martes, 22 de diciembre de 2009

ICH BIN ENRIC MARCO


Me entero estos últimos días de la existencia de una película, recién estrenada, que trata de la impostura de Enric Marco, quien fuera cabeza visible durante muchos años de la asociación Amical Mauthausen. Para quien no recuerde o conozca el caso, Marco fue una de las figuras más recurridas por los medios de comunicación españoles a la hora de rememorar los crímenes del Tercer Reich. Su condición de testigo directo de los crímenes en un campo de concentración (Flossenbürg) le confería una privilegiada posición como superviviente y hombre-memoria. Marco fue durante tres décadas el rostro y la voz de las víctimas españolas de Hitler. El problema vino cuando se descubrió que toda esa vida rememorada no era tal, sino un puro invento. Marco ha sido nuestro Binjamin Wilkomirski, otro gran farsante experto en el relato emotivo y edificante; se trata de individuos que parecen haber encontrado una especial satisfacción en vivir una mentira, vinculada a la Gran Historia, que de cara a los demás les procuraba admiración, respeto y cariño. Parece que los directores de la película, Santiago Fillol y Lucas Vermal (primogénito de mi gran maestro Juan Luis Vermal), destacan de esta experiencia el enfrentamiento (o no) de Marco con su impostura, el hecho de vivir en una mentira pero sin asumir las consecuencias que, al desvelarse, acabarían con la identidad construida durante décadas. La narración emotiva y edificante constituye en este caso el tuétano de la identidad personal de Marco, una usurpación de la Historia por la Poesía, una apropiación de lo que nunca le perteneció; cuestionada la verdad de fondo, Marco se ha mostrado incapaz de separarse del tejido de su discurso (el periodista Santiago González señalaba estos días que Marco habría sido un perfecto patrón de la Memoria Histórica de ZP). La identidad se mantiene en pie aunque los hechos empíricos que la sustentan se quiebren por todas partes; este detalle, la separación de identidad y hechos empíricos, es más norma que excepción en la articulación del Sí Mismo (ya sea individual o colectivo). En esto la personalidad de Marco resulta muy afín a la de un terrible hombre subsuelítico que vivió muchos años en otra gran mentira, el doctor Jean-Claude Romand, retratado por Emmanuel Carrère en El adversario.

6 comentarios:

Napoleón Lasagabaster dijo...

No viene al caso, pero le pregunto: ¿leyó usted "La mantis religiosa" y "El mimetismo y la psicastenia legendaria" de Roger Caillois?

Horrach dijo...

Pues no, querido Lasagabaster. ¿Podría indicarme e qué editoriales fueron publicadas (y el año)? Gracias y saludos.

Napoleón Lasagabaster dijo...

La primera es del 34 y la segunda del 35. Estoy casi seguro que nunca fueron publicadas en español e ignoro la editorial francesa de Caillois.

Pol Baker dijo...

Utilizar el sufrimiento ajeno como propio. Sólo los hombres viles pueden caer tan bajo, aunque sea por una buena causa.

Horrach dijo...

Totalmente de acuerdo, Pol. Lo de Marco es una apropiación del dolor ajeno en toda regla. Luego se excusa diciendo que 'hay verdad' entodo eso, aunque no lom experimentara en carne propia. Pues claro que eso es cierto, nadie (cuerdo) niega los crímenes del nazismo, pero no tiene nada que evr esa excusa con su fraude.

saludos

koolauleproso dijo...

Pues, que quieres que te diga, a mí, sin entrar en cuestiones morales en las que no me suelo detener (como buen ateo, soy un relativista moral en toda regla), me atraen enormemente todos estos grandes farsantes. Su impostura mayúscula me asoma al vértigo de la existencia y siento una cierta piedad por esos seres que han llegado a no saber muy bien quienes son en realidad.

un saludo

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