jueves, 1 de octubre de 2009

SUICIDIO DE GÉNERO


Ayer escribió Arcadi Espada sobre el suicido. No es la primera vez que lo hace; Arcadi ha escrito cosas muy certeras sobre el tabú del suicidio en la prensa. De hecho, me inspiró una disección que escribí, hace unos años, para la revista electrónica KILIEDRO. En su nuevo tratamiento del tema, a propósito de los suicidios en France Telekom, Arcadi saca a colación aspectos curiosos.

Algunos más o menos conocidos, como, por ejemplo, que la tasa de suicidios en Francia es más alta que en España (en nuestro país suelen suicidarse unas 4.000 personas cada año). Concretamente, en nuestro vecino la tasa es de 35 suicidas por cada 100.000 habitantes, mientras que en España no pasamos de 16. Ahora bien, la proporción de hombres y mujeres es muy curiosa, pues de los 35 suicidas franceses únicamente 9 son mujeres, mientras que en el caso español la cifra femenina sólo llega a 4. La proporción es de 3 a 1 a favor de los hombres, curiosamente la misma, aunque en sentido inverso, que se da en la mal llamada 'violencia de género'. Indiscutiblemente, parece que el suicido es un fenómeno que implica en mayor medida a los hombres.

Más curioso es, si cabe, y este dato lo desconocía hasta ahora, que siendo minoría en la práctica efectiva de la autolisis, ¡las mujeres llevan a cabo más intentos que los hombres! Lo intentan más, pero se matan mucho menos. No me digan que no tiene su miga.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Enhorabuena por aquel artículo de Kiliedro. Siempre me ha interesado el tema del suicidio y poder comprobar, una vez más, que a su carácter enigmático, se le añade el de refractario. Las explicaciones aparentemente más periféricas en realidad son las que mejor se hunden o pliegan sobre aquel enigma.

A todo eso recomiendo "La embriaguez de la metamorfosis" de S. Zweig (el suicidio como enfrentamiento directo al Estado) y
"Tren nocturno" de M.Amis, tentativa de ahondar en el propio concepto en un intento de despojarlo de todo contexto.

¡Lecturas de haute priorité!

salutacions,
Novell

Horrach dijo...

Muchas gracias por su comentario, Novell. Aporta, desde luego.

Otra lectura indispensable sobre esta cuestión (el suicidio, no el tabú del mismo en los medios) sería el libro de Jean Améry, 'Levantar la mano sobre uno mismo. Discurso sobre la muerte voluntaria' (Pre-Textos).

saludos

Anónimo dijo...

Horrach, eres un genio, tus disecciones son muy perspicaces.

LEO

Horrach dijo...

Querido Leíto, es usted todo un portento: con las pezuñas que se gasta, hay que ver lo bien que maneja el teclado del ordenador.

Uno que pasaba por aquí dijo...

Es que un intento de suicidio casi siempre es un intento de llamar la atención. Quien de veras se quiere suicidar ni suele fallar ni, sobre todo, amenaza con suicidarse. Por tanto, habría que preguntarse por qué las presuntas suicidas necesitan llamar más la atención que los suicidas de veras.

Horrach dijo...

Pues eso, que muchas mujeres utilizan el suicidio (tanto en grado de amenaza como de tentativa de opereta) como una arma más de coacción y chantaje emocional. Tan simple como eso. Tiene que ver mucho con el método que utilizan para autoliquidarse, que en su caso suele consistir más en pastillas, método más reversible que otros, porque colgarse, pegarse un tiro o tirarte desde un piso 21 (métodos más 'masculinos') son métodos algo más irreversibles.

saludos

Horrach dijo...

Interesante noticia en El País sobre el suicidio:

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Suiza/rompe/tabu/dar/voz/joven/suicida/elpepusoc/20091016elpepisoc_8/Tes

Suiza rompe un tabú al dar voz a un joven suicida
Polémica por un documental sobre el final de un hombre sano y romántico

RODRIGO CARRIZO - Ginebra - 16/10/2009

A menudo se oye hablar del suicidio de jóvenes y adolescentes, fenómeno especialmente notable en algunas de las economías más desarrolladas del mundo. Pero muy rara vez hay ocasión de diseccionar y comprender las motivaciones que llevan a un chico físicamente sano y nacido en una familia solvente a buscar la muerte. Tal es el espinoso terreno que explora Tabú, un documental de la joven realizadora Orane Burri.

La película ha causado sensación tras emitirse en la televisión estatal suiza, polarizando a la opinión pública entre los partidarios y detractores de mostrar los mecanismos que llevaron al suicidio al joven Thomas, de 22 años.

Un elemento especialmente perturbador del mencionado documental es que el suicidio no es aquí observado por profesionales de la salud mental o especialistas, sino que es explicado a lo largo de siete meses por el interesado. Thomas es quien se filma a sí mismo argumentando, a menudo, con escalofriante frialdad, sobre las razones que le llevarán al final del duro documental a quitarse la vida de un disparo.

Thomas vivía en el seno de una familia de clase media. Con intereses artísticos y creativos, Thomas conoció a Orane Burri, realizadora de Tabú, quien tenía entonces 17 años. La cineasta se convierte entonces en objeto de deseo y detonante de una situación explosiva al resistirse a los avances del joven artista. Según explicó a este diario la realizadora, la muerte propiamente dicha no fue mostrada en la película por una decisión consciente. "Aunque hubiera podido incluirla en la película, no lo habría hecho", afirmó Burri.

La madre de Thomas, que es quien le encontró muerto a la vuelta de sus vacaciones, fue quien entregó las cintas de vídeo a Orane Burri para su posterior edición. Según comentó la documentalista, "el proyecto de Tabú nació como una expiación de culpa", al no haber sabido ver los síntomas que llevaron a la muerte de Thomas.

El documental y posterior debate con público tuvieron lugar durante la emisión de Infrarouge, un muy popular espacio de discusión sobre problemas sociales y políticos del canal francófono TSR. Algo que sería impensable en otras latitudes es que tanto la madre como la hermana del joven suicida participaron del documental y del posterior debate. El programa ha sido ya vendido a televisiones de Francia y Bélgica, según su productor.

La presentación ha creado una notable polémica al ser vista como "un estímulo al suicidio" antes que como disuasión. De hecho, el perfil "romántico y creativo" de Thomas fue visto por varios observadores como peligroso, visto su atractivo.

En Suiza, la asistencia al suicidio está despenalizada y dos organizaciones auxilian a enfermos terminales, muchos extranjeros, que acuden a ellas a morir. Pero el de Thomas, un chico sano, es otro debate. Según una encuesta hecha pública por el diario La Tribuna de Ginebra al día siguiente del programa, un 48% de los espectadores desaprobaron la emisión en horario central, mientras que un 45% la consideró necesaria. Y, posiblemente, motivos para la inquietud no falten, dado que, según comentaba la psicóloga Maya Perret, "en Suiza se suicida un adolescente cada 72 horas".

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