martes, 16 de enero de 2007

VÍCTIMAS DE ETA Y DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA


En la breve historia de la democracia española pocas cosas sorprenden tanto como la tibieza mostrada por nuestra sociedad ante el terrorismo de ETA y la falta de solidaridad con las víctimas de esta banda. En una situación de ataque sistemático por parte de los terroristas contra el nuevo sistema democrático inaugurado en 1978, los españoles han vivido en cierta manera de espaldas a esta realidad, siendo su compromiso con las víctimas escaso y minoritario, obligándolas a sobrevivir en el desprecio, totalmente desasistidas. Y es que para demasiada gente la violencia ejercida por ETA ha sido en realidad el síntoma de un problema político, y no el problema mismo. La prensa y gran parte de la intelectualidad española, en su condición de creadores de opinión, tienen una porción de culpa en esta situación de anomia moral. Esta falta de sensibilidad hacia las víctimas ha sido para ellas como una segunda muerte, y es por ello que su lucha se ha visto doblemente perjudicada, pues a los ataques infligidos por ETA se ha añadido la brega por el propio reconocimiento social, por salir de la invisibilidad a la que las condenó nuestra sociedad.

¿Por qué hasta 1997, 22 años después de la muerte de Franco, la mayoría de los españoles percibía los atentados de ETA con resignación flemática y no se manifestaba abiertamente a favor de las víctimas? Este desinterés llama más la atención si lo comparamos con la gran movilización que provocaron durante la Transición los asesinatos de la extrema derecha (como es el caso de los abogados laboralistas de Atocha), o el golpe del 23-F. En esos años ETA mataba más que nunca, pero eso no motivó ninguna reacción similar a las citadas[i]. La mentalidad sólo empezó a cambiar cuando la banda terrorista modificó el perfil de sus víctimas asesinando a su primer político, Gregorio Ordóñez [ii]; y la nueva dinámica se consolidó cuando Miguel Ángel Blanco fue secuestrado y ejecutado en un suceso que sacudió las conciencias adormecidas de todo el país[iii]. Hasta ese momento ETA había conseguido de la sociedad española una legitimación de facto gracias a la interiorización latente de que se vivía un ‘estado de guerra’ y no un ataque contra las libertades por parte de los criminales. Como recuerda Patxo Unzueta, “el terrorismo mide su avance no tanto por las adhesiones que consigue como por las posiciones que abandonan los demócratas”. Mi tesis es que esta situación de anestesia moral sólo se transformó cuando las víctimas empezaron a ser personas que la sociedad española no percibía como culpables. Los militares y los policías de la España democrática llevaban sobre sus cabezas el signo de una culpabilidad heredada, una responsabilidad por la existencia del régimen de Franco. Sólo el asesinato de individuos en los que no se percibía ningún significado culpabilizador cambió las cosas, ocasionando una respuesta civil en contra del terrorismo y de sus objetivos políticos. Lo paradójico es que este grupo cuya muerte alteró la sensibilidad de los españoles, es decir, el formado por políticos, periodistas, jueces, etc., sólo representa al 4 % del total de las víctimas de ETA (hasta 2001)[iv]. Es decir, mientras ETA mataba a los miembros de las fuerzas de seguridad del Estado, que representan el 58’5 % de las bajas, o a civiles (37’5 %)[v], la respuesta moral del pueblo español fue casi inexistente. La sociedad únicamente se movilizó cuando las víctimas escapaban a este perfil demonizado, tanto por ETA como por la propia sociedad española, dado que ambos han compartido el mismo criterio de culpabilización sacrificial. Las víctimas ‘inocentes’ son las asesinadas a partir de 1995, cuando ETA cambia de estrategia[vi]; y las ‘culpables’, las anteriores, con la excepción de los civiles, víctimas ‘colaterales’ del conflicto, las únicas que recibieron muestras de solidaridad, como es el recordado caso de Irene Villa. Los asesinados por el terrorismo etarra en España han sido de dos categorías opuestas: ‘buenas’ y ‘malas’, de ‘primera’ y de ‘segunda’, ‘demócratas’ y ‘franquistas’. La sociedad ha demostrado con creces que no reacciona de la misma manera contra toda violencia; lo hace sólo según el perfil de víctima escogido por los terroristas. Lo que esto revela es que las víctimas de ETA también lo han sido de la propia sociedad española, que hasta 1997 les dio mayoritariamente la espalda.

¿Por qué nuestro país se ha comportado de esta manera tan indigna? Si tenemos en cuenta que el lenguaje sociopolítico sobre el que se ha articulado la realidad contemporánea española es el ‘antifranquista’, no debemos olvidar lo que Albert Boadella denominó su “pecado original”, que consiste en no haber sido capaz de derrocar a Franco en vida, esperando que se muriera de viejo en la cama tras una larga agonía. Este tipo de episodios tan poco heroicos suelen ser disimulados en los relatos oficiales del antifranquismo, porque esta culpa originaria, nunca asumida como tal y desviada sobre convenientes chivos expiatorios, ha hecho mucho daño a nuestra democracia. Demasiadas veces se olvida que España fue un país mayoritariamente franquista hasta el último día de vida del dictador, lo que obligó posteriormente a determinados personajes con biografías discutibles a un severo lavado de cara (no tanto de conciencia)[vii]. Decididamente ha funcionado lo que Jean Améry llamó “la desobediencia retrospectiva”, es decir: inventarse una historia que no fue la real, proyectar en el presente determinadas sombras del pasado y, sobre todo, enfrentarse a una realidad democrática de una manera a la que pocos se atrevieron no hace tanto contra un estado dictatorial[viii]. Dicho ejemplo de lucha retrospectiva se plasma claramente en la retórica antifranquista, que paradójicamente se consolida ya en democracia, nunca durante la misma dictadura. Su discurso político-social sirve para describir una realidad que no es precisamente la contemporánea, sino la comprendida entre 1939 y 1975, y este desfase cognoscitivo que pretende tener una (falsa) voluntad compensatoria ha acabado generando una serie de distorsiones en nuestro tejido social y político que son las que nos permiten entender por qué la sociedad española no se enfrentó a ETA hasta 1997[ix]. Había una ‘mancha moral’ en la conciencia de la mayoría de españoles y esa mancha ha pretendido lavarse con la sangre de las víctimas.

Todo adversario[x] es un modelo del que siempre acabamos asimilando miméticamente, es decir, de forma inconsciente, algunos de sus rasgos, por lo general los más negativos. Una de esas características incorporadas del franquismo por sus enemigos retrospectivos consiste en la demonización semántica del oponente, aspecto éste que en democracia se ha articulado alrededor de la denominación “facha”, palabra insultante y excluyente que ya ha acabado perdiendo todo su significado original. Hoy día, ‘facha’ ya no se refiere al irredento reaccionario opuesto a la democracia y a cualquier tipo de modernización, sino simplemente a quien no simpatiza con una ideología standard de izquierdas[xi]. De la misma manera, el concepto “rojo” durante el franquismo tampoco se refería al marxista-leninista defensor de un proyecto revolucionario, sino a quienes simplemente no comulgaban con el nacionalcatolicismo oficial. En los dos casos podemos encontrar una misma voluntad persecutoria del que no respalda una forma determinada de entender el mundo. ‘Rojo’ y ‘facha’ no son más que conceptos de adhesión tribal que definen al círculo sectario por oposición a un Otro demonizado. La finalidad, en ambos casos, es alcanzar la unanimidad y la clausura del sentido”[xii].

España ha demostrado con creces ser un país con síntomas maníacodepresivos, que ha pasado sin apenas transición de estar entregado 40 años a una dictadura de extrema derecha a adoptar posturas radicalmente antagónicas poco después de aprobada la Constitución de 1978. Podemos intentar entender este problema enfocándolo como una cuestión de paradigmas: parece como si los españoles nos hubiéramos acostumbrado a vivir exclusivamente dentro de esquemas de pensamiento blindados y gregarios, de un programa totalizado que da respuesta a cualquier cuestión, lo que al cambiar el contexto político y social provoca el éxodo ideológico de millones de personas en un breve espacio de tiempo. A esta inestabilidad de pensamiento (que revela una falta de bagaje democrático), a nuestra dificultad para vivir con esquemas mentales abiertos y no clausurados, se debe nuestro desestructurante relativismo moral con respecto a todo lo que rodea al terrorismo de ETA. Otra de las consecuencias de este efecto pretendidamente compensatorio es la culpabilización a la que se ha sometido a la derecha democrática, considerándola como la heredera del franquismo. El Partido Popular es un partido tan criticable como cualquier otro, pero no es la extrema derecha[xiii]. Entre otras cosas se olvida que, mientras ETA ha matado infinitamente más en democracia que durante la dictadura[xiv], el PP precisamente ha sido el partido que cuenta con más miembros asesinados por la banda armada[xv]. Pero para el antifranquismo retrospectivo basta sólo con oponerse al PP y a otras supuestas “reliquias franquistas” para poder disfrutar del liberador carnet de presunto demócrata. Todo este delirio enfermizo de culpas desplazadas, agravios inventados y realidades manipuladas, nos ha llevado a tolerar una realidad, la galvanizada por ETA y el nacionalismo independentista, que ningún otro país democrático normal habría soportado durante tanto tiempo.

Otro aspecto instaurado en la sociedad española por la retórica antifranquista es la equidistancia, en cuyo seno se ha mantenido moralmente, siendo sus actitudes más acusadas la cesión y la renuncia. A las víctimas de ETA se las ha ninguneado durante lustros, y lo peor es que se las sigue atacando hoy en día sólo por ser víctimas. Su presencia incomoda, intranquiliza la buena conciencia de personas que han obtenido ésta a costa de vender su dignidad. Hasta hace bien poco las historias de las víctimas, incluso sus mismos rostros, eran invisibles en la prensa española, permanecían expulsadas del foco de atención; sobreviviendo en el olvido, eran sólo un número y padecían su condición vergonzante casi en la clandestinidad. Hoy en día, a pesar de la presencia y visibilidad que han conseguido gracias al ‘espíritu de Ermua’, todavía muchos sectores políticos y mediáticos les niegan protagonismo, con el peregrino argumento de que las víctimas no pueden ser agentes políticos, olvidando que ese derecho sí se lo conceden, de forma delatadora, a sus verdugos de ETA y Batasuna. No se trata de que las víctimas siempre tengan razón, no es eso; simplemente se trata de que puedan hacer oír su voz, la cual, en contra de lo que aseguran determinados sectores, no se caracteriza precisamente por la radicalidad, pues hay poco de radical y sí mucho de justo en exigir el fin de ETA sin cesiones políticas a cambio. Porque en este país de memoria tan frágil e interesada ya hemos olvidado, si es que alguna vez hemos llegado a ser conscientes de ello, que las víctimas de ETA son las únicas que nunca se han vengado de sus verdugos. Su ejemplo moral ha sido heroico, pero si se han visto obligadas a ser héroes es porque el resto de la sociedad las abandonó a su suerte. Mario Onaindía, antiguo miembro de ETAp-m, condenado a muerte en el famoso proceso de Burgos y convertido a la democracia tras su paso por la cárcel, era muy consciente del papel sacrificial que han desempeñado las víctimas del terrorismo: “las víctimas, sobre todo las fuerzas de orden público y los militares, han sido quienes han defendido nuestros derechos, interponiendo sus cuerpos entre las bombas asesinas y nosotros y nuestros derechos. Sólo del reconocimiento de ese sacrificio podremos construir entre todos una democracia fuerte y vigorosa por la que merezca la pena morir, porque merece la pena vivir”[xvi].

[i] Según datos aportados por Cristina Cuesta en su libro Contra el olvido, entre 1978 y 1980 ETA asesina a 239 personas. Los crímenes de la extrema derecha fueron mucho menores en números.
[ii]Otros políticos asesinados a finales de los 70 y a principios de los 80, la mayoría de UCD, fueron tiroteados por ETAp-m.
[iii] De ahí lo que se conoció como ‘el espíritu de Ermua’.
[iv] Datos aportados por Ignacio Sánchez Cuenca, en su ETA contra el Estado (pág. 256), sobre un total de 825 víctimas.
[v] Recordemos que un gran número de víctimas civiles mantenían algún tipo de vínculo, sobre todo familiar o laboral, con las fuerzas de seguridad del Estado.
[vi] Estrategia fruto de la ponencia Oldartzen, que lanza el lema de la “socialización del sufrimiento”, es decir, el ataque a todo el tejido de la sociedad española, no sólo a las fuerzas de seguridad.
[vii] El caso más sangrante probablemente sea el de Juan Luis Cebrián, actual nº 2 del Grupo Prisa y Académico de la Lengua, que en su momento llegó a dirigir los informativos de la televisión de Franco.
[viii] Algo similar sucedió en la Alemania post-nazi, incapaz también de reconocer el peso de su culpa durante la dictadura de Hitler.
[ix] Por ejemplo, cierta deslegitimación del sistema actual, lo que favorece los intereses de ETA y de todo el nacionalismo independentista.
[x] La palabra ‘adversario’ es una de las posibles traducciones del término hebreo ‘Satán’. Satán es el seductor cuyas maneras imitamos cuando pretendemos enfrentarnos a él.
[xi] Tercermundista, propalestina, antiamericana, feminista, defensora de los nacionalismos, etc.
[xii] Sobre la vocación totalitaria de la unanimidad me remito a mi artículo sobre Dogville, en esta misma revista (nº 4).
[xiii] España es uno de los pocos (si no el único) países de la Unión Europea en el que la extrema derecha carece de representación parlamentaria.
[xiv] Según datos recogidos por Cristina Cuesta, ETA asesina entre 1968 y 1978 ‘sólo’ a 72 personas; en cambio, entre 1978 y 1987, años ya plenamente democráticos en los que se aprobó la Constitución y el Estatuto de Gernika, las víctimas alcanzan la cifra de 526.
[xv] El segundo en este tétrico ranking es el PSOE, mientras que el resto de partidos no tienen a ningún miembro asesinado por ETA.
[xvi] Del artículo de Onaindía La cultura de la Transición, incluido en el libro colectivo ¡Basta Ya! Contra el nacionalismo obligatorio (Ed. Aguilar, 2003).

('disección' publicada en la revista Kiliedro, nº 7)

31 comentarios:

Anónimo dijo...

Joer, en este formato no hay quien lo lea. Chueta

jarttita dijo...

Horrach: las víctimas nunca son causales, sino casuales. Pasaban por allí. No tienen voluntad de servicio público.
El hecho de que la conciencia colectiva se movilice al peso ( cantidad de víctimas por metro cuadrado) y que nuestros " políticos" empiecen a ser tiroteados es otra manifestación de lo que en politología se denomina, "inclusión en la agenda pública". En la medida en que las víctimas tienen mayor repercusión y capacidad de influencia en el estamento que define lo que "debe" preocupar al pueblo, así pasa.
Yo tengo posturas encontradas en este tema, o mejor dicho, no tengo claro la postura correcta. Pero en mi humilde opinión, las víctimas deben ser escuchadas, pero no dotadas de capacidad de influencia política ( para lo cual está la democracia, con sus altibajos: el voto). La democracia debe resolver los problemas, y no dotar a las víctimas de un peso que hacen que el " problema" de eta se considere un asunto político. Se vota, no se mata.
La solución , la desconozco. Pero no me gusta que mi ex profe Agapito se siente en la tribuna de invitados junto a los presidentes autonómicos. No me gusta nada.

He dicho!.

................................

Doctor, ha leído mi post protesta sobre lo ctónico?. (La honrada y la odiada, se llamaba). Se lo digo porque me parece justo. He de decir que era su primer artículo ctónico, y entonces no tenía usted blog. Con el paso del tiempo.....me ha ido produciendo cierto nivel de ternura el concepto. Aunque sigo sin estar de acuerdo).
Un beso.

El Pez Martilllo dijo...

¿Qué le ha pasado a las fuentes?

Siempre me ha llamado la atención ese cambio en la estrategia de ETA que se produjo básicamente en los años 90 (asesinando a cargos políticos más que a miembros de las fuerzas de seguridad) y el consiguiente cambio en la respuesta que dio la sociedad. Pienso que en ello hay un reconocimiento por parte de ETA de la consolidación democrática de España, en la que los poderes no están tanto en las fuerzas policíaco-militares como en los partidos políticos y en el pueblo soberano (de ahí eso de la extensión del sufrimiento a la sociedad). Paradójimanente, ETA certifica la madurez democrática de España. Desde el momento en que en última instancia, los cargos políticos emanan de la decisión popular, la sociedad ha visto en el ataque a sus cargos una amenaza directa, a la que ha intentado responder. A pesar de ello, me escama mucho la actitud de los partidos en todo esto , intentando traer y llevar a la gente. Es eso que he dicho en otras partes del intento de secuestro de la sociedad por parte de los partidos políticos. De ahí los constantes intentos de mostrar a los demás y a sí mismos la fuerza de sus convocatorias (creo que tenemos ejemplos más que recientes y sonados sobre esto). Al final, la lógica asesina de los terroristas, en el ansia fagocítica de los partidos acaba por ser integrada en ellos. Desde este punto de vista: ¿alguien se cree que alguien quiera terminar con ETA? (tira y afloja de treguas y rupturas, tensiones entre gobiernos y oposición, manifestaciones y contramanifestaciones, fagocitosis también de las víctimas ¿quién utiliza a quién?¿ETA a la clase política o la calse política a ETA?). No debería haber leído a Maquiavelo y me estoy desviando del asunto, que son las víctimas (hasta tal punto está embrollado el asunto que casi sin darnos cuenta la cosa se va hacia otros derroteros).

De acuerdo con eso de las víctimas de primera y de segunda, y con la explicación que usted da sobre porqué las víctimas de hace unos años eran menos víctimas que las más recientes (esa frase que tanto hemos oído, e incluso dicho: "algo habrá hecho"). De todos modos la condición víctima es pasiva para nosotros, nos vienen dadas. ETA es la parte activa en todo esto, es la que decide quién es víctima y las razones que tiene para ello (razones enfermas, criminales, despreciables y todo lo que se quiera, pero dentro de su lógica razones al fin y al cabo).

Para finalizar, repito una reflexión que ya hice en otro comentario anterior. La valentía en la lucha es inversamente proporcional a la percepción de la amenaza. Los aspavientos (a menudo tengo la sensación de que son sólo eso) y discursos contra ETA se hacen más intensos cuanto más debilitada se siente a la banda. Y eso empieza a ocurrir a partir de mediados de los 90, momento en el cual el pueblo sale escudado en los portadores de pancarta, que no siempre, pero en muchas ocasiones son los que viven directamente con la amenaza y teniendo que llevar escoltas.

De momento ya he dejado elementos suficientes para la discusión. Sospecho, amigo Horrach, que esta entrada tendrá muchos comentarios, así que ya iremos profundizando y enriqueciendo.

Saludos.

Horrach dijo...

Jarttita,

no, no había leído el texto que dices, pero lo haré hoy mismo, que tengo mucha curiosidad.

Sobre mi artículo, con el terrorismo casi todas las víctimas son 'causales'. Piensa que los terroristas buscan fines políticos y que en base a ellos asesinan. Cuando matar militares y policías no les aportaba beneficios, en 1995, con la ponencia Oldartzen pensaron que matando políticos y gente influyente de los medios de comunicación la cosa podría cambiar a su favor. No, las víctimas del terrorismo nunca son 'casuales'. Aunque otra cosa es sacralizar a esas víctimas, pero yo no pido eso, simplemente me limito a diagnosticar lo que ha hecho este país con ellas hasta ahora.
Por el tipo de tesis que hago, y por mi forma de pensar y de ser, detesto que a la gente se le de o le quite la razón en base a sus circunstancias personales, y no por su capacidad de juicio. Por eso no creo que a las víctimas se les deba dar la razón por sistema, pero tampoco lo contrario. Y si quieren tener voz en política, pueden hacerlo cumpliendo los mínimos que exige el sistema actual, porque lo que más detesto de todo este 'proceso' es que se dé esa voz política a ETA-Batasuna y se la niegue a las víctimas. Respondiendo a lo que dices, creo que 'influencia' política sí pueden tener las víctimas, pero no 'omnipotencia'.

Quiero aclarar que no estoy de acuerdo con la manera de llevar la AVT que tiene Alcaraz, pero menos me gustan las formas de nuestro presidente (ese tripe lapsus suyo sobre los "accidentes mortales" es demasiado delatador).

Sobre este tema, y por los motivos que explico en el artículo, tengo la convicción de que si ETA en lugar de ser de extrema izquierda fuera de extrema derecha (es decir, fuera una especie de batallón Vasco-Español o de Guerrilleros de Cristo Rey, salvo el infame Blas Piñar nadie en España estaría de acuerdo en que el gobierno negociara con ellos. La ideología no puede ser un criterio para negociar o no con una banda terrorista.

Pero bueno, seguiremos con este debate, a ver si se anima más gente (abstenerse sectarios y chapetados de uno y de otro bando).

Saludos, Jarttita.

jarttita dijo...

NO Horrach, no estoy de acuerdo: los terroristas no buscan fines políticos, sino económicos. El error, y el acierto de ellos, es que los identifiquemos como tal.De ellos o de quienes los rodean, o manejan..casi.

Yo no estoy de acuerdo ni estaré nunca con que ninguna asociación tenga influencia política. Para eso estan los partidos políticos. La víctima que quiera hacerlo, que lo haga a través del sistema. Que no les quito su dolor, que es un poco el de todos nosotros, pero lo cortés no quita lo valiente. El problema vasco es un problema económico, no político. O político-económico, como mucho.
De ZP, ni hablamos, por supuesto que lo está haciendo fatal en esto. Y el pp igual. Mientras no exista voluntad política/personal de hacer las cosas bien, o puedan sacar rendimiento en las urnas..seguirán fagocitando( me ha gustado el término pezmartillo). Lo cual es como para revolver las tripas a cualquiera.

Horrach dijo...

Pez, los etarras justificaron su cambio de estrategia en 1995 por la imposibilidad de derrotar al Estado atacando a las fuerzas de orden. En partem, querían provocar un golpe de estado militar (cosa que sucedió el 23-F). Matando políticos buscaban que los que sobrevivieran, acojonados con la perspectiva de ser los próximos, movieran ficha para solucionar el conflicto mediante la negociación, es decir, al gusto de ETA. Con algunos políticos les salió bien, como es el caso de algún miembro del PSE. A otros, como no cedían, los asesinaron, como es el caso de otro miembro del PSE, Fernando Buesa, o el mismo Ordóñez, del PP.

Lo de la 'madurez democrática' no lo tengo muy claro. ¿Cree que hemos madurado?

Muy bien visto eso del "algo habrán hecho", que se comentaba sobre todo en el País Vasco, y significaba una 'segunda muerte' para las víctimas.

Totalmente de acuerdo en que la crítica es inversamente proporcional a la dimensión de la amenaza: cuando ETA más mataba sólo protestaban cuatro gatos y nadie les hacía caso. Por lo mismo, cuando ETA haya desaparecido los mismos que ahora detestan a la AVT serán los mismos que la sacralizarán, cuando ya no haga falta. Es exactamente lo mismo que ha pasado con el franquismo. Los españoles hemos demostrado ser muy comodones y movernos a favor del viento.
Saludos y hasta pronto.

Horrach dijo...

Por cierto, Jarttita, ¿quién es tu ex profe Agapito? ¿Agapito Maestre?

jarttita dijo...

jajajajaja, sí. Antes de ser famoso. Un semestre de filosofía de las ciencias sociales.

Horrach dijo...

Tal vez fuera buen profe, pero por lo que le he leído en artículos y demás no me gusta demasiado. Sus análisis no son precisamente muy objetivos.
Por cierto, creo que otro alumno suyo fue el popular Carlos Aragonés.
Bueno, luego te contesto a tu texto anti-ctónico.

jarttita dijo...

No, no era buen profe. Pero ligaba mucho. Para una persona que tiene un libro llamado " El poder en vilo", apostando por la sociedad civil..el sentarse en la tribuna de invitados no deja de ser una incoherencia.

Haberlos, haílos!!.) Un dicho muy suñero.

Un beso.

El Pez Martilllo dijo...

Lo que dice usted y lo que digo yo sobre el cambio de estrategia en ETA no va tan desencaminado. En cuento vieron que no conseguían lo que querían con las fuerzas armadas (que, en última instancia obedecían a las instancias políticas), se pasaron a asesinar al poder efectivo, que era del que pensaban que podían sacar algo más. En ese sentido hablo de la madurez democrática (en el de que parece que todo está sometido a la ley, incluso los que en otros tiempos tendían a salir a la calle a "salvar al país"). Evidentemente, nuestra democracia tiene sus defectos, y muy a menudo uno duda de que sea madura, incluso de que sea democrática.

Dianoia dijo...

(Hola de nuevo).

J. A. Montano dijo...

Gran artículo! Tres hurras por Horrach! O mejor, tres horrachs directamente: Hip hip, horrach! Hip hip, horrach! Hip hip, horrach!

Horrach dijo...

Saludos a la felizmente renacida Dianoia.


Y gracias a Montano por su entusiasmo. Si quieres aportar algo al debate, José Antonio, éste es el momento.

Jarttita: ¿¿el señor Maestre ligaba mucho?? Esto confirma mi tesis sobre las ctónicas... :-)

Horrach dijo...

Pez Martillo,

creo que fue en un Zutabe donde ETA explicaba que buscaba un efecto psicológico en los políticos que se veían obligados a acudir a los entierros de sus compañeros. Estar ahí frente al féretro y pensar que uno podía ser el siguiente es todo uno, y eso es lo que buscaba ETA, que para evitar ser asesinados, algunos políticos importantes cedieran en las negociaciones con la banda.

Sobre la 'madurez democrática', por cosas que digo en el artículo creo que nos falta para poder alcanzarla. Para tratar de compensar en algo los años de franquismo se han dignificado cosas que no tienen ninguna dignidad. Por ejemplo, a nivel político, el nacionalismo vasco y catalán, en sus diferentes versiones. O que Batasuna haya sido un partido legal durante 2 décadas, apoyando claramente a ETA y a sus crímenes. Esto, en países como los socialdemócratas (Suecia, Holanda) sería impensable, y una rata como Otegui estaría en la cárcel. Pero resulta que va a ser verdad eso de 'Spain is different' (aunque yo prefiero la formulación de los Privata Idaho: 'SPAIN IS PAIN').
Saludos.

Melò Cucurbitaciet dijo...

Horrach, primero, reconocerle el mérito de meterse en el estudio de un asunto tan sórdido, muy bien.

Creo que también hubo algo relacionado con esa inmadurez democrática que fue determinante en esos años de sociedad dormida. En lo que yo recuerdo era una sociedad asolada por varios males bastante temibles, entre ellos un desempleo atroz y la emergencia del nuevo fenómeno de la adicción a las drogas, fundamentalmente heroína, después vendría el Sida.
Pero, en cuanto al terror de Eta, creo yo que había entonces un mensaje bastante extendido: se creía que la democracia, por su mera existencia, haría desaparecer el terrorismo. De sobra se sabía, y con más claridad antes, que Herri Batasuna era Eta, pero se creía, con una candorosa inocencia democrática, que a base de participación en las instituciones, en ayuntamientos, en parlamentos autonómicos, en foros de toda naturaleza... etcétera, en definitiva, que gracias a las palabras y al diálogo, gracias a profundizar en la democracia Eta desaparecería por ensalmo. Y creo que buceando en lo que se decía entonces pueda encontrarse esta convicción que ante el terror solo tenía un mensaje, aguantar, y que vestía a la representación política de los etarras de una especie de santidad, era el instrumento que les llevaría a la paz.
Creo que esa convicción decayó, y desde luego me parece muy acertado que fije el punto de inflexión en las muertes de dos jóvenes del partido popular. Remarco este dato, su juventud. Eran indiscutiblemente los primeros hijos de la democracia asesinados por Eta.

Por otro lado, veo a Jartitta merodeando por los lindes de la teoría del Victimato. Sin entrar en ella, lo peor de esta "doctrina" es el ataque a las víctimas del terrorismo, que sirva para posicionarse frente a ellas. Diré simplemente que en las ciudades del norte de España donde han muerto cientos de ellas, no hay placas, no hay calles, no hay monumentos, no hay memoria. Cierto es que en los últimos años cambió algo, y dos o tres han sido reconocidas.

No obstante, tampoco creo que Alcaraz acierte en su cometido.

Anónimo dijo...

Ahora sí te puedo leer Horrach. Magnífico artículo y muy iluminador. ¿Qué te pareció articulo de la semana pasada de Capo sobre el tema en Diario de Mallorca? Iba en un linea muy similar, ¿no? A mi me gusto mucho uno de Juarista en el ABC del sabado. Chueta

jarttita dijo...

No Meló, ni mucho menos.Todo lo contrario: lo que no me gusta es que el tema se utilice para comprar votos; por ninguno de los partidos. Y no me parece bien conceder alguna clase de ventaja política a ningún grupo de presión, se llame como se llame. La víctima que quiera "hacer" política, que lo haga a través de un partido político.De un voto. El que sea, pero no a través de una asociación. El estado debe ser laico, siempre.

Horrach dijo...

Chueta, siento lo que sucedió ayer. No estaba frente a mi ordenador habitual y monté la entrada desde el Explorer (desde allí se veía bien), y no fue hasta la noche cuando desde el Mozilla me di cuenta del estropicio con las fuentes.

Con Capó estoy un poco mosca. Es alguien a quien leo y de quien colgué algunos artículos suyos en el blog de Arcadi. Pero Capó fusiló en su columna del Diario de Mallorca mi reflexión sobre la unanimidad en el Talmud (del artículo sobre Dogville) y ni hizo mención de donde lo había sacado. Un poco feo, ¿no? Pero bueno, sigo leyéndolo.

A Juaristi lo leí, y es un autor del que he aprendido bastante en el tema del nacionalismo vasco y la percepción del terrorismo de la sociedad española.

Shalom!

Horrach dijo...

Las ideas principales de este artículo ya las utilicé hace unos 3 años para un trabajo de doctorado con JL Luján en la UIB. Lo digo porque hoy he podido hablar con él y me ha hablado de pueblos vascos que desprenden (o desprendían) un clima opresivo e intimidante en favor de los etarras. El que más impacto le provocó es Rentería, donde recuerda que en la plaza del pueblo estaban colgadas enormes fotografías de sanguinarios miembros de ETA.
Yo nunca he estado en el País Vasco.

Horrach dijo...

Jarttita, no estoy de acuerdo. Una cosa es que se abuse, pero no veo el motivo para impedir que grupos no políticos demuestren públicamente opiniones políticas, sobre todo en temas que les afectan de lleno, como es el caso de las víctimas de ETA. Me pongo en su piel y entiendo que la mayoría estén alucinadas con la manera que tiene de desarrollarse 'el proceso'. Y, como digo en el artículo, no están pidiendo ninguna salvajada. El día que exijan matar a los etarras o prohibir el nacionalismo, les retiraré mi apoyo (matar y prohibir son los lemas de Batasuna y tiene creo que son unos 200 mil votos en Euskadi).

Además, muchas víctimas ya hacen política 'desde' la política, pues recuerdo que ETA mata políticos desde 1995 (bueno, políticos del PP y del PSOE, que los demás no están muy enemistados con ETA, precisamente). Es imposible que el PP y el PSOE olviden a sus muertos cuando tocan el tema del terrorismo. Por tanto siempre habrá pòlémica en este tema hasta que ETA no haya desaparecido del todo (ella y sus efectos).

Saludos.

Horrach dijo...

Hola Melò, y gracias. Recojo su primer apunte, que me parece muy oportuno y revelador, y es que, a pesar de no vivir aquella época más que por lecturas (nací en el 77), también me quedó esa impresión del poder casi taumatúrgico que los españoles depositaron en la democracia, que por sí sola debía solucionar todos los males. Esta actitud infantil ha tenido efectos tremendamente perjudiciales, pues incentiva el desistimiento, y ETA, junto a todo el nacionalismo, se ha beneficiado de ello para crecer y desarrollarse.
Pero creo que todavía está muy presente esta mentalidad 'mágica' en España, basta ver cómo se ha tratado el desarrollo del 'proceso' en los medios, cómo el voluntarismo ha sustituido al análisis. En el fondo del miedo a acabar con ETA está la misma vergüenza ante la propia culpa que llevó a tanta gente a inventarse su biografía tras la muerte de Franco. El fin de ETA permitiría que el velo que nos ha cegado durante tantos años cayera de nuestros ojos, de modo que demasiadas actitudes cuanto menos discutibles se verían con mayor fuerza. Y demasiada gente tiene cosas de las que arrepentirse. Acabar con ETA significaría, creo yo, un cierto encaramiento con la realidad que desde la muerte de Franco se ha intentado evitar. No es sólo acabar con una banda terrorista, sino con una retórica, un lenguaje, una manera de ver y sentir el mundo, y eso todo lo complica.

Saludos.

jarttita dijo...

Ya....entiendo tu postura, y estaría de acuerdo en su esencia, pero no en la forma. Y comprendo que es, o puede ser, una deformación profesional, pero mi opinión es que la vía democrático/representativa es la adecuada para pedir todo lo que se quiera, y que en el fondo ( y digo ahora mismo, no digo antes) se está instrumentalizando por los partidos ( pp, psoe, nacionalismo vasco, el que sea) tanto a las víctimas como a la propia eta ( descabezada, sin rumbo) para coseguir aquello, que, por falta de valentía ante los ciudadanos, no se atreven a pedir. Creo que falta una voluntad real de todos, para acabar el problema, y al final todos resultan marionetas de una ( pseudo) política sin mayúsculas. No creo que beneficie, en absoluto, convertir a las víctimas en un Lobby de presión. Yo no quiero una democracia así.no creo que sea bueno para las víctimas, en absoluto, porque es conferirles una falsa representatividad que no han alcanzado jurídicamente.

Me he quedado pensando lo de Meló....no era mi intención acaparar una postura antivíctimas, sino todo lo contrario: que no crezca su número. Lamento haber causado dicha impresión.

jarttita dijo...

Es que en realidad el problema es que con lo que no estoy de acuerdo es con el concepto de ETA como una fuerza filosófico/pensante/independentista.....quizás en un primer momento, y digo quizás, ni siquiera estoy segura. Para mí la " lucha" se reduce a concesiones económicas en última instancia, y nunca aceptaré que la muerte de nadie lo justifique.

Ains.., cuanto he escrito, no?

Horrach dijo...

Jart,

ya dije ayer que no estoy de acuerdo con las maneras de Alcaraz a la hora de representar a la AVT. Pero lo que no se puede pedir en España (Spain is pain), después de que hasta las asociaciones más estrambóticas se manifiesten por las calles y exijan tener voz en política (lo más chocante, al menos para mí, son los de la peña del cine), es que las víctimas de ETA se queden en casa. Al final la política no la pueden dirigir ellas, en eso estamos de acuerdo, pero tampoco hay que cerrarles vías de expresión, sobre todo cuando no las han tenido durante décadas.
Saludos.

Horrach dijo...

Jart,

para ti y para mí, matar no es justificable, pero a la peña de ETA no les parece mal. Tienen sus fines y su estrategia se mueve en base a ellos. Hoy lo hablaba con Pez Martillo en la UIB: pueden equivocarse de estrategia, pero siguen una para alcanzar sus fines.

Mucha gente cree que con pasta se arregla todo, incluso con el tema del independentismo, pero yo no estoy de acuerdo. En parte sí puede arreglarse, pero no hay que olvidar que el hombre no sólo vive de eso, sino también de creencias, y muchas veces estas se defienden con más fuerzas en contexto poco 'opresivos', como sucede en Euskadi. ¿Cómo se explica sino que la sociedad tan rica y autónoma como es el país Vasco tenga este nacionalismo independentista en el poder desde 1978? El nacionalismo lo que más pretende es blindar el círculo en el que clausura sus creencias y certidumbres, siempre con la unanimidad como objetivo.
Saludos.

jarttita dijo...

Ah no, en esto no estoy de acuerdo. El nacionalismo quiere lo que todos, sentirnos diferentes a los vecinos ( iba a poner una canción de Dorian que viene al pelo: todo el mundo quiere ser diferente). Y al final, lo que cuenta es poder bajar el impuesto de sociedades y que vengan diez empresas más.

El nacionalismo de los inicios de ETa, más que nacionalista, era antifranquista. Y rápidamente se instrumentalizó para conseguir fines mayores.

Mi visión es más pragmática, lo reconozco. En todo el asunto este sí.

Carmen de T. dijo...

Felicidades a Horrach por su artículo.

Sin tiempo apenas, no puedo dejar de mostrar mi disconformidad con esto que dice jarttita:

"Yo no estoy de acuerdo ni estaré nunca con que ninguna asociación tenga influencia política. Para eso estan los partidos políticos. La víctima que quiera hacerlo, que lo haga a través del sistema. Que no les quito su dolor, que es un poco el de todos nosotros, pero lo cortés no quita lo valiente."

Si 'ninguna asociación' es ninguna en absoluto, disiento. Me horroriza la posibilidad de que la única manera de hacer política sea a través de los partidos (particularmente, en su forma actual).

Pero si 'ninguna asociación' debe entenderse en el sentido de 'ninguna asociación de víctimas', entonces no veo razón para que éstas vean mermados sus derechos por la mera razón de ser víctimas.

Un saludo.

jarttita dijo...

Bueno, yo agradezco que existan los partidos, siempre. Que funcionan mal, pero que yo prefiero un mal partido al que pueda votar que una buena asociación a la que no pueda votar. Para mí es un requisito de democracia.

Otra cosa será la colaboración y todo lo que queramos con las asociaciones que sean. Ninguna es ninguna, de víctimas o de la cría de caracol. Sin que sean comparables, claro. NI mucho menos. Y los derechos son los mismos para todas las personas, que yo sepa.

En fin,Carmen deT, lamento que se me entienda como una oposición a las víctimas. No es mi intención en absoluto. Comprendo que a todos nos resulta difícil dar un paso más allá del dolor. Pero yo creo que es necesario.

Horrach dijo...

Hola Jart, dos cosas:

1. el nacionalismo, como cualquier otro ente colectivo o individual, se articula sobre el principio identitario de diferencia, pero en el caso del nacionalismo la separación con los otros es más radical, más excluyente. Pero si se promueve la diferencia hacia el exterior, hacia dentro lo que se promueve es justo lo contrario, la indiferenciación,la unanimidad de la tribu, una sociedad totalitaria en suma.

2. ETA era en principio más marxista-leninista que nacionalista, aunque éste último se acabó imponiendo. Pero sus fines nunca (ni con ETAp-m) fueron 'democráticos'. Atacaban a la dictadura (con menos énfasis que contra la democracia) pero con fines antidemocráticos, sólo que opuestos a los del franquismo, en el otro extremo ideológico. Eso siempre ha estado claro. Pero como en España a cualquier movimiento antifranquista, por el hecho de oponerse a la dictadura (aunque sea a toro pasado), ya se le concedía unas virtudes democráticas que no tenían porque existir. Eso nos pasa por pensar sólo en clave antagónica: A malo, y si B ataca a A entonces es bueno. Así nos va con estos esquemas mentales.

Saludos y gracias por participar y discrepar, que hay menos polémica de la que me esperaba con este tema.

Horrach dijo...

Hola Carmen, y gracias por tus palabras.

Estoy a favor de la participación (en sentido amplio) en la política de toda la sociedad civil. Pero otra cosa es que se llegara a una situación en la que todos los ámbitos de la vida cotidiana se vieran infestados por la política. También me resultan especialmente insoportables determinadas lecturas políticas de filósofos.

Saludos.

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