miércoles, 30 de abril de 2008

AGAMBEN, EL SACRIFICIO, LO SAGRADO


Giorgio Agamben es un filósofo italiano muy interesante, deudor de la obra de Jacques Derrida y otros del mismo perfil postmetafísico. Me han señalado un texto suyo interesante, Qué es un dispositivo, que incluye unas atractivas reflexiones sobre la cuestión del sacrificio. Ya que unos días hablábamos de René Girard, experto en la cuestión sacrificial, la excusa se presenta sola para citar este fragmento:

"Es posible definir la religión como aquello que sustrae cosas, lugares, animales o personas del uso común y los transfiere a una esfera separada. No sólo no hay religión sin separación, sino que toda separación contiene o conserva en sí un núcleo auténticamente religioso. El dispositivo que realiza y regula la separación es el sacrificio: a través de una serie de rituales minuciosos, según la variedad de las culturas, que Hubert y Mauss han pacientemente inventariado, el sacrificio sanciona el pasaje de algo que pertenece al ámbito de lo profano al ámbito de lo sagrado, de la esfera humana a la divina. En este pasaje es esencial la cesura que divide las dos esferas, el umbral que la víctima tiene que atravesar, no importa si en un sentido o en el otro. Lo que ha sido ritualmente separado, puede ser restituido por el rito a la esfera profana. Una de las formas más simples de profanación se realiza así por contacto (contagione) en el mismo sacrificio que obra y regula el pasaje de la víctima de la esfera humana a la esfera divina. Una parte de la víctima (las vísceras, exta: el hígado, el corazón, la vesícula biliar, los pulmones) es reservada a los dioses, mientras que lo que queda puede ser consumido por los hombres. Es suficiente que los que participan en el rito toquen estas carnes para que ellas se conviertan en profanas y puedan ser simplemente comidas. Hay un contagio profano, un tocar que desencanta y restituye al uso lo que lo sagrado había separado y petrificado.

El pasaje de lo sagrado a lo profano puede, de hecho, darse también a través de un uso (o, más bien, un reuso) completamente incongruente de lo sagrado. Se trata del juego. Es sabido que la esfera de lo sagrado y la esfera del juego están estrechamente conectadas. La mayor parte de los juegos que conocemos deriva de antiguas ceremonias sagradas, de rituales y de prácticas adivinatorias que pertenecían tiempo atrás a la esfera estrictamente religiosa. La ronda fue en su origen un rito matrimonial; jugar con la pelota reproduce la lucha de los dioses por la posesión del sol; los juegos de azar derivan de prácticas oraculares; el trompo y el tablero de ajedrez eran instrumentos de adivinación. Analizando esta relación entre juego y rito, Emile Benveniste ha mostrado que el juego no sólo proviene de la esfera de lo sagrado, sino que representa de algún modo su inversión. La potencia del acto sagrado –escribe Benveniste– reside en la conjunción del mito que cuenta la historia y del rito que la reproduce y la pone en escena. El juego rompe esta unidad: como ludus, o juego de acción, deja caer el mito y conserva el ritual; como jocus, o juego de palabras, elimina el rito y deja sobrevivir el mito. “Si lo sagrado se puede definir a través de la unidad consustancial del mito y el rito, podremos decir que se tiene juego cuando solamente una mitad de la operación sagrada es consumada, traduciendo solamente el mito en palabras y el rito en acciones”.

Esto significa que el juego libera y aparta a la humanidad de la esfera de lo sagrado, pero sin simplemente abolirla. El uso al cual es restituido lo sagrado es un uso especial, que no coincide con el consumo utilitario. La “profanación” del juego no atañe, en efecto, sólo a la esfera religiosa. Los niños, que juegan con cualquier trasto viejo que encuentran, transforman en juguete aun aquello que pertenece a la esfera de la economía, de la guerra, del derecho y de las otras actividades que estamos acostumbrados a considerar como serias. Un automóvil, un arma de fuego, un contrato jurídico se transforman de golpe en juguetes. Lo que tienen en común estos casos con los casos de profanación de lo sagrado es el pasaje de una religio, que es sentida ya como falsa y opresiva, a la negligencia como verdadera religio. Y esto no significa descuido (no hay atención que se compare con la del niño mientras juega), sino una nueva dimensión del uso, que niños y filósofos entregan a la humanidad. Se trata de un tipo de uso como el que debía tener en mente Walter Benjamin, cuando escribió, en El nuevo abogado, que el derecho nunca aplicado sino solamente estudiado, es la puerta de la justicia. Así como la religio, no ya observada, sino jugada, abre la puerta del uso, las potencias de la economía, del derecho y de la política, desactivadas en el juego, se convierten en la puerta de una nueva felicidad".

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Informativo el articulillo, Horrach; aunque en lo personal si quiere saber mi opinión, este tipo de discusiones sobre lo divino, sagrado, rituales, sacrificios, Dios, religión, etc., pertenecen al tremendo “Sentir-Oceánico” anclado en el aparataje “cultural de la producción humana que no es otra cosa más que una ecuación refractaria de un narcisismo-humanamente maligno. No hay nada nuevo que no haya dicho debajo del rió donde ya ha corrido tanta agua sobre el tema. Por otra parte, lo Cierto es que conocer este tipo de cosas culturales corresponde a sensibilizar la cabeza del neófito para que pueda desarrollarse sin mutilar a nadie, cosa imposible como podemos verlo en la actualidad (no faltaba mas véase el caso del carcelero austriaco.
Por lo mismo, porque hay Culturas alimentadas en el “mito-religioso-Oceánico” que bordea lo inalcanzable y desconocido es por lo mismo algo extraviado, esquizofrenico y paranoico ya que modela actitudes humanas. Es algo grosero, exaltado y psicopatico en su naturaleza como sea el caso de mutilarse los cuerpos (cristianos, mahometanos, hindúes, etc.); de cortar y zurcir vaginas (mahometanos, africanos…); de apedrear mujeres adulteras; cortar las manos del ladrón; practicar la pedofília (Nueva Guinea); de establecer una prostituta-colectiva para que el resto de la comunidad de jóvenes y ancianos gozen gratuitamente de la víctima escogida según lo reclama el Dios del grupo o comunidad… (india); de reventarse los cuerpos en medio de un ritual religioso para poseer mujeres vírgenes (concepto de martiriología mahometana), etc., etc., y así se podría nombrar numerosos ejemplo sobre la misma cosa sacrificial. Sin ninguna dudas, estimado Horrach, detrás de todo este tipo de exaltaciones debe existir el “amor-divino” hacia un Culto dirigido o anclado en una personalidad luminosa o algo supra-humano (=profetas?). El sentir religioso, también es otra forma de neurosis sin duda detrimental en lo que respecta la evolución-humana como se puede comprobar en nuestra propia contemporaneidad, derramar sangre sea cristiana, mahometana es rendir culto a lo desconocido, lo Oceanico.

Anónimo dijo...

Olvide decir que soy Agregado el que mando esta opinion.

Anónimo dijo...

No tengo tan clara la afirmación de Agamben: "el juego libera y aparta a la humanidad de la esfera de lo sagrado"

Creo que para esta tema hay que tener presentes las palabras de Girard ("La violencia y lo sagrado" pág. 325) y el importante papel que desempeña en el azar la "arbitrariedad" (pág.326):

"Más notable, y todavía más incongruente, por lo menos aparentemente, es la partida de dados que se desarrolla, entre los indios canelos, en el transcurso de la velada fúnebre. Sólo los hombres participan en ella. Alineados en dos campos rivales, a uno y otro lado del difunto, se arrojan sucesivamente los dados por encima del cadáver. Se supone que lo sagrado mismo, en la persona del muerto, decide la suerte. Cada uno de los vencedores recibe como legado uno de los animales domésticos del difunto. El animal es muerte inmediatamente y las mujeres lo cocinan para un banquete colectivo.
Jensen, que cita estos hechos, añade que los juegos de este tipo no están sobreañadidos a un culto preexistente. Si se dijera, por ejemplo, que los indios canelos "juegan a los dados durante la velada fúnebre de sus parientes" daríamos una idea radicalmente falsa de lo que está ocurriendo. El juego en cuestión no se practica fuera de las ceremonias fúnebres. La idea profana de juego está ausente. Somos nosotros quienes la proyectamos sobre el rito. Eso no significa que el juego sea ajeno al rito; nuestros juegos principales proceden de los ritos. Pero nosotros, como siempre,invertimos el orden de las significaciones. Nos imaginamos que la velada fúnebre es un juego sacralizado cuando, al contrario, nuestros propios juegos no son más que unos ritos más o menos desacralizados. Esto significa que hay que invertir, como ya se ha sugerido, la tesis de Huizinga; no es el juego lo que rodea lo sagrado, es lo sagrado lo que rodea el juego."

"Cuando se permite que la violencia se desencadene, es el azar, a fin de cuentas lo que regula el conflicto. El rito quiere hacer intervenir al azar antes de que la violencia tenga la ocasión de desencadenarse. Se pretende forzar la suerte, forzar la mano de lo sagrado obligándolo a pronunciarse sin más dilación; el rito corre directamente en pos del resultado final para efectuar una cierta economía de la violencia.
El juego de dados de los indios canelos puede ayudar a entender por qué el juego del azar reaparece con frecuencia en los mitos, las fábulas y los cuentos folklóricos. Recordemos que Edipo se proclamó hijo de Tiqué..."

Jaimito

Horrach dijo...

Buenas madrugadas, Agregado. Gracias por su disquisición (por cierto, creo que nunca había leído hasta ahora la palabra 'detrimental'). La tesis de Agamben me parece acertada, y ya avanzo que en Girard la idea es similar: el sacrificio es la herramienta que permite crear la esfera de lo sagrado. Es aquella estructura que en su funcionamiento permite hablar de oposiciones y dualidades. Más allá todavía, la mecánica que está en la base del sacrificio nos permite movernos en la dialéctica suprema que caracteriza a lo humano, aquella que se mueve entre la identidad y la diferencia.

Una cosa es el sacrificio empírico, y otra el mecanismo que lo estructura, y este lo podemos encontrar en todos los ámbitos de lo humano. En la filosofía, por ejemplo. Derrida sabe mucho de esto.

Hola a usted también, Jaimito. Sobre lo del juego: yo lo entiendo como ese momento en el que ya se ha desvinculado el juego de su causa sacrificial, por lo que pierde su naturaleza sagrada que le era inherente en un principio. El juego, aunque conserve una mecánica sacrificial, desvinculada de ese origen pierde fuerza sagrada ys e arroja en manos de lo lúdico.

Lo del azar: el mecanismo sacrificial es bastante determinista, eso sí, una vez llegados a un punto del que ya no se puede volver. Lo del azar lo veo en todo el proceso, de corrte mimético, que tiene que ver en el desencadenamiento de la parte final del proceso sacrificial. En ese momento, desde luego, el azar juega un papel importante.

buenas noches a todos

phiblógsopho dijo...

Muy interesante Agamben, Horrach. He leído Lo Abierto. Del que no conocía casi nada era de Girard hasta que conocí tu blog. Parece haber una suerte de consenso filosófico actual en cuanto al interés por la antropología. Sobre todo si sumamos a Sloterdijk.

Saludos

Horrach dijo...

Hola Phiblogs, ¿cómo va todo?

Yo con Agamben de momento no puedo pronunciarme (igual que con Sloterdijk), porque sólo he leído cosillas sueltas. Tengo por casa 'Lo abierto' (y otros dos libros suyos editados por Pre-Textos), pero todavía no he podido leerlo (antes me faltan demasiadas obras de Hegel, Heidegger, Kant,...). Parece un autor interesante.

Girard: el tito René no es exactamente filósofo, es más bien un pensador interdisciplinar, un poco en la línea (salvando diferencias) de Harold Bloom o Steiner. En su caso la antropología juega un rol deceisivo, ya desde su 'La violencia y lo sagrado'.

saludos

Pau Llanes dijo...

lo que hace al juego divino es compartir... lo que hace al juego humano es competir... Play it by trust, dice mi maestra Yoko y yo obedezco... Abrazos (le leo, Horrach, aunque no le comente de vez en cuando)... pau

Horrach dijo...

Buenas, Pau. La verdad es que le tengo que decir lo mismo: le voy leyendo, aunque no suela comentar en su blog. A veces porque no tengo nada que decir (su erudición en ocasiones abruma, amigo) y otras pasmado por tanta ctónica que se pasea por su escondrijo.

shalom

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