lunes, 7 de abril de 2014

REGRESO A GREENWICH



 (artículo publicado hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Suponía haber sido el último en enterarse, para variar, pero al final resulta que gran parte de este país vivía en el desconocimiento de su desequilibrada existencia horaria. Lo que muchos imaginaban como lo más normal del mundo, o sea, atardeceres hasta las tantas, en Galicia alcanzando casi la medianoche, ha resultado ser un ingrediente principal de nuestro ser diferencial. Spain is different, incluso con el reloj en la mano. Porque estamos fuera de tiempo, usurpando la Hora Central europea, cuando nuestro lugar natural se encuentra en el mismísimo meridiano de Greenwich, que nos atraviesa por Huesca y Castellón. Disfrutábamos del huso británico-portugués hasta que un tal Francisco Franco, no sé si habrán oído alguna vez hablar de él, decidió el 2 de mayo de 1942, en plena II Guerra Mundial, sacarnos del orden inglés para entregarnos a la hora nazi del III Reich. El caso es que lo que venía determinado por intereses bélicos, adaptando nuestros relojes a los dictados de Berlín, no fue rehecho tras la guerra, ni tampoco después de la muerte del dictador. No sé exactamente a qué se debió esta inercia, pero tal vez nuestros antepasados descubrieran con esa hora luminosa de más que se les coloreaba engañosamente la existencia. No influye demasiado a qué hora sale el sol, pero sí y mucho en qué momento se oculta tras el horizonte. Basta ver la ola de depresiones que nos azotan cada último domingo de octubre, cuando saltamos al horario de invierno. Total, si eso sólo significa que se acabe el día a las 17:30 horas aproximadamente, no veo que sea tan grave, cuando en el resto de Europa oscurece antes, ellos que están en la hora solar que les toca. El caso es que nos olvidamos del cambio de hora como el protagonista de Memento no sabe que su misión vengadora es un fraude, porque previamente ha querido olvidarlo en beneficio de un fogonazo de sentido autojustificador.


Últimamente la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles ha puesto en marcha una iniciativa para cambiar nuestra desubicación, restaurando la normalidad horaria. De nada estoy más convencido en esta vida de que fracasará. España en bloque, si fisuras, independentistas incluidos, se negará a que anochezca una hora antes. Parece cierto que mejorarían productividad y salud, pero eso no es nada comparado con esos 60 minutos de luz extra en los que vemos una especie de prórroga a nuestras agonías cotidianas. Qué extraordinario civismo significaría regresar a Greenwich y compartir hora con su Graciosa Majestad y los pabellones victorianos de cricket. Pero no lo haremos. Bah, merecemos ser invadidos por el ejército de Gibraltar.

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