viernes, 19 de enero de 2007

LA CIUDAD METAFÍSICA


“Una pequeña ciudad costera, de casas aisladas (grandes villas como las residencias de veraneo de principios de siglo) edificadas sobre los pantalanes de unos muelles en los que no hay grúas, ni barcos, ni referencia marítima alguna salvo el mismo mar. La luz es morada y un viento fortísimo azota día y noche la ciudad. En el museo provincial de esa ciudad sin nombre (ningún paisaje metafísico lo tiene) hay voluminosos libros encuadernados en pergamino y una colección de fragmentos de mármol de distintos colores, expuesta en unas hornacinas iluminadas. Mientras observo las vetas y colores de las placas de mármol, una mujer me dice que visite Trieste. ‘Está sólo a seis kilómetros de aquí -comenta- y hay un extranjero que siempre pregunta por usted’. Pero el viento me hace desistir de la visita y, mientras hago las maletas en la habitación del hotel e intento olvidar de una vez por todas esta ciudad desolada, el sueño se desvanece en medio de una polvareda gris”.

José Carlos Llop, Champán y sapos.

5 comentarios:

jarttita dijo...

Yo te comento aquí, que me gusta mucho más..y también es una mirada de subsuelo.
Aquel que se sabe diferente no necesita que se lo certifiquen. Los mediocres sí.
Prefiero el texto de la cuidad metafísica, que me ha parecido precioso. Tenía yo ganas de este libro antes...ahora más.
Un beso de domingo.

Horrach dijo...

Jart,

ok, pero El Diferente no existe, al menos no en esencia, ontológicamente hablando. Hay diferencias menores, pero no La Diferencia. Pero es esa Diferencia inalcanzable la que busca el hombre del subsuelo, pues en ella ve la pura y absoluta autonomía. El títere del subsuelo desea ser un Dios, pero la ingenuidad de su ilusión lo convierte en un payaso (todos somos payasos, sólo que con diferentes disfraces).

Sobre el texto de Llop, creo que te va a costar encontrarlo (en biblioteca tal vez), porque la edición de 'Diarios' (que incluye 3 dietarios) ha sido retirada por Llop, al salirse de Península y pasar a Destino. Yo tengo este ejemplar (y 'El Japón en Los Ángeles') gracias a la generosidad del propio Llop. (el de 'Champán y sapos' por libre creo que también es difícil de encontrar).

'La ciudad metaffísica': la imagen de un muelle sin barcos ni nada que lo relacione con algo humano atrae mi melancolía subsuelítica. Hay algo muy poderoso en esa imagen de la desolación absoluta, del muelle desnudo y vacío, azotado por el viento y el mar. Y el cuadro de Fernand Khnopff creo que retrata muy bien esa desolación llopiana, tranquila en la forma pero devastadora en el fondo que queda velado.
Saludos.

PD: ¿cómo se da un 'beso de domingo', Jart? :-)

El Pez Martillo dijo...

Hay algo desasosegante en los lugares vacíos. Supongo que tiene que ver con las esperanzas defraudadas. Me explico: en una calle, en un muelle, en un edificio, en lo que sea, esperamos ver gente, bullicio, animación. Aunque tendamos, volcados en lo ente como estamos, a valorar los edificios y sitios en sí, la realidad es que son sólo realidad-marco. Todo es un marco, un decorado para actividades humanas. Y si este factor humano falta, la sensación es inquietante.

Acaba usted de traer a mi memoria la famosa escena de "Abre los ojos", esa en la que Eduardo Noriega está sólo en una Gran Vía completamente vacía (o el equivalente americano, Tom Cruise en Times Square).

Horrach dijo...

Paisajes tan desolados como los de Llop (y de Khnopff) curiosamente son los que el hombre del subsuelo detestaría, pues para sobrevivir necesita del prójimo, aunque viva por debajo de él. Los odia, pero necesita sentir que están allí, tenerlos como modelo. Vivir solo, sin referencia humana alguna, sería su peor pesadilla.

Horrach dijo...

Por cierto, a Llop le ha gustado la 'María Antonieta' de Sofía Coppola.

http://www.diariodemallorca.es/secciones/noticia.jsp?pNumEjemplar=1418&pIdSeccion=5&pIdNoticia=237386&rand=1169360290280

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