lunes, 16 de enero de 2017

CATENACCIO EXTRACTIVO


 (disección publicada en El Mundo-El Día de Baleares)

Existe una expresión catalana que dice “al sac i ben lligat” cuyo germen de componenda férreamente perpetrada dibuja un retrato fidedigno de nuestra partitocracia, que para el Catenaccio siempre ha mostrado un talento excelente. La semana pasada nos desayunamos con una noticia en apariencia sorprendente: sólo 95.000 españoles declaran en el IRPF que pertenecen a un partido político. ¿Cómo es posible que sean tan pocos cuando, por ejemplo, sólo el PP presume de tener casi un millón de adeptos de cuota?
Teniendo en cuenta que declarar la cuota desgrava, dudo mucho que haya centenares de miles de españoles que se olviden de hacerlo. Si nuestra clase política es digna de Nobel en las argucias que blindan sus privilegios, sus correligionarios no se quedan atrás en lo que se refiere a sacar la mayor tajada posible para su bolsillo. Voces poco conciliadoras, pero quién sabe si bastante certeras, ya han dejado caer que el desfase entre afiliados declarados y reales puede deberse a que, con este milagro digno de los Evangelios, resulta más fácil blanquear el dinero negro que suelen fagocitar nuestros partidos. Pero seguro que son sólo infundios.
Otra patita del modus operandi: las antiguas cajas de ahorros, dirigidas por políticos y sus esbirros. Tras hundirlas, regalando los cuartos a sus garrapatas extractivas, luego fueron reflotadas con dinero público, unos 1.300 euros por cabeza. Esta semana han aparecido datos interesantes: ¿Sabían que Caixa Catalunya, de la que mediática y políticamente apenas se ha hablado, nos ha costado más cara que la célebre Bankia?
Se ve que no sólo los Pujol tienen bula. El ex-ministro socialista Narcís Serra, el mismo que metió en la cárcel a Mario Conde por mal banquero, fue el que después destruyó esta caja con la colaboración de lo más granado de la sociedad catalana. Don Narcís tenía ganas de jugar a las finanzas, por lo visto, pero en lugar de decantarse por el inofensivo Monopoly se fue a vivir dentro de nuestra cartera. Está imputado, es cierto, pero se trata de esas inculpaciones tan benévolamente garantistas como la que deleita a Oleguerín, así que fora nirvis. El oasis catalán era esto, al parecer.
El inagotable asunto de las cajas nos ha dejado estos días otra estampa entrañable: IU quejándose como quien no tiene nada que ver en el asunto (¿conocen la chufla de Franco en Oviedo: “creo que a ése lo fusilaron los nacionales”?), cuando incluso dormían en los Consejos de Administración de estas instituciones, recibiendo además generosísimos créditos nada menos que de Blesa. Aseguran que deberían pagar el pato los accionistas, no los ciudadanos. El problema, entre otros, es que las cajas no tenían accionistas. Maestros Ciruela...

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