lunes, 14 de junio de 2010

LA VERDAD DE ENRIC MARCO


Nada hay más importante en nuestro mundo occidental que las víctimas. El discurso mayoritario (principalmente en lo político) de nuestra cultura suele referirse, directa o indirectamente, a la figura de la víctima y al prestigio que ésta representa a nuestros ojos. Mientras que en otros lares la víctima es siempre culpable de su situación (sólo es 'víctima positiva' aquella que forma parte de la propia cultura, aquella que es 'de los nuestros'), nuestra primera reacción consiste en ponernos en la piel del derrotado, en prestigiar positivamente su peripecia de derrumbamiento. Eso no es extraño si tenemos en cuenta que nuestra historia se puso en marcha con la muerte de la Supervíctima, crucificado en el monte Gólgota.

El discurso de las víctimas ha llegado muy lejos, en el sentido positivo y también en el negativo. En este último caso nos encontramos con el florecimiento del victimismo, en la utilización del prestigio del derrotado para, por una parte, disfrazar con ropajes de víctima a los verdugos más descarados, y por otro para de tratar de ocupar el espacio moral de la propia víctima. En este segundo caso se circunscribe la cuestión de la que trata esta entrada.

El pasado mes de diciembre me referí a una película española casi invisible: Ich bin Enric Marco (trailer). Dirigida por Lucas Vermal y Santiago Fillol (nota de los directores sobre la película), se trata de una especie de road movie en la que los directores acompañan a Enric Marco en un viaje en coche a la Alemania real y también a la ficticia de su vida durante la Segunda Guerra Mundial. Marco mintió durante 30 años, inventándose una existencia que él no había vivido, supuestamente como prisionero de la Alemania hitleriana en el penal de Flossenbürg, al sur del país. Dicha experiencia la valió ser una persona nacionalmente reconocida y admirada, como cabeza visible de la Asociación Amical Mauthausen. Tras alcanzar la cumbre de su fama, con motivo de las sesiones que sobre la Memoria Histórica se celebraban en el Congreso, fue desenmascarado totalmente, revelándose que si estivo en Alemania durante la guerra fue en el norte, en Kiel, trabajando para la marina nazi como voluntario del franquismo.

Una cosa que en principio podía jugar en contra de la película, que era la escasez de medios, al final se encuentra al servicio de un buen resultado final. La narración tan ceñida al personaje hace que no se puedan introducir muchos elementos de estilo, pero cuando estos aparecen tienen sentido y dejan huella. Por ejemplo, una de las escenas finales, en la que Marco sube unas escaleras en Flossenbürg, filmado con un estilo muy bressoniano, en el obsesivo enfoque de los pies subiendo cada escalón, a la vez que se oye bien clara la respiración cansada del protagonista.

Pero lo más fascinante, claro, es el enfrentamiento de Marco consigo mismo. ¡Qué personaje! Cuando se le ve actuar en algunas ocasiones precisamente pensaba eso: que actuaba. Este hombre ha sido un actor toda su vida y da la sensación de que cualquier cosa que diga, cualquier reacción suya, no surge nunca de manera espontánea, sino que viene filtrada por esa capacidad de representación que trabajó durante décadas. En este sentido se asemeja mucho a Zelig, aquel insólito personaje de Woody Allen que, con una habilidad pasmosa, siempre conseguía adaptarse a lo que esperaba de él su interlocutor correspondiente. Marco no siempre consigue esa proeza, pero lo intenta con ahínco en cada escena. Resulta lógico si se piensa que siempre ha visto al otro como un espectador en el cual calibrar sus reacciones de empatía, credulidad, etc. Marco era carne de celuloide, ya fuera para consagrarlo o para destruirlo, aunque la película tiene la virtud de no subrayar el posicionamiernto moral de los directores, dejando al propio Marco que sea él quien se retrate.

El sentido de su embuste seguramente nunca quedará al descubierto, sobre todo para él. Pero como el terrible J.C. Romand que retrató Emmanuel Carrère en El adversario, tras salir de una mentira no puede hacer otra cosa que instalarse en otra, tal vez no tan exagerada pero mentira al fin y al cabo. Si en un principio causa extrañeza que Marco se prestara a llevar a cabo este proyecto, poco después se acaba entendiendo: tal vez pretendía utilizar la película para reescribir su personaje, siguiendo unas pautas parecidas (el victimismo sobre todo) aunque en un contexto ya diferente. Ahora ya no sería el superviviente de Flossenbürg, la víctima del nazismo, sino aquel hombre perseguido por los medios de comunicación que considera que si mintió sobre su experiencia fue para beneficiar a un proyecto positivo, la memoria de otros. Un hombre que defiende un legado, una memoria, sacrificándose por aquellos que no la sabían 'vender'. Porque deja caer muchas veces que él se ha sacrificado, y que de todo esto no ha sacado más que disgustos. Pero en realidad no es así, claro, porque de su embuste ha obtenido cosas muy positivas, muy profundas a nivel emocional, como era la solidaridad y el respeto de miles de personas que lo escuchaban emocionados en sus charlas y conferencias. En esos momentos Marco se sentía un personaje de la Historia, un hombre muy por encima de la mediocridad general, un héroe. Su identidad inventada era algo que podía llevar con la cabeza muy alta, orgulloso. Si se decidió a llevar a cabo el embuste (la sensación es que preparó su papel con un mimo absoluto, de una manera muy minuciosa. Por ejemplo, cuando dice que tuvo que estudiar, como un auténtico historiador, todo lo que sucedió en Flossenbürg, para luego irlo adaptando a su discurso) fue porque en esta empresa él sacaba algo positivo de todo ello. Que se sacrificara para contar los que los verdaderos supervivientes no podían narrar (parece una norma la imposibilidad o gran dificultad para narrar la propia experiencia en la verdaderas víctimas de los campos alemanes) es parte de este segundo personaje que se está construyendo desde 2005, año en que fue desenmascarado. Si antes simulaba ser una víctima, ahora ya se ha entregado totalmente a un discurso victimista y autocomplaciente, censurando con agresividad toda crítica a su embuste. Lo curioso es que ahora, que ya se sabe que no es un superviviente de un campo de concentración, es un personaje más trágico que antes. Puede decirse que pocas cosas hay más trágicas que sobrevivir a la maquinaria de exterminio nazi, porque escapar con vida si uno lleva encima recuerdos y experiencias tan terribles dibuja una vida caracterizada por una tortura diaria insufrible. Pero eso es así si eres Jean Améry, por ejemplo, pero no Marco, que vivía su supuesta situación con una firmeza insólita, no con el dolor insoportable que transmite una verdadera víctima como Amery. Esa diferencia se demuestra en los relatos: los de Marco (como el del Congreso, o ese donde cuenta la historieta de la partida de ajedrez) eran edificantes (representativos de la "banalidad del bien" a la que se ha referido Vermal en alguna ocasión), aunque hablaran del Infierno; en cambio, los de Amery, no podían ser más antiedificantes y, por tanto, más verdaderos.

Marco se quedó a medio camino de reescribir su papel en la Gran Historia. Intuía que la película podría servir a sus fines de victimización frente a sus críticos, pero no asumió el papel hasta las últimas consecuencias. La identidad fija en la que vivió 30 años se resquebrajó de golpe y no es capaz (queda claro en la película) de asentarse en un terreno con más aristas, más complejo y espinoso, tal vez porque no quiera ceder nada (creo que sólo podría asumir el rol de ángel caído si aceptara lo que no parece dispuesto a hacer, un mínimo de autocrítica). Y eso puede tener que ver con algo en lo que inciden los directores, Vermal y Fillol: Marco triunfó porque su modo de representar se adapta el estandar de nuestra época, es decir, al discurso edificante, a una banalización (en sentido de impostación) de la experiencia del dolor. En este sentido, un mínimo de autocrítica no encuentra ningún espacio en esta sensibilidad blindada y complaciente. Aunque no se hubiera tratado de un farsante, su enfoque ya estaba viciado por elementos impropios y discutibles. El descubrimiento de la farsa lo que hace si acaso es agravar una falla previa, añadir a la impostación la repugnante falsificación. Es en ese punto fundamental en el que la película ya no se limita a Enric Marco, sino que asalta toda una cosmovisión, una forma de entender el mundo y al hombre. Si Marco triunfó fue porque, simplificando un poco, siempre tendrá más admiradores Spielberg que Bresson o el Resnais de Nuit et brouillard (referencia confesada, cinematográfica y moral, de los directores de esta gran película).

PD: Lucas Vermal, en su comparecencia en el centro cultural de Sa Nostra en Palma ayer, dijo muchas cosas interesantes. Una de ellas que no me resisto a transcribir es que el futuro televisivo de esta película está cerrado en la televisión catalana. Tratándose Marco de un catalán, parece lógico que esta película pueda interesar a TV3. Pues no: al no estar rodada íntegramente en catalán, no puede ser emitida por la televisión autonómica. Hay excepciones, pero son ideológicamente interesadas (caso de La pelota vasca de Medem).

11 comentarios:

Artqwin dijo...

Hola, me encanta el artículo pero discrepo en lo de que ese hombre sea un personaje repugnante o despreciable, en fin, hay cosas bastante peores; me resulta indiferente más bien. También discrepo en la solidaridad que supuestamente reciben las víctimas en occidente. Como no tengo ganas de explayarme demasiado buscaré algún artículo que lo explique mejor.
Hola, Sonja. Creo que lo que pasa es que tenemos miedo, yo lo tengo, lo acepto. Pero hay que controlarlo, no se trata de negar el problema, ni de buscarle justificaciones ideológicas o racionales, más bien habría que preverlo y solucionarlo, digo yo. Y delimitarlo ¿cuál es el verdadero problema? ¿las bombas? ¿el temor a cambiar de normas y vernos obligados a regirnos por ideas que no compartimos? La verdad es que no me siento demasiado implicada en la solución, de forma activa, quiero decir, no emocional; en el sentido de que delegamos normalmente en aquellos que, a cambio de un sueldo sustancioso, se supone que se encargan de ello. De todas formas, por lo poco que alcanzo me parece que prohibir el burka sea una solución. ¿Acaso prohibir el idioma vasco solucionaría el problema del terrorismo etarra? Más bien lo agravaría, me parece a mí. Me puede objetar que un idioma no es en sí algo negativo, aunque podría serlo si nos remitimos al castigo de Babel, a la búsqueda de la unión, la solidaridad etc. Las palabras se pueden torcer y estirar como nos dé la gana, rellenándolas a posteriori o antes con el fin de crear algo, tan bello o tan feo, como lo de éste Marco. De todas formas, como procedimiento, no me parece una solución eficaz pero puedo equivocarme, claro. Creo que en aquel video que Horrach nos dejó, lo que tendrían que haber hecho era expulsar, y detener por agresión o amenazas en su caso, a los alborotadores, y continuar con la proyección. Establecer unos límites claros en lo que respecta a la legalidad. Aprovecho para recordar que aquí en España se canceló también una exposición, de fotografía, me parece, en la que se mezclaba a Cristo con la homosexualidad, de forma bastante más explícita. No creó tanto alboroto, aunque salió en el periódico, es de suponer que tampoco los que pidieron y consiguieron esa retirada lo hicieran del mismo modo agresivo en que se hizo esto otro. Y que tampoco amenazaran de muerte al fotógrafo, eso seguro. Yo, y es probablemente lo único que le conceda a Rajoy, impartiría cursos de legalidad, y también de idioma y costumbres, del país al que la gente llega. Éstas son las leyes, esto es lo que hay. En cuanto a velo o no velo habría que enmarcarlo en lo de discriminación, sí - no - no contesta, a la mujer. Es decir, no permitir la discriminación, que ella pueda estudiar, conducir, decidir sobre su propia vida, de ahí que sea importante que conozca los derechos que se le otorgan en el país al que llega. Pero que también pueda no hacerlo si así lo desea. Tendría que haber un amparo real y de ese modo, es de suponer, ellas mismas pedirían lo que antes que ellas otras pidieron. Efectivamente, es más fácil la teoría que la práctica porque todo se enreda y se entremezcla. Y por ese apego a nuestras costumbres y moral como algo que representa nuestra identidad absoluta; realmente el desapego es más alcanzable sólo en la pura imaginación.
(Divido por exceso)

Artqwin dijo...

Con lo de amparo real me refiero a que pasa lo mismo que con las víctimas, como bien dice, es un discurso en lo político, yo diría simplemente en la palabra. Todo es muy complicado, realmente. Para que cambiara todo tendría que cambiar la misma Naturaleza, de algún modo; tal vez la célula sintética sea un paso en ese sentido. Puf.
He intentado bajarme algo de Girard pero no lo consigo ¿sabe de algún sitio? Lo poquito que he visto de él, eso de que el deporte es aburrido y se practica exclusivamente para adelgazar, no sé si lo he pillado fuera de contexto o qué, pero así, sin más, me parece más un sentimiento personal universalizado que un pensamiento. En cambio, lo de que es la similitud y no la diferencia, la que provoca el conflicto, me gusta. Aunque tampoco me parece novedoso decir que uno compite por los recursos. Sean éstos elegidos por imitación o por otra razón. Etc, ya le cuento otro día. (Y busco algo sobre lo de las víctimas no atendidas más que de "concepto")

Paco f dijo...

Aforema a la falacia victimista:

Sufro.
Mi pueblo ha sufrido.
Mi sufrimiento es la herencia que me ha dejado mi pueblo.
Ni mi pueblo ni yo podemos ser juzgados como el resto de los pueblos o de los individuos. La historia avala mi certeza.
Las injusticias de las que fuimos objeto, yo y mi pueblo, yo por el sufrimiento de mi pueblo, justifican las injusticias que yo o mi pueblo cometemos en el presente o cometeremos en el futuro. Mi maldad es el efecto de todo el dolor que se me ha causado por el sufrimiento al que fue sometido mi pueblo. El mundo está en deuda conmigo (y con mi pueblo, de cuyo dolor soy usufructuario) y todas mis reivindicaciones se fundamentan en el derecho que me asiste por el dolor que se me ha causado. No exijo nada, pues a todo tengo derecho.

Paco f.

Horrach dijo...

Artqwin, los hechos, eso es lo que condeno: Marco tal vez sea una persona maravillosa con su familia y amigos, pero su impostura es repugnante de arriba a abajo. Le podemos preguntar a sus ex-compañeros de la Amical a ver qué piensan del engaño al que los sometió este señor, a ver qué dicen.

Yo NO he dicho que las víctimas reciban en Occidente solidaridad. Lo que digo es que lo que caracteriza a nuestra cultura es la 'preocupación' por las víctimas, independientemente de que luego esa preocupación se traduzca en apoyo real y concreto (esto depende de cada caso).

Sobre Girard, mejor vaya a la librería, porque no puedo recomendarle webs donde puedan bajarse sus obras (más que nada porque no los frecuento).

Y un matiz sobre Girard: en su obra la cuestión central no es que se 'compita por los recursos', sino que se compite si acaso por la identidad, es decir, por algo que va más allá de la pura materialidad y entra de lleno en lo religioso y lo ideológico.

Paco, buena contribución la suya.

saludos a los dos

ctk dijo...

Sí, me gustaría poder preguntarles en verdad. No sé, un dolor profundo debe ser también muy íntimo, quiero decir que cuando lo compartes ¿lo compartes realmente? Supongo que sí, en algún momento. Debe ser bastante desconcertante. Y sí, uno se puede sentir ofendido con toda la razón, no sé; me gustaría escuchar esa opinión que dice. Lo de las víctimas dependerá de cada caso pero hay teorías que dicen que los demás se alejan de ellas para evitar el pensamiento de que les podría ocurrir también algo, aún no lo encontré e incluso tienden de algún modo a culparlas. Creo realmente que es así. Pero es verdad que teóricamente se pregona mucho la preocupación por las víctimas, como base moral de nuestra cultura está muy arraigada.
Lo de la identidad ¿compiten o es que son iguales de entrada? Entonces la identidad ¿como algo circunstancial? Bueno, no me haga mucho caso, si leo algo de él algún día y me hago una idea más clara ya le cuento.

El doble dijo...

Todo se reduce a lo que se ha dicho: "ocupar el espacio MORAL de la propia víctima" o "ponernos en la PIEL de..." En el seno de nuestra amada tierra hay miles de víctimas (producto del sistema, de las instituciones, de las estructuras, del hambre, de las descriminaciones en todos los niveles); víctimas en todos los sentidos (físico, psicológico, económico, social, religioso, político, cultural, ideológico, intelectual, familiar), millones de víctimas que yacen bajo la tierna bóveda de nuestro cielo azul y a las que estamos tan habituados que ya no representan "un prestigio a nuestros ojos". De ello se desprende que estamos demasiado lejos de "ponernos en sus ZAPATOS". La insensibilidad pudiera ser nuestra enfermedad, que intentamos maquillar lanzando el grito con "determinadas" víctimas, pues nos palpita el corazón con víctimas esporádicas, cuya injusticia aflora con evidencia, pero en su mayoría nos hemos acostumbrado a vivir con ellas sin mayor empatía, comenzamos a verlas como un "ornato", pasamos diariamente junto a ellas con la conciencia adormecida y con el "desconocimiento" de nuestra propia contribución. Y no hay otra alternativa, o estamos al lado de las víctimas o somos uno más de los victimarios. Para ser "víctimarios" no necesitamos ni astucia ni sabiduría, como que la naturaleza nos ha dotado de ello y pareciera la cosa más animalesca que cargamos en nuestros pellejos. Pero, al contrario, para ser víctimas sí que se requiere de tezón, de gallardía y heroicidad. A la víctima se le defiende siendo víctima con ella, porque de otra manera sería transformar en nuestras víctimas a los víctimarios de aquellas a las que intentamos defender...
Sobre este punto, me impacta, me impresiona, me fascina y me incomoda la aportación de Girard. Es escalofriante la "actitud" de la "SUPERVICTIMA". Me pregunto, realmente hay quien tenga el valor de tomar el pulso de la víctima y arritmarse con su STATUS? Hacen eso los cristianos? Qué bien lo ha hecho la madre teresa de calcuta...

El doble dijo...

Todo se reduce a lo que se ha dicho: "ocupar el espacio MORAL de la propia víctima" o "ponernos en la PIEL de..." En el seno de nuestra amada tierra hay miles de víctimas (producto del sistema, de las instituciones, de las estructuras, del hambre, de las descriminaciones en todos los niveles); víctimas en todos los sentidos (físico, psicológico, económico, social, religioso, político, cultural, ideológico, intelectual, familiar), millones de víctimas que yacen bajo la tierna bóveda de nuestro cielo azul y a las que estamos tan habituados que ya no representan "un prestigio a nuestros ojos". De ello se desprende que estamos demasiado lejos de "ponernos en sus ZAPATOS". La insensibilidad pudiera ser nuestra enfermedad, que intentamos maquillar lanzando el grito con "determinadas" víctimas, pues nos palpita el corazón con víctimas esporádicas, cuya injusticia aflora con evidencia, pero en su mayoría nos hemos acostumbrado a vivir con ellas sin mayor empatía, comenzamos a verlas como un "ornato", pasamos diariamente junto a ellas con la conciencia adormecida y con el "desconocimiento" de nuestra propia contribución. Y no hay otra alternativa, o estamos al lado de las víctimas o somos uno más de los victimarios. Para ser "víctimarios" no necesitamos ni astucia ni sabiduría, como que la naturaleza nos ha dotado de ello y pareciera la cosa más animalesca que cargamos en nuestros pellejos. Pero, al contrario, para ser víctimas sí que se requiere de tezón, de gallardía y heroicidad. A la víctima se le defiende siendo víctima con ella, porque de otra manera sería transformar en nuestras víctimas a los víctimarios de aquellas a las que intentamos defender...
Sobre este punto, me impacta, me impresiona, me fascina y me incomoda la aportación de Girard. Es escalofriante la "actitud" de la "SUPERVICTIMA". Me pregunto, realmente hay quien tenga el valor de tomar el pulso de la víctima y arritmarse con su STATUS? Hacen eso los cristianos? Qué bien lo ha hecho la madre teresa de calcuta...

Artqwin dijo...

Bueno, doble, dan ganas de aplaudir, aunque sigue siendo un discurso inscrito en una determinada moral que después de ser fagocitada por la sociedad se excluye a sí misma. No le quito razón, de verdad, me encanta. Pero ¿es posible ser todos víctimas? ¿No es la naturaleza misma la que lo ha dispuesto al contrario? (naturaleza punto y no la naturaleza humana). La historia de Cristo es la de ser sacrificado, no la de que escapen juntos y se haga el paraíso en la tierra. Aunque hay una vaga promesa de que eso se hará posible en otro lugar. ¿Hay otra dimensión de la existencia que sólo se puede alcanzar cuando igualamos el otro a nosotros? ¿Es una prueba a ver si merecemos y somos capaces de ir ya pal´otro lado a vivir en armonía? Sería consolador pero nadie lo sabe, y quizás ahí esté el tema, en no saber, así al menos a dios no le podemos presentar una impostura porque no sabemos lo que espera de nosotros, si es que existe, claro. Aunque es de suponer que, según dicen, tampoco se le podría engañar, quizás se trata de que no nos engañemos a nosotros mismos más que a los demás. Llamo dios a lo que sea, lo desconocido, si lo hay, que nos explica de una forma absoluta.
La insensibilidad nos permite vivir también, además es cierto ese empeño de sufrir con los que sufren es muy cristiano (como la pobreza del Vaticano); también podríamos querer reir con los que ríen. Y las víctimas y verdugos alternan su papel continuamente.

Artqwin dijo...

Es una teoría muy plana e ingenua, claro, sin desarrollo teórico ni lingüístico. Demasiado "bondadosa". Es como si necesitáramos negar la materialidad, escapar de sus limitaciones. ¿Por qué esa exigencia de verdad en las relaciones con otros? ¿como manera de llegar al otro? ¿puede alcanzarse acaso la verdad? Me parecía el otro día que efectivamente un poema puede darnos la sensación de completo, de plenitud que ninguna teoría aparentemente mucho más desarrollada y exacta nos proporciona; pienso que es porque el poema queda abierto mientras que las teorías se cierran, normalmente, en sí mismas. Es como ir al análisis o a la síntesis. Leí después, siempre me suele ocurrir así, no recuerdo dónde ni por qué, que había tres cosas en el poema, sensaciones, musicalidad y sentido. En mi opinión, sin negar lo anterior sino explicándolo a mi manera, el poemas es la sensación que nos reúne y donde nos sentimos enteros, donde podemos tocar lo que quiera que sea que buscamos de una manera mucho más inmediata y directa que con cualquier análisis por extenso que sea (precisamente). De hecho, todas esas críticas sobre poesías y poemas, que a veces son mucho mejores que aquello que juzgan, suelen resultar en realidad vacías con respecto al poema (excepto en esas ocasiones que digo en que valen por sí mismas) y aniquilan lo que podíamos encontrar en él.

El doble dijo...

Apreciable Artqwin, intento pensar las cosas fuera de "una determinada moral"; yo preferiría hablar de "ética", lo cual suena más filosófico, más universal; estoy convencido de que el ser humano tiene estructura ética y es a ella a la que yo intento apelar. Por otra parte, si todos fueramos víctimas, tenga en cuenta que se acabarían realmente las víctimas y quizá lo más importante sea dejar de ser victimarios, y concomitantememte cesarían las víctimas; ambas cosas parecen lógicas. El problema es que ni siquiera nos damos cuenta de nuestras fecuentes victimizaciones, las cometemos a diestra y siniestra, creyéndonos ilesos, incólumes, limpios, castos, sin mancha. Además, creo que la "evolución" de la naturaleza humana no se ajusta a la ley del más fuerte, en nuestro horizonte humano no se trata de "selección natural"; eso no debería ser lo que gobiernara nuestra historia.
Por mi parte, yo me resisto a creer que la razón de Cristo en la tierra haya sido la de ser "sacrificado"; el objetivo era totalmente otro, las cosas terminaron así por la necedad humana; y es esa misma necedad la que nos cierra la puerta del "supuesto paraíso" y es esa misma necedad la que nos está propinando el apocalipsis; obra de nuestras manos.
Respecto al más allá, a la otra vida, a la realidad de Dios o como sea que le denominemos, yo cada vez más estoy por inclinarme por la "apuesta pascaliana"; pienso que pierdo más si voy por la vida pensando que nada de eso existe a si lo hago suponiendo que ahí está. Recuerde: "mucha filosofía necesariamente nos lleva a Dios", y al contrario, poca y mal administrada nos aleja completamente de la Trascendencia. Nuestra razón, por muy ágil que parezca no pasará de navegar en pseudotrascendencias, muy metafísicas, muy idealistas, muy hegelianas o hedeggerianas, deontológicas, esencialistas o un prolongado etcétera. La filosofía me ha susurrado al oído durante años, mis neuronas han danzado en las regiones del ser, tomando las manos de "SOFÍA" (sabiduría); pero mi razón ( y todo mi ser, en el que incluyo algo más que no se ajusta a los parámetros de la razón) no encuentra ahí su gozo; y empiezo a creer que se saciará solo en las regiones del Misterio.
Finalmente,con la Iglesia y el vaticano, prefiero irme con prudencia, sus razones tendrán y creo que son hijos de "nuestro mundo", un torbellino que se traga a TODOS...

El doble dijo...

En una palabra, mi respetado Artqwin, llega un momento en el que Filo-SOFIA dice "hasta aquí", ahora es tiempo de pasar a la TEO-logía. (He pasado increíbles noches con la amada SOFÍA, me pregunto cómo serán las que vengan teñidas de TEO...)

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