miércoles, 1 de septiembre de 2010

VOCABULARIO (24): UNANIMIDAD


Sostiene Giovanni Sartori en La sociedad multiétnica que hasta el siglo XVII "se había creído siempre que la diversidad era la causa de la discordia y de los desórdenes que llevaban a los Estados a la ruina. Por tanto, se había creído siempre que la salud del Estado exigía la unanimidad". A partir del señalado siglo sería cuando, por primera vez en la historia y gracias a la instalación efectiva de una perspectiva moral e intelectual distinta a la anteriormente dominante, la unanimidad se hizo sospechosa per se al vincularse a los terrores cometidos en defensa del orden y la homogeneidad comunitaria. La promoción de unanimidades pertenecía al mundo que funcionaba a partir de sistemas monolíticos en los que la discrepancia y el pluralismo eran excluidos de forma automática. Este vuelco revolucionario habría permitido la dificultosa construcción de la civilización liberal-demócrata, aquella fundada sobre la discrepancia, la libertad de expresión, el pluralismo y la tolerancia, y de la que somos sus descendientes.

Sólo hay un aspecto de la argumentación de Sartori con la que estoy en desacuerdo, y esa tiene que ver con que la puesta en cuestión de la unanimidad es históricamente anterior a la citada en su libro. Ya me he referido a ello en alguna otra ocasión (mi disección Dogville: Las identidades sacrificiales); entonces señalaba que autores como Girard, Levinas o André Neher se han referido en ocasiones a un principio de justicia que existe en el Talmud, por el cual todo individuo que es acusado de forma unánime por un tribunal o una colectividad debe ser inmediatamente liberado. El diagnóstico del Talmud (texto religioso que es, probablemente, el único que sistemáticamente se cuestiona a sí mismo) sobre el proceso colectivo entiende que la unanimidad acusadora debe ser necesariamente puesta en cuestión, pues la ausencia de pluralidad resultante sugeriría que el proceso ha quedado ausente de un verdadero debate, y la conclusión necesaria de todo ello sería la certificación de la inocencia del acusado. Este razonamiento no es una excepción, sino que responde a una tónica habitual en los textos judíos: la defensa del punto de vista de la víctima de una colectividad acusadora. Subyace en el judaísmo una concepción de lo humano como algo múltiple, radicalmente plural, hasta el punto de entender que una homogeneidad absoluta sólo puede conseguirse mediante el recurso a la fuerza o al mimetismo recíproco indiferenciador.

4 comentarios:

Pol Baker dijo...

No sé si has leído las declaraciones de Ibra, jugador de fútbol que jugó en el Barça, que para descalificar al entrenador, Guardiola, lo llama filósofo.
"Guardiola no es un entrenador de fútbol, es un filósofo."
Vamos mal, en un tiempo te insultarán llamándote "inteligente", "culto", "el que lee libros"....
No sé donde vamos, pero seguro que no muy lejos.
Gracias por tu mail.

Horrach dijo...

Pues no sé en otros sitios, pero en España que se le insulte a uno por tener unas cuantas lecturas ya es algo casi institucionalizado. Recuerdo la presentación de Ciutadans, hace ya unos años, a cuyos fundadores el catalanismo político trataba de insultar llamándoles "intelectuales".

Lo que no sabía es que Guardiola tuviera ínfulas filosoferos.

saludos

Nano dijo...

Todo lo que la política toca, se pudre. De todas formas y en mi opinión, hoy en día los políticos actuales siguen queriendo polarizar a la plebe, en cualquiera que sea el tema (estas con nosotros o contra nosotros) para poder descalificarlo y clasifarlo como subespecie menor, ya que no sigues los patrones establecidos. Estimados amigos, el underground ya no está de moda. Si señores, la cultura o ser culto esta mal visto, es la vía principal de escape para mentes rebeldes que no quieren ser aletargadas. Saludos

Horrach dijo...

Nano, los políticos suelen tender al camino fácil, y en este caso sí, el fácil tiene que ver con aborregar al personal (ahí está nuestro sistema educativo para atestiguarlo) para después hacer con él lo que quiera. Nuestra ventaja es que estos políticos que nos gobiernan no son cráneos privilegiados. Su mediocridad es nuestra salvación.
saludos

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