viernes, 26 de agosto de 2016

YIHADISMO DEPORTIVO


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Es divertido cuando alguien te critica por algo que has dicho y no se da cuenta de que en su réplica, en forma y contenido, lo que hace es darte la razón. Lo digo por ciertas reacciones que han provocado mis comentarios sobre la chica esta del badminton, que no hacen más que confirmar mi diagnóstico sobre el estado actual del yihadismo deportivo en España. Mi twitter, mi blog y mis links en El Mundo suele ser lugares más tranquilos que Chernobil. Pero estos días han estado algo frecuentados, dejando más mugre que en Son Banya.
No me importa que me llamen “chaquetero” por mi experiencia política porque de ella no saqué (ni quise sacar) medio euro, al contrario, me costó dinero. Tampoco que me tilden de “panderetero”, “mentecato”, “fantoche” o incluso “mente atormentada”, sentencia que me hace especial ilusión, siempre me ha atraído el loquerío.
Me importa el tema. Y lo que está sucediendo con el deporte desde que es religión civil, sobre todo el fútbol, y en consecuencia satura a todas horas las emisiones de televisión y radio, es preocupante. Dicen algunos, desde una visión algo darwinista y en ocasiones teñida de paulocoelhismo, que promueve cosas como el esfuerzo, la responsabilidad y tal. Pero, ¿y todo lo demás que despierta? Sobre todo entre los barras bravas oligofrénicos que todo lo entienden en clave ultradogmática. Ya nos podemos meter con lo que deseemos. Con Mariano, el Borbón o con Bergoglio. Pero ay de ti si le tocas un pelo a Valentino. O a Messi. Caerán sobre tu sacrílega cabeza todas las plagas de Egipto y alguna más de propina.
Santos laicos: coartadas para el anatema. Tanto presumir de secularización y racionalidad, de la muerte nietzscheana de Dios, y lo que ha sucedido es un simple desplazamiento de los credos, cambiando a Apolo por Phelps, a Jesús por Nadal y a quién sea (mejor elijan ustedes) por esta silenciosa, circunspecta y respetuosísima diosa venida desde Huelva.
Como decía Samuel Johnson sobre el patriotismo y los canallas, el deporte se ha convertido en el último refugio de los fundamentalistas sin religión. De los aburridos y mediocres con ganas de gresca que se subirían a un Panzer, al menos de boquilla, para invadir Polonia. De aquellos que no pueden expresar su maniqueísmo y su furia patriotera tan libremente en otros ámbitos. Lo que no quiere decir que todo el mundo al que le guste el deporte sea así, faltaría más. Pero una parte importante sí cae dentro de este preocupante síntoma.

lunes, 22 de agosto de 2016

GATO POR LIEBRE


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

       Qué gran mentira sostener que nuestros políticos no innovan, cuando lo hacen constantemente. En patetismo y desde luego en astracanadas, materias en las que son los más avanzados productores de Europa. Uno con ese chantaje navideño propio de trileros, el otro con un no a unos presupuestos que sin gobierno no pueden existir, y de los que en cualquier caso desconoce su contenido. Snchz se ha enviciado tanto con su negatividad categórica que ya ni espera que le presenten propuestas a las que negarse, se cierra porque sí.
Es que somos un poco incomprensibles. Por ejemplo, con el patriotismo, evacuado de cualquier ámbito cotidiano, sobre todo de la política (España debe ser el único país europeo en el que resulta polémico y provocativo que un partido de gobierno exhiba en sus mítines alguna bandera nacional), pero que se reactiva con todo el histrionismo del mundo cuando comparecen los deportes, auténtico receptáculo de nuestras represiones habituales. Sigas o no los JJOO, te llegan ecos de Río, y uno de ellos tiene que ver con el hooliganismo de los periodistas, básicamente de TVE, cuya mediocridad tiene una relación directísima con su ignorancia de los deportes que están narrando. Camuflan sus limitaciones con griterío maniqueo.
Pontifican sobre deportividad olímpica, pero elevan a los altares a una chica por haber ganado una medalla de oro en badminton. Cuando resulta que ella, innegable mérito deportivo aparte, atenta continuamente contra el fair play emitiendo un concierto insufrible de aullidos simiescos, ofende a sus rivales acusándolas de fingir lesiones y añade en definitiva que no respeta nada a ninguna de ellas. Ah, pero en este caso, víctimas del patriotismo que nos negamos en otras esferas, lo justificamos con que si estrategia, que si triquiñuela. Basura.
Pero nada de este flagrante contrasentido es comparable al de ver a muchas de nuestras feministas de guardia defender ardorosamente el uso del célebre burkini. No sé si hay que prohibir esta prenda, porque efectivamente cada cual es libre de exhibir sus cadenas. Como si un judío quiere ir con una esvástica, allá él.
Pero lo que nunca puede hacerse es legitimarlo públicamente como si fuera una 'empoderada' herramienta de la causa feminista, porque resulta que es su exacta némesis. Recordemos que en el Corán, como en muchos pasajes de la Biblia, dicho sea de paso, la mujer es impura y por eso debe cubrir su cuerpo, no sea que incite... ¡a la violación! ¿Esta panda cree en el feminismo? ¿O sólo utiliza la causa como munición contra sus monomaníacas cabezas de turco?

viernes, 19 de agosto de 2016

LIMBO VERANIEGO


 (disección 'extendida' de la más reducida que publica hoy El Mundo-El Día de Baleares)

Un clásico de mis veranos de columnista consiste en regresar al antropólogo francés Marc Augé, al que descubrí en las clases de Alexandre Miquel en la UIB hace ya demasiado tiempo. Augé se hizo famoso en su momento por el análisis de los “no lugares”, esos espacios del anonimato que por su intrínseco vacío de significado totalizador no pueden definir automáticamente el rol que jugamos en ellos. Se trata de entornos desconectados de las vivencias diarias, por los que pasamos fugazmente, como espectros, sin poder adoptar un papel sustancial ni tampoco dejar una huella perenne: autopistas, aeropuertos, clínicas, playas, incluso campos de refugiados.
“Como los lugares antropológicos crean lo social orgánico, los no lugares crean la contractualidad solitaria” (Augé), unos vínculos frágiles que no permiten ningún arraigo. De ahí la desazón y extrañeza que generan esas historias de individuos que por los motivos que sea se han quedado a vivir una temporada en no lugares como un aeropuerto. Ahí el individuo se muestra en su soledad más descarnada, descontextualizado de cualquier relación acogedora, suspendido en el vacío, anclado en la nada, mientras los demás pasan por allí cumpliendo su función de tránsito.
Se ha estilado interpretar los no lugares en clave crítica, como la célebre liquidez de Bauman, pero podría sostenerse, y el mismo Augé lo hace, que los considerados como lugares auténticos, con sus diversas coordenadas habitables, su capacidad fundadora e identificatoria, su encaje en una historicidad significativa, tienen más de fantasía que de realidad incuestionable. En este caso, podríamos decir que se trata de mitos útiles en su relacionabilidad inmediata, pero basando su eficacia en convenciones contingentes.
El verano, con su suspensión de lo cotidiano y su movilidad frenética, con su pringoso torrente de cremas y sus ejércitos de medusas cabreadas, es el paraíso de los no lugares, aquel momento en el que nos sumergimos en esos espacios como si de alguna manera se hubieran travestido de autenticidad permanente. Incluso podríamos añadir que agosto es el mes del no tiempo, porque en su inacabable transcurso casi todo está aplazado, incluso extirpado del tejido mundano. Un limbo de relax completamente intrascendente, como marcan los cánones del no espacio-tiempo, a la espera de las represalias de septiembre, terribles para muchos pero gozosas para un servidor.
Si para Augé uno de los ejemplos principales de no lugar son las playas, yo iría un poco más allá, porque si algo hay todavía más desubicado, un espacio baldío y en ocasiones tortuoso, es el camino que conduce a esas playas, concretamente a las mallorquinas. Porque, ¿qué limbo sería aquel trayecto infinito y errático, el inacabable ir y venir de los automóviles que, intentando poner pie en la Tierra Prometida de los arenales del Trenc o Cala Varques, no encuentran rincón alguno en el que asentarse entre la marabunta de iguales, y van deambulando ad nauseam bajo un calor genocida?
O un terreno arrasado por el fuego, ¿que tipo de (no)lugar sería ése? O las ruinas, sobre todo si son de urbanizaciones inacabadas, proyectos de (no)habitabilidad que han quedado antes de tiempo desvencijados, a la intemperie, como una venganza preventiva de su estandarización vital. Del no lugar antológico e insuperable que representa el Congreso de los Diputados, con su no-presidente, sus no-ministros y sus no-diputados, mejor hablamos otro día.

lunes, 15 de agosto de 2016

COLAPSARÁS AL SÉPTIMO DÍA


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Cada verano, sobre todo en agosto, recuerdo intensamente que el famoso “horror” del señor Kurtz en El corazón de las tinieblas no se refiere a ningún meollo metafísico sino al jodido calor africano del Congo, escenario de la historia de Conrad. Si la época estival es siempre un Via Crucis, este año hay que sumar a la ordalía un nuevo tormento: el coro de Casandras que, en una vertiente bastante sobreactuada, no para de dar la matraca a cuenta del colapso de la isla este año.
Como suele suceder, en estas quejas hay algo de verdad, pero también una excesiva histeria que, además de molestar (mi habitual misantropía se multiplica en verano, sobre todo si el personal periodístico y político se regodea en su insufrible faceta sermoneadora), escenifica la enésima operación de chivo expiatorio, ese inseparable amigo del hombre, ¡qué sería de nosotros sin él! Ahora parece que todo es culpa del turismo, como la sequía de este año, los atascos en la Vía de Cintura (algo nunca visto en invierno, claro...), que te deje la novia o se incendien los bosques.
Ya veremos qué dicen las cifras al final del verano, porque las impresiones son lo que son, y más cuando algunos ya estaban ensayando los grititos desde hace muchos meses, dicho sea de paso, porque la campaña (“Tourist, you are the terrorist”) contra el colapso tiene su historia, y más que prevenir lo que ha hecho es excitar al gallinero. Nos aburrimos, y los dichosos JJOO sólo (menos mal) duran dos semanas. Hay que dar la brasa desde nuestro elevado púlpito moral. A alguien hay que atizar, ¿no? Pero si hay que vigilar a los vigilantes, como decía Juvenal, también será legítimo atizar a los atizadores.
Otro elemento que me chirría del asunto, en caso de que efectivamente estemos colapsados, rodeados y sodomizados por pálidos ejércitos de borrachos en bermudas, es que en gran parte esto se debe al descontrol de los alquileres vacacionales. Y lo patético del asunto es que muchos de los que ahora protestan se manifestaron indignadamente contra la ley de Bauzá para regular el problema. Eficientes pirómanos reciclados en indignados bomberos que incluso hace sólo 2 meses escribían todavía en esa clave propagadora del fuego. Yo mismo me dejé llevar (tengo coartada: estaba en política, ese purgatorio que atrofia la sesera y potencia lo peor que llevamos dentro) por el mantra del masaje pepero a los hoteleros, pero ahora vemos que el asunto debía haberse asumido y trabajado en serio hace dos años.

viernes, 12 de agosto de 2016

MÉS Y MÉS Y MÉS


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Me embelesa escucharles que ellos no han politizado nunca la lengua (!), que ese pecado sólo es atribuible a los otros, esos chiflados que no entienden los arcanos de la estelada. No ideologizan, dicen lo que toca, manifiestan la única opción posible. Como el Departamento de Filología Catalana de la UIB, su hermano siamés: nuestro criterio es científico, por tanto... ¡es intocable, no puede discutirse! Por favor, regresen a la escuela secundaria y repasen el temario de lo que caracteriza al espíritu científico, porque tal vez lo confundan con la Santa Inquisición.
Con su nueva estratagema, Més quiere darle un amplio espacio educativo al inglés como “llengua estrangera”, en un bilingüismo estilo Nadal Batle. El castellano definitivamente ha sido fumigado, hemos alcanzado la bendita solución final. Ni como lengua extranjera puede conformarse, la desgraciada. Claro, como nos la impusieron desde fuera... no como el catalán, que fue consensuado entre Jaume I y Abú Yahya tras la pacífica y democrática “intervención” de la Corona de Aragón.
Esta doble vara de medir, con sus innumerables ejemplos, la traté con Joan Font Rosselló en el libro Sa norma sagrada, editado por la Jaume III, fundación que ha estado de actualidad últimamente. Con su defensa de las modalidades, también representan una molestia que debería superarse. Modalidades y castellano: el eje del mal. Sin duda, les falta prestigio para elevarse a las egregias alturas olímpicas de la OCB. Comparemos lo que aparecen en IB3 ambas instituciones. También cuánta pasta pública trinca la OCB: millones de euros. En cambio, a la Jaume III se le niegan hasta subvenciones ridículas.
La fundación ha hecho público un video de denuncia muy interesante. Algo de eso aparece en Sa norma, con Aina Moll, hace más de 30 años y ya a sueldo del Molt Honorable Yoda, perfeccionando la fatwa contra las modalidades en un ámbito tan cercano y municipal como son las señales urbanas o los carteles de la administración. El trabajo quirúrgico de la Moll, seguido por el del mulá Gabriel Bibiloni, ha dejado huella: apenas queda rastro del léxico balear en este tipo de soportes.
El criterio es invariable: barcelonés o sumidero. Por eso leemos escombraries y no fems, gossos y no cans (¡en un cartel del ayuntamiento de Llucmajor!). No se trata de escoger castellanismos o coloquialismos, porque no lo son. Es una cuestión de respeto a la pluralidad normativa del idioma, de todos ellos. ¿Imaginan que en Argentina tuvieran señales y cartelería, además de sus medios de comunicación, con todo escrito en el castellano de España?
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