jueves, 23 de agosto de 2007

DIARIO DEL SUBSUELO


Lunes: llevo varias mañanas despertándome pocos minutos antes de que suene el despertador. Siempre son 5 o 10 minutos los que separan mi despertar del estallido del timbre. No le encuentro explicación, pero mi cuerpo se está anticipando a mi despertar oficial. Pero después de sonar el despertador me entra el sueño y me quedo remoloneando sobre la cama demasiado tiempo, a veces incluso 2 horas. El despertar es el peor momento del día. Cada mañana hay que volver a empezar desde cero, recordando todo lo que se supone que eres, el día en el que acabas de emerger, qué debes hacer, etc. Eso cuesta.

El torero José Tomás cumple 32 años. Llevo todo el día viendo este video bellísimo.

Martes: como le sucedía a Kafka, odio el ruido de la vida: el barullo, los gritos, la histeria, etc. Kafka registraba en sus Diarios toda esa sinfonía infernal con maniática precisión. Debe de haber un modo de reconcentrarse en un vacío impenetrable, en el que todo lo que sobra desaparezca. “Todo es fantasía: la familia, el trabajo, los amigos, la calle; todo fantasía, más lejana o más cercana, la mujer; pero la verdad más próxima es sólo que te aprietes la cabeza contra la pared de una celda sin ventanas y sin puertas”.

Miércoles: “sólo desgarrándonos podemos salir de nuestros goznes” (Bataille).

Escucho repetidamente el segundo movimiento del concierto nº 5 para piano de Bach (BWV 1056).

Desde hace más de una década llevo mis relojes adelantados unos 5 minutos. Intento de esta manera controlar mi enfermiza manía de llegar tarde a todos lados. Pero no funciona, ya que he interiorizado ese retraso estratégico y juego con él en mis tácticas para especular con el tiempo.

Jueves: me encuentro postrado, pero expectante. Tumbado en la cama, boca arriba, con los ojos abiertos. En silencio. Escuchando sólo el ruido de las aspas del ventilador. Me siento como el capitán Willard en Apocalypse now, esperando en una sucia habitación de un hotel de Saigón a que alguien o algo me convoque para una misión especial.

17 comentarios:

Anónimo dijo...

casi todas esas pequeñas costumbres de que hablas tb las tuve yo en una epoca de mi vida. lo que recuerdo con mayor nostalgia es el tiempo tumbado mientras miraba el blanco del techo. de ese momento de vacio siempre emergia alguna nueva idea que activaba furiosamente mi conciencia.

cuando te conviertas en "une grande personne" las echara de menos.

el subsuelo es un lugar inhospito que solo puede ser habitado por hombres sin hogar.

esta noche estoy tonto, me has hecho recordar. no te lo perdonare.

Baltasar Gracián

Horrach dijo...

Bueno, si tu evolución ha sido a mejor el recuerdo no puede ser tan malo, ¿no?, jajajaj.
(¿te puedo pedir qué edad tenías, más o menos, en esa época? Yo el mes que viene cumplo los 30).

Durante un tiempo pensé que mi condición subsuelítica tenía fecha de caducidad. Que sólo estaba vinculada a un momento muy complicado pero concreto de mi vida. Es decir, lo típico de la adolescencia o de la primera juventud, esos sarampiones molestos. Pensaba que un día todo cambiaría y al fin sería 'normal'. Alguien o algo vendría a redimirme, y toda esta espesura se acabaría. Pero hace ya un tiempo (¿dos años? ¿tres?) que empiezo a convencerme de que no se trata de algo momentáneo todo esto, que está más vinculado al tronco interno de mi personalidad de lo que me imaginaba. Estos últimos 5 años he aprendido a vivir (un poco), creo que soy menos enfermizo que antes y también he aprendido a tratar a los demás (y a reconocer su valía). Pero hay un fondo que no cambia; en esencia sigo siendo el mismo. La vida ha evolucionado, pero la persona sigue en su agujero. Creo que tampoco es tan malo resignarse a no salir nunca de este agujero, ¿no?

Lo que define, entre otras cosas, a un bicho del subsuelo es el desarraigo. Pero eso ahora lo vivo positivamente. Antes me resultaba my angustioso ver que no podía establecer vínculos firmes con nada ni con nadie. Hoy le veo más la cara positiva. Para dedicarse a cosas como la filosofía, mejor el desarraigo que lo contrario... aunque acabe mal la cosa.
Por cierto, para la próxima entrega de Kiliedro (septiembre) no, pero para la otra creo que decidiré a escribir (llevo dándole vueltas muchos meses) una disección sobre el hombre del subsuelo.

saludos, don Baltasar

El Pez Martillo dijo...

Servidor también es un poco subsuelítico, aunque intente ocultarlo con mi faceta de "cachondo oficial". Mis risas, bromas, chascarrillos y demás tontería con la que amenizo las reuniones son pura fachada, falsedad que sólo esconde una personalidad desgarrada. Hay días que lo llevo bien y asumo mi papel con alegría. Pero hay otros en los que me siento estafador, y me remuerde la conciencia. De ahí muchos de mis temores y dudas, ya conoce usted algunos.

Siempre he tenido esa conciencia de que no voy a poder establecer vínculos con nadie, y esa sensación me lastra cuando tengo alguna oportunidad de hacerlo. Yo no creo que sea temporal. Habrá momentos más relajados y otros más profundos, pero del subsuelo no se sale.

¿Puede ser que todo tenga que ver con un ansia exagerada de dominio, de querer tenerlo todo controlado? Tal vez la imposibilidad de este desmesurado control sea lo que nos sumerge en estas angustias.

Curiosamente, yo también me anticipo al despertador.

David Carril dijo...

Hola, Horrach.

Como habrás adivinado, soy un amante de los diarios, de las reflexiones sueltas, de los pensamientos esporádicos y de todo tipo de fragmentariedad. Por eso, te felicito por tu diario del subsuelo. Sigo pensando que quizás se pueden hacer cosas buenas en los blogs, que quizás no deberíamos considerarlo un mero entretenimiento y que quizás algo de ellos podría rescatarse como literatura. Cada vez yo pienso más así. Por cierto, excelente la frase de Bataille y te animo a que sigas extrayéndonos cosas de tu diario de subsuelo.

saludos.

Horrach dijo...

Pez, al menos en mi caso tiene que ver una obsesiva voluntad de control y la necesidad de que los vínculos a los que me refería sean absolutos. Eso es mal negocio en un mundo tan contin gente como es el real, en el que todo se da sólo de forma parcial. Hace tiempo que voy aprendiendo a conformarme y disfrutar con esos momentos parciales o destellos, pero el pathos de absoluto sigue latiendo de fondo.
Sobre lo suyo, soy consciente de su escisión jánica desde hace tiempo, aunque no lo hablemos mucho. Puede estar bien, en el sentido de que así llega a cierto contrapeso, pero a lo mejor estaría bien dar mayor salida a su faceta subsuelítica.

David, creo que en los diarios puede haber algo que es más difícil de registrar por otros medios. Cada vez me gusta más, aunque ya no escribo ninguno de diario; lo que hago es revisar los que escribí en mi época más postrada. Algunas cosas que he colgado en este blog las he sacado de esos diarios.

saludos

Anónimo dijo...

pues horrach, en aquella epoca tenia 21 años y estudiaba filosofia tb. a veces me gustaba imaginar que era un valiente dragon al servicio de napoleon o que me liaba con una chica muy conservadora que me obligaba a guardar el secreto de nuestra relacion: sentirme guardador de tan gran secreto me hacia sentir alguien.

y pez, cuentas que disimulas tu desarraigo haciendo el payasete. yo tb mezclaba el deseo de soledad con el espectaculo hasta que me canse del espectaculo y me transforme en un ser radicalmente solitario. cuando iba a la facultad empece a darme cuenta de como se comportaba la gente ante lo que no podian comprender: habia algunos que recelaban de ti y te miraban de soslayo, la mayoria eran "alternativos" y parecian decirte con la mirada: fascista!; despues estaban los que te compadecian y pretendian practicar contigo la "solidaridad y toleracia", y por ultimo, estaban los que le resultabas indiferente y cerca de los cuales yo me sentia mas libre.

no podria ser tal desarraigo una especie de teologia negativa del individuo: yo soy lo absolutamente otro? la verdad es que incluso llegue a cultivar mi soledad porque me posibiltaba pensar con mas claridad.

bueno, me voy a comer, bon appetit señores.

B.G.

Jarttita. dijo...

La edad física no hace al hombre.Y mucho menos salir del subsuelo.

Siempre son hechos concretos, torrenciales, los que te determinan, absoluta e irrevocablemente.

A mí el subsuelo me gusta. Pero sólo a ratos. Lo siento, este post me pone triste, no quiero leerlo.

SuperSantiEgo dijo...

Yo también pasé por la etapilla en la que revolvía las turbias aguas de mi wxistencia para que a todos, y especialmente a mi, parecieran más profundas, y exhibía mi soledad por los rincones consciente de que todos me miraban preso de la angst.

Afortunadamente ahora soy un individuo plenamente integrado en la sociedad, pieza innúmera del tejido productivo y masificadamente satisfecho, sin más preocupaciones que preguntarme si me apetece comer carne o pescado y qué película ponen por la tele.

¿Qué pasa? Cada uno se aliena como quiere.

Horrach dijo...

Hola a todos.

Don Baltasar, yo creo que podría ser interesante precisamente experimentar este desarraigo para 'darle salida' filosófica. Lo más importante, en sentido positivo, de la falta de arraigo es que vives al margen de la clausura identitaria. Eso se hace duro, sobre todo si lo que deseas es precisamente refugiarte en una identidad (personal, grupal, religiosa,...). Pero tiene su gracia cuando lo ves desde otro prisma, el que desconfía de todo patrón identitario. El problema sería no saber vivir en el 'entre' y acabar como Hölderlin, por ejemplo.

Jart, ¿te parece tan triste el texto? Yo lo releo y la verdad es que me hace gracia (he hecho un poco de trampa, porque escenas de postración expectante como la willardiana las tengo menos que antes).
Lo de la edad, creo yo que sí influye. El hombre del subsuelo sólo puede ser joven. Más allá de cierta edad, o se convierte an alguien 'normal' o se desintegra.

Supersanti, ahora que no nos lee ni el Tato, jajajaj, eso mismo, la alienación es interesante cuando uno la asume conscientemente.

saludos

Anónimo dijo...

claro horrach, mi cerebro era el riñol intelectual que todo lo depuraba, la piedra filosofal que transmutaba la mierda en oro; aquello de "yo me investigo a mi mismo". de esa manera se hace de la vida un plan estrategico.

hasta mañana.

BG

El Pez Martillo dijo...

No se trata de disimular, simplemente me sale así cuando estoy con otra gente. Es como si quisiera guardarme el desarraigo para mi solo, como si fuera una especie de tesoro que los demás no deben ni siquiera sospechar. Y la verdad es que lo valoro mucho, aunque no siempre sea agradable. Y a mi también me ayuda a pensar.

koolauleproso dijo...

Interesante entrada, aunque a mi, por razones particulares que no tienen que ver con las de jartitta (supongo), también me ha deprimido un tanto: enterarme que tienes escasamente 30 años, por un lado me sorprende, dada la madurez intelectual que demuestras en este blog, y por otro, me deprime:todo el mundo empieza a ser más joven que yo, y esto me conduce a la melancolía

Jarttita. dijo...

NO VOLVERÉ A SER JOVEN..

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.
( ME ha recordado tu post al poema de Gil de Biedma).

Horrach dijo...

Hola Koula, gracias por tus palabras.

Jart, aunque la poesía no me suele entusiasmar, está bien eso de que la entrada te recuerda al famoso poema de Biedma. De todas formas, no me siento representado por el sujeto del poema, ya que los impulsos de la juventud yo apenas los he sufrido. Nunca he sido un joven fogoso con ganas de comerme el mundo, al contrario, el temor ha sido mi sentimiento más fuerte hasta ahora.

saludos

koolauleproso dijo...

Maravillosa película, "Apocalipse now", por cierto. Otra de mis preferidas, que son muchísimas, como te podrás ir dando cuenta.

die toten milikiten dijo...

Hablando de cine y desarraigo,sobre todo en la obra y compleja personalidad de John Ford se produjo la escisión desgarradora entre la pulsión de lo identitario,la necesidad de pertenencia a un grupo,su canto al ejercito y los valores que conlleva de camaradería,patriotismo,esfuerzo común y la pulsión opuesta de individualismo feroz,de canto al desarraigo,la exaltación de la figura del outsider.
Supo plasmar como nadie la traumática transición de los valores de un mundo antiguo a los nuevos conflictos de la modernidad.
Sin pretenciosidad,con hondura.
Sin la autocomplacencia de los "autores",con la contención del artesano.

Saludos

Horrach dijo...

Precisamente estaba pensando en esa película y concretamente en esa escena inmortal cuando leía tu texto, Milikiten. Soy un fan de 'Centauros del desierto', aunque no del resto de la obra de Ford, que sólo me interesa a ratos. Pero esta película es prodigiosa (con algunas concesiones a la galería, típicas de un director americano), sobre todo por el fascinante personaje de Ethan, que al final, tras entregar a la pequeña Debbie a los que son como sus tíos, deambula solo (bueno, el entrañable Mose Harper está cerca de él, atontado en su mecedora, *), perdido, como un nuevo Moisés que tras llevar a los suyos a la Tierra Prometida no puede entrar él en la misma. Prodigioso.

saludos

* al actor que interpretar al loco Mose lo recuerdo sobre todo de 'Twin Peaks'. Era ese camarero ancianísimo (y también entrañable) de habitaciones, en el Gran Hotel del Norte, que asiste al agente Cooper después de que este fuera disparado.

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