domingo, 13 de septiembre de 2009

DE LA LITERATURA CONSIDERADA COMO UNA TAUROMAQUIA


"En el hecho de escribir una obra [literaria] no hay nada que sea equivalente a lo que el cuerno acerado del toro es para el torero, única realidad que -a causa de la amenaza material que conlleva- da una dimensión humana a su arte y le impide ser un simple y vano encanto de bailarina.

Así pues, soñaba con el cuerno de un toro. No podía resignarme a ser sólo un literato. El matador que aprovecha el peligro que corre para ser más brillante que nunca y muestra toda la calidad de su estilo en el momento en que está más amenazado: eso es lo que me maravillaba, eso es lo que quería ser.

Para el torero existe una amenaza real de muerte, cosa que nunca existirá para el artista, como no sea de una forma externa a su arte.

Para el torero, la regla [tauromáquica], lejos de ser una protección, contribuye a ponerlo en peligro: dar la estocada en las condiciones requeridas implica, por ejemplo, que pone su cuerpo, durante un tiempo considerable, al alcance de los cuernos; existe, pues, allí una estrecha relación entre la obediencia a la regla y el peligro corrido.

La regla de la tauromaquia persigue un objetivo esencial: además de obligar al hombre a ponerse seriamente en peligro (al tiempo que lo arma con una técnica indispensable) y a no deshacerse de cualquier modo de su adversario, la regla impide que el combate sea una simple carnicería. Tan puntillosa como un ritual, ofrece un aspecto táctico (preparar al animal para recibir la estocada, aunque sin cansarlo más de lo necesario) y también un aspecto estético: en la medida en que el hombre 'se perfile' adecuadamente en el momento de dar la estocada, habrá en su actitud la conocida arrogancia; también en la medida en que sus pies permanezcan inmóviles durante una serie de pases bien ajustados y ligados, moviendo el capote lentamente, formará con el animal esa composición prestigiosa en la que hombre, trapo y enorme masa astada parecen unidos entre sí por todo un juego de influencias recíprocas; en una palabra, todo contribuye a dar un carácter escultural al enfrentamiento del toro y el torero".


MICHEL LEIRIS, De la literatura considerada como una tauromaquia (prólogo de Edad de hombre).

6 comentarios:

Al59 dijo...

Ortega recomendaba al ensayista afrontar 'asuntos bicornes'.

Horrach dijo...

Curiosa afinidad entre autores tan distintos como Ortega y Leiris. Por cierto, Alejandro, ¿en qué obra hablaba Ortega de esos 'asuntos bifrontes'? Gracias y saludos.

Al59 dijo...

La cita la da James Hilmann en 'Re-imaginar la psicología', pág. 38: «¿Para qué escribir si no se da a esta operación, demasiado fácil, de empujar una pluma sobre un papel cierto riesgo tauromáquico y no nos acercamos a asuntos peligrosos, ágiles, bicornes?». La nota remite a Estudios sobre el amor, Revista de Occidente, Madrid, 1952, pág. 141.

(¿Qué decir de Hillman? Más que recomendable, aunque no apto para monótono-teístas.)

Uno que pasaba por aquí dijo...

Hablando de junguianos, copio el pie de foto de la página 147 de "El hombre y sus símbolos", que forma parte del capítulo escrito por Joseph L. Henderson:

"Página opuesta, arriba: el dios persa Mitra sacrificando un toro. El sacrificio (que también forma parte de los ritos dionisíacos) puede considerarse un símbolo de la victoria espiritual del hombre sobre su animalidad, de la cual el toro es un símbolo común. (Tal cosa puede explicar la popularidad de las corridas de toros en algunos países.)"

Horrach dijo...

Gracias por la referencia, Alejandro, me la apunto.

Uno que pasaba, gracias también: decididamente, tengo que leer a Jung. Creo que me vendría bien de cara a mi tesis doctoral (Girard y el sacrificio).

saludos a ambos

rubén m. dijo...

El poeta Leopoldo María Panero hizo suya esta concepción de Leiris, en su obra y su vida también...

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