lunes, 26 de marzo de 2007

EL JEFE DE TODO ESTO


Se ha estrenado en España esta nueva película de Lars von Trier, vendida como comedia modesta, aunque nada en Trier es nunca modesto ni sin pretensiones, y esta obra no es una excepción. Se trata de una comedia, sí, pero de una ‘comedia sacrificial’, es decir, expiatoria. Me explico: el director de una empresa ha escamoteado su condición a sus empleados, inventándose la figura de un director (‘el jefe de todo esto’) con el que sólo él puede tener contacto. De esta manera puede endosarle a este ficticio chivo expiatorio la responsabilidad de sus decisiones más drásticas, mientras que para él se reserva las buenas maneras y las sonrisas. Por un lado consigue exprimir implacablemente a sus empleados, y por otra conserva su buena imagen y el cariño de todos. Pero en su intento de vender la empresa necesita contratar a un actor en paro para que interprete al despiadado director inventado, y es aquí cuando todo se complica de forma delirante.

Lo que más me interesa de esta película es la invención de ese director, pues éste no es otra cosa que una figura expiatoria, que sirve para desviar las culpas y responsabilidades del protagonista. Y eso no sucede sólo en este caso, pues, en la complicación posterior de la trama, el actor contratado también necesita inventarse la figura de otro director aún superior (‘el jefe del jefe de todo esto’) para eludir también las culpas que se abalanzan sobre él. Puede llamar la atención que sean figuras de poder las que sirvan como chivo expiatorio (suele pensarse que para estos menesteres se recurre sólo a personas jerárquicamente inferiores), pero esto no es tan extraño, pues los reyes, por ejemplo, han jugado ese papel en determinadas culturas (sociedades africanas) y circunstancias (la Revolución Francesa). El ‘jefe’ se halla por encima de la mayoría, y eso implica que de la misma manera se le puede venerar y se le puede odiar. Es la ambivalencia que anida siempre en las figuras que ostentan una diferencia evidente, y que a veces permite hacerla responsable de las tensiones y violencias, y evacuar esas mismas tensiones. El protagonista de la película consigue expiar sus culpas con esta sencilla pero ingeniosa treta, y esta lógica expiatoria se acaba revelando como el mecanismo en el que todos somos susceptibles de caer para dirimir nuestros problemas y conflictos.

12 comentarios:

Asociación de Estudiantes de Filosofía UCR dijo...

las peliculas de Lars von Trier parecen no agotarse en temas como los que mencionas de su última producción: relaciones de poder, ética, moral, producción de realidades a partir de discursos, a partir de palabras, a partir de invenciones...

Dianoia dijo...

Habrá que verla...

El Pez Martillo dijo...

La figura de Dois como Gran jefe de todo esto. Una figura a la que amar y odiar a partes iguales. De todos modos hay que ir con cuidado, porque ante la imposibilidad de hacerle rendir cuentas directamente, nuestra ira se puede descargar contra los intermediarios (asesores y demás fauna subalterna, secretarios, sacerdotes...). He ahí el origen del anticlericalismo.

Horrach dijo...

Bienvenida de nuevo, madame Dianoia. Ya sabe usted que no soy un gran fan de Trier, pero 'Dogville' dio un vuelco a mis reparos. O ha cambiado él o es que yo lo veo con otros ojos.

Asociación, a Trier cada vez lo veo más cómodo manejando registros que antes no frecuentaba, y lo hace entretejiendo mucho temas sin resultar pesado. Un diez.

Amigo Pez, le reconozco que he estado un rato pensando: "¿pero quién coño es 'Dois'? Que yo recuerde, no se llama así el prota de la peli". Pero entonces he recordado lo que usted llama 'dedos rápidos', jajajajj.
Sí que muchas veces (sobre todo después de Auschwitz) se ha incentivado la figura de Dios como chivo expiatorio responsable de los crímenes humanos. Me resulta chocante oír lamentarse a ateos (yo soy agnóstico... más o menos) sobre la maldad de un Dios del que ellos en principio no contemplaban su existencia. Pero es lógica (aunque equivocada) en cierta manera esta forma de pensar, ya que lo divino siempre ha sido algo ambivalente, en ocasiones demonizado en otras divinizado (o ambas cosas a la vez).

shalom!

Al59 dijo...

Una idea sencilla pero fructífera. Es así: la persona que ocupa un puesto de responsabilidad es aquella a la que le tocará responder, dar la cara, si algo se tuerce. En el límite, si el ministro de Interior acaba de jurar su cargo y diez minutos después se descubre una trama de corrupción policial o tiene lugar un terrible atentado, él será responsable de lo sucedido, aunque racionalmente no quepa endosarle la culpa.

Horrach dijo...

Hola Alejandro. Pero a su caso se le pueden dar más vueltas, y es que el ministro de interior podría endosar las culpas a su 'jefe de todo esto', el presidente. Y este, rizando al rizo, podría traspasársela al jefe de estado. Aunque en la realidad política española yo creo que sucede más en sentido jerárquico inverso, es decir, que todas las figuras relevantes del gobierno que están por debajo de ZP pueden ser 'quemados' en cualquier momento, según las circunstancias, para descargar de culpas al presi. Si el 'proceso' descarrila del todo tenga por seguro que será Rubalcaba (con Conde Pumpido y compañía) quien cfargará con las culpas y reposnabilidades de ZP.

Otra variante del chivo expiatorio de alto nivel jerárquico: el director de cine (recuerdo que en su película von Trier aparece varias veces, reflejado en unos cristales, para dirigirse al espectador de forma irónica)...

Al59 dijo...

Hay, sin duda, distintos niveles de la responsabilidad: el «responsable último», que suele acabar siendo tan distante y metafísico como el motor inmóvil, y el responsable que está ahí para dar la cara en nombre de otros cuidadosamente ocultos (pienso en el pobre tipo que responde al teléfono cuando quieres hablar con Timofónica o alguna otra mafia similar). Lo importante es conservar la ligazón etimológica responsabilidad-responder, la idea originaria: «respondes de esto con tu vida». Así parece haber sido con la realeza primitiva: ole por ti si las cosechas son buenas, pero si no lo son, prepárate a regar los campos con tu sangre. (Como la estatua de ese santo que, cuando no llueve, acaba tirada en el pozo, a ver si aprende.)

Horrach dijo...

Por cierto, que a Timofónica podríamos dedicarles muchas y muchas entradas. Además del rollo de l@s telefonistas, resulta que el antivirus que te pasaban (supuestamente de Kaspersky) si te apuntabas a lo de los 3 megas es una jodida mierda. A mí me jodió 3 cosas: el inicio del ordena, el iTunes y el Word. Desde que me cambié al divino AVG todo es una monada.

Pero bueno, a lo nuestro: la tesis de Girard sobre las monarquías primitivas es muy curiosa, y consiste a grosso modo en que el rey se convertía en tal cuando, apurando el plazo de privilegio que se concedía a toda víctima antes de ser asesinadas ritualmente, conseguía que el sacrificio fuera desplazado hacia una víctima substitutoria, de modo que el poder reducido que experimentaba como pre-víctima se convertía en duradero bajo el aura que le adjudicaba la realidad ambivalente de lo sagrado. Aunque, eso sí, su ya adquirida condición real no eliminaba (ya ha quedado claro que no) su potencial condición de víctima propiciatoria.

saludos

die toten milikiten dijo...

Sr.Horrach,¿conoce usted Letras de Cine?
Ahí puede leer la crítica que hacen de Dogville.A ver que le parece.

Horrach dijo...

Hola die toten.

No conozco Letras de Cine, pero acabo de echarle un vistazo, aunque lo que he encontrado es una crítica a Manderlay, más que a Dogville (a la que el crítico le pega también, eso sí). La veo como la típica crítica sin matices, agresiva, del que no ha abierto los ojos a lo que de verdad cuenta von Trier. El rechazo ya estaba definido apriorísticamente.

saludos

Rafa dijo...

Disfruté mucho con la película, especialmente porque consiguió ser inesperadamente divertida. Es interesante cómo el ser el "jefe" es como una patata caliente que nadie quiere y, sin embargo, llegado cierto momento el poder ejerce su seducción de forma implacable (como siempre).

Horrach dijo...

Hola Rafa, bienvenido al Subsuelo.

La última vuelta de tuerca de la película la veo en el papel que ocupa el propio Trier, que se muestra al espectador pero de forma velada, reflejado en unos cristales. ¿Se postula él como 'el jefe del jefe del jefe de todo esto'? El creador en este caso podría acusar, y Trier parece consciente de ello, la cosa esta de trasladar a una historia lo que son sus obsesiones, es decir, que representa en unos personajes algo que puede ser parte de sus interioridades.

saludos

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