lunes, 23 de enero de 2017

PATAFÍSICA LEGAL Y MORAL


(disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

 Luego dirán que en Mallorca no se mima la cultura, cuando acabamos de celebrar un sostenido y enfático homenaje a la liquidez del difunto Zygmunt Bauman, el Gran Diluvio que convertirá lo que nos quede de vida en una actividad exclusivamente acuosa.
Estamos instalados en la bipolaridad. En cuanto al tiempo meteorológico, en el cual pasamos en semanas de la sequía al desbordamiento de los embalses. Pero también hay esquizofrenia política. De todos los colores, pero el que rompe baremos últimamente es Podem. A la par que se cierran carreteras en Mallorca, se clausuran comunicaciones intrapodemitas. Los cuarteles morados, inundados. Y el votante, enclaustrado lejos de la intemperie.
Precisamente nos acaba de visitar Echenique. El que pagaba en negro a su auxiliar personal ha emulado a Philip K. Dick, impartiéndonos un fascinante simposio sobre precrimen, amparando depuraciones preventivas “antes de que se cometiesen los ilícitos” para el caso de Seijas y Huertas.
Luego está el parlanchín Ribot y sus compinches “tontos y vagos” que ponen pegas a la contratación de una mujer si quería quedarse embarazada. ¿Cómo valorará este asunto su señoría Echenique? ¿Qué código manejará para su dictamen? ¿El Penal, el Civil, el ético-podemita o directamente el patafísico-dadaísta?
Esta pasada semana se produjo otra encarnación de nuestra neurosis que ve la paja en el ojo ajeno y descuida la viga del propio. Me refiero al ataque brutal de Marisol Ramírez contra un catedrático de la UIB. Todavía estoy esperando a que PSIB, Més, Podem o el presidente de Ben Amics digan algo al respecto, más que nada porque me lapidaron a mí hace unos meses por una minucia que escribí bastante menos punible que la barbaridad que publicó Ramírez.
La diputada Margalida Capellà, entre otros, exigió jactanciosamente que se estrenara en mis carnes la nueva Ley LGTBI, pero con su amiga Ramírez parece que es menos exigente. ¿Acaso estamos ante una ley que sólo es susceptible de aplicarse a los otros pero nunca a ‘los hunos’? De nuevo, la doble vara de medir que acaba con cualquier credibilidad si sólo se apela a una causa cuando ésta nos permite linchar a un rival, aunque luego los acusadores sean los primeros que se la pasen por el forro.
¿De verdad alguien todavía se cree que estos clérigos laicos defiendan a víctimas reales? Si leyeran a René Girard entenderían que en la sinuosa realidad del siglo XXI el mayor de los talibanes no tiene necesariamente que ser un ultraconservador, sino que puede dedicarse full-time a la cacería de adversarios enarbolando lemas progresistas y supuestamente inclusivos. Igual que el populismo, los inquisidores lucen tanto a la izquierda como a la derecha.

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