lunes, 18 de octubre de 2010

EL CUERPO ES UN TEMPLO


"Velemos por su gracia,
porque el cuerpo es un templo
mientras arde el resplandor
de su divina gloria".

6 comentarios:

PENSADORA dijo...

Cuidese pues el templo con la máxima devoción y esmero.

Salud y orujo!

Horrach dijo...

Bueno, el mío no, que ya se va acostumbrando a vivir en un declive cada vez más penoso, pero el de mi novia sí que trato de cuidarlo como si de un bonsai se tratara. De hecho, en lugar de la imagen de la japonesa chorreando sushi yo quería que fuera el cuerpo de Linnie el que apareciera ahí arriba, con generosas tajadas de jamón serrano, camaiot, coca de trampó y nueces de Grenoble por encima de su esbelto vientre, pero ella es mujer moral y no se ha prestado a mi delirio fetichista.

saludos

El Doble dijo...

No me considero un narcisista porque no tengo atributos para jactarme de ello y vanagloriarme sin medida, pero tampoco me considero un masoquista porque carezco de razones para hacerlo. Y sin ser platónico ni mucho menos necrófilo, espero el día en que ya no me estorbe tanto. Mi pensamiento, y si algo de espíritu tengo, se elevan con destreza como ágil paloma celestial, pero lastimeramente han de regresar al primer asomo de queja corporal.
Amo antrañablemente las paradojas que este cuerpo me proporciona, desde los goces más sublimes hasta los sufrimientos más atroces y rastreros. Se excita comiendo migajas de pan, pero se irrita al primer asomo del invierno y sus azotes. Comparte las delicias de su materia ahogándose en el placer carnal, pero es en su carne que experimenta también el dolor y la enfermedad. Se ufana con la delicadeza de un beso, pero se enfada al rose del menor contratiempo. En los brazos del amante se siente en las cima del cielo como si de un seuño se tratase, pero en el alba le sorprende el hastío y el cansancio. Cuando es dueño de energías joviales le hierve en sus entrañas el resplandor de su divina gloria, pero cuando los fatigozos años de la vejez lo abruman, el resplandor de LA GLORIA DIVINA los espera de fuera. El orgullo y la soberbia se doblegan concomitante a sus fuerzas que langudecen, y el valor por el que ahora vale se entiende de otra manera. En la mañana de su existencia es un dios fogoso, pero en su atardecer necesita de Dios.
Amo el cuerpo tanto como el desprecio que en ocasiones me provoca. Amo vivir y estar en este mundo y sin el cuerpo me sería imposible...

J. M. Beroy dijo...

Mi templo llegó a su cénit hace años y ahora voy cuesta abajo.
Me dijeron un día que a los 50 años uno tiene el cuerpo que se merece, pero yo creo que -en general- es injusto el castigo que por humanos nos ha impuesto la naturaleza: la conciencia plena del deterioro físico.
Por cierto que no comparto el fetichismo de mezclar lo culinario con lo copulativo, pero debo reconocer que en ciertos momentos de paroxismo he debido reprimir algún conato de dentellada a las partes más suculentas de mi pareja.
Complicados que somos, leñe...

Horrach dijo...

Muy hermoso su texto, Doble. Agradezco comentarios de esta enjundia.

Beroy, pues un servidor se eiente muy cercano a esas parafilias que caracterizan la relación de los japoneses con el sexo. Comida y cuerpo es de las más estimulantes relaciones que se me ocurren, no sé si desde que vi por primera vez la gozosa 'El cocinero, el ladrón y su amante' de Greenaway.

saludos a ambos

Horrach dijo...

Ya que he mencionado la película de Greenaway, veo que en Youtube está completa. Dejo la primera parte:

http://www.youtube.com/watch?v=FWBDgNxEVdM

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