lunes, 9 de enero de 2017

LAS NIÑAS BUENAS NO DAN MIEDO


                               (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Hay que estrenar el año en positivo, faltaría más. Yo ahora mismo irradio alegría a raudales, una gozada de buen rollo. Así que para empezar bien este 2017 lo que me pide el cuerpo, pleno de cordialidad, es dirigir el lanzallamas purificador hacia dos bultos sospechosos a los que debemos echar mano cuanto antes si queremos ser un país avanzado o al menos decente: la tribal y taquicárdica pirotecnia, que no es otra cosa, en su psicótica crepitación, que un atentado contra la salud de todos; y, por favor, las infames batucadas, que generan menos infartos pero como agresión a la dignidad propia o ajena no tienen parangón. 
Pero bueno, la verdad es que estas fiestas nos han mimado con regalitos inolvidables. Hallazgos de mentes privilegiadas, como lo de rebautizar Ramón Llull al aeropuerto. También cimas del ingenio, como escucharle a la archiperdedora Armengol, que no ha quedado primera en ningún comicio de su vida, que ya se está preparando para “poder ganar” las próximas elecciones… Muy bien, Francina, di que sí. Ya que estamos de un sincero que lo tiramos, comunico urbi et orbi que me estoy preparando a fondo para mi inminente cita con Kim Kardashian, donde daré un do de pecho histórico.
Luego está el regalo de Reyes del serial de Podem, ‘Lealtad a Alberto’, un cruce entre Falcon Crest y Mariano Ozores. Suele pasar que justo cuando uno está convencido de culminar su magna obra, todo se viene abajo. No le salía mal la estrategia a Jarabo, similar a la de ERC en Cataluña: posibilitar un gobierno en el que mete mano cuando quiere, pero sin el coste de formar parte de él. Tan sobrado iba el madrileño que incluso se permitía chantajear al PSIB sobre lo que debían votar sus dos diputados en la última investidura nacional. La triunfante Armengol tragaba porque, si no, se quedaba sin gobierno. La tensión inoculada incluso generó enfrentamientos entre psocialistas y pesemeros, como el tiroteo entre los consellers Cladera y Vidal que sólo hemos olvidado gracias a la polvareda morada.
La cuestión en el universo jarabista es que si de puertas afuera lo que toca es sacar los colmillos, incluso asomar el bazooka de vez en cuando, de puertas adentro, ante el infalible politburó, hay que ser “buena niña” y “no dar miedo”. Por eso le ha ido mal en Podem a Carmen Azpelicueta, que destacaba demasiado, y en cambio muy bien a “Carlitos” (Saura). Nueva política: Extra Ecclesiam nulla salus. Sólo que cambiando Vaticano por Complutense, auténtica West Point del podemismo donde se forjó precisamente Jarabo, un candidato tan digitado que ya había ganado las primarias antes de nacer Podem.

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