lunes, 30 de enero de 2017

RESILIENCIA DE AUSCHWITZ


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Cada 27 de enero, fecha de la liberación de Auschwitz en 1945, se conmemora mundialmente a las víctimas del Holocausto. A principios de siglo, cuando comencé a pensar en el contenido de mi tesis doctoral, la Shoah era el tema más acuciante y atractivo. Pero en seguida me di cuenta de que estaba demasiado verde para abordarlo, por eso lo aplacé. Las teorías de René Girard, que fue finalmente el elegido, me sirvieron para entender mejor el proceder del nazismo. Así, llamé ‘pathos identitario’ a la pulsión que nos arrastra a ser yo excluyendo toda otredad, asumiendo una idea antagónica de la identidad, ya sea individual o colectiva. La identidad es inevitable, necesitamos darle sentido al mundo para sobrevivir. Pero este proceso de configuración de lo propio suele salirse de madre con bastante facilidad, y el nazismo impuso una manera de ser alemán bestialmente unívoca. Cultivó la cohesión colectiva hasta extremos poco conocidos, depurando todo lo que se diferenciaba de ese Volk ario. Y, en su resentimiento descomunal, sobre todo quiso aniquilar todo lo judío. Estuvo a punto de hacerlo.
El pasado miércoles se proyectó en Palma un recomendable documental sobre el superviviente judeoalemán Siegfried Meir: Después de la niebla, de Luis Ortas. Meir publicó hace unos meses su autobiografía, Mi resiliencia, que también aconsejo. Si mucha gente que ha sobrevivido a puntuales atentados terroristas nunca acabará de recuperarse de esa traumática experiencia, imaginemos lo que supone superar Auschwitz: estar meses, años, en el Infierno, sometidos hasta lo más bajo. No, no somos capaces de imaginarlo.
Meir lleva 50 años viviendo en Ibiza, “único lugar en el que nunca me he sentido extranjero”, y donde ha renacido. Varias veces. Lo que fue Auschwitz, y los otros cinco campos de exterminio, apenas puede expresarse. “¿Cómo decir que la diarrea del que agoniza se derrama sobre el que duerme debajo?”, escribe el psiquiatra Boris Cyrulnik en el prólogo al libro. Como otros supervivientes, Meir ha contado su experiencia en escuelas. Hasta un niño entiende a la primera que la apología explícita de la crueldad puede generar millones de muertes, pero cuesta más explicar, y no sólo a los chavales, que también se pueden apilar tantas montañas de cadáveres, o incluso más, desde la defensa de la bondad e igualdad universal, como ejemplifica el otro totalitarismo del siglo XXI: el comunismo.
Quién sabe si la única manera de sobreponerse a Auschwitz, ese proyecto ultra-identitario, la clausura despiadamente excluyente sobre lo propio, consiste en trocear el yo, multiplicar las personas que nos habitan, ser una plétora de heterónimos pessoanos. Por eso Siegfried Meir tuvo que ser también Luis Navazo, Jean Siegfried o Bacharach para no matarse. Jaume Sisa, otro adicto a la heterogeneidad, resolvió: “Yo no sé quién soy… ¡Ni me importa!”.

lunes, 23 de enero de 2017

PATAFÍSICA LEGAL Y MORAL


(disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

 Luego dirán que en Mallorca no se mima la cultura, cuando acabamos de celebrar un sostenido y enfático homenaje a la liquidez del difunto Zygmunt Bauman, el Gran Diluvio que convertirá lo que nos quede de vida en una actividad exclusivamente acuosa.
Estamos instalados en la bipolaridad. En cuanto al tiempo meteorológico, en el cual pasamos en semanas de la sequía al desbordamiento de los embalses. Pero también hay esquizofrenia política. De todos los colores, pero el que rompe baremos últimamente es Podem. A la par que se cierran carreteras en Mallorca, se clausuran comunicaciones intrapodemitas. Los cuarteles morados, inundados. Y el votante, enclaustrado lejos de la intemperie.
Precisamente nos acaba de visitar Echenique. El que pagaba en negro a su auxiliar personal ha emulado a Philip K. Dick, impartiéndonos un fascinante simposio sobre precrimen, amparando depuraciones preventivas “antes de que se cometiesen los ilícitos” para el caso de Seijas y Huertas.
Luego está el parlanchín Ribot y sus compinches “tontos y vagos” que ponen pegas a la contratación de una mujer si quería quedarse embarazada. ¿Cómo valorará este asunto su señoría Echenique? ¿Qué código manejará para su dictamen? ¿El Penal, el Civil, el ético-podemita o directamente el patafísico-dadaísta?
Esta pasada semana se produjo otra encarnación de nuestra neurosis que ve la paja en el ojo ajeno y descuida la viga del propio. Me refiero al ataque brutal de Marisol Ramírez contra un catedrático de la UIB. Todavía estoy esperando a que PSIB, Més, Podem o el presidente de Ben Amics digan algo al respecto, más que nada porque me lapidaron a mí hace unos meses por una minucia que escribí bastante menos punible que la barbaridad que publicó Ramírez.
La diputada Margalida Capellà, entre otros, exigió jactanciosamente que se estrenara en mis carnes la nueva Ley LGTBI, pero con su amiga Ramírez parece que es menos exigente. ¿Acaso estamos ante una ley que sólo es susceptible de aplicarse a los otros pero nunca a ‘los hunos’? De nuevo, la doble vara de medir que acaba con cualquier credibilidad si sólo se apela a una causa cuando ésta nos permite linchar a un rival, aunque luego los acusadores sean los primeros que se la pasen por el forro.
¿De verdad alguien todavía se cree que estos clérigos laicos defiendan a víctimas reales? Si leyeran a René Girard entenderían que en la sinuosa realidad del siglo XXI el mayor de los talibanes no tiene necesariamente que ser un ultraconservador, sino que puede dedicarse full-time a la cacería de adversarios enarbolando lemas progresistas y supuestamente inclusivos. Igual que el populismo, los inquisidores lucen tanto a la izquierda como a la derecha.

lunes, 16 de enero de 2017

CATENACCIO EXTRACTIVO


 (disección publicada en El Mundo-El Día de Baleares)

Existe una expresión catalana que dice “al sac i ben lligat” cuyo germen de componenda férreamente perpetrada dibuja un retrato fidedigno de nuestra partitocracia, que para el Catenaccio siempre ha mostrado un talento excelente. La semana pasada nos desayunamos con una noticia en apariencia sorprendente: sólo 95.000 españoles declaran en el IRPF que pertenecen a un partido político. ¿Cómo es posible que sean tan pocos cuando, por ejemplo, sólo el PP presume de tener casi un millón de adeptos de cuota?
Teniendo en cuenta que declarar la cuota desgrava, dudo mucho que haya centenares de miles de españoles que se olviden de hacerlo. Si nuestra clase política es digna de Nobel en las argucias que blindan sus privilegios, sus correligionarios no se quedan atrás en lo que se refiere a sacar la mayor tajada posible para su bolsillo. Voces poco conciliadoras, pero quién sabe si bastante certeras, ya han dejado caer que el desfase entre afiliados declarados y reales puede deberse a que, con este milagro digno de los Evangelios, resulta más fácil blanquear el dinero negro que suelen fagocitar nuestros partidos. Pero seguro que son sólo infundios.
Otra patita del modus operandi: las antiguas cajas de ahorros, dirigidas por políticos y sus esbirros. Tras hundirlas, regalando los cuartos a sus garrapatas extractivas, luego fueron reflotadas con dinero público, unos 1.300 euros por cabeza. Esta semana han aparecido datos interesantes: ¿Sabían que Caixa Catalunya, de la que mediática y políticamente apenas se ha hablado, nos ha costado más cara que la célebre Bankia?
Se ve que no sólo los Pujol tienen bula. El ex-ministro socialista Narcís Serra, el mismo que metió en la cárcel a Mario Conde por mal banquero, fue el que después destruyó esta caja con la colaboración de lo más granado de la sociedad catalana. Don Narcís tenía ganas de jugar a las finanzas, por lo visto, pero en lugar de decantarse por el inofensivo Monopoly se fue a vivir dentro de nuestra cartera. Está imputado, es cierto, pero se trata de esas inculpaciones tan benévolamente garantistas como la que deleita a Oleguerín, así que fora nirvis. El oasis catalán era esto, al parecer.
El inagotable asunto de las cajas nos ha dejado estos días otra estampa entrañable: IU quejándose como quien no tiene nada que ver en el asunto (¿conocen la chufla de Franco en Oviedo: “creo que a ése lo fusilaron los nacionales”?), cuando incluso dormían en los Consejos de Administración de estas instituciones, recibiendo además generosísimos créditos nada menos que de Blesa. Aseguran que deberían pagar el pato los accionistas, no los ciudadanos. El problema, entre otros, es que las cajas no tenían accionistas. Maestros Ciruela...

lunes, 9 de enero de 2017

LAS NIÑAS BUENAS NO DAN MIEDO


                               (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Hay que estrenar el año en positivo, faltaría más. Yo ahora mismo irradio alegría a raudales, una gozada de buen rollo. Así que para empezar bien este 2017 lo que me pide el cuerpo, pleno de cordialidad, es dirigir el lanzallamas purificador hacia dos bultos sospechosos a los que debemos echar mano cuanto antes si queremos ser un país avanzado o al menos decente: la tribal y taquicárdica pirotecnia, que no es otra cosa, en su psicótica crepitación, que un atentado contra la salud de todos; y, por favor, las infames batucadas, que generan menos infartos pero como agresión a la dignidad propia o ajena no tienen parangón. 
Pero bueno, la verdad es que estas fiestas nos han mimado con regalitos inolvidables. Hallazgos de mentes privilegiadas, como lo de rebautizar Ramón Llull al aeropuerto. También cimas del ingenio, como escucharle a la archiperdedora Armengol, que no ha quedado primera en ningún comicio de su vida, que ya se está preparando para “poder ganar” las próximas elecciones… Muy bien, Francina, di que sí. Ya que estamos de un sincero que lo tiramos, comunico urbi et orbi que me estoy preparando a fondo para mi inminente cita con Kim Kardashian, donde daré un do de pecho histórico.
Luego está el regalo de Reyes del serial de Podem, ‘Lealtad a Alberto’, un cruce entre Falcon Crest y Mariano Ozores. Suele pasar que justo cuando uno está convencido de culminar su magna obra, todo se viene abajo. No le salía mal la estrategia a Jarabo, similar a la de ERC en Cataluña: posibilitar un gobierno en el que mete mano cuando quiere, pero sin el coste de formar parte de él. Tan sobrado iba el madrileño que incluso se permitía chantajear al PSIB sobre lo que debían votar sus dos diputados en la última investidura nacional. La triunfante Armengol tragaba porque, si no, se quedaba sin gobierno. La tensión inoculada incluso generó enfrentamientos entre psocialistas y pesemeros, como el tiroteo entre los consellers Cladera y Vidal que sólo hemos olvidado gracias a la polvareda morada.
La cuestión en el universo jarabista es que si de puertas afuera lo que toca es sacar los colmillos, incluso asomar el bazooka de vez en cuando, de puertas adentro, ante el infalible politburó, hay que ser “buena niña” y “no dar miedo”. Por eso le ha ido mal en Podem a Carmen Azpelicueta, que destacaba demasiado, y en cambio muy bien a “Carlitos” (Saura). Nueva política: Extra Ecclesiam nulla salus. Sólo que cambiando Vaticano por Complutense, auténtica West Point del podemismo donde se forjó precisamente Jarabo, un candidato tan digitado que ya había ganado las primarias antes de nacer Podem.

lunes, 2 de enero de 2017

LA ERA HISTÉRICA


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Si populismo o postverdad han saltado mediáticamente a la palestra durante el finiquitado 2016, lleva más tiempo acompañándonos la grasienta histeria. El alarmismo desinformador de políticos y medios de comunicación, para los cuales cualquier tema exige ser tuneado y caldeado a la mayor temperatura posible antes de endilgárselo a la ciudadanía como un petardo a punto de estallar. Los segundos, para subir audiencia; los primeros, para amedrentar a la sociedad a fin de encauzarla por donde considere conveniente.
Se tiende a la exageración negativa, al cultivo de psicosis artificiales. Esta semana a cuenta de las medidas de Carmena por la contaminación atmosférica, pero cada día nos desayunamos con un batallón de plagas de Egipto que supuestamente nos liquidarán ipso facto: que si fumamos demasiado, que cada día comemos peor, que si el apogeo de la contaminación o que no hacemos ejercicio. Pánico.
Pero luego resulta, cuando uno se detiene en los datos y no en las percepciones capciosas, que cada año tenemos una mayor esperanza de vida, 83 de media en España. Hay muchos otros registros que pueden consultarse en el indispensable artículo Las paradojas del progreso: datos para el optimismo de Kiko Llaneras y Nacho Carretero, que evidencia contra el infinito y apocalíptico clamor de demagogos, cizañeros y diletantes que no vivimos en el peor de los mundos posibles.
Como las cifras son mejores de lo que pretenden nuestros Jeremías, el gesto automático consiste en bajar el listón baremador, considerando como contaminación, pobreza o mala salud lo que ayer no lo era. Por ejemplo, poniendo la carne roja al mismo nivel del plutonio, y en paz.
La principal ventaja de cultivar psicosis adulteradas consiste en desterrar cualquier tipo de planteamiento racional y sosegado para entregarlo todo a la emotividad bulliciosa y a la caprichosa psicología de hidalgos que nos sigue caracterizando. A partir de aquí, dirigir paternalmente al ciudadano como si estuviera en una guardería e imponer medidas aparatosas y cuestionables que en una situación de calma social muy pocos secundarían. También, claro, definir y señalar a un enemigo determinado, al que se debe combatir (si es posible, suprimir) cuanto antes. Porque en la raíz de inventarse problemas o exagerarlos anida el antagonismo, la necesidad de seguir odiando para tonificar una identidad que flaquea en situaciones de incertidumbre.
En definitiva, en esta paranoica obsesión con la salud en la época de mejor salud de la historia estamos ante la arraigada pulsión de conducir lo que debería ser higiénicamente cívico hacia algo más ideológico y partidista. El problema para los cultivadores de histeria es que las cosechas de este mejunje tan volátil no suelen ser las que uno calcula de inicio.
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