de ellos sentenció, en flagrante contradicción con su supuesto talante progresista, que los extranjeros residentes en Baleares debían integrarse o, si no, “que se atengan a las consecuencias”. Ya sabemos bien cuál es el producto de este energumenismo perfumado de supuesta modernidad que convierte en fascismo la legalidad democrática y en virtud la ilegalidad y la mentira.

(disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

sábado, 28 de octubre de 2017

DIARIO DEL MAELSTROM


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Lunes. El bar Panorámica va apagando las luces de su palco apolíneo por este año. Azota un punzante viento, generador de olas crispadas que en la bahía palmesana parecen preparar un amago de Maelstrom capaz de engullir, en la agreste furia de lo natural, toda construcción humana. Pero los maelstroms reales surgen siempre de nuestra humanidad más propia. El síndrome Nemo, que pulveriza lo que pretendía arreglar.
Martes. Armengol acude de luto (o con aires góticos más propios del Transilvania, un bar fantasmagórico cercano a la plaza de toros, que de la sala de las Cariátides) al Parlament para defender su gestión. La sesión parlamentaria, esos momentos estelares en los que la nada nadea en su máximo esplendor, coincide con mi indispensable seminario metafísico, que este curso mi maestro Vermal está dedicando al nihilismo en Heidegger. Dado que el Ser, condición de posibilidad de todo ente, siempre permanece fuera, en una exterioridad radical e inapropiable, nos queda al menos consolarnos con figuras que simbolizan esa sustracción ontológica: indigencia, desarraigo, extravío, caída y un prolongado y frustrante etcétera. Justo lo contrario que prometen fraudulentamente esos maximalismos políticos que traducen su deseo de plenitud en realidades insoportables: “Soñando con Escocia y despertando en el Ulster” (Rabell). Desencanto o desastre, no hay más opciones, siento desilusionarles.
Miércoles. ¡Al fin una ventaja del prusés!: no se oye apenas este año al coro de plañideras que gimotea cada final de octubre a cuenta del cambio de hora. Aún así es necesario recordarles, incluyendo en el lote a muchos periodistas y a todos los políticos del Parlament que quedaron en evidencia en 2016, que la hora artificial introducida en los años 70 es la veraniega, no la de invierno, y también que si estamos fuera de nuestra hora solar desde 1942 es porque Franco nos empujó al este, no al oeste.
Jueves. Esperpento es poco para definir los tortuosos vaivenes y medrosos globos sonda de Vileda I de Catatonia, el líder más adecuado para este oasis de la alucinación continua, la tierra prometida del dadaísmo cuya única opresión real padecida es la que ejerce el cinturón en los colmados estómagos estelados. No se ha inventado aún un concepto que pueda englobar el nivel de supremacismo, enajenación, postureo, cobardía y vileza que estamos padeciendo. Y como colofón a todo esto, el estrafalario Álvaro Marichalar se ha convertido en el seguramente único detenido por los Mossos en esta prolongada bullanga.
Viernes. No tienen agallas para dar la cara ni en el día D(ui), eucaristía del ridículo, brindis al desvarío, consagración de la pantomima urbi et orbi. Tanto presumir de ser unos gentlemen, para acabar exhibiendo un modus operandi que bascula entre el circo y el frenopático.

lunes, 23 de octubre de 2017

EL 'PRUSÉS' BALEAR

                          
(disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

     El cuerpo me pedía hoy hablar de Les Luthiers, ese argentino-judaico monumento al ingenio, la sutileza y la bonhomía, de los casi invencibles All Blacks o de los físicos que han descubierto las ondas gravitacionales. Pero nada, una de los fastidios del prusés es que ahoga toda muestra de mérito y civismo que comparezca en la actualidad. Qué remedio, llega el momento de la verdad y nos jugamos mucho en esto, así que mejor recoger el guante: tras tanta pantomima y postureo, el 155 supone el paso de las musas al teatro. Y esa realidad no tiene nada que ver con las fantasías siderales que algunos se habían montado. Si un mantra ha atravesado las últimas décadas del catalanismo es el que considera a(l resto de) España como poco europea, privilegio civilizador que aquí encarnaría mayestáticamente la tumultuosa tropa estelada. Pero no parece verosímil viendo quien es el que se salta las leyes que no le gustan, que miente a todas horas y que desde una posición de privilegio (más autonomía que Escocia y Quebec) se lanza a una desaforada rebelión que produce más sonrojo que otra cosa. Cada paso que da el independentismo significa varios años más de trabajo para revertir el prestigio pulverizado que están mostrando a Occidente.
En Baleares resulta muy interesante el rebote que pueda producir el prusés. Certificada la batasunización (y presumible corrupción) de un Més que timó en 2015 a unos 20000 votantes que se creyeron la trola de que priorizaban lo social antes que lo identitario (no me puedo reír más de estos incautos porque entre ellos están algunos de mis amigos), falta saber qué sucederá con el PSIB. Llevo tiempo profetizando que se escindirán el PSC y el PSIB, víctimas de jugar tanto tiempo a dos barajas: lo que sirve a una estrategia muy concreta puede ser letal cuando la ambigüedad se prolonga y la sociedad entra en tensión. Las dos almas de estas formaciones difícilmente podrán soportar unidas la previsible ulsterización de Cataluña, y me sugiere mucha curiosidad ver cómo cuajará cada partición. Porque tengo bastante claro que aunque la mayoría de cargos y afiliados esté con Armengol (el pesebre obliga), la fidelidad de los votantes va por otros barrios. Fijémonos en el apoyo que obtenía el añorado Félix Pons (35’11%), y comparemos con la sima de Francina (18’94%) hace dos años. Se ha seguido la misma travesía del PSC: a medida que han ido catalanizando su discurso, los votos se evaporaban de las urnas. Y asombrosamente siguen sin saber el porqué… Por eso no me extrañaría nada que un PSOE balear ganara en votos, o al menos le pegara un estimable bocado, a un PSIB vampirizado por Més.

sábado, 21 de octubre de 2017

RETORNO A '1984'


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

En un mundo en que se leen cada vez menos libros, en que salimos de la escuela educados en valores (o sea, con determinadas papeletas de voto en la boca) pero desconocedores de los vaivenes de la historia o de un sentido realista de la naturaleza humana, no es difícil empotrarse numerosas veces contra los mismos muros, como estamos viendo. Ya saben lo que decía Jorge Santayana sobre los errores de la ignorancia. Regresamos así a 1984, la famosa novela distópica de Orwell, pero al 1984 real, es decir, no al convenientemente adulterado por algunos en el que Orwell se inspiraría en los países capitalistas para su escenario futuro de delirio totalitario sino al fidedigno de las dictaduras comunistas con las que se enfrentó en su momento álgido desde posiciones socialdemócratas.
Y volvemos a ese universo bipolar porque casi todo lo que escuchamos entre las filas independentistas sigue los mismos parámetros retorcidos de la neolengua del Big Brother, una especie de esquizofrenia sentimentaloide que lleva a asegurar que es un golpe de Estado cumplir la ley y que vulnerarla significa la máxima expresión de la democracia. También (y esto lo traslado desde unos tuits esta semana de Plis, Educación por favor), fascismo es poder elegir entre dos lenguas vehiculares, pero la excelencia democrática consiste en imponer sólo una; lo primero también es viciosa y errática ideología, mientras que lo segundo sería expresión virginal y rigurosa de la ciencia pedagógica. Y qué decir del diálogo, sólo esgrimido en una dirección: ¿Por qué no dialoga Armengol con los hoteleros la ecotasa o con Airbnb el alquiler vacacional? Parlem, Francina, no fotem! En la apoteosis de la frivolidad, se sueltan inanidades pomposas que no evidencian otra cosa que el nivel de desvarío adquirido: eso de que toda Constitución debe votarse de nuevo cada generación, como si se hiciera en todas partes cuando no sucede en ninguna. Escribió el jueves el gran Ramón de España, parafraseando a Ignacio Vidal-Folch, que la ayuda internacional que necesitarían las huestes indepes deberá encarnarse en trenes llenos de psiquiatras. Para desentumecer tanta neurona obstruida por ataques de postureo.
Por cierto, Orwell conoció Cataluña durante la Guerra Civil, hasta el punto de dedicarle un interesantísimo libro, Homenaje a Cataluña, del que se dijo que Kubrick quería llevar a la gran pantalla. Ahí retrató una de las caras que no suelen recordarse de nuestro combate fratricida: el enfrentamiento intrarrepublicano entre las milicias del POUM, en las que se enroló Eric Blair (nombre civil de nuestro escritor de hoy), y los comunistas amparados por Stalin, que arrasaron con todo en la Barcelona de 1937, en otro ejemplo de que el mítico Seny también tiene mucho de neolengua.

lunes, 16 de octubre de 2017

CEGUERA SELECTIVA


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Somos humanos porque somos subjetivos. Pero también, como humanos, es exigible embridar esa subjetividad, hacer frente a los sesgos que nos llevan a decantarnos por esto y no por aquello. ¿Por qué siendo todos tan amantes de la igualdad luego defendemos asimétricos Conciertos económicos? ¿Por qué decimos que hay que depurar el escándalo de las cajas de ahorros pero después miramos a otro lado cuando comparecen las mangarrufas de la antigua Sa Nostra? En otro orden de cosas, pero siguiendo la misma senda de percepción sinuosa, es curioso cómo sobreviven en las afueras de nuestra mirada singularidades tan estimables como la curiosa momia egipcia del más curioso aún Museo Bíblico. O un cementerio judío no muy lejos de Palma. Ya no sobrevive, que yo sepa, pero había en un bar de Llubí unos animales deformes que el dueño guardaba en unas vitrinas que espantaban a sus clientes, yo incluido en los años 80 cuando mis padres visitaban a un amigo, el rector Joan Rosselló. Por no hablar del bar Panorámica, al que me referí hace poco.
Hoy hablaré del islote de Na Galera. Lo hemos tenido siempre delante de nuestras narices, pero fruto de esta subjetividad descuidada tan nuestra nunca le habíamos dado la menor importancia. Una roca frente a Can Pastilla, nada más. Este verano le he dedicado un reportaje en la Gaceta Náutica, y ya destaqué que podría servir como metáfora de nuestro buen hacer: mirada distraída que sólo se pasea sobre las cosas, pero sin fijar el foco ni escrutar detalles. Así se desatienden logros importantes para cortejar minucias prestigiadas por lo identitario, el dinero o a saber qué más. Menos mal que de vez en cuando aparecen individuos insólitos que son capaces de intuir de verdad lo importante, ir más allá de lo evidente y trabajar sin seguir dinámicas trilladas.
En este caso hablamos de Ramón Martín, co-director de las excavaciones arqueológicas que han encontrado en Na Galera un fascinante santuario púnico y varios restos talayóticos. Martín es un auténtico self-made man, pues trabajando en el mundo del turismo se recicló ya mayor estudiando arqueología en la UNED, y con su equipo de colaboradores y voluntarios (necesarios estos en un proyecto en que el dinero público anda muy justo) ha ido profundizando desde 2012 en las entrañas de este islote desenmascarando nada menos que restos de una docena de seres humanos, fragmentos de muros, cerámica diversa, un pozo funerario, tres cisternas, monedas púnicas e increíblemente los esqueletos de unos 2000 cormoranes (adultos y enteros), que al parecer liquidaban para que no les birlara la pesca. En estas semanas se va acabando el proceso de excavación y quedan más maravillas por emerger.
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