miércoles, 3 de noviembre de 2010

VOCABULARIO (25): DOUBLE BIND

 Persona (1966), Ingmar Bergman

El término double bind está emparentado semánticamente con el griego phármakon en el sentido de que trata de apuntar a una ambivalencia tal que hace imposible cualquier decantación por alguno de los dos extremos que vincula tortuosamente. Conceptos que tratan de expresar, de alguna manera, aquella ambivalencia inapresable de origen fundamental que queda al fondo de cualquier cadena comprensiva, si uno trata de profundizar hasta el límite. Pero como incluso lo que tiene que ver con lo esencial tiene su historia, el double bind, que ha sido manejado por diversos pensadores, tiene la suya.

El término fue originariamente presentado por el pensador intesdisciplinar Gregory Bateson (1904-1980), en 1956 con su artículo Hacia una teoría de la esquizofrenia, y significa algo así como "doble vínculo contradictorio" o "doble coacción", es decir, cuando en el contexto de un mismo acto se emiten dos mensajes de sentido opuesto que se cruzan, provocando una situación paradójica difícil o imposible de resolver en un sentido u otro. En su origen, el double bind afecta a un determinado y, por tanto, limitado, tipo de relación comunicativa, generalmente encarnada por aquella que se da entre una madre y su hijo. En esta relación, la madre envía a su hijo, en dos tiempos muy cercanos o coincidentes, señales totalmente opuestas: por una parte, se le dirigen palabras de amor y entrega filial, pero en la práctica se rechazan los acercamientos afectivos del niño, tal vez incluso suscitados por la primera muestra de cariño. De esta manera, discurso y praxis siguen caminos opuestos en una misma línea comunicativa, contradicción que un niño padece de forma terrible formando parte de la base de su psique. Bateson explica la tortura mental del caso:

"Si el niño comprende la distinción entre estos dos tipos de mensaje, es 'castigado' en el sentido que comprende que su madre le rechaza afectivamente pero intenta hacerle creer que le quiere. Entonces el niño tiene que hacer como si no comprendiera la distinción, si quiere evitar este castigo para poder sobrevivir con él".

El hijo se enfrenta, entonces, a una disyuntiva irresoluble que lo atenazará totalmente, convirtiéndose así en prisionero de una doble coacción que afectará negativamente a su forma de ser, en el sentido de quebrar su equilibrio emocional. Bateson reconoció más adelante que, en este esquema, madre e hijo juegan los roles de verdugo y víctima, en una relación que se acerca al sadomasoquismo. Quien haya seguido la saga ctónica de este blog sabrá que el double bind afecta también a otro tipo de comportamientos humanos, en este caso las relaciones hombre-mujer. Pero seguro que cada uno podrá encontrar otros ejemplos que confirmarán la certeza de su sentido. 

La tesis de Bateson, sin embargo, escapó pronto a las limitaciones psicologistas del ejemplo familiar y esquizofrénico para alcanzar un amplio espectro de ámbitos y situaciones, pues señala, de hecho, un problema estructural en todo pensar y también en toda formas de conducta humana. En filosofía, por ejemplo, Jacques Derrida se ha servido de esta cuestión para referirse a aquello que señalan expresiones de similar naturaleza, como el citado phármakon, queriendo decir que el double bind se referiría a aquellos momentos en los que se evidenciaría una constrictiva imposibilidad para definirse o decantarse de forma taxativa y absoluta por alguna de las opciones abiertas. En el momento de la resolución, curiosamente, es cuando, en contra de la apariencia de clausura que se promete, todo se viene abajo bajo el peso de una carencia que se antoja irrecuperable. Nos encontraríamos pues dentro del ámbito de 'lo indecidible', en el sentido de que se señalaría una ambigüedad fundamental, esencial, que no permitiría escapar a la incertidumbre. Toda cuestión planteada en esos términos esenciales, es decir, tratando de remontarnos a su génesis interna, sería de plano irresoluble, permaneciendo abierta toda argumentación, sin posibilidades de operarse ningún tipo de clausura discursiva.

Otro pensador, en este caso René Girard, más vinculado a las ciencias sociales que a la filosofía, se ha servido también de este concepto para su teoría de las relaciones humanas a la luz del deseo triangular. En este sentido, la relación que tiene todo sujeto deseante con su mediador/modelo estaría caracterizada por la dinámica cifrada en el double bind, pues lo que hace el mediador es precisamente enviar (aunque habitualmente lo haga de forma inconsciente, y sólo en el plano de la conciencia del sujeto se pueda ver una intencionalidad manifiesta) al sujeto dos tipos de mensajes contradictorios: 'imítame, pues soy tu modelo a seguir, tu referente', pero también 'no me imites, no quiero que me quites lo que tengo o deseo'. El sujeto venera a su mediador porque éste le muestra el camino que él quiere seguir, pero a la vez lo odia porque se convierte en su rival a la hora de conseguir el mismo objetivo. De modo que odio y veneración son sentimientos que en un mismo acto se ponen en marcha en esta relación entre un sujeto y el mediador de su deseo. De igual manera, el double bind aparece cuando vemos que todo proyecto de independencia o autonomía se encuentra al servicio de una tortuosa esclavitud (debido a la dependencia con el otro que padece aquel que quiere diferenciarse del conjunto y a la confesión de una carencia que conlleva toda búsqueda; todo Sí Mismo es una construcción a partir de lo Otro). 

Una de las particularidades de este concepto es que rompe con cualquier tipo de linealidad vinculada al determinismo clásico, y aboga por una circularidad que implica dinámicas que se desarrollan reforzándose mutuamente, dejando de ser 'uniteleológicas'. La complejidad de las relaciones humanas puede ser explicado atendiendo a este patrón que describe el funcionamiento de la conciencia.

Pero el double bind va todavía más allá, pues se encuentra en el centro mismo, no sólo de las relaciones humanas a nivel interindividual, sino también en la génesis de todo entramado cultural. La cultura humana no brota directamente de la reconciliación victimal a la que se refiere Girard (de la reconciliación gracias al sacrificio nace el inicio de un nuevo orden concreto, pero no se trata de un inicio ontológico, es decir, de lo que origina la cultura misma como tal), sino del propio double bind que se produce en el choque entre el sistema de tabúes y prohibiciones, por una parte, y el mecanismo sacrificial, por el otro. En el segundo caso nos encontramos con que se favorece y estimula precisamente aquello que en el primero se reprime sistemáticamente, y eso aboca a perspectivas paradójicas profundas. En realidad, lo que hacen los sistemas de tabúes no es otra cosa que reconducir y canalizar las tensiones grupales hacia las resoluciones sacrificiales. La contradicción se encuentra pues al servicio de algo que escapa al propio planteamiento que produce dicha contradicción, saliéndose de planteamientos de tipo estrictamente conceptual.  

4 comentarios:

El Doble dijo...

Enigmático, ambiguo, abismal, doble, dialéctico, antinómico, desconcertante, interesante.
Cuanto más referencias hace a Girard, más se acelera mi comezón de leer la tesis que sobre él realiza. Esperaré.

Horrach dijo...

Gracias, aunque espero que las expectativas no acaben jugando en mi contra.

saludos

Anónimo dijo...

Este término me ha gustado muchísimo, describe situaciones que se dan a menudo y que las llamamos de muchas maneras diferentes. lo "sacrifical" creo entender que se refiere a la decisión, no se si también se podría incluir el egoísmo, incluso la hipocresía.
Un término muy bonito y de gran protagonismo en la vida y la no vida.

Luisa

Horrach dijo...

Bienvenida al subsuelo.

Más interesante hace a este concepto su capacidad no sólo para describir y dar sentido a situaciones concretas, empíricas, sino también que permite expresar de una manera algo de naturaleza más ontológica. Igual que con el concepto de pharmakon.

saludos

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