lunes, 15 de agosto de 2016

COLAPSARÁS AL SÉPTIMO DÍA


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Cada verano, sobre todo en agosto, recuerdo intensamente que el famoso “horror” del señor Kurtz en El corazón de las tinieblas no se refiere a ningún meollo metafísico sino al jodido calor africano del Congo, escenario de la historia de Conrad. Si la época estival es siempre un Via Crucis, este año hay que sumar a la ordalía un nuevo tormento: el coro de Casandras que, en una vertiente bastante sobreactuada, no para de dar la matraca a cuenta del colapso de la isla este año.
Como suele suceder, en estas quejas hay algo de verdad, pero también una excesiva histeria que, además de molestar (mi habitual misantropía se multiplica en verano, sobre todo si el personal periodístico y político se regodea en su insufrible faceta sermoneadora), escenifica la enésima operación de chivo expiatorio, ese inseparable amigo del hombre, ¡qué sería de nosotros sin él! Ahora parece que todo es culpa del turismo, como la sequía de este año, los atascos en la Vía de Cintura (algo nunca visto en invierno, claro...), que te deje la novia o se incendien los bosques.
Ya veremos qué dicen las cifras al final del verano, porque las impresiones son lo que son, y más cuando algunos ya estaban ensayando los grititos desde hace muchos meses, dicho sea de paso, porque la campaña (“Tourist, you are the terrorist”) contra el colapso tiene su historia, y más que prevenir lo que ha hecho es excitar al gallinero. Nos aburrimos, y los dichosos JJOO sólo (menos mal) duran dos semanas. Hay que dar la brasa desde nuestro elevado púlpito moral. A alguien hay que atizar, ¿no? Pero si hay que vigilar a los vigilantes, como decía Juvenal, también será legítimo atizar a los atizadores.
Otro elemento que me chirría del asunto, en caso de que efectivamente estemos colapsados, rodeados y sodomizados por pálidos ejércitos de borrachos en bermudas, es que en gran parte esto se debe al descontrol de los alquileres vacacionales. Y lo patético del asunto es que muchos de los que ahora protestan se manifestaron indignadamente contra la ley de Bauzá para regular el problema. Eficientes pirómanos reciclados en indignados bomberos que incluso hace sólo 2 meses escribían todavía en esa clave propagadora del fuego. Yo mismo me dejé llevar (tengo coartada: estaba en política, ese purgatorio que atrofia la sesera y potencia lo peor que llevamos dentro) por el mantra del masaje pepero a los hoteleros, pero ahora vemos que el asunto debía haberse asumido y trabajado en serio hace dos años.

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