viernes, 25 de abril de 2008

RENÉ GIRARD EN LETRAS LIBRES


Este mes de abril aparece René Girard en la revista Letras Libres. Primero en una entrevista con el fraile dominico Carlos Mendoza, y después en una breve semblanza.

A sus 84 años Girard todavía mantiene un buen nivel intelectual, una intensidad envidiable. De la entrevista, personalmente, prefiero su segunda parte, donde incide en cuestiones más abiertas, en el sentido de no clausuradas. Destacaría alguno de sus momentos, como aquel que pone en paralelo el desvelamiento del mecanismo sacrificial y una propensión a multiplicar el número de víctimas: "serán necesarias cada vez más víctimas para crear un orden cada vez más precario (...). Pascal tiene razón: existe una intensificación recíproca de la violencia y de la verdad". A mayor lucidez no-sacrificial, mayor reacción de los sistemas sacrificiales, que en su frenesí confirman los dictámenes emitidos contra ellos.

También una interesante referencia a Hölderlin (al que ya se refirió en La violencia y lo sagrado): lo divino se caracteriza por un retirarse, por un escapar esencial. Lo divino no es presencia. "Un dios del que podemos apropiarnos es un dios que destruye". En este sentido, el dios cristiano, Jesús, "se retira en el momento mismo en que podría dominar".

martes, 22 de abril de 2008

EL SUBSUELO


¿Qué es el subsuelo? En primer lugar, el subsuelo es el lugar (físico o mental) en el que vive el hombre del subsuelo, que ya sabemos lo que es. Conocemos para qué sirve el subsuelo, pero seguimos sin saber lo que es.

Un paso (no) más allá: el subsuelo es el lugar de las raíces, el espacio cloacal donde viven las ratas, donde reina la suciedad, el estiércol, lo instintivo. El subsuelo es silencioso. Es el lugar del que apenas nadie quiere hablar, sobre todo el hombre del subsuelo.


En el subsuelo se mira para arriba. Su plaza es la superficie, allí donde reinan las dualidades metafísicas. Pero en el subsuelo no hay dualidades, sólo el barro que les da forma.

Del subsuelo nadie puede salir. Nadie quiere salir.

(imagen: Luis Felipe Noé)

domingo, 13 de abril de 2008

LITERATURA Y PROGRESO


"La teoría de la evolución es particularmente peligrosa para la literatura, pero la teoría del progreso es verdaderamente suicida (...). La teoría del progreso en literatura constituye la forma más cruda y repugnante de ignorancia intelectual. Las formas literarias cambian, un grupo de ellas cede su puesto a otro. Sin embargo, cada cambio, cada ganancia, se acompaña de una pérdida, de una privación. En literatura, nunca nada es 'mejor'. No cabe el progreso, por la sencilla razón de que no existe una máquina literaria ni una línea de meta hacia la que todos deban correr lo más rápido posible".

Osip Mandelstam, Sobre la naturaleza de la palabra (Árdora, 2005).

miércoles, 9 de abril de 2008

MÚSICA DEL SUBSUELO. CLÁSICA

Hoy en día, para gente de mi generación, no hay mayor música del subsuelo que la clásica, de modo que le dedicaré esta entrada a piezas que son de mi agrado y que he ido pescando en el Youtube. La primera, en la imagen, el infernal ballet de los caballeros del Romeo y Julieta de Serguei Prokofiev.

J.S. Bach: la fabulosa Fantasía cromática y el Erbarme dich de la Pasión según San Mateo. Uno de mis intérpretes favoritos de Bach es el pianista Dinu Lipatti. Aquí dos muestras (una y dos) de su particular estilo de interpretación, caracterizado por la austeridad expresiva.

El terrible Hiroshima de Krzysztof Penderecki, uno de los grandes autores todavía con vida. Esto sí que es pura música subsuelítica.

Del "divino Ludwig Van" (Alexander de Large dixit), el segundo movimiento de su 7ª Sinfonía. Como en el caso de Prokofiev, una marea musical 'irreversible' que lo engulle todo a su paso.

No pueden faltar en esta lista Wagner y Mozart. Del alemán, el fascinante Funeral de Sigfrido del Crepúsculo de los Dioses (con ecos de Excalibur). Escalofriante. Del católico austríaco, varias cosas: una célebre escena del Don Giovanni y el Kyrie de su Misa en do menor (y el Lacrimosa de su Requiem como regalo, venga).

De otro divino, Gustav Mahler, un trallazo de categoría, el majestuoso primer movimiento su 5ª Sinfonía.

Tomás Luis de Victoria también merece ocupar un sitio en este subsuelo, con el inicio de su Oficio de Difuntos.

Para acabar, un contraste. El que se da entre el dodecafonista Arnold Schoenberg (su Fantasía Op. 47) y el barroco Vivaldi (Nulla in mundo pax sincera).

sábado, 5 de abril de 2008

SANS SOLEIL


El miércoles de la semana pasada pude ver, al fin, el Sans soleil del extraño cineasta Chris Marker. En el Centro Cultural de Sa Nostra, auténtica Filmoteca de Baleares, fue presentada con criterio y nivel por el cineasta local Sebastián Planas, un tipo a seguir. De Chris Marker sólo había visto hasta ahora su fascinante cortometraje La jetée, único caso de ficción en su larga y proteica obra (La jetée inspiró el Doce monos de Terry Gillian). Marker, un cineasta escasamente conocido en España, inició su andadura cinematográfica de la mano de Alain Resnais y del movimiento de la ‘Rive Gauche’ (que se dio previamente a la generación del Cahiers du Cinema), lo que ya da una idea de sus métodos y principios creativos. Es un precursor de lo que se ha dado en llamar ‘cine-ensayo’, del que Sans soleil es un ejemplo muy logrado (ejemplos más cercanos los podemos encontrar en el Tren de sombras y En construcción de José Luis Guerín). En esta obra, cuyo título procede de unas piezas de Mussorgsky, se trasciende cualquier tipo de separación estricta entre los géneros cinematográficos. Marker crea un artefacto que nos permite una mediación con el mundo a un nivel profundo e interdisciplinar, que cuesta ver en una sala de cine. El cinematógrafo entendido como una forma de conocimiento, como una herramienta para tratar de ahondar en aquello que está más allá de una comprensión puramente unilateral. Y eso no implica únicamente el mundo o el hombre como realidades exteriores, objetivas, sino como espacios interiores. La cámara de Marker no es unidireccional: enfoca hacia dentro y hacia fuera, y se bifurca en todas direcciones.

Marker dedica gran parte del metraje de esta obra a analizar la idiosincrasia del pueblo japonés, a múltiples niveles, un pueblo al que conoce bien. En su tarea, combina la etnología, el comentario filosófico-político, etc. Aparecen muchos ámbitos geográficos distintos, como el africano (con interesantes reflexiones sobre el desastre de África, que escapan a lo políticamente correcto), el islandés o el San Francisco del Vertigo de Hitchcock. La única conexión entre estos diferentes planos (que son también de índole no sólo geográfica) se da gracias a la voz en off de Florence Delay, la maravillosa Jeanne d'Arc de Robert Bresson, que estructura la narración de todo el metraje. Críticos de manual acusarán al director de muchos defectos, pero en esos pretendidos defectos tal vez resida la riqueza de la obra de Marker.

Como explicó el introductor Planas, se da una interesante conexión entre San soleil y el Tokio Ga de Wim Wenders. Resulta que Wenders visita en este documental el minimalista bar que abrió Marker en Japón y que decoró con imaginería extraída sobre todo de La jetée. El título de este lugar también se corresponde con el del conocido cortometraje.

Podría destacar muchas cosas de Sans soleil. De momento me quedaré con una escena, ese momento que se da en un tren de cercanías lleno de pasajeros. Marker, gracias a un brillante ejercicio de montaje, combina la aparente apacibilidad de los citados pasajeros, gente normal y adormilada, con el inconsciente colectivo japonés representado a través de su cine fantástico o de artes marciales, y que emana del espíritu de los individuos como si de apariciones fantasmales se tratara. La dualidad consciencia/inconsciencia, entendida casi al modo derridiano (es decir, como dos planos que no guardan analogías directas entre ellos, aunque sí vínculos. No hay una correspondencia entre ellos, aunque sí una relación compleja). Para quien no lo conozca, el arte japonés (y, en gran parte, el oriental) suele caracterizarse por un tratamiento muy escabroso de la violencia, llegando hasta unos niveles de truculencia terribles (ejemplo entre muchos: la película Audition, de Takashi Miike). Esto choca con las maneras mucho más educadas que estructuran la vida diaria de los japoneses. Interesante paradoja.

Acabamos, de momento, con una de las reflexiones más lúcidas encontradas en este soberbio trabajo de Marker:

“¿Quién ha dicho que el tiempo cura todas las heridas? Sería mejor decir que el tiempo cura todo menos las heridas. Con el tiempo, el dolor de la separación pierde sus límites reales. Con el tiempo, el cuerpo deseado pronto desaparecerá, y si el cuerpo que desea ha dejado ya de existir para el otro, entonces, lo que queda es una herida… sin cuerpo”.

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