
“La contradicción interna por la que pasa toda la historia de la metafísica consiste en que esta disciplina, que pretende ser la instancia suprema, inapelable, para el problema del ser’ y de la ‘verdad’, no ha sido todavía capaz de crear dentro de sus propios dominios una norma de certeza” (Ernst Cassirer, Kant, vida y doctrina).
Cassirer recuerda, en este sentido de imposibilidad de alcanzar precisamente esta verdad esencial, la multiplicidad de sistemas que han existido en la historia de la filosofía, cosa que alejaría, al menos en cuanto a los resultados, a la metafísica de la ciencia, caracterizada por una mayor unicidad objetiva.
Por una lado, concedamos a Cassirer la razón en el sentido de que la metafísica no es una ciencia, pero puntualizando algo importante, y es que no es ciencia ‘empírica’, pues su saber es de una naturaleza diferente al de la ciencia empírica. Por otro lado, resulta muy significativa esta multiplicidad de sistemas y, sobre todo, la pretensión de erigirlos. Hay en esa idea, en ese tipo de proyecto, un intento, no ya de alcanzar la verdad, sino de convertirla en algo propio, en algo que es exclusivo del determinado pensar (y del ‘pensador’) que ha puesto en marcha este sistema concreto. Esta pretensión, de raíz ‘identitaria’, nos puede aportar enseñanzas significativas, por lo que implica de aparición de principios como el de clausura o exclusión. La idea de sistema surge en un modo de pensar entregado al pathos de dominio de lo real; se pretenden certidumbres y un manejo de las mismas bajo un determinado plan general.
Es sólo a partir de Heidegger cuando la pretensión de sistema queda relegada de forma decisiva (al menos en el terreno de las ideas, porque los filósofos no han dejado de seguir generando sus propios sistemas autosuficientes), en beneficio de un tipo de hacer filosofía más encaminado hacia lo hermenéutico. Es verdad que el propio Heidegger, en sus inicios, también pretendía articular un sistema personal (como Hegel o Hüsserl, etc.), pero la manera cómo se finalizó Ser y tiempo echó por tierra su pretensión, que ya nunca fue recuperada en los mismos términos estructurales.
Para la metafísica la verdad se interpreta como certeza, como un proceso que tiende a la clausura de toda interrogación y al fijamiento de toda indeterminación. Por tanto, esta certeza no es más que la de lo propio, la del sí mismo, en suma, de lo que se inicia todo movimiento del pensar. En esta dinámica, la pregunta por el ser heideggeriana queda desterrada, incluso como tal pregunta desterrada. La metafísica sería, en palabras de Heidegger, "la fundación de la verdad bajo simultánea privación de lo verdadero".
Como curiosidad final, Hegel tenía un criterio muy diferente al de Cassirer sobre la proliferación de sistemas filosóficos. Para Hegel este hecho no indicaba otra cosa que el “desarrollo progresivo de la verdad”.
Sobre los 'criterios de certeza' a los que apunta Cassirer, mejor hablaremos en otra ocasión.
(imagen: Ernst Cassirer)



