lunes, 16 de febrero de 2009

DESCORCHANDO A PROUST


Tras muchos años de espera, de dejar que se vaya fraguando el momento adecuado para degustar el preciado licor, este fin de semana al fin he decidido descorchar a Proust, concretamente Por la parte de Swann, de la insuperable cosecha de la À la recherche du temps perdu. De momento, tras paladear los primeros sorbos (referentes a las desconcertantes ensoñaciones que siguen al momento del despertar, cuando todo debe recomponerse en la refriega que se escenifica vaporosamente entre la incertidumbre y la memoria), puedo decir que el aroma es impecable, la sustancia poderosa, de calado profundo y sensaciones hondas. Momentos báquicos que a buen seguro irán a más.

En realidad han sido las necesidades imperiosas de la tesis (según René Girard, Proust es uno de los más finos y profundos descubridores de la 'teoría mimética'; de hecho, la Recherche viene a significar una auténtica revolución moral y espiritual) las que me impelen a no retrasar más la lectura. Hasta ahora había seguido el consejo que le escuché en una conferencia a José Carlos Llop (¿1995? ¿1996?) sobre la necesidad de leer a Proust con la juventud ya acabada, para poder así apreciar lo que se supone que sólo una cierta experiencia te puede enseñar.

10 comentarios:

koolauleproso dijo...

Conociéndote, aunque sea sólo superficialmente, como te conozco, se que, como yo, no pararás hasta completar la lectura de los siete tomos, de esta que, para mi, es la culminación de la NOVELA, así con mayúsculas. Y uno llega a introducirse de tal manera en esta obra ciclopea,que cuando llega a la última página de "El tiempo recobrado", se siente como perdido, como si un mundo maravilloso se acabase con esta gigantesca obra maestra, y empieza a buscar por bibliotecas y librerías algo más de Proust y se encuentra con la "decepción" de que prácticamente no escribió nada más, que con relatarnos su vida en estos monumntales siete tomos este hombre permanentemente enfermo y heterodoxo (judío, homosexual y asmático) revolucionó la litratura, llevandola hasta las cotas más altas, nunca igualadas ni antes ni después.

Sí, como puedes comprobar, soy un "fan".

CitizenPepe dijo...

No he leído a Proust, pero según me cuenta un amigo de toda solvencia, este escritor tiene orígenes mallorquines (más concretamente su padre, que murió joven, y cuya ausencia inspiró en cierta manera ese libro).
Espero poder hincarle el diente en cuanto me jubile (quedan 25 años) antes no creo que la crisis me deje.

Horrach dijo...

Ésa es la sensación que tengo, querido Koolau, que me va a costar soltar esta obra en cada uno de sus volúmenes. Es totalmente adictiva.

Citizen, no sabía nada de esos orígenes mallorquines de Proust. ¿Sabe dónde puedo encontrar información al respecto? Gracias.

saludos

Francisco López dijo...

Creo entender por qué le recomendaron que leyera esa novela acabada la juventud. Es que uno tiene que haber perdido el tiempo y tener un tiempo perdido, un amor perdido, un mundo perdido. También yo pienso que es imposible escribir mejor y hacerlo con mayor profundidad. Pero la novela toca muchos palos y no sé si todos fascinan por igual a todo el mundo. A algunos filósofos conocidos míos les irrita sobremanera la parte mundana de la novela. Para mí resulta imprescindible: sólo si se comprende la fascinación del narrador por ese mundo se comprende después la decepción que provoca. Desde un punto de vista estilístico, los dos primeros volúmenes son los dos mejor escritos, porque Proust los pudo repasar a fondo; pero el plan de la novela es magistral. No es de extrañar que Thomas Mann sólo se midiera, en su fuero interno, con Proust. Son dos gigantes estilísticos e intelectuales.

Horrach dijo...

Exactamente, Francisco: alguien que no tenga una experiencia de la pérdida, de la separación de un escenario vivido (para bien o para mal, eso ya se encarga la memoria de recomponerlo y darle un color más luminoso), no puede apreciar esta obra.

Creo que ya me ha hecho 'proustiano'; me han bastado menos de 50 páginas. Proust es un mago en la recreación de pequeños momentos, aparentemente intrascendentes (desde un punto de vista narrativo 'moderno'), a los que aporta una densidad psicológica fascinante.

Ya daré mi opinión más adelante, pero Girard es de los autores que aprecian esa parte mundana que señala, pues es decisiva para poder analizar las transformaciones a las que se ve sometido el deseo mimético en el transcurso de su desarrollo individual o colectivo.

saludos

Sr. Verle dijo...

Horrach: Voy a colgar en http://queremosverle.blogspot.com/
diversas portadas que a lo mejor pueden interesarle, por ctónicas y por adyacentes. Salud.

Anónimo dijo...

Pues yo creo que también le voy a hincar el diente a Proust. Des de que leí a Girard, como a ti, este autor a subido escalones en mi lista de prioridades. ¿Recomiendas alguna traducción en particular? Es que la lengua de Luís XIV no la tengo muy a mano. Gracias

Jaimito

Horrach dijo...

Pues por lo que gente que sabe mucho más que yo me ha sugerido, yo recomendaría la traducción de Manzano para leer la Recherche. Ya han salido los 6 primeros volúmenes, y parece que para Sant Jordi ya estará listo el último.

Anónimo dijo...

Merci vo cu!

Jaimito

especies dijo...

Yo tampoco había oído lo de los orígenes mallorquines de Proust, pero por supuesto al leer que los mencionábais no he podido dejar de pensar en Llorenç Villalonga. Y eso es lo más mallorquín que conozco de algo proustiano.

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