lunes, 13 de marzo de 2017

MARCA DE FANGO

(disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

El gran Joseph Brodsky escribió un libro precioso dedicado a Venecia, ciudad fetiche que él prefería visitar en invierno. Se titula Marca de agua, y deberían dejar todo lo que están haciendo ahora mismo para leerlo. Sin embargo, Brodsky no habría sido el escritor más adecuado para dar salida literaria al retrato que de Mallorca está ofreciendo el auto del caso Cursach. Mejor sicilianos como Camilleri y Sciascia, o el americano Jim Thompson. Nuestra perturbadora marca de fango autóctona lo merece.
Ahora que al fin se ha roto la omertà, hay ganas de escribir sobre Cursach y sus operaciones. Algunos medios, transmutados esta última semana en paladines de la decencia, llevaron el silencio tan a rajatabla que ni las delatadoras iniciales del implicado publicaban en su momento. Igual que el engaño del asunto Nadia se prolongó durante 8 años, lo insólito del caso Cursach no son tanto los delitos en sí sino que se dilataran con impunidad olímpica por espacio de tres décadas. El “preferiría no hacerlo” del Bartleby de Melville ejemplifica la actitud que han adoptado tantos años políticos, jueces y prensa, con la honrosa excepción de El MUNDO y el magistrado Penalva. Mejor esperar a que se pringuen otros, que luego los espabilados se sumarán con entusiasmo una vez que haya cedido el dique. Como casi siempre en Mallorca, el cinismo oportunista gana por goleada a la ingenuidad.
Eso sí, recordemos que Penalva no ha levantado aún el secreto de sumario. Es otra de nuestras anomalías. Si con Cursach desmelenado no se publicaba nada, ahora todos desmenuzan un sumario que supuestamente no es público, cuando se puede estar perjudicando a muchas personas: los testigos protegidos cuya identidad queda al descubierto, y también gente acusada por testimonios endebles que podría no ser responsable de nada punible. Pero las tenazas son más atractivas que el bisturí.
Ahora todos somos anticursaquistas y vituperamos sus males. Hasta el punto de que no me extrañaría que el propio Cursach se sacara de la manga un supuesto jefe superior, en la línea de El jefe de todo esto de Lars von Trier, y le endilgue las culpas. Un único culpable siempre consuela psicológica y moralmente. Muchos que ahora dicen, escandalizados, “¿cómo no se hizo nada mientras todo esto sucedía?”, son los que prefieren que se pase página con los desmanes de Sa Nostra, momento estelar que transforma el “no es no” en beso lúbrico que sella la podredumbre bipartidista.

A ver si se cumple el deseo de Esteban Urreiztieta, que hago mío fervorosamente, de que aparezcan las listas de periodistas que congeniaron con el universo Cursach. Caiga quien caiga. La marca de fango todavía puede subir mucho más, permanezcamos atentos.

No hay comentarios:

Related Posts with Thumbnails