jueves, 14 de enero de 2010

SVIATOSLAV RICHTER



Para mi triste y mediocre generación, la llamada música clásica cumple con todos los requisitos para ser considerada 'subsuelítica': ni se escucha ni mucho menos se aprecia. Por eso incluyo en esta sección la figura de un hombre prodigioso, de alguien que por pertenecer a aquella figura que se llama intérprete ha visto como se relegaba lo que en sí tiene de creador original. Me estoy refiriendo al pianista ruso-alemán Sviatoslav Richter, uno de los mejores intérpretes-creadores que han existido de la música de J.S. Bach, entre muchos otros compositores que pasaron por las manos del soberbio pianista. Nadie que conozca el trabajo de Richter puede discutir eso; mucho menos cuando ese trabajo en cuestión consiste en El clave bien temperado (1722 la primera parte, 1744 la segunda), el evangelio de todo pianista, "el Antiguo Testamento de la música" (en palabras de Hans von Bülow), o "el libro de las Mil y una noches de la música" (Wilhelm Schäfer). La interpretación que ejecutó Richter de esta mítica obra (grabada en 1973) alcanza ese punto casi inalcanzable de perfección y pureza que, en ocasiones, parece equivocadamente algo sencillo.



Se percibe con mayor intensidad la absoluta perfección de la interpretación richteriana cuando se compara esta obra con la versión que realizó otro grande, el canadiense Glenn Gould. Gould ha sido un músico más mediático que Richter, más presentable bajo los cánones del artista romántico, pero algo inferior en el resultado de sus ejecuciones. Si, por una parte, realizó una versión tal vez insuperable de las también bachianas Variaciones Goldberg (me refiero a la segunda versión que grabó, en 1981), por el otro, nos encontramos con que su interpretación de El clave bien temperado fracasa donde triunfa Richter. A modo de ejemplo bastante elocuente, a mi modo de ver, pueden escucharse las versiones que ambos realizaron del cuarto Preludio y Fuga, BWV 849: la versión de Richter está arriba, debajo de su fotografía, y la de Gould aquí mismo.

8 comentarios:

koolauleproso dijo...

Alguna vez te he comentado mi escasa "facilidad" para la música, tal vez por eso mantengo que la historia de la música se divide en dos: por un lado mi adorado Johan Sebastian, y por el otro el resto de ruidos informes con que nos han castigado una marea de pretendidos y aborrecibles "músicos" a lo largo de los siglos.
Bueno, en un momento ddo, a Wagner también lo salvaba, pero con reparos,,,

Horrach dijo...

... y si al divino Bach la providencia o lo que sea le permite que prodigios como Richter interpreten sus obras ya ni hablamos. Conozco unas cuantas personas que separan a Bach del resto de compositores, y aunque esa división sea exagerada no le falta cierta verdad.

abrazos

Anónimo dijo...

Debería escuchar mucho más a Richter, quizás así entendería mejor esa comparativa que usted hace con Gould que, a bote pronto, parece tener sentido. Pero uno ha sido muuuuy "gouldiano", placentero lastre con el que tendré que cargar toda mi vida. Las diferencias en estilo saltan a la vista; el sonido aterciopelado de Richter, amén de otras bondades, demuestra más su empatía para con el piano; Gould por otra parte desdeñaba el piano (sí, parece paradójico, pero es el motivo según el cual sus interpretaciones fueron revolucionarias en su día, siempre personales e incluso en algún sentido "historicistas"). Como siempre, el problema son los gouldianos, quienes, magnetizados, lo totemizan, y el público en general, que de él tan sólo se queda en sus extravagancias, su canturreo al tocar, etc, etc. En ambos casos el personaje fagocita al artista (la egomanía de Gould puso el camino muy fácil, ciertamente). Es complicado pero también inevitable vencer la resistencia a cuestionar un ídolo para poderlo valorar en su justa medida. Con el tiempo uno es más selectivo con Gould: empieza a criticar algunas (aunque mínimas) partes de su discografía bachiana y descubre sorprendido otras (no precisamente bachianas). Siempre nos quedarán las Goldberg 1981… por supuesto. Mi enorme pasión por Bach (me uno a vuestro club) me ha hecho desdeñar intérpretes ideales o interpretaciones en bloque. Exagerando, podría decir que cada obra de Bach exige un pianista perfecto, pero nunca el mismo... El más prestigioso organista puede ser rutilante con un preludio y mediocre con un coral.
Pero en fin, con lo subjetivo, ya se sabe, para gustos colores. Pero es que creo que lo subjetivo (o la personalización de tus gustos) conduce en gran media a eso.

Saludos i bon any,

Novell

Horrach dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Horrach dijo...

Me gusta (sobre todo) mucho una cosa que dice, Novell, sobre Bach: su obra necesita de intérpretes perfectos, pero no siempre el mismo en cada caso. La obra bachiana es tan portentosa que ni siquiera los mejores intérpretes pueden asumirla de forma general, sólo pieza a pieza. Fíjese que, por ejemplo, el sublime Richter nunca se atrevió con las mismas Variaciones Goldberg. Al final, Bach siempre está por encima de todo y de todos, tiene algo de impenetrabilidad divina.

Coincido en lo que dice sobre los 'gouldianos'. Los adoradores siempre suelen hacerle, con su inflamada pasión, pocos favores a sus ídolos.

saludos

Ponte dijo...

Hay un documental estupendo (y completamente tenebroso y subsuelítico) sobre Richter ("Richter, el enigma", creo que era). Por lo menos una parte se podía ver en youtube.

Estupenda laentrada, aunque yo sigo prefiriendo a Horowitz.

Horrach dijo...

Hola Ponte, bienvenido al subsuelo. He visto los fragmentos de ese documental que todavía pueden verse en el Youtube. Muy recomendable para conocer algo mejor la personalidad de Richter.

saludos

Horrach dijo...

En el ABC de las artes y las letras...

'Las edades de Richter'

http://www.abc.es/abcd/noticia.asp?id=14177&num=941&sec=33

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