lunes, 13 de junio de 2016

MIÉNTEME, TIGRE


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Al fin ya estamos en campaña electoral, qué alegría, ¿verdad? En un país tan cainita como el nuestro, la estrategia del antagonismo no es tal estrategia sino la simple expresión de una idiosincrasia. Por eso, a pesar de lo que indicaban las encuestas de hace unos meses, premiando a los dos partidos que han intentado que haya legislatura, ahora esos mismos ciudadanos están propiciando, o siendo víctimas de, una polarización extrema. Al final, el bipartidismo sigue ahí, pero cambiando PSOE por Podemos.
A ZP le fue muy bien la polarización, hasta que la crisis se lo llevó por delante. “Os conviene que haya tensión”, le dijo Iñaki Gabilondo en un programa de televisión, cuando pensaba que los espectadores ya no lo escuchaban. Y es que demonizar al rival, planteando escenarios de blancos y negros, ángeles y demonios, acostumbra a dar resultados en una sociedad tan emotiva y de entendederas limitadas como la nuestra. Si algo sabemos hacer, es embestir al primer capote que nos pongan por delante.
Según el último CIS, los ciudadanos valoran mucho a un partido (PSOE) al que no piensan votar, en parte porque un candidato tan patético como Snchz está favoreciendo la destrucción de unas siglas que, al menos por discurso, se encuentra en la mediana de la sociedad española. Los socialistas siguen pagando la factura de los 7 años de ZP, enrocados como están desde hace meses en la ajedrecística posición de zugzwang: cualquier movimiento que hagan, será malo para ellos.
Que el pueblo no es sabio lo sabe cualquiera que no sea un charlatán o un oligofrénico, pero no me digan que esa tendencia a valorar tantísimo a candidatos (Garzón, como antes fuera Rosa Díez) que votan poco no tiene su miga psiquiátrica.
La historia se repite, no es aplicable en España el modelo de Downs. Recordemos que según este esquema, los votantes valoran electoralmente a aquellos partidos que consideran más centrados ideológicamente, cosa que no ha sucedido muchas veces en España, donde el PP, menos centrado que el PSOE, ha ganado cuatro elecciones. Lo mismo está sucediendo con la 'cuadratura del círculo' podemita: ganar voto de extrema izquierda sin perder el de centro. Vistiéndose de lagarterana socialdemócrata y eliminando simbología comunista de sus mítines. ¡Y funciona!
Qué poco vale todo esto ante tragedias como la muerte de Luis Salom, con su madre, María Antonia Horrach, cortándose su larga melena negra en el mismo tanatorio para dejar sobre las manos de su hijo los rizos de los que éste estaba encariñado.

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