lunes, 29 de agosto de 2016

ET IN BURKA EGO


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Como estoy harto de no andar a la moda, de llegar siempre tarde a todo y con el pie cambiado, he decidido por una vez seguir la corriente. Así que, ¡viva el burka! Estoy convencido al fin de que el Islam no puede ser más pacifista, y que el burkini y derivados son intrumentos seguros para la liberación de la mujer. Que por algo el feminismo nació en La Meca, como la democracia.
Así que me he puesto a la tarea y, como no quiero resignarme a estar a la moda sólo de boquilla, me ha agenciado un buen burka tradicional. De tamaño normal, que soy pequeñito y sobra sitio. Desde aquí dentro les escribo mi disección. Qué fresquito se está, no parece ni agosto. Y me siento muy empoderado. Vale que biológicamente no soy mujer, pero algo femenino debo tener para parecerse mi rostro, según una ex, ¡nada menos que a Marilyn Monroe! Sí, sí.
Parafraseando el célebre lienzo de Poussin, Et in Arcadia ego (Y en la Arcadia estoy), me someto a la buena nueva, incondicionalmente. Hagan lo mismo, por favor. Sólo si son mujeres o tienen un ramalazo femenino, como yo. Huyan de lujuriosas miradas ajenas. Como Cristina Almeida una mítica noche en La Sexta, yo también quiero ir tranquilamente por la calle sin que me acribillen a piropos. De hombres y mujeres, tal es el pasmo libidinoso que produce mi presencia.
Otra ventaja es que aquí dentro se le despejan las ideas a uno. Así, ya no veo problemático en absoluto elecciones de nuevo en Navidad. Si votar es “la fiesta de la democracia”, ¿por qué limitar el sarao a un día cada cuatro años? Mejor cada seis meses. O cada seis días. Para empezar, me he procurado una urna. Electoral, no funeraria, aunque puede que sean intercambiables, quién sabe. Llevo toda la semana frotándola dentro de mi burkatienda, como si fuera la lámpara de Aladino, a ver qué superpoderes atesora.
Mientras espero sus efectos, leo sobre Rodríguez, ese hombre. O lo que sea. Dice que ha hecho examen de conciencia y “no veo delito”. Asunto zanjado, circulen. Luego otra perla: “Jamás he pasado ni por delante de la puerta de un club de alterne”. Tal vez, no sé, haya que leer esto en la línea del gran Francisco Rico, experto en el Quijote, cuando escribió una tribuna en la prensa nacional criticando la ley antitabaco de ZP. Acababa así: “En mi vida he fumado un solo cigarrillo”. Y era cierto: se había fumado millones.

viernes, 26 de agosto de 2016

YIHADISMO DEPORTIVO


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Es divertido cuando alguien te critica por algo que has dicho y no se da cuenta de que en su réplica, en forma y contenido, lo que hace es darte la razón. Lo digo por ciertas reacciones que han provocado mis comentarios sobre la chica esta del badminton, que no hacen más que confirmar mi diagnóstico sobre el estado actual del yihadismo deportivo en España. Mi twitter, mi blog y mis links en El Mundo suelen ser lugares más tranquilos que Chernobil. Pero estos días han estado algo frecuentados, dejando más mugre que en Son Banya.
No me importa que me llamen “chaquetero” por mi experiencia política porque de ella no saqué (ni quise sacar) medio euro, al contrario, me costó dinero. Tampoco que me tilden de “panderetero”, “mentecato”, “fantoche” o incluso “mente atormentada”, sentencia que me hace especial ilusión, siempre me ha atraído el loquerío.
Me importa el tema. Y lo que está sucediendo con el deporte desde que es religión civil, sobre todo el fútbol, y en consecuencia satura a todas horas las emisiones de televisión y radio, es preocupante. Dicen algunos, desde una visión algo darwinista y en ocasiones teñida de paulocoelhismo, que promueve cosas como el esfuerzo, la responsabilidad y tal. Pero, ¿y todo lo demás que despierta? Sobre todo entre los barras bravas oligofrénicos que todo lo entienden en clave ultradogmática. Ya nos podemos meter con lo que deseemos. Con Mariano, el Borbón o con Bergoglio. Pero ay de ti si le tocas un pelo a Valentino. O a Messi. Caerán sobre tu sacrílega cabeza todas las plagas de Egipto y alguna más de propina.
Santos laicos: coartadas para el anatema. Tanto presumir de secularización y racionalidad, de la muerte nietzscheana de Dios, y lo que ha sucedido es un simple desplazamiento de los credos, cambiando a Apolo por Phelps, a Jesús por Nadal y a quién sea (mejor elijan ustedes) por esta silenciosa, circunspecta y respetuosísima diosa venida desde Huelva.
Como decía Samuel Johnson sobre el patriotismo y los canallas, el deporte se ha convertido en el último refugio de los fundamentalistas sin religión. De los aburridos y mediocres con ganas de gresca que se subirían a un Panzer, al menos de boquilla, para invadir Polonia. De aquellos que no pueden expresar su maniqueísmo y su furia patriotera tan libremente en otros ámbitos. Lo que no quiere decir que todo el mundo al que le guste el deporte sea así, faltaría más. Pero una parte importante sí cae dentro de este preocupante síntoma.

lunes, 22 de agosto de 2016

GATO POR LIEBRE


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

       Qué gran mentira sostener que nuestros políticos no innovan, cuando lo hacen constantemente. En patetismo y desde luego en astracanadas, materias en las que son los más avanzados productores de Europa. Uno con ese chantaje navideño propio de trileros, el otro con un no a unos presupuestos que sin gobierno no pueden existir, y de los que en cualquier caso desconoce su contenido. Snchz se ha enviciado tanto con su negatividad categórica que ya ni espera que le presenten propuestas a las que negarse, se cierra porque sí.
Es que somos un poco incomprensibles. Por ejemplo, con el patriotismo, evacuado de cualquier ámbito cotidiano, sobre todo de la política (España debe ser el único país europeo en el que resulta polémico y provocativo que un partido de gobierno exhiba en sus mítines alguna bandera nacional), pero que se reactiva con todo el histrionismo del mundo cuando comparecen los deportes, auténtico receptáculo de nuestras represiones habituales. Sigas o no los JJOO, te llegan ecos de Río, y uno de ellos tiene que ver con el hooliganismo de los periodistas, básicamente de TVE, cuya mediocridad tiene una relación directísima con su ignorancia de los deportes que están narrando. Camuflan sus limitaciones con griterío maniqueo.
Pontifican sobre deportividad olímpica, pero elevan a los altares a una chica por haber ganado una medalla de oro en badminton. Cuando resulta que ella, innegable mérito deportivo aparte, atenta continuamente contra el fair play emitiendo un concierto insufrible de aullidos simiescos, ofende a sus rivales acusándolas de fingir lesiones y añade en definitiva que no respeta nada a ninguna de ellas. Ah, pero en este caso, víctimas del patriotismo que nos negamos en otras esferas, lo justificamos con que si estrategia, que si triquiñuela. Basura.
Pero nada de este flagrante contrasentido es comparable al de ver a muchas de nuestras feministas de guardia defender ardorosamente el uso del célebre burkini. No sé si hay que prohibir esta prenda, porque efectivamente cada cual es libre de exhibir sus cadenas. Como si un judío quiere ir con una esvástica, allá él.
Pero lo que nunca puede hacerse es legitimarlo públicamente como si fuera una 'empoderada' herramienta de la causa feminista, porque resulta que es su exacta némesis. Recordemos que en el Corán, como en muchos pasajes de la Biblia, dicho sea de paso, la mujer es impura y por eso debe cubrir su cuerpo, no sea que incite... ¡a la violación! ¿Esta panda cree en el feminismo? ¿O sólo utiliza la causa como munición contra sus monomaníacas cabezas de turco?

viernes, 19 de agosto de 2016

LIMBO VERANIEGO


 (disección 'extendida' de la más reducida que publica hoy El Mundo-El Día de Baleares)

Un clásico de mis veranos de columnista consiste en regresar al antropólogo francés Marc Augé, al que descubrí en las clases de Alexandre Miquel en la UIB hace ya demasiado tiempo. Augé se hizo famoso en su momento por el análisis de los “no lugares”, esos espacios del anonimato que por su intrínseco vacío de significado totalizador no pueden definir automáticamente el rol que jugamos en ellos. Se trata de entornos desconectados de las vivencias diarias, por los que pasamos fugazmente, como espectros, sin poder adoptar un papel sustancial ni tampoco dejar una huella perenne: autopistas, aeropuertos, clínicas, playas, incluso campos de refugiados.
“Como los lugares antropológicos crean lo social orgánico, los no lugares crean la contractualidad solitaria” (Augé), unos vínculos frágiles que no permiten ningún arraigo. De ahí la desazón y extrañeza que generan esas historias de individuos que por los motivos que sea se han quedado a vivir una temporada en no lugares como un aeropuerto. Ahí el individuo se muestra en su soledad más descarnada, descontextualizado de cualquier relación acogedora, suspendido en el vacío, anclado en la nada, mientras los demás pasan por allí cumpliendo su función de tránsito.
Se ha estilado interpretar los no lugares en clave crítica, como la célebre liquidez de Bauman, pero podría sostenerse, y el mismo Augé lo hace, que los considerados como lugares auténticos, con sus diversas coordenadas habitables, su capacidad fundadora e identificatoria, su encaje en una historicidad significativa, tienen más de fantasía que de realidad incuestionable. En este caso, podríamos decir que se trata de mitos útiles en su relacionabilidad inmediata, pero basando su eficacia en convenciones contingentes.
El verano, con su suspensión de lo cotidiano y su movilidad frenética, con su pringoso torrente de cremas y sus ejércitos de medusas cabreadas, es el paraíso de los no lugares, aquel momento en el que nos sumergimos en esos espacios como si de alguna manera se hubieran travestido de autenticidad permanente. Incluso podríamos añadir que agosto es el mes del no tiempo, porque en su inacabable transcurso casi todo está aplazado, incluso extirpado del tejido mundano. Un limbo de relax completamente intrascendente, como marcan los cánones del no espacio-tiempo, a la espera de las represalias de septiembre, terribles para muchos pero gozosas para un servidor.
Si para Augé uno de los ejemplos principales de no lugar son las playas, yo iría un poco más allá, porque si algo hay todavía más desubicado, un espacio baldío y en ocasiones tortuoso, es el camino que conduce a esas playas, concretamente a las mallorquinas. Porque, ¿qué limbo sería aquel trayecto infinito y errático, el inacabable ir y venir de los automóviles que, intentando poner pie en la Tierra Prometida de los arenales del Trenc o Cala Varques, no encuentran rincón alguno en el que asentarse entre la marabunta de iguales, y van deambulando ad nauseam bajo un calor genocida?
O un terreno arrasado por el fuego, ¿que tipo de (no)lugar sería ése? O las ruinas, sobre todo si son de urbanizaciones inacabadas, proyectos de (no)habitabilidad que han quedado antes de tiempo desvencijados, a la intemperie, como una venganza preventiva de su estandarización vital. Del no lugar antológico e insuperable que representa el Congreso de los Diputados, con su no-presidente, sus no-ministros y sus no-diputados, mejor hablamos otro día.

lunes, 15 de agosto de 2016

COLAPSARÁS AL SÉPTIMO DÍA


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Cada verano, sobre todo en agosto, recuerdo intensamente que el famoso “horror” del señor Kurtz en El corazón de las tinieblas no se refiere a ningún meollo metafísico sino al jodido calor africano del Congo, escenario de la historia de Conrad. Si la época estival es siempre un Via Crucis, este año hay que sumar a la ordalía un nuevo tormento: el coro de Casandras que, en una vertiente bastante sobreactuada, no para de dar la matraca a cuenta del colapso de la isla este año.
Como suele suceder, en estas quejas hay algo de verdad, pero también una excesiva histeria que, además de molestar (mi habitual misantropía se multiplica en verano, sobre todo si el personal periodístico y político se regodea en su insufrible faceta sermoneadora), escenifica la enésima operación de chivo expiatorio, ese inseparable amigo del hombre, ¡qué sería de nosotros sin él! Ahora parece que todo es culpa del turismo, como la sequía de este año, los atascos en la Vía de Cintura (algo nunca visto en invierno, claro...), que te deje la novia o se incendien los bosques.
Ya veremos qué dicen las cifras al final del verano, porque las impresiones son lo que son, y más cuando algunos ya estaban ensayando los grititos desde hace muchos meses, dicho sea de paso, porque la campaña (“Tourist, you are the terrorist”) contra el colapso tiene su historia, y más que prevenir lo que ha hecho es excitar al gallinero. Nos aburrimos, y los dichosos JJOO sólo (menos mal) duran dos semanas. Hay que dar la brasa desde nuestro elevado púlpito moral. A alguien hay que atizar, ¿no? Pero si hay que vigilar a los vigilantes, como decía Juvenal, también será legítimo atizar a los atizadores.
Otro elemento que me chirría del asunto, en caso de que efectivamente estemos colapsados, rodeados y sodomizados por pálidos ejércitos de borrachos en bermudas, es que en gran parte esto se debe al descontrol de los alquileres vacacionales. Y lo patético del asunto es que muchos de los que ahora protestan se manifestaron indignadamente contra la ley de Bauzá para regular el problema. Eficientes pirómanos reciclados en indignados bomberos que incluso hace sólo 2 meses escribían todavía en esa clave propagadora del fuego. Yo mismo me dejé llevar (tengo coartada: estaba en política, ese purgatorio que atrofia la sesera y potencia lo peor que llevamos dentro) por el mantra del masaje pepero a los hoteleros, pero ahora vemos que el asunto debía haberse asumido y trabajado en serio hace dos años.

viernes, 12 de agosto de 2016

MÉS Y MÉS Y MÉS


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Me embelesa escucharles que ellos no han politizado nunca la lengua (!), que ese pecado sólo es atribuible a los otros, esos chiflados que no entienden los arcanos de la estelada. No ideologizan, dicen lo que toca, manifiestan la única opción posible. Como el Departamento de Filología Catalana de la UIB, su hermano siamés: nuestro criterio es científico, por tanto... ¡es intocable, no puede discutirse! Por favor, regresen a la escuela secundaria y repasen el temario de lo que caracteriza al espíritu científico, porque tal vez lo confundan con la Santa Inquisición.
Con su nueva estratagema, Més quiere darle un amplio espacio educativo al inglés como “llengua estrangera”, en un bilingüismo estilo Nadal Batle. El castellano definitivamente ha sido fumigado, hemos alcanzado la bendita solución final. Ni como lengua extranjera puede conformarse, la desgraciada. Claro, como nos la impusieron desde fuera... no como el catalán, que fue consensuado entre Jaume I y Abú Yahya tras la pacífica y democrática “intervención” de la Corona de Aragón.
Esta doble vara de medir, con sus innumerables ejemplos, la traté con Joan Font Rosselló en el libro Sa norma sagrada, editado por la Jaume III, fundación que ha estado de actualidad últimamente. Con su defensa de las modalidades, también representan una molestia que debería superarse. Modalidades y castellano: el eje del mal. Sin duda, les falta prestigio para elevarse a las egregias alturas olímpicas de la OCB. Comparemos lo que aparecen en IB3 ambas instituciones. También cuánta pasta pública trinca la OCB: millones de euros. En cambio, a la Jaume III se le niegan hasta subvenciones ridículas.
La fundación ha hecho público un video de denuncia muy interesante. Algo de eso aparece en Sa norma, con Aina Moll, hace más de 30 años y ya a sueldo del Molt Honorable Yoda, perfeccionando la fatwa contra las modalidades en un ámbito tan cercano y municipal como son las señales urbanas o los carteles de la administración. El trabajo quirúrgico de la Moll, seguido por el del mulá Gabriel Bibiloni, ha dejado huella: apenas queda rastro del léxico balear en este tipo de soportes.
El criterio es invariable: barcelonés o sumidero. Por eso leemos escombraries y no fems, gossos y no cans (¡en un cartel del ayuntamiento de Llucmajor!). No se trata de escoger castellanismos o coloquialismos, porque no lo son. Es una cuestión de respeto a la pluralidad normativa del idioma, de todos ellos. ¿Imaginan que en Argentina tuvieran señales y cartelería, además de sus medios de comunicación, con todo escrito en el castellano de España?

lunes, 8 de agosto de 2016

FABRICANDO TAURINISMO


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

No entiendo esta selectiva manía de imitar a los antiguos griegos recreando sus JJOO o adoptando su insólita democracia pero sin leer a Aristóteles y Sófocles de forma intensa. La pregunta es retórica, claro, aunque no es retórico que antes que seguir los juegos prefiero una sesión de Sálvame. Qué desgracia son unos JJOO circenses que no incluyen el cricket, virtuoso cóctel de deporte, arte y civilización, o que insultan al rugby, pues esta vez han acogido, como si fuera un refugiado sirio en Turquía, al Rugby Seven, pero eso es como un frito de Pascua sin sangre porque no hay melé. No merecen quitarme ni un segundo de mi tiempo, aunque este tiempo sea más inútil que los círculos de Podemos, pero esa es otra cuestión.
Mejor hablemos de toros. Hemos escuchado innumerables veces expresiones como “Rajoy es una fábrica de independentistas”, que han dejado un eco retumbante en los medios. Lo curioso es que apenas se maneja su contrario “Mas es una fábrica de centralistas”, que seguramente sería más cierto. Estas cosas evidencian por qué lado se decanta mecánicamente el marco ideológico mediático. De igual manera, siempre oímos “ultraliberales”, pero nunca “ultrasocialdemócratas”; mucho “paraísos fiscales”, pero muy poco “infiernos fiscales”.
Esto lo digo porque el pasado jueves estuve en el Coliseo Balear, en el que fue mi estreno en una corrida de toros en vivo. Siempre me ha llamado la atención la tauromaquia, y suelo ver corridas en televisión o en Youtube, especialmente de Morante y José Tomás, pero por el motivo que sea nunca había pisado una plaza. Esta vez me invitó mi gran amigo Enrique Dot, y fue una experiencia fantástica, hasta el punto de que no entiendo cómo perdí años de mi vida detrás de la política cuando los podría haber dedicado más útilmente a la Fiesta.
Hace muchos años que no se llenaba tanto la plaza palmesana con una corrida de toros. Estaba casi a reventar. A ver si mis camaradas plumillas se animan a escampar que los ayatolas del Govern y Cort son ya una fábrica certificada de taurinismo masivo, porque están despertando con su tendencia al antagonismo una afición dormida.
Ahí estaba una gran parte de la sociedad balear, gente normal, representativa de muchos sectores. Cuando hablamos de toros nos perdemos en los estereotipos, como si un taurino fuera menos ético que un antitaurino, cuando esa norma de demarcación es estéril, no sirve para calibrar el músculo moral de cada uno. Sólo vale para hacer maniqueísmo, rehabilitando ideas de pureza propias del Medievo.

viernes, 5 de agosto de 2016

INMERSIONES LETALES


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Sin darnos cuenta, tradiciones ancestrales están mutando a velocidad de vértigo dejándonos a la intemperie con una tristeza infinita. Entretenidos o ya carbonizados irreversiblemente con el insufrible vodevil de la(s) investidura(s), no percibimos que la sagrada costumbre del balconning ha sido desterrada por nuestros queridos guiris. Seguramente ha muerto de éxito esta práctica, tan veraniega como el posado real en Marivent. Cuántas noticias se consagraron a este arraigado ritual, cuántos informativos se regocijaban con las caídas al vacío de turistas ebrios en nuestros hoteles. Cuántas columnas advirtiendo de la llegada del Apocalipsis ante este autogenocidio guiril, la pérdida de la dignidad, blablabla. Todo eso se ha disuelto como lágrimas en la lluvia, que diría el replicante.
O, más bien, lágrimas en el mar. Porque este año ya no está de moda romper la barrera del sonido cayendo de un quinto, como un Baumgartner sin paracaídas pero con un gintonic en la mano, pues pega con fuerza la inmersión extática en el mar: refocilarse con la Pachamama y quedarse absorto en su salino líquido amniótico hasta el fin de los tiempos. Desconozco si la buena nueva se ha extendido por hoteles y apartamentos, pero la multiplicación de casos está alcanzado cotas bíblicas, el ejemplo cunde para pasmo de incrédulos y distraídos. Hay días de esos que convocan la práctica epidémica de la inmersión encadenando varios ahogamientos. Incluso puede que entre la escritura y la publicación de este texto ya haya más víctimas.
Según datos oficiales, en lo que llevamos de 2016 han sido nada menos que 20 los ahogados en Baleares, y casi el 90 % son extranjeros. En Galicia directamente lo petan con 46, seguida de cerca por Andalucía con 42. Pero fíjense en el detalle, meritorio para nuestros intereses, de que esas comunidades cuentan con un mar tan embravecido como el océano Atlántico, mientras que nosotros tenemos que conformarnos con el manso y domesticado Mediterráneo, dato que otorga mayor relevancia a la calidad intrínseca de nuestras inmersiones letales.
Es tal la furia anti-turística que se ha despertado entre nuestra virtuosa autoctonía, que en mi propensión a la paranoia he llegado a sopesar si no estarán los más lanzados de este entusiasta sector aniquilando uno a uno a nuestros visitantes, desprevenidos y relajados en aguas mediterráneas. ¿Qué papel jugarían en dicho plan esos emisarios fecales que la Emaya de Truyol no es capaz de arreglar, ocupada como está nuestra estelar concejala en delatar falsamente a borbones de tercera división para después decir que ella no ha sido?

lunes, 1 de agosto de 2016

ESQUIZOFRENIA VICTIMARIA


 (disección publicada hoy en El Mundo-El Día de Baleares)

Uno de los malentendidos más habituales de nuestra época tiene que ver con un ingenuo planteamiento del progreso moral. Al decir de algunos, parecería que vamos evolucionando de forma imparable y en línea recta hacia una epifanía de pureza indescriptible. Cuando si hay progreso moral, que lo hay, no funciona de esa manera tan edulcorada y teleológica.
Para empezar, muchas veces nos encontramos con un simple desplazamiento de nuestros fetiches victimarios. Si una gran parte de la población ha dejado de odiar a negros, gays y mujeres, también es cierto que en demasiados casos lo han hecho simplemente para consagrarse a la abominación minuciosa de otros colectivos (taurinos, fumadores, votantes de la derecha, turistas, etc.). No parece que en eso haya demasiado progreso moral, y sí mucho de falsa superioridad ética.
Nuestro gen persecutorio sigue vivo y con buena salud porque la Inquisición es transversal. Como decía mi maestro René Girard, la pulsión de acosar a nuestros semejantes tiene la siniestra habilidad de adaptarse al sentir de cada época para intentar hacer presentables sus grasientas e histéricas fobias. Por supuesto quedan residuos de otras eras, pero si en el mundo de Twitter descuella algo es el movimiento linchador que desde una idea supuestamente progresista de lo político dispara contra todo lo que se mueve, sean esos movimientos sospechosos algo relevante, es decir, objetivamente criticables, o simples tonterías.
Esta semana hemos vivido la enésima cacería, con la escritora María Frisa y su novela (que no manual) infantil '75 consejos para sobrevivir en el colegio'. Los pelotones, en redes sociales y medios de comunicación, han funcionado a destajo. Primero disparar, después informarse. O sólo lo primero. La cuestión es perseguir, excluir, pontificar dogmáticamente. Eso seguimos haciéndolo de maravilla, ahora más desde el buenismo.
Y la trampa deprimente del asunto consiste en utilizar causas aseadas y necesarias para perseguir a nuestros particulares chivos expiatorios autóctonos. Instrumentalizar esas causas de forma esquizofrénica, favoreciendo a veces a lo peor de cada corral. Podríamos ejemplificar esta doblez en algunos sectores del movimiento feminista, cuya bipolar vara de medir los lleva por una parte a demonizar cualquier mínimo indicio de supuesto micromachismo o heteropatriarcado en España, para después ignorar olímpicamente casos de brutales abusos a la mujer que se producen al abrigo de comunidades islámicas.
Estamos inmersos en una competición por ver quién es más víctima: no sería la razón sino la supuesta condición victimaria la que concedería mayor verdad a una postura u otra. Y por verdad se entiende mayor legitimidad para linchar a los otros.
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